5 de julio de 2016

Spielberg on Spielberg: Lincoln (2012)


"Siempre quise contar una historia sobre Abraham Lincoln. Es una de las figuras más poderosas de la historia de Estados Unidos. Uno de mis primeros recuerdos procede de la ocasión en que mis padres me llevaron a ver el monumento a Lincoln en Washington D.C. Me asusté muchísimo por la inmensidad de la estatua en la silla. Pero a medida que me iba acercando me sentí cautivado, sentí consuelo al mirarle a la cara. Había calidez y seguridad. Jamás he olvidado ese momento."

Enero de 1865. Abraham Lincoln ha conseguido que la Decimotercera Enmienda a la Constitución haya pasado la aprobación del Senado pero le sigue faltando el consenso en la Cámara de Representantes para que pueda ser definitivamente promulgada. La abolición total de la esclavitud es el objetivo que quiere lograr antes de la finalización de la Guerra Civil puesto que una aprobación posterior podría acarrear problemas en la reconstrucción del país. 

¿Cómo podrá conseguirlo ante un panorama político tan desfavorecedor? Por una parte, la oposición del Partido Demócrata a la enmienda parece muy firme. Y en las filas Republicanas, tampoco existe una unión total entre las diferentes facciones ya que el sector más moderado prioriza la paz con los Confederados mientras que los radicales, liderados por Thaddeus Stevens, no aceptarán contraprestaciones a los estados secesionistas por llevar hacia adelante la enmienda.

La película de Steven Spielberg sitúa la acción en ese momento y nos convierte en espectadores de excepción de un momento histórico de gran relevancia. Asistimos a las maniobras políticas de todo tipo, las legales y las que no lo son tanto, y comprendemos que, en ocasiones, para lograr un bien mayor hay que adoptar algunas medidas moralmente cuestionables.

La proclamación de emancipación, que Lincoln había hecho pública en 1863, no tenía valor jurídico alguno. Por contra, podía interpretarse como una declaración en tiempos de guerra. Una carta de intenciones que respondería más a una imposición presidencial que a un documento legislativo refrendado. Ante un final de la guerra cada vez más cercano, resultaba esencial la obtención de una ley que consagrara la abolición de la esclavitud a nivel efectivo para todo el territorio y que, por consiguiente, fuera irrevocable en el futuro. Una enmienda a la Constitución era la iniciativa legislativa más potente que se podía conseguir y allí reside el objetivo fundamental de Abraham Lincoln. Un acto que, con su aprobación final, dio sentido a una Presidencia que tuvo el valor de afrontar un conflicto, desgarrador para el país, pero que rompió con un equilibrio falso de conveniencia que había durado casi 100 años. Un esquema en el que debía consentirse que una parte del país siguiera perpetuando una institución opresiva e injusta que conculcaba los ideales de la propia Declaración de Independencia y la subsiguiente Constitución, promovida por los padres fundadores en el siglo XVIII.

Sobre este tema de clara trascendencia histórica y política os emplazo a un artículo que escribí hace un tiempo sobre los valores de la Presidencia de Lincoln. Ahora, paso a centrarme exclusivamente en la valoración de la magna película de Steven Spielberg.

Durante años Spielberg no encontró un texto que le interesara. No quería hacer una hagiografía ni una biografía convencional, deseaba explicar momentos de la historia del Presidente que mostraran su relevancia como líder. Tras recibir la negativa de Daniel Day Lewis,  se decantó por alguien a quien conocía bien. Después de haber trabajado con Liam Neeson en Schindler's List (1993) le veía como el actor perfecto para encarnar al Presidente pero el material que hiciera brotar el proyecto no llegaba nunca a sus manos. Sin embargo, eso cambió en 1999 cuando el director coincidió con la historiadora Doris Kearns Goodwin durante el rodaje de un proyecto documental en el que ambos colaboraban. Mientras charlaban departieron sobre proyectos de futuro y Goodwin sorprendió al director cuando le dijo que estaba escribiendo un libro sobre la Presidencia de Lincoln cuyo título era "Team of Rivals: The Political genius of Abraham Lincoln". En dicha obra, Goodwin se proponía hacer un análisis nuevo de la etapa de Lincoln, centrándose más en la cuestión de las relaciones personales y la política. Su enfoque tenía otro punto de anclaje importante: iba a poner especial atención en el tránsito que efectuaron varios de los rivales para la nominación Republicana a la Presidencia en 1860 y ver cómo se adaptaron a un gabinete en el que ocuparon puestos de gran relevancia mientras el país se desgarraba a medida que avanzaba la Guerra Civil (1861-1865). Esta inmersión en el círculo interno de Lincoln, tanto familiar como profesional, permitía ahondar en la línea de pensamiento del Presidente a través de la visión de otros. Spielberg decidió comprar los derechos de adaptación en ese mismo instante.

Aunque el libro de Doris Goodwin no se publicó hasta 2005, Spielberg puso en marcha la maquinaria y, al tener acceso al material que la historiadora iba completando, contrató a John Logan para que iniciara la escritura del guión. Sin embargo, la extensión del material original planteaba un reto de compresión para los guionistas. Los borradores escritos por Logan y también los del dramaturgo Paul Webb no satisfacían al realizador. 

Habían transcurrido ya varios años y Spielberg había tenido la oportunidad de trabajar con el prestigioso dramaturgo Tony Kushner en Munich (2005). Tras la satisfactoria experiencia conjunta decidió encargarle un nuevo guión. Ante la magnificencia de la trayectoria del personaje decidieron centrarse en la parte final de su mandato y en la lucha por abolir definitivamente la esclavitud mientras el conflicto bélico se encuentra en vías de resolución. Kushner se sumergió profundamente en el universo de Lincoln y leyó casi todas las aproximaciones que se habían hecho sobre el personaje histórico. Su afán de conocimiento derivó en un borrador de 550 páginas que era completamente inadaptable. Sin embargo, la calidad del material era excelsa y dentro del mismo Spielberg visualizó 70 páginas que versaban alrededor de la aprobación de la Decimotercera Enmienda. En ese momento el director visualizó por fin la película que deseaba narrar y animó a Kushner para que ahondara en esa parte decisiva del mandato. Así pues, la película se acabó convirtiendo en la crónica de los últimos cuatro meses de vida de Lincoln. Querían verle consiguiendo algo grande, monumental. Y, sin duda alguna, la abolición definitiva de la esclavitud y el fin de la Guerra Civil cumplían dicho propósito. 

No obstante, también querían mostrar la dimensión más humana y familiar de Lincoln para alejarlo de la visión icónica que nos ha llegado a través de pinturas, fotografías y monumentos.
"Para nosotros fue muy importante al hacer esta película no ser cínicos. Evitar el cinismo y evitar también la adoración del héroe. Porque puedes admirar inmensamente a alguien, como nosotros a Lincoln, sin necesidad de adorarle. Quería hacer una película sobre un Presidente trabajando, no un Presidente posando. Lincoln fue un hombre de Estado, un líder militar muy efectivo; fue un padre, un marido. Espero que la película muestre las muchas facetas que tenía."
Al mismo tiempo, el enfoque del director también iba a incluir nociones de liderazgo. La película refleja como un líder de verdad debe dirigir los destinos de un país incluso cuando encuentra gigantescos obstáculos.
"Nuestra esperanza de comprender y hacer justicia a esta persona tan complicada era retratarle empezando, luego dirigiendo y concluyendo una acción extremadamente compleja que no era otra que la lucha por aprobar la Decimotercera Enmienda."
Incluir la dinámica de la familia Lincoln en esta complicada ecuación permitía definir al personaje desde la órbita pública y la privada. No obstante, se tomó la decisión de situar estas aportaciones en los momentos donde colisionara con los eventos públicos sobre los que versa la historia. Gracias a ello se logra capturar al personaje desde el interior mientras lucha consigo mismo y contra el entorno, haciendo brotar todos sus recursos políticos.

Cuando todas las piezas empezaban a encajar la producción recibió la noticia de la marcha de Liam Neeson. El actor irlandés se encontraba en un momento personal muy delicado tras la trágica muerte de su esposa, la también actriz Natasha Richardson, en un accidente de esquí. A partir de ese momento decidió optar por papeles más ligeros en películas de acción que le permitían evadirse emocionalmente. La carga de interiorización y construcción de personaje que requería el papel era excesiva para el momento vital que estaba atravesando. Spielberg decidió entonces volver a la casilla inicial y recuperar la apuesta por el anglo-irlandés Daniel Day Lewis.

Day Lewis es probablemente el mejor actor surgido en los últimos treinta años. Contar con él es siempre difícil puesto que el, hasta entonces, doble ganador del Oscar elige muy cuidadosamente sus papeles y trabaja solamente cuando le motiva un proyecto. Sus puntuales presencias en pantalla aseguran un gran nivel a las producciones (excepto en el caso de Nine donde cometió un error superlativo) y, sin duda, su excelencia artística podía aportar la pieza definitiva en la construcción de una gran película. Spielberg volvió a contactar con él y le mostró el nuevo material. Esta vez el actor respondió afirmativamente iniciando un proceso de preparación que duró todo un año.
"Nunca le pregunté a Daniel sobre su proceso ni lo cuestioné. Tan solo lo recibí con tremenda gratitud."

Day Lewis se sumergió en la lectura de numerosas fuentes documentales sobre Lincoln. Se reunió de forma constante con Spielberg y Tony Kushner para perfilar la línea del personaje y respondió a la acreditada fama que atesora en cuanto a la asimilación de los papeles que interpreta. El actor halló en el guión numerosas notas de carácter personal que le iban a permitir dar vida a un Lincoln íntimo, relajado, capaz de bromear y de mostrar cariño familiar. Esa dimensión le interesaba especialmente puesto que rompía con las adaptaciones solemnes que se habían realizado hasta el momento. Unas caracterizaciones que solo habían tocado la parte formal y pública de su mandato. Con esta película, podía explorar al personaje en las distancias cortas y disfrutar de las numerosas anécdotas que Doris Kearns Goodwin había recogido en los momentos que Lincoln estaba en el Departamento de Guerra, recibiendo noticias del frente, y esperando que uno de los mensajes llevara la buena nueva del fin del conflicto. En esos largos días y noches, muchas veces acompañado por sus secretarios John Hay y John Nicolay, solía bromear para distender el ambiente y los que allí se encontraban notaban siempre una calidez que nunca habrían esperado recibir por parte de una gran figura institucional. Daniel Day Lewis profundizó en la calidez humana y fue capaz de mostrar también su determinación y fortaleza política convirtiendo su interpretación en una joya de equilibrio, maestría y presencia escénica. 

No era fácil configurar un reparto que acompañara el alto nivel del actor protagonista y mantuviera la fuerza dramática en el nivel exigido. No obstante, el aura de Steven Spielberg puede conseguir lo imposible independientemente del presupuesto que maneje. Su primera elección para dar vida a la primera dama Mary Todd Lincoln siempre fue la veterana Sally Field, ganadora de dos Oscar y figura de referencia en los 70 y 80. La actriz recibió la oferta con increíble ilusión puesto que, por desgracia, no es fácil obtener grandes papeles femeninos cuando se sobrepasan los cincuenta años. Field tuvo que engordar once kilos para el papel pero, una vez caracterizada y vestida con las creaciones de Joanna Johnston, Mary Todd Lincoln cobró vida de forma inmediata.

Esta iba a ser una película que combinaría un fuerte liderazgo protagónico con un reparto amplio de más de 60 personajes con diálogo. Ante un reto de este tipo no todos los realizadores pueden responder con eficacia. Se necesita a alguien que impulse con su nombre la producción y atraiga a actores importantes para el desempeño de papeles relevantes aun cuando no tengan demasiada presencia en pantalla. Así fue como Spielberg consiguió la participación de Tommy Lee Jones para dar vida al congresista Thaddeus Stevens, líder de los Republicanos radicales, aquellos que más fervientemente defendían la abolición de la esclavitud. David Strathairn asumió el rol del Secretario de Estado William Seward, antiguo rival de Lincoln en las primarias Republicanas y hombre con gran influencia en los círculos de poder. Incorporado al gabinete del Presidente desde el primer momento, Seward se convirtió en un férreo colaborador de Lincoln aunque pudieran exponer diferencias de criterio importantes. No obstante, esas diferencias nunca estuvieron por encima de la lealtad inquebrantable a la figura del Presidente.


Daniel Day Lewis recomendó a Joseph Gordon-Levitt para que diera vida a su hijo primogénito, Robert Todd Lincoln (quien años después sería Secretario de Guerra), y Spielberg aceptó e hizo posible que este fantástico intérprete joven se uniera al reparto y contribuyera a mostrar la idiosincrasia de la familia presidencial. Gloria Reuben, por su parte, dio vida a Elizabeth Keckley, una antigua esclava que acabó siendo la principal asistente de Mary Todd Lincoln. En el Congreso encontramos también a los más furibundos defensores del no a la enmienda, los Demócratas Fernando Wood (Lee Pace) y George Pendleton (Peter McRobbie). También encontramos a los más conciliadores George Yeaman (Michael Stuhlbarg) y Clay Hawkins (Walton Goggins), quien incluso llegó a ser uno de los congresistas que aceptaron la oferta de los hombres de Lincoln para votar afirmativamente a la enmienda a cambio de un puesto en la nueva administración Federal unionista.

Un reparto de grandes actores que continúa con la presencia de los congresistas Republicanos Asa Litton y James Ashley, interpretados respectivamente por Stephen Spinella y David Costabile. También encontramos a Hal Holbrook, un veterano y brillante actor que había interpretado en cuatro ocasiones a Lincoln y al que Spielberg quiso incorporar dando vida al fundador del Partido Republicano, Francis Preston Blair. El nombre de Blair se asocia a la voluntad abolicionista moderada. Trata de persuadir a Lincoln para que acepte entrar en conversaciones con una delegación Confederada para ver si es posible concluir el conflicto bélico cuanto antes. Esa propuesta pasa por encima de la abolición ya que lo que provocaría al aprobarse sería una reacción adversa en los estados sureños. Lincoln acepta establecer contactos fuera de la capital para conseguir el importante apoyo de Blair pero, por otra parte, tiene una agenda propia que prevé aprobar la Decimotercera Enmienda y derrotar definitivamente al sur sin pagar contraprestaciones por ello.

Dada la dificultad para obtener los votos necesarios en un Congreso que está a punto de ser sustituido por nuevos delegados procedentes de las últimas elecciones, Lincoln acepta un plan secreto para conseguir los votos decisivos ofreciendo puestos de trabajo en la nueva administración Federal que deberá implementarse en el sur. Muchos de ellos perderán el asiento que ocupan y necesitaran nuevos empleos para contribuir a la reconstrucción del país. Los emisarios de Lincoln se aprovecharán de estas circunstancias para tentar a los delegados en una maniobra ilícita pero no delictiva. Volvemos a la reflexión sobre la necesidad de llevar a cabo determinadas prácticas para conseguir un bien mayor. Lincoln no podía esperar a la configuración de un nuevo Congreso porque la guerra podía acabar en cualquier momento y entonces la proclamación de emancipación perdería su vigencia dejando a la población afroamericana desamparada jurídicamente. Por ello presionó a un equipo de tres emisarios para que lograran los votos necesarios en el Congreso actual y dar por acabada definitivamente la esclavitud en los Estados Unidos. El Presidente actuó al límite pero también debemos tener en cuenta el contexto del momento. Nadie puede poner en duda la honorabilidad de Lincoln pero también es de sobras conocido que era un líder que jugaba fuerte en las cuestiones trascendentales. Un mandatario más contemporizador seguramente habría eternizado la resolución de los dos grandes conflictos que azotaban al país: el bélico y el social. Para dar vida a los tres negociadores que tenían que convencer a varios congresistas para votar afirmativamente, Spielberg reclutó a un actor al que llevaba años admirando, James Spader, al cual rodeó con la presencia de John Hawkes y Tim Blake Nelson (con el que ya había colaborado en Minority Report). Las escenas en las que el trío aparece en pantalla son las que tienen más sorna de la película pero es necesario indicar que la mayor parte de las situaciones que vivieron ocurrieron tal cual.

También vemos en la película a Jared Harris, dando vida al general Ulysses S. Grant. Fenomenal la secuencia en la que el Presidente y el General charlan cuando la guerra toca a su fin. Las palabras de Lincoln tienen un eco perpetuo. Además, aparece también Bruce McGill, interpretando al Secretario de Guerra Edwin Stanton, Adam Driver, David Oyelowo, Dane De Haan, Lukas Haas, Joseph Cross y Jeremy Strong. Los dos últimos interpretan a los secretarios personales del Presidente, John Hay (quien décadas después sería Secretario de Estado) y John Nicolay. Cuando finalmente Lincoln se reúne con los negociadores confederados, sus palabras de victoria rinden cualquier oferta sureña. El que debe recibir la noción definitiva de derrota es el vicepresidente de la Confederación, Alexander Stephens, a quien da vida el siempre interesante Jackie Earle Haley.


Creo que el gran valor del film recientemente estrenado reside en que se nos cuenta esta historia desde todos los ángulos posibles y con matices muy relevantes. No estamos ante una hagiografía y tampoco ante un repaso general de la trayectoria de Lincoln. El film arranca a principios de enero de 1865 y concluye en abril del mismo año. Y la mayor parte del metraje se centra en el decisivo mes de negociaciones y trapicheos que permitió conseguir el voto favorable de la Cámara de Representantes a la proclama de abolición de la esclavitud. La figura del Presidente más importante en la historia de los Estados Unidos se nos presenta en todas sus dimensiones, en la faceta más pública y también en la más íntima y familiar. La extraordinaria interpretación de Daniel Day Lewis nos acerca a un hombre de naturaleza honesta al que, sin embargo, no le temblará la mano para tonar decisiones que puedan ser controvertidas. La Democracia es el mejor de los sistemas políticos pero no es perfecto. Lincoln nos enseña que para jugar en ese teatro de operaciones hay que tomar decisiones difíciles y en ocasiones controvertidas. Pero lo que debe contar es el objetivo final siempre y cuando las medidas tomadas no revistan una gravedad significativa o delictiva.

En este sentido, observar como alguien tan honesto e íntegro como Lincoln se ve obligado a recurrir a unos negociadores fariseos para conseguir votos de congresistas a cambio de favores en forma de cargos para la nueva administración, es algo que honra a la película. Y ver como Spielberg es capaz de equilibrarlo con la expresión de la voluntad de Lincoln a través de la fortaleza de sus razonamientos, resulta encomiable. En el aspecto de interiorización del personaje cabe resaltar que Day Lewis ha sido el primer intérprete que ha reproducido el tono de voz agudo que tenía Lincoln. Muchas veces lo imaginamos con una voz profunda leyendo sus discursos pero no era así.

El director concibe una cinta con poca grandilocuencia visual. Apenas hay imágenes bélicas, todo es mucho más sugerido. Es como un susurro constante en forma de noticias que hacen mella y afectan a un Presidente que parece llevar físicamente el peso de una guerra cruenta. Pero Lincoln sigue mostrando su determinación y asume ese peso como parte del enorme compromiso que asumió al jurar el cargo. Lo que otros no hicieron antes por falta de valor y coraje político, lo asume él para poner fin a un problema que parecía irresoluble.


Por tanto, estamos ante una película muy intimista, de espacios interiores, donde la palabra, la reflexión, y la contraposición de argumentos son la clave dominante. Se nos muestra, además, la dimensión familiar del personaje: la especial relación con su hijo "Tad" (inmortalizada en numerosas fotografías), el pasado de inestabilidad mental de la primera dama, Mary Todd (una espléndida Sally Field), los recuerdos de la trágica y precipitada muerte de William (con sólo 11 años)  y el drama que eso representó, y el carácter más irreverente del primogénito, Robert (Joseph Gordon-Levitt).

Spielberg recoge el tono y la brillantez del guión escrito por el prestigioso dramaturgo Tony Kushner y reconstruye una época de forma encomiable pero lo hace sin efectismos. La épica la desarrolla a través de las palabras pronunciadas por Lincoln, Thaddeus Stevens (Tommy Lee Jones), y algunos otros congresistas en las extraordinarias escenas que tienen lugar en sede parlamentaria.

Encuentra, además, en las escenas acaecidas en la Cámara de Representantes una posibilidad de introducir notas de humor sutiles y elegantes que contribuyen a que el espectador disfrute aún más de una experiencia imprescindible. Hay un momento, durante la fase final de la aprobación de la enmienda, donde lo que presenciamos llega a tocar la fibra más sensible del espíritu humano. Además, resulta enormemente valioso el visualizar que, en un momento de tan alta  trascendencia para un Presidente, éste se encuentra a la espera en la Casa Blanca mientras juega con su hijo o reflexiona en soledad. Se refleja, en ese instante, el aislamiento del poder más absoluto porque como él mismo dice en un pasaje de la película: "Soy Presidente, investido de un poder inmenso!!". Y eso, siendo cierto, conlleva también la soledad en la toma de decisiones de gran relevancia.

Una figura política, pues, de amplia repercusión y que también es capaz de demostrar que a la determinación se le debe unir la autoridad. Se refleja su figura como un hombre dialogante pero también le vemos llamando al orden a sus más próximos colaboradores. Porque sino hay autoridad y firmeza en las posiciones, no se puede progresar ni tampoco lograr los objetivos propuestos. En eso el film también acierta. El siguiente párrafo del guión es clarificador en este caso.
"Say there's no amendment abolishing slavery. Say it's after the war, and I can no longer use my war powers to just ignore the courts' decisions, like I sometimes felt I had to do. Might those people I freed be ordered back into slavery? That's why I'd like to get the Thirteenth Amendment through the House, and on its way to ratification by the states, wrap the whole slavery thing up, forever and aye. As soon as I'm able. Now. End of this month. And I'd like you to stand behind me. Like my cabinet's most always done." 
La emotividad y complicidad que desprende la película seduce desde el primer momento. La relativa distancia emocional que desprendía Amistad fue una lección que sirvió a Spielberg para que, en esta ocasión, configurara una relato que desprende gran fuerza dramática y corazón.  Sin lugar a dudas, me parece uno de los mejores dramas históricos jamás realizados. Sólo tengo una objeción. Creo que debió finalizar el argumento antes del asesinato en el Teatro Ford. Hay un plano en la película, absolutamente maravilloso, en que vemos al Presidente de espaldas mientras avanza hacia su destino, durante la misma noche en que fue tiroteado por John Wilkes Booth. Esa imagen, saliendo de la Casa Blanca, era para mi el final de la película. Me parece que lo sucedido después ya no era necesario para el propósito del film aunque también comprendo que se quiera cerrar la historia con la finalización de la guerra (escena de la rendición en Appomattox incluida) para darle una conclusión más completa.


Desgraciadamente, Lincoln no pudo estar al frente del país en la reconstrucción. Y sus ideales de conciliación y de mano tendida a los estados sureños se vieron claramente vulnerados por sucesivas administraciones en las que primó el castigo brutal a los rebeldes. Algo que provocó un enquistamiento en los problemas sociales y el advenimiento de un fervor segregacionista que se prolongó durante cien años. Pero eso es parte de la naturaleza de las personas que hacen historia y las muestras de ello han estado presentes a lo largo de toda nuestra trayectoria en el mundo.

En conclusión, estamos ante una película contundente, profunda, conmovedora, y capaz de remover la conciencia del espectador. La figura más reverenciada de la historia política estadounidense vuelve a demostrar su valía para el séptimo arte.

Spielberg encaró el rodaje de la película con una voluntad de transmitir un mensaje potente con la mayor dignidad y solemnidad posible. Su dominio de la técnica y la narración cinematográfica le permite abordar cualquier proyecto manteniendo siempre la mano extendida a los colaboradores y al elenco artístico. Tommy Lee Jones recordaba en una entrevista reciente cuan fácil resultaba trabajar a sus órdenes. Decía que sus sugerencias eran puntuales, que en ocasiones parecía que no te dirigiera pero curiosamente su solución para la escena siempre resultaba ser la mejor posible. Daniel Day Lewis recordaba que el entorno del rodaje y el clima que se vivía era uno de los más tranquilos que había visto. La enorme repercusión del film no provoca estrés en los sets de Steven Spielberg. Su conocimiento del oficio y dominio de la situación transmiten tal confianza a técnicos y actores que, casi sin proponérselo, acaban las secuencias previstas en un tiempo reducido. El director sabe sacar lo máximo de ellos gracias a su maestría profesional y a la empatía natural que tiene con la gente que trabaja a su alrededor.
"He hecho muchas películas en las que cuento la historia a través de imágenes y no palabras. En este caso, las imágenes estaban en segundo plano. Y en ese sentido, yo me senté en la fila de atrás. Me sentía un poco como Sidney Lumet. Quería hacer una película que representara lo máximo posible la época y el ánimo de la nación, el humor de los individuos intentando resolver estos problemas e intentando encontrar soluciones. Quería que todos tuvieran un sentido de autenticidad en el set. Donde la única imposición fuera que había una cámara y que había monitores. Esa sería la única imposición real sobre la época. Así que les pedí a los actores que no hablaran en el set, que no hablaran del libro que estaban leyendo o de los resultados de deportes o de lo que pasaba en su casa con su familia. Guardaos todo eso para fuera del espacio en que rodamos. Que hubiera un respeto por la historia que contábamos. Y en realidad, apenas tuve que decírselo a nadie. Hice un anuncio el primer día de rodaje. Todos, incluso los que no oyeron el anuncio, pusieron una solidaridad reverencial en su trabajo y con sus compañeros. No había charlas. Era el set más silencioso que he visto. Había un respeto intuitivo por la historia y el nombre de Lincoln. Y también por la historia de su gabinete, por su esposa e hijos."
Sally Field, Tony Kushner, Spielberg, Day Lewis, Kathleen Kennedy y la historiadora Doris Kearns Goodwin.

La película se rodó entre el 17 de octubre y el 19 de diciembre de 2011. Una película de 150 minutos que es capaz de rodarse en poco más de dos meses demuestra la calidad del director y su equipo técnico a la hora de disponer de un plan de producción muy elaborado. La cinta se rodó fundamentalmente en localizaciones del estado de Virginia, concretamente en Fredericksburg, Petersburg y Richmond. Fue en la capital del estado donde el equipo se asentó más puesto que en el interior de la asamblea del estado se recreó la Cámara de Representantes. Sus exteriores sirvieron para caracterizar el Capitolio de Washington y uno de los portales de la Casa Blanca.

El diseño de producción de Rick Carter, apoyado por el decorador Jim Erickson, respondió a las expectativas que requería la película para poder rodear la escena de la autenticidad y veracidad histórica del momento. Carter y su equipo mostraron una atención al detalle excelsa y se basaron en el numeroso material gráfico para reproducir con exactitud incluso el empapelado de las paredes. Esta era una gran historia que se explicaba de forma íntima a través de sucesivos espacios que el diseño de producción construyó magistralmente. Lo mismo se puede decir del diseño de vestuario coordinado por Joanna Johnston. La diseñadora que más ha trabajado con Spielberg y Zemeckis realizó un pormenorizado análisis de las fuentes documentales captando las siluetas de los personajes y haciendo réplicas exactas de su vestuario.

Para esta película, Janusz Kaminski definió una iluminación naturalista. Debía estar al servicio de la historia dejando que los actores se nos presentaran del modo más cercano y auténtico posible. Era necesario evitar cualquier tipo de artificio. No se realizó manipulación de saturación ni tampoco en el negativo como sí ocurrió, por ejemplo, en Saving Private Ryan (1998).

John Williams, por su parte, respondió al reto dual de construir una partitura solemne y también íntima para los momentos más cálidos de la película, donde resalta el uso de instrumentos de viento. La banda sonora es un apoyo constante al tono trascendente y próximo del film. Recuerda al trabajo que realizó en El Patriota (The Patriot, 2000) pero resaltando más el tono intimista que en la película de Roland Emmerich. También hay momentos de música más bien burlesca, con los violines expresando ese sentimiento y también los instrumentos graves de viento. Esa es la composición que acompaña a los tres delegados fariseos que tratan de convencer a miembros de la Cámara para que cambien el sentido de su voto. No falta tampoco la Marcha Unionista, acompañada por las voces de un maravilloso coro. La belleza y magnificencia de su trabajo queda representado en la magnífica suite que os presento a continuación.


Al igual que había ocurrido con algunos de sus proyectos más recientes, Kathleen Kennedy volvió a producir la película junto a Spielberg. El film fue el resultado de la alianza entre las diferentes compañías que estaban apoyando las últimas películas de la factoría DreamWorks. Además de Amblin y Kennedy Marshall también estuvieron presentes Participant Media y los socios indios de Reliance Entertainment. Desde 2009, DreamWorks tenia un acuerdo de distribución doméstico con el conglomerado Disney. War Horse fue la primera película del director que entró en dicho acuerdo y Lincoln continuó la senda establecida. La distribución internacional corrió a cargo de 20th Century Fox.

Lincoln se estrenó en el festival de Nueva York durante el mes de octubre de 2012 y llegó a las pantallas estadounidenses el 9 de noviembre. En taquilla el film fue un éxito ya que recaudó un global mundial de 275 millones de dólares sobre un presupuesto de 65. El éxito sorprendió a los ejecutivos de Disney y se vieron obligados a aumentar el número de salas en los que se proyectaba la película tras ver los resultados de recaudación por sesión.


Después de un buen número de galardones previos, la cinta obtuvo 12 nominaciones en los Oscar, incluyendo mejor película y mejor dirección. Finalmente, consiguió dos estatuillas para el diseño de producción de Rick Carter y Jim Erickson y, tal como era previsible, Daniel Day Lewis se alzó como mejor intérprete masculino del año. El tercer Oscar de su carrera lo convirtió en el único actor que ha ganado tres veces en la categoría principal y se iguala a Jack Nicholson y Walter Brennan en victorias totales.




Precedido por:

War Horse (2011)

Continúa en:

El Puente de los Espías (Bridge of Spies, 2015)

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