13 de mayo de 2019

Los Hermanos Sisters (The Sisters Brothers, 2018)


En 1850, los hermanos Sisters están a punto de dejar de ganarse la vida trabajando de cazarrecompensas. Solo han de cumplir con un último encargo y se habrán ganado una vida tranquila en las llanuras del Medio Oeste. Su jefe, el Comodoro, les pide que atrapen a un buscador de oro que viaja al Oeste. Los hermanos lo persiguen desde Oregón hasta California y dejan un reguero de sangre a su paso sin sospechar el verdadero motivo por el que siguen a su presa.

Los Hermanos Sisters se basa en la novela homónima del canadiense Patrick deWitt, un western cargado de humor negro que ha adaptado a la gran pantalla el director francés Jacques Audiard. Tras el éxito de sus anteriores trabajos, el drama carcelario Un profeta (2009) y De óxido y hueso (2012), el cineasta cambia de registro y se atreve con una película atípica que bebe del spaghetti western, pues no en vano se ha rodado en España y Rumanía. Los paisajes polvorientos nos preparan para la violencia seca y cruda con la que se gana la vida la pareja de protagonistas, dos hermanos cazarrecompensas, uno despiadado y otro bonachón. Ambos se ven envueltos en una persecución casi interminable a través de un Oeste que empieza a mostrar signos de fatiga, ya que comprueban con sus propios ojos cómo las ciudades y los avances tecnológicos empiezan a comerse el terreno de las praderas salvajes. Esta visión del Oeste es más cercana a los territorios de Valor de ley (True Grit, 2010), de los hermanos Coen, que a las nevadas referencias pulp de Los Odiosos Ocho (The Hateful Eight, 2015).


El reparto es reducido y los protagonistas absolutos son John C. Reilly, que también produce la película, y Joaquín Phoenix. Este último, desde que volviera al mundo de la interpretación con The Master (2012), se ha consagrado como uno de los actores más brillantes de su generación, capaz de cambiar de registro con cada papel y de despertar simpatía en los espectadores. Aquí da vida al más temperamental de los dos hermanos Sisters, un cazarrecompensas violento y ambicioso que le traerá más de un dolor de cabeza a su compinche. Completan el reparto, en papeles muy secundarios, los correctos Rhiz Ahmed (Rogue One) y Jake Gyllenhaal, y también aparecen, casi de modo anecdótico, Allison Tolman (Fargo) y el veterano Rutger Hauer.

Las peripecias de los dos hermanos cazarrecompensas y la tensa relación que mantienen son el verdadero motor de la película, que cuenta con la banda sonora ambiental del oscarizado Alexandre Desplat. Puede que el viaje se haga largo, en especial en la última media hora de metraje, y que el humor negro en ocasiones resulte cargante, ya que la película no alcanza el nivel de excelencia de la reciente La Balada de Buster Scruggs, con la que comparte alguna que otra reflexión. Aun así, Los Hermanos Sisters supone un interesante acercamiento al western y cuenta con dos protagonistas de lujo para guiarnos a través de esta aventura. 

5 de mayo de 2019

Más allá del OK Corral: analizando a Doc Holliday (II)

Estatua de Doc Holliday y Wyatt Earp en Tucson (Arizona)

Tras el paréntesis obvio centrado en el renombrado duelo en OK Corral, retomamos la crónica de las andanzas de Doc Holliday.

La decisión del juez de paz, Wells Spicer, provocó la indignación entre los miembros restantes de la banda Clanton-McLaury. Las demandas presentadas por Ike Clanton para reabrir el caso fueron completamente infructuosas así que la situación se llevó hacia el terreno que los cuatreros mejor dominaban.

Los Earp pasaron a ser un claro objetivo sobre el que desatar la venganza. El 28 de diciembre de 1881, Virgil Earp sufrió una emboscada mientras caminaba hacia el Cosmopolitan Hotel. Los disparos procedían del segundo piso de un edificio anexo y atravesaron el brazo izquierdo de Virgil. El doctor George E. Goodfellow pudo salvarle el brazo aunque tuvo que llevarlo en cabestrillo el resto de su vida. 

Wyatt, desde su posición de deputy Marshal, trató de conseguir la inculpación de Ike Clanton pero nunca se consiguieron las pruebas necesarias. La ola de sangre continuó el 18 de marzo. Mientras estaba jugando al billar, Morgan Earp fue atravesado por un disparo, realizado desde el otro lado de la calle, que traspasó una ventana para herirle mortalmente en la espalda. Con el abdomen perforado, no pudo evitar el destino fatal. Wyatt también estaba allí y presenció como su hermano se desangró sobre la mesa de billar. Los perpetradores también le dispararon a él pero fallaron el tiro.

Pete Spence, Frank Stilwell, Frederick Bode, Florentino Cruz alias "indian Charlie", y otro indio mestizo de nombre desconocido fueron considerados sospechosos del asesinato atendiendo a los movimientos que habían realizado esa noche. Stilwell, que quizá fue el autor del disparo, se entregó al sheriff Behan y retuvo el apoyo tradicional de éste hacia la banda de los Clanton. Una vez más, la falta de evidencias punibles, precipitó que los cinco hombres fueran puestos en libertad. Doc Holliday siempre creyó que John Behan había estado implicado en el asesinato de Morgan.

Al día siguiente de la muerte de Morgan, Wyatt y su hermano Warren trasladaron los restos mortales hacia un tren con destino a la residencia familiar de Colton (California). Virgil y su esposa salieron también hacia Colton un día después. Wyatt y Holliday les acompañaron a la estación de Tucson (Arizona). Tras dejarles en el vagón, Wyatt se percató de la presencia de Frank Stilwell en otro de los andenes. Decidido a iniciar la vendetta familiar, se acercó a él y gritó su nombre. Las hipótesis son confusas a partir de este momento. Se dijo que Stilwell estaba esperando a alguien que podría declarar a su favor en una de sus múltiples causas judiciales. Algunos cronistas no se ponen de acuerdo en si la motivación para estar allí respondía a la intención de asesinar a otro miembro de la familia Earp. En cualquier caso, Wyatt no vaciló y disparó contra Stilwell causándole la muerte entre las vías del ferrocarril. Wyatt declaró que le había disparado con una escopeta en defensa propia ya que se proponía atentar nuevamente contra la familia. La autopsia, sin embargo, reveló que el cuerpo había recibido dos impactos de escopeta y tres de bala. Se cree que esos otros disparos procedían del arma de Doc Holliday.

Tras este brutal incidente, Wyatt organizó una partida de hombres para dar caza al resto de los forajidos implicados en los atentados contra sus hermanos. En la Earp vendetta ride participaron también Warren Earp, Doc Holliday, Sherman McMasters, "Turkey Creek" Jack Johnson y "Texas Jack" Vermillion. 

A pesar de la orden dictada en su contra por John Behan, Wyatt no se detuvo ante nadie y consiguieron acabar con "Indian Charlie" Cruz, Curly Bill Brocius, y Johnny Barnes. El asesinato de otro de los miembros de la banda, Johnny Ringo, nunca fue esclarecido y oficialmente no forma parte de las muertes atribuidas al dúo Earp-Holliday aunque muchos coinciden en que fue el ex-dentista el que puso fin a sus días en el valle West Turkey Creek (Cerca del Monte Chiricahua, Arizona). 

En abril de 1882, la partida llegó a Colorado donde Wyatt y Doc tuvieron una discusión y separaron sus caminos. En mayo, Holliday fue arrestado en Denver acusado de la muerte de Frank Stilwell. Debido a la falta de pruebas, las autoridades de Colorado rechazaron la extradición aunque Doc tuvo que pasar dos semanas en prisión mientras Bat Masterson, siguiendo las instrucciones de Wyatt, negociaba con el Gobernador del estado y conseguía su liberación final. En junio de 1882, los dos compañeros de armas se vieron por última vez en Gunnison. Volvieron a reconciliarse y mantuvieron contacto a través de cartas pero Wyatt nunca le visitó en los momentos finales, a diferencia de lo que nos han mostrado algunas de las películas realizadas hasta la fecha.

Aquejado cada vez más por su incipiente enfermedad, Doc decidió seguir en Colorado con la vida de siempre. Incluso llegó a verse implicado en alguna escaramuza de juego en Leadville. Pero cada vez era más adicto al láudano y al alcohol. La gran altitud también hizo mella en él y, envejecido prematuramente, se dirigió al Hotel Glenwood, cercano a las fuentes termales de Glenwood Springs. Creyó que podría sacar partido del poder curativo de esas aguas pero los gases sulfurosos del manantial le perjudicaron aún más. Recluido en la cama, Doc murió a las diez de la mañana del 8 de noviembre de 1887. Tenía 36 años.

Tumba de Doc Holliday en Glenwood Springs (Colorado)

La leyenda ha cubierto gran parte de los hechos que hemos estado compartiendo pero, no cabe duda, que detrás del mito había hombres cuyas vicisitudes dejaron una huella permanente en la historia del Oeste. El cine ha mitificado y cambiado algunos de los hechos. Las películas más recientes aportan un realismo mucho más marcado y es patente la coincidencia con algunos de los sucesos que sí tuvieron lugar. Pero, en cualquier caso, este relato muestra bien a las claras que la dureza de la vida en esos territorios no se diferencia en exceso de lo que el cine nos ha transmitido a lo largo de la historia. La muerte violenta podía llegar en cualquier momento y nadie podía sentirse completamente a salvo. Absolutamente nadie.

Me gustaría terminar esta serie de artículos con unas palabras que pronunció Wyatt Earp:

"Doc era un dentista al que la necesidad convirtió en tahúr; un caballero al que la enfermedad convirtió en vagabundo de la frontera; un filósofo al que la vida hizo un sabio cáustico; un enjuto y alto muchacho de pelo rubio ceniza que murió de tisis y, al mismo tiempo, aunque solía beberse tres cuartos de galón de whisky al día, el más habilidoso jugador y el más eléctrico, rápido y mortal pistolero que he conocido jamás."

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Telegram from Springerville (Arizona). June 1, 1887 

Ike Clanton has been killed at the Jim Wilson Ranch in Eagle Creek. 

He and his brother, Phineas, have been addressed by the detective Jonas V. Brighton while relocating stolen cattle. 

Phineas surrendered and has been in custody of the county. 

Ike resisted and was shot with the outcome of death. 

Inform the federal authorities.

1 de mayo de 2019

Más allá del O.K. Corral: analizando a Doc Holliday (I)


Cuando pensamos en Doc Holliday siempre visualizamos su icónica imagen en el cine: la de un tahúr con suerte, desvergonzado pero con clase, amante de todos los vicios que el Oeste le pudiera ofrecer, y tuberculoso hasta la médula. Pero más allá de la imagen que el cine ha sabido explotar muy bien en las interpretaciones de Victor Mature, Kirk Douglas, Val Kilmer, y Dennis Quaid, se halla el hombre real. Una persona con una trayectoria que vale la pena repasar para poner en contraste la imagen histórica y la mediática. Porque, además de las características que nos son conocidas, existen otras vicisitudes que pueden iluminar más la figura de un personaje controvertido. 

John Henry "Doc" Holliday nació el 14 de agosto de 1851 en Griffin (Georgia). Su familia era notablemente adinerada así que no le faltaron atenciones ni estudios. Su padre, Henry Burroughs Holliday, ejercía la abogacía y era muy respetado por la comunidad. Había luchado en la Guerra contra México (1846-1848) y sirvió también en el ejército Confederado durante la Guerra Civil. Pero este panorama favorable para el desarrollo personal no vino acompañado por el don de la salud en el joven John. 

Nació con labio leporino y tuvo que ser operado por su propio tío, un prestigioso cirujano del estado, que recibió la ayuda de un médico famoso por esos lares que resultó ser el primo carnal de Doc: Crawford Long. Dicha operación no le dejó secuelas en el habla pero requirió de mucha rehabilitación. Otros reveses más importantes le esperaban en su camino.

En 1866, su madre murió de tuberculosis y su padre decidió volver a casarse con prontitud. Sin embargo, la desgracia volvió a golpear a la familia cuando su hermanastro Francisco (un joven que su padre había adoptado durante la guerra) también falleció a causa de la tuberculosis.

Tras completar sus estudios primarios obteniendo menciones en retórica, gramática, matemáticas, historia, y lenguas,  Holliday se marchó a una de las grandes capitales del Este, Philadelphia, para estudiar odontología en el Pennsylvania College of Dental Surgery. Consiguió graduarse con honores solo dos años después de su ingreso, cuando aún no había cumplido los veintiuno. Poco tiempo después, Doc empezó a ejercer en Atlanta mientras vivía con la familia de su tío. Se le consideraba un profesional brillante (había ganado varias medallas que reconocían su brillantez en las prácticas realizadas durante sus estudios) y tenía prácticamente segura la posibilidad de trabajar en la consulta de un prestigioso dentista de Atlanta, Arthur C. Ford. Pero esos meses de alegría y satisfacción personal finalizaron con la noticia que recibió en diciembre de 1872: la tuberculosis. 

John Holliday, tras graduarse como dentista en 1872.

Al igual que su madre y su hermanastro, la fatal enfermedad volvía a cebarse con otro miembro de la familia. El éxito y el porvenir profesional que le esperaba se rompió súbitamente. Doc viviría a partir de aquel momento una existencia caracterizada por el sueño roto. Seguramente se contagió a través de su madre pero eso no podía saberse en aquella época puesto que no se descubrió que la enfermedad se transmitía hasta 1885. Lo peor fue que, con la enfermedad ya declarada, Holliday atendió a numerosos pacientes en los años venideros.

El pronóstico fue completamente desalentador puesto que le dieron escasos meses de vida. Recibió el consejo de que se trasladara a lugares más secos donde el progreso de la tuberculosis no sería tan rápido. Aquejado por una sintomatología cada vez más fuerte, Doc viajó al sudoeste y se instaló en Dallas donde abrió una consulta de dentista. Pero la vida tranquila que debía llevar se fue al traste porque, sintiéndose desahuciado por los médicos, decidió entregarse a una vida disoluta que en nada favorecía su estado físico. Carente de motivación para seguir viviendo según los cauces normales, decidió exprimir cada momento como si fuera el último y así fue como se sumergía cada noche en los tugurios más lúgubres de Dallas donde fumaba y bebía whisky como parte de su nuevo tratamiento.

Poco después de empezar su nueva vida de juerga constante se percató de que el juego podía ser una actividad muy lucrativa. Decidió dedicarse de lleno y convertirse en jugador profesional. Se le daba bien aunque sus oponentes no solían pensar lo mismo. En mayo de 1874 recibió su primera acusación formal: juego ilegal. En enero, fue arrestado tras vender un arma al gerente de un saloon, aunque resultó absuelto. La vorágine de acusaciones, producto de ese estilo de vida disipado, continuó cuando decidió trasladar su consulta a Denison, donde recibió nuevas acusaciones de juego ilegal. La cuantía de las multas que se le imponían empezó a ser demasiado notable por lo que decidió dejar Texas. Ahora era un nómada en procesión constante, un tahúr desencadenado que no paraba de meterse en peleas frecuentes. Creía que era mucho mejor ponerse en riesgo que esperar el día en que la tuberculosis cumpliera su misión. Su actitud suicida se iba agudizando cada vez más y el alcoholismo no hizo otra cosa que exasperar su carácter. 

Su talento para el juego y las escaramuzas fue puesto en liza a lo largo de la ruta minera del Oeste porque allí el juego era legal y permitía el surgimiento de ídolos de barro que podían ser encumbrados y defenestrados de un día para otro. Durante el otoño de 1876, Holliday fue visto en Denver (Colorado), Cheyenne (Wyoming), y Deadwood (localidad de Dakota del Sur donde en agosto había muerto asesinado el legendario Wild Bill Hickok). Al año siguiente, decidió volver a Texas instalándose en Breckenridge donde tuvo un altercado que casi acaba con su vida al ser tiroteado por otro jugador que consideró que sus artes sobre la mesa no eran lícitas.

Wyatt Earp

Recuperado de sus heridas, se trasladó a Fort Griffin donde una tarde, mientras jugaba al solitario en el local del ex-boxeador John Shanssey, conoció a un tal Wyatt Earp. Shanssey conocía a ambos y les presentó porque Earp iba tras la pista de Dave Rudabaugh, un atracador y jugador redomado, y Holliday podía saber su paradero. Earp no pudo cazar al forajido pero trabó una amistad que sería histórica.

También en esa época y, en la misma localidad, encontró a Mary Katherine Haroney, más conocida en las crónicas por el nombre de "Big Nose Kate". Kate era una bailarina de saloon y ocasional prostituta que también surcaba el Oeste en busca de fortuna. Ambos se enzarzaron en una relación intermitente y, en ocasiones nociva, que se perpetuó hasta el fin de sus días. 

Cuando Wyatt regresó a Dodge City (Kansas), donde era ayudante del sheriff, Doc le acompañó. Ambos disfrutaron sacándole dinero a los cowboys y ganaderos que apostaban sus ahorros cada vez que acudían a la ciudad para divertirse. 

En Dodge, las aventuras de estos dos compinches siguieron ofreciendo titulares para los periódicos. En septiembre de 1878, Earp se vio superado numéricamente pero el local en que se produjo el incidente era propiedad de Holliday y éste, sin pensárselo dos veces, saltó de la barra, pistola en mano, y se colocó en un ángulo desde el que controlaba los movimientos de esos hombres. Desde ese día, Earp siempre afirmó que continuaba con vida gracias a él. Los altercados continuaron aunque no todos ellos están documentados. También es cierto que Holliday solía pillar unas cogorzas que le impedían ser el tirador fuera de serie que hemos visto en las películas.

No obstante, en julio de 1879, Doc estaba sentado en un saloon de la pequeña Las Vegas de New Mexico. Un antiguo explorador militar llamado Mike Gordon empezó a vociferar desde la calle. Llamaba a una de las chicas de alterne del local. Cuando irrumpió en pleno ataque de cólera, Holliday le siguió. Gordon se percató de ello y se giró para dispararle pero falló el tiro. Doc no cometió el mismo error. En el juicio posterior fue absuelto al considerarse un homicidio justificado. No sería la última vez que se libraría de ser ahorcado.

En septiembre de 1880, Holliday decidió aceptar la propuesta de los hermanos Earp y se mudó al pueblo minero de Tombstone (Arizona). Ellos residían allí desde finales de 1879 y eran los responsables de la seguridad. Virgil, el hermano mayor, era oficialmente el marshal del condado y también ocupó, la mayor parte del tiempo, el puesto de town marshal en Tombstone. Wyatt y Morgan oficiaban de ayudantes. Los tres tenían participaciones en varias minas de plata a las que habían puesto los nombres de sus esposas. Pero el mayor problema de la zona era el gran número de cuatreros que robaban ganado en ambos lados de la frontera con Mexico. Los hurtos y atracos eran incesantes como resultado de la debilidad e inacción de las fuerzas de la ley en la región.

Tombstone, en 1880
Esta cadena de acontecimientos fue aumentando la escala de las refriegas entre los Earp y la banda de Ike Clanton. La escenificación más clásica de este enfrentamiento se produjo el 26 de septiembre de 1881 en el famoso duelo en OK Corral. Hablaremos de ello en un próximo artículo

11 de abril de 2019

Viaje a la esperanza: "Las Uvas de la Ira" de John Steinbeck


Durante los años más duros de la Gran Depresión (1929-1933), se vivió en Estados Unidos un éxodo de población muy notable hacia California. Ciudadanos de los estados del Medio Oeste y de las grandes llanuras se vieron forzados a dejar atrás sus hogares por la quiebra de los bancos, la fuerte sequía, los cambios agrarios, y la práctica desaparición de los subsidios y ayudas federales que habían existido, hasta ese momento, en las comunidades agrarias del país. La meteorología pareció aliarse con la situación desfavorecedora debido al fenómeno conocido como Dust Bowl: constantes tormentas de arena y tornados que barrieron el centro Oeste (Oklahoma, Kansas, Texas, New Mexico, Colorado)  del continente norteamericano en los primeros años de la década de los 30. La sequía y la erosión generalizada por la explotación sin control de tierras, fueron factores desencadenantes del pronunciado episodio. Muchos pozos se secaron, los riachuelos se anegaron, y los latifundistas más poderosos desviaron el curso de los cauces de agua que habían permanecido. La fatalidad se cebó con las pequeñas explotaciones agrarias y ganaderas hasta el punto de verse forzados a dejarlo todo para enfrentarse a un viaje hacia un lugar en que la tierra seguía siendo fértil, las explotaciones agrícolas eran extensísimas, y la necesidad de mano de obra parecía ser el único motor para la salvación de un sector económico que se hundía. California volvía a ser la esperanza para salir de la miseria. Lo fue a mitad del siglo XIX y ahora recuperaba de nuevo el papel que más la ha caracterizado a lo largo de su historia.


Pero, en esta ocasión, los caminos para llegar hasta ella eran más asequibles. La modernización del país permitía varias posibilidades pero la más usada fue la "ruta 66", una combinación de carreteras estatales que conectaba Chicago y las grandes llanuras con la costa meridional de California. Esta senda fue el escenario de la visualización más evidente de la pobreza norteamericana. Los camiones y furgonetas, poblados hasta arriba por la gente, definieron una estampa que pronto se convirtió en un rostro crudo y despiadadamente realista de la crisis iniciada en la bolsa de Wall Street un 29 de octubre de 1929.

Las historias de triunfo, salvación, o derrota definitiva llenan las páginas de la crónica histórica de la época. Con la llegada de Franklin Delano Roosevelt a la Presidencia en 1933 y la consiguiente aplicación de políticas intervencionistas basadas en las teorías económicas de John Maynard Keynes, los Estados Unidos iniciaron una larga fase de recuperación que no culminó, a nivel social, hasta los inicios de la siguiente década. El New Deal cambió lentamente las condiciones coyunturales que habían provocado el empobrecimiento de gran parte de la población. Pero ese éxodo hacia lo desconocido, esa huída hacia delante buscando la última esperanza, provocó en las personas afectadas una depresión generalizada que no pudo ser superada hasta la siguiente generación.