20 de junio de 2018

El atardecer de Conexión Tequila


El toque genial de los directores de fotografía puede hallarse en las secuencias más insospechadas. El dominio que los grandes DP manifiestan a la hora de usar la luz para conseguir efectos dramáticos, encumbra una profesión, esencial en la trascendencia del séptimo arte, que nunca debemos cansarnos de reivindicar.

Me gustaría referirme a una secuencia en particular que se encuentra en el thriller de 1988 titulado Conexión Tequila (Tequila Sunrise, 1988). Ya tuvimos oportunidad de hablar sobre esta película y su agudizada misoginia en una ocasión anterior. Hoy quiero comentar únicamente la secuencia en que dos amigos, ahora situados a ambos lados de la ley, se conceden un momento de complicidad y confianza sabiendo que el panorama que se avecina es extraordinariamente complicado para uno de ellos. El ex-traficante Dale McCussic (Mel Gibson) tiene encima a la DEA, cuyo agente al mando está convencido que vuelve a trabajar con los cárteles de la droga mexicanos. Su amigo de la niñez, el teniente del LAPD Nick Frescia (Kurt Russell), defiende ante sus colegas que McCussic está limpio pero, en su fuero interno, no tiene la seguridad total de que eso sea cierto. El pasado regresa para fustigar a McCussic y la ética profesional de su amigo le impide seguir protegiéndole si hay indicios de reincidencia delictiva. Llegados a un punto de no retorno, ambos hombres se citan en Manhattan Beach para sondearse y hallar algo de claridad en un contexto aciago.

Conversar en un columpio ya muestra la intención del director y guionista Robert Towne de recuperar el aroma de una amistad infantil como forma de definir un ámbito de confianza, en el que se puede hablar con franqueza. Pero complementar la secuencia con el trabajo del maestro Conrad L. Hall amplía el efecto dramático al sacar un enorme partido a la puesta de Sol. La luz que se desprende en la escena remarca calidez pero también ocaso y sensación de amenaza. Los acontecimientos están en el camino de precipitarse y la trayectoria de los personajes hasta este momento puede variar, de forma brusca, en el corto plazo. Ese crepúsculo tenue, combinado con las siluetas oscuras de ambos personajes, es un prodigio de puesta en escena que se ha utilizado profusamente a lo largo de la historia del cine. El efecto siempre ha sido el mismo: la generación de una atracción magnética en la audiencia. 

Conrad L. Hall fue nominado al Oscar por su trabajo en Tequila Sunrise. Aquel año, sin embargo, la victoria fue para Peter Biziou por su también excelente labor en Arde Mississippi (Mississippi Burning). De todas formas, debemos recordar que la brillante carrera de Hall fue reconocida con 10 nominaciones y tres estatuillas por Dos Hombres y un Destino (Butch Cassidy and the Sundance Kid, 1969), American Beauty (2000), y Camino a la Perdición (Road to Perdition, 2003).

18 de junio de 2018

Historias de Hollywood: el bromista Billy Wilder


Entre 1930 y 1968 reinó en Hollywood un estricto reglamento censor conocido como el Código Hays. Este extenso compendio de limitaciones fue creado por el Gremio de Productores y Distribuidores en un vano intento por excluir a la industria del cine de los comportamientos lascivos que, según ellos, se estaban expandiendo en la sociedad estadounidense.

Sabemos que los grandes directores siempre hallaron fórmulas imaginativas para superar a la censura y quizá uno de los ejemplos más reconocidos fue el de Alfred Hitchcock, cuya inteligencia y talento visual estaban muy por encima del censor de turno.

Sin embargo, hoy nos centramos en una pequeña anécdota surgida del set de rodaje de El Crepúsculo de los Dioses (Sunset Boulevard, 1950). La película, co-escrita y dirigida por uno de los mejores cineastas de la historia del cine, Billy Wilder, analizaba a fondo una historia común en la meca del cine: el ocaso de una gran estrella, representada en este caso por la gran Gloria Swanson. Esta obra maestra, ganadora de tres Oscar, significó la primera colaboración entre Wilder y William Holden. Ambos compartían la misma socarronería ante la vida y les gustaba quitar hierro a las situaciones, incluso rodando secuencias de relevancia.


En una ocasión, ambos decidieron jugar al máximo y generar el estupor entre los miembros del equipo. El Código Hays establecía que los besos en pantalla no podían sobrepasar los tres segundos de duración. En una secuencia entre William Holden y la joven Nancy Olson, Wilder decidió poner en marcha una broma. La pareja empezó a besarse y, pasados los tres segundos, Wilder no indicó que cortaran. Los intérpretes siguieron en el papel con profesionalidad y el pícaro de Holden empezó a ir más lejos besando el cuello de su partenaire mientras ella, enrojecida, dejó ir un suspiro. Sin embargo, al no oír al director siguieron en ello y Olson se dedicó a desabrochar el cuello de la camisa de Holden. Después, el galán empezó a bajar la cremallera del vestido. Wilder no cortaba...

El equipo técnico asistía asombrado a la escena. Nunca habían participado en un rodaje que permitiera este nivel de expresión. Mientras tanto, los actores seguían desabrochándose mutuamente y los abrazos reflejaban cada vez una mayor pasión. Quizá Wilder decidió ir poniendo fin a la broma pero alguien se le anticipó gritando... "Corten!!" Todo el mundo miró inmediatamente hacia el lugar de donde procedía el grito, descubriendo que la responsable era la también actriz Brenda Marshall, esposa de William Holden... 

13 de junio de 2018

Esperando a Ocean's 8


Recogiendo el testigo de la película que encumbró al Rat Pack en el cine, Warner Brothers decidió en 2001 orquestar las aventuras de un renovado grupo de atracadores que pudieran enlazar con una nueva generación de espectadores. 

El nuevo Ocean's Eleven arrasó en la taquilla mundial gracias al atractivo de un reparto estelar encabezado por George Clooney, Brad Pitt, Julia Roberts, Matt Damon, Don Cheadle y Andy Garcia. No obstante, el elenco sirvió para atraer pero lo que consiguió fidelizar fue la labor tras la cámara de Steven Soderbergh. El brillante cineasta fue capaz de transformar un reunión de estrellas en un ejercicio de cinematografía. A través de un lenguaje poderoso, repleto de close-ups, movimientos de cámara agresivos, fotografía tenue y montaje acelerado, consiguió dotar a esta película de un aura especial que le dio personalidad propia. El triple asalto a la cámara acorazada que contenía las recaudaciones de tres grandes casinos de Las Vegas (Bellagio, MGM Grand, Mirage) fue dirigido con maestría detrás de la cámara y contó con el carisma arrollador del reparto para hacer que el público conectara inmediatamente con el material.

Soderbergh y la mayor parte de los actores repitieron en Ocean's Twelve (2004) y Ocean's Thirteen (2007) pero la fórmula sufrió un fuerte revés en 2008 cuando murió uno de los componentes del grupo. El fallecimiento del comediante Bernie Mac, que daba vida al tunante Frank Catton, dejó un enorme vacío entre sus compañeros. Sustituirle no era una opción y tanto Soderbergh como Clooney estuvieron de acuerdo en cerrar la saga.

Sin embargo, con el paso del tiempo surgió una nueva idea en Warner Brothers. Se pensó en la posibilidad de crear un nuevo grupo, formado exclusivamente por mujeres, que recogiera el espíritu de las películas precedentes y lo llevara a nuevas cotas de exigencia. Así fue como Gary Ross, responsable de películas como Pleasantville y la primera entrega de Los Juegos del Hambre, presentó la idea de Ocean's 8. La luz verde del estudio dio paso a la formación de un nuevo súper-reparto que en este caso lidera Sandra Bullock, dando vida a la hermana menor de Danny Ocean (Clooney), quien tras su salida de la cárcel pretende robar un gran collar de diamantes en el marco de la Met Gala de Nueva York.

En el nuevo equipo que lidera Bullock encontramos a una de las mejores actrices de la actualidad, Cate Blanchett, y también a Sarah Paulson, Helena Bonham Carter y Anne Hathaway. Al igual que las películas anteriores, también se aprovecha para descubrir nuevos talentos como Mindy Kaling, Awkafina y, por supuesto, la cantante Rihanna que, después de varias incursiones en el cine, tiene una nueva oportunidad para ampliar horizontes.

¿Que podemos esperar de Ocean's 8? Quedémonos solamente con que sea un buen entretenimiento y que presente dinámicas interesantes entre los personajes. Un reparto principal femenino con el único contrapunto de Richard Armitage y James Corden, asegura renovación y sentido de justicia. El sub-género del cine de robos necesita aportaciones frescas y ojalá que esta película cumpla con el objetivo de equilibrar acción y comedia. Mimbres no le faltan.

11 de junio de 2018

El irresistible encanto de Jemima Brown


Dos años después del estreno de Primavera en Otoño (Breezy, 1973), Clint Eastwood volvió a la dirección con un thriller de acción que en España se tituló como si se de un film de la saga Bond se tratara. The Eiger Sanction fue titulada Licencia para Matar y los responsables de ese "bautizo" se quedaron tan a gusto. Vista en su justa perspectiva, dentro de la filmografía de Eastwood como director, The Eiger Sanction es una película a reivindicar por su irreverencia y su grado de incorrección política, además de por un patente nivel de intriga y tensión.

Claramente, no se trata de uno de los films más recordados de Eastwood pero, en cualquier caso, se trata de una cinta que se mantiene fuerte allí donde es más tozuda: en la expresión descarnada de toda clase de actitudes vehementes y poco éticas. Si en Breezy, Eastwood había empezado a sentar las bases de su acercamiento humano a los conflictos, con The Eiger Sanction se pudo permitir, gracias al material que tenía entre manos, la realización de un thriller visceral que lindaba mucho más con la textura impresa en los films de Harry Callahan que con su enfoque personal como cineasta incipiente. 

Eastwood siempre ha manejado bien los tempos y ha construido una carrera que, especialmente en los 70, combinó proyectos donde podía volcar su sensibilidad personal y otros productos donde trataba de seducir más abiertamente al público con el tipo de historias que la gente esperaba ver de él. Se trataba de seguir el perfil de rudeza y agresividad que tanto gustaba en esa época para poder mantener un estatus que le iba a permitir seguir introduciendo otros valores a su filmografía.

The Eiger Sanction, por otra parte, partía de una novela de espías, bastante popular en aquel momento, que había sido escrita por Rodney William Whitaker, alias Trevanian. Eastwood trabajó meticulosamente con los guionistas y mejoró el material para así poder disfrutar más de un rodaje que le iba a permitir viajar a varias localizaciones europeas, alejándose de la presión que Universal Pictures ejercía en las filmaciones domésticas.