15 de marzo de 2019

Mula (The Mule, 2018)


Earl Stone es un veterano florista que lleva más de doce años sin hablar con su familia. Cuando su negocio quiebra y le embargan la casa, lo pierde todo. Es entonces cuando le ofrecen ganarse un dinero extra si hace de correo para el cártel de Sinaloa y transporta ingentes cantidades de droga por las carreteras del Medio Oeste norteamericano. ¿Conseguirá recuperar lo que perdió? ¿Y hasta cuándo podrá seguir haciendo de mula para el violento cártel?

Cuando parecía imposible, Clint Eastwood, uno de los grandes directores de cine, el último clásico, vuelve a ponerse detrás y delante de la cámara, justo diez años después de Gran Torino, su última obra maestra absoluta. No lo veíamos actuar desde la cumplidora Golpe de Efecto (Trouble with the Curve, 2012), el favor que le hizo a su amigo y productor, Robert Lorenz. Para rodar Mula, Eastwood se ha reunido con el guionista de la citada Gran Torino, Nick Schenk, quien se basa en el caso real del octogenario que hizo de correo para el cártel y acabó en prisión. El resultado de la película que hoy nos ocupa es inmejorable, si bien no llega a la perfección de la mentada película con título de coche.

El guion de Schenk retoma el tema fundamental que vertebra toda la obra de Eastwood, las relacionales paternofiliales, y le da un nuevo giro al presentarnos a un protagonista que afronta el final de la vida tras haber roto todo vínculo con su familia. Earl Stone es un padre fallido y ausente que se ha centrado en su trabajo y ha dejado de lado a los suyos, de forma similar a como les sucediera al ladrón de guante blanco protagonista de Poder Absoluto (Absolute Power, 1997), al periodista de Ejecución Inminente (True Crime, 1999), al entrenador de Million Dollar Baby (2004) e, incluso, al gruñón de Walt Kowalski. Stone encuentra un propósito al forjar vínculos con los violentos jóvenes del cártel, quienes llegan a apreciarlo por su valía y experiencia. Además, a medida que avanza la trama, el protagonista lucha por hacer las paces con sus seres queridos, en la medida de lo posible, al mismo tiempo que advierte de que no cometa los mismos errores al antagonista de la función, el agente de la DEA al que da vida un solvente Bradley Cooper (amigo de Eastwood desde que colaborasen en American Sniper), un policía a quien también le obsesiona el trabajo. Aparte del conflicto generacional, las escenas que componen esta peculiar road movie exploran los prejuicios raciales de la Norteamérica contemporánea, si bien estas reflexiones son meras pinceladas en comparación con los certeros dardos de Gran Torino (2008).


El aspecto formal de la película es sencillamente perfecto. Eastwood dirige con pulso firme, se sirve de planos fijos y estables y deja de lado los artificios para ir directo al grano. La precisión tras la cámara ayuda a destacar la belleza de los parajes naturales que atraviesa el protagonista durante los portes, escenas que se ven aderezadas con la música que escucha Stone mientras conduce, en especial temas clásicos de Dean Martin y Willie Nelson. En el reparto de Mula participan varios secundarios más que cumplidores, por ejemplo los veteranos Laurence Fishburne, Dianne West y Andy García; a quienes acompañan Michael Peña, uno de los actores de reparto de moda, y la hija del director, Alison Eastwood. Bradley Cooper se queda con el papel del antagonista e interpreta a un personaje que ya hemos visto en otras cintas del director, pues no en vano recuerda al tenaz policía de Un Mundo Perfecto (A Perfect World, 1993). Eastwood se reserva el rol principal, el de un anciano visiblemente cansado pero a la vez ilusionado por las nuevas aventuras que afronta y de las que sale airoso gracias a su ingenio y dilatada experiencia. El rubio de El Bueno, el Feo y el Malo (Il Buono, il Brutto, il Cattivo, 1966) compone un protagonista a base de gestos secos, miradas duras y muchos años de trabajo.

Es posible que Mula pase desapercibida entre el final de la temporada de premios y la avalancha de grandes producciones superheroicas, si bien destaca como una película sencilla, directa, de corte clásico pero vigente, además de por ser una adición sumamente interesante a la larga filmografía de uno de los grandes directores de nuestro tiempo. No se la pierdan.

11 de marzo de 2019

Ha Nacido una Estrella (A Star is Born, 2018)


La adaptación del clásico A Star Is Born, (Ha Nacido Una Estrella) de Bradley Cooper, ha destacado en la recién gala de los Oscar. Nominada a ocho estatuillas (mejor película, actor principal –Bradley Cooper-, actriz principal –Lady Gaga-, actor secundario –Sam Elliott-, guión adaptado, fotografía, canción original y sonido), ha sido la melancólica y romántica balada “Shallow” quien, finalmente, se ha hecho con la preciada estatuilla en la categoría musical.

Nos encontramos ante uno de los guiones más versionados en Hollywood, ya que este gran proyecto de Cooper supone la tercera adaptación estadounidense del guión original de 1937, dirigido por William A. Wellman y protagonizado por Fredric March y Janet Gaynor. Fue tal el éxito que alcanzó la historia entre la joven artista catapultada hacia el éxito por una estrella consagrada de la que se enamorará, aun cuando su amor es imposible, que George Cukor la volvió a filmar en 1954, con James Mason y Judy Garland como pareja protagonista. El proyecto vio otra vez la luz a finales de la década de los 70, con la segunda adaptación dirigida por Frank Pierson (1976). Esta vez, los papeles fueron interpretados por Kris Kristofferson y Barbra Streisand.

Cooper no ha dejado indiferente a nadie. Ha sorprendido muy gratamente por sus aptitudes como director (desencasillándose así de su vis cómica en películas taquilleras pero sin sustancia argumental) y nos ha gratificado con la sensibilidad con la que trata a lo largo de toda la historia la siempre delicada realidad de los trastornos mentales (normalmente asociados a problemas varios de drogodependencias), todo ello bien armonizado con números musicales propios de una estrella de rock consagrada, así como de su perfecta puesta en escena dentro de la vorágine que siempre supone un concierto ante miles de fans.

El resultado es una película que conjuga muy correctamente romance, drama y musical en un filme donde ha confiado los papeles principales a Lady Gaga (Ally), Sam Elliott (Bobby Maine, hermano de Jackson), Andrew Dice Clay (Lorenzo) y Dave Chappelle (Noodles), reservándose para él mismo el de Jackson Maine, una estrella de country adicta al alcohol y a las drogas, que refleja en sus canciones la enorme soledad que siente, la cual será su principal arma de autodestrucción imparable.

7 de marzo de 2019

Captain Marvel (2019)


En su esfuerzo constante por mantener en alto el nivel de creatividad, Marvel Studios nos presenta por fin su primera película liderada por una protagonista femenina. En el plan de desarrollo de la compañía que encabeza Kevin Feige, el personaje que deriva de las viñetas creadas por Stan Lee y Gene Colan en 1967, va a ser un auténtico pilar en el MCU de los próximos años.  

Esta historia de origen que narra la epopeya de Carol Danvers hasta convertirse en la superheroína conocida como Captain Marvel, cuenta con alicientes más que probados a su favor. Sin embargo, también deberá hacer frente a una serie de inconvenientes, en cuanto a la robustez de su propuesta argumental, que proceden directamente de una campaña de marketing previa donde se han apreciado algunas lagunas que no han logrado el impacto esperado entre la audiencia potencial.

La película ha sido dirigida por el dúo creativo que integran Anna Boden & Ryan Fleck, quienes impresionaron a Kevin Feige en 2017 cuando mostraron un gran entusiasmo por el personaje de Carol Danvers e impresionaron al productor con numerosas ideas para mostrar el crecimiento heroico del personaje. 

Ambientada en los años 90, Captain Marvel pretende llevarnos a un momento donde las futuras aventuras de los Vengadores quedaban lejos. No obstante, en esa época Nick Fury (Samuel L. Jackson) ya conoció lo que significaba tratar con personas extraordinarias, capaces de proezas nunca imaginadas. 

Confiar en la ganadora del Oscar, Brie Larson, para dar vida a Carol muestra el interés por dotarla de gran fuerza interpretativa, además de garantizar una construcción de personaje que permita un fuerte despliegue en los próximos tiempos. Se trata de ahondar en la naturaleza de una heroína cuya particular andadura rompe determinados moldes que deberán ser puestos a prueba ante una sociedad que debe evolucionar en términos de integración e igualdad de género. El éxito de Wonder Woman (2017) abrió un camino del que la industria cinematográfica no puede desviarse. Es un nuevo rumbo que ha tardado demasiado en llegar.

Nuestro amigo y colega Nestor Bentancor tuvo ocasión de ver la película hace algunas semanas y vuelca en su vídeo-crítica interesantísimas reflexiones, sin spoilers, acerca de un film que sitúa en la parte media del ranking de Marvel Studios. Considera que se trata de una buena introducción para el personaje, pero observa ciertos elementos que no permitan que llegue al nivel de las joyas del MCU.

Os dejo con el vídeo. Estoy seguro que os interesarán sus reflexiones desde la meca del cine. Os recuerdo que Nestor Bentancor es un referente latino en cuanto a información hollywoodiense. Acumula un incipiente bagaje tanto en conocimiento de la industria como en cobertura de estrenos. Os invito también a seguirle en Facebook, Twitter y, por supuesto, en su canal de Youtube.

4 de marzo de 2019

Tercera temporada de True Detective (2019)



En 1980, dos inspectores de la policía estatal de Arkansas, Wayne Hays y Roland West, se encargan de investigar la desaparición de los hermanos Purcell, dos niños que salieron a jugar en Halloween y jamás regresaron a casa. En 1990, reabren el caso cuando salen a la luz nuevas pistas y la joven Julie Purcell aparece viva en las imágenes que captan las cámaras de seguridad de un supermercado. En 2015, una joven cineasta prepara un documental sobre la desaparición de los Purcell y entrevista al septuagenario Wayne Hays, pero ¿qué ha sido de su compañero? ¿Y de los niños?

True Detective ha vuelto. Cuando se estrenó en enero de 2014, la primera temporada rompió los esquemas de los espectadores al ofrecer un caso escabroso envuelto por el halo de misterio del sur profundo y las referencias literarias a los cultos ancestrales. Los inspirados Matthew McConaughey y Woody Harrelson se pusieron al servicio de dos jóvenes y ambiciosos narradores, como eran Nic Pizzolatto y Cary Fukunaga, que escribieron y dirigieron todos los episodios, respectivamente. El éxito rotundo de la serie animó a los directivos de HBO a sacar, cuanto antes, una segunda entrega que se estrenó en el verano de 2015 y decepcionó a casi todos. Fukunaga abandonó la dirección y Pizzolatto escribió los guiones con ayuda de varios pares de manos. El reparto no estuvo nada inspirado y la ambientación sureña fue sustituida por el más anodino submundo criminal y la corrupción urbanística de Los Ángeles, con las consiguientes referencias a las novelas negras de Raymond Chandler y James Ellroy. A punto estuvieron de cancelar la serie, si bien la HBO decidió dar un amplio margen de tiempo a Pizzolatto para que escribiera y pusiera en marcha la tercera y esperada entrega.

La tercera temporada recupera la ambientación sureña, cambia los pantanos de Louisiana propios de La llamada de Cthulhu por el norte de Arkansas y los bosques de las Ozark y pone en marcha la investigación de la desaparición de dos niños, hijos de una familia de clase trabajadora, al estilo de la magistral Adiós Pequeña, Adiós (Gone Baby Gone, 2007). Nic Pizzolatto vuelve a escribir todos los episodios con maestría, los sazona con referencias literarias al gótico de La caída de la casa de Usher o Jane Eyre (incluso a la reciente adaptación de Heridas Abiertas) y teje un juego de memoria al desarrollar la trama en tres líneas temporales que se nutren unas de otras hasta conducir a los protagonistas y a los espectadores a la resolución del misterio. Se echa de menos, eso sí, que un único director se encargue de los ocho episodios y dé un aspecto formal más uniforme, si bien se aprecia la atmósfera que Jeremy Saulnier (Blue Ruin) imbuye a los dos primeros capítulos.


El reparto es pequeño, pero está a la altura de la tarea. Cumplen con solvencia los secundarios Mamie Gummer y Scoot McNairy en el papel de los padres de los niños desparecidos, así como Carmen Ejogo y un recuperado Stephen Dorff, a quien no se veía en forma desde Somewhere. El verdadero protagonista de esta tercera temporada es uno de los actores del momento, Mahershala Ali. Aunque haya ganado el Oscar al mejor actor de reparto en dos ocasiones, sostiene el rol principal con firmeza y despliega varios registros interpretativos para reflejar en pantalla las tres etapas vitales que atraviesa el inspector Wayne Hays, un veterano de Vietnam reconvertido a policía obsesionado con su trabajo. Ni siquiera la vejez conseguirá que ceje en su empeño de seguir las pistas y esclarecer las sombras que rodean a la malograda familia Purcell.

La tercera temporada de True Detective se convierte en un recital interpretativo para Ali, quien guía a los espectadores en la jungla de un misterio que recupera la atmósfera de la primera entrega (con la que establece ciertas conexiones) y los mantiene en vilo mientras su mente viaja a través del tiempo y del sur profundo en busca de la verdad.