6 de agosto de 2020

Tras los pasos de Hannibal Lecter en Florencia


Florencia, una de las más importantes capitales culturales del mundo. Cuna de genios literarios y artísticos. Universalmente conocida porque, dentro de sus muros, eclosionó, con toda su magnificencia, la suprema belleza del Renacimiento.

Una ciudad impregnada por el legado de maestros como Dante Alighieri, Giovanni Bocaccio, Cimabue, Giotto di Bondone, Lorenzo Ghiberti, Filippo Brunelleschi, Donatello, Leonardo da Vinci, y el inconmensurable Michelangelo Buonarroti. Pasear por su centro histórico supone un enamoramiento constante puesto que resulta inevitable verse imbuido por su vasta cultura.

La Florencia, expandida por el mecenazgo de los Medici, se ha convertido en un destino imprescindible para los amantes de las artes y la UNESCO reconoció su enorme contribución al declarar el centro histórico como patrimonio de la humanidad en 1982. Los turistas inundan sus calles y sus plazas pero uno nunca se siente agobiado por ello porque la ciudad sigue inspirando calma y reflexión. Y siempre te sorprende con algún rincón mágico desde el que puedes disfrutar de su encantador ambiente.

No es de extrañar que la ciudad pudiera convertirse en el destino ideal para el doctor Hannibal Lecter. Diez años después de la masacre en Memphis y su posterior fuga, ha recalado en el lugar que tanto contemplaba a través de los dibujos que él mismo realizaba en la celda de Baltimore. Amante del buen gusto y de la elegancia en todas sus formas, Lecter halla en Florencia la respuesta a su incesante inquietud cultural.

Habiendo sido incluso desplazado de la lista de los más buscados por el FBI, el que ahora vive bajo la falsa identidad del doctor Fell, disfruta de una existencia plácida que se ve complementada por su voluntad de convertirse en el conservador titular de la Biblioteca Capponi, tras la misteriosa desaparición de su predecesor.

Los acontecimientos están a punto de dar un giro completo aunque el buen doctor siempre dispondrá de recursos para seguir adelante. En su interior el fuego se mantiene vivo y la vida tranquila también empieza hastiarle. Desea salir de su letargo, volver a la acción, y pronto una influyente víctima suya se encargará de hacerle saltar al escenario en que tan bien se desenvuelve.

En mayo de 2000, el equipo de rodaje de Hannibal, la esperada secuela de El Silencio de los Corderos (The Silence of the Lambs, 1991), se desplazó a la ciudad toscana para rodar las escenas de la parte central del film. Ridley Scott quedó obnubilado por la magnificencia de los escenarios y sacó gran partido de ellos convirtiendo el segmento florentino en el más interesante y brillante de la película.

En la Piazza della Signoria, inusitadamente vacía, el comisario Rinaldo Pazzi (Giancarlo Giannini) pierde algo de tiempo fumando para llegar al final de una reunión que se está celebrando en el Salone dei Cinquecento del Palazzo Vecchio. En dicho encuentro, los responsables culturales de la ciudad debaten sobre la conveniencia de ofrecer el puesto definitivo de conservador de la Biblioteca Capponi al doctor Fell, un extranjero que no hace mucho tiempo que ha llegado a la ciudad. En su camino hacia el palacio, Pazzi camina cerca de la imponente Loggia dei Lanzi pasando también por el lujoso vestíbulo hasta llegar al salón. 

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Posteriormente, vemos como el doctor Lecter (Anthony Hopkins) escribe una emotiva carta a Clarice Starling tras descubrir que ha caído en desgracia dentro del FBI y que la búsqueda se ha reactivado. Dejará la carta en un buzón situado al final del paseo de los Uffizi, permitiendo ver desde allí el torreón del Palazzo Vecchio

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El Palazzo y la Biblioteca Capponi, donde vive y trabaja Hannibal en el film, está en realidad al otro lado del rio Arno (en el Oltrarno). Pero, como bien sabemos, el cine reubica las localizaciones en función de los permisos obtenidos y la facilidad para rodar. En este caso, cuando Pazzi se dirige a la Biblioteca para recoger las pertenencias del signore di Bonaventura, el antiguo conservador, vemos claramente como sube las escaleras del Spedale degli Innocenti, un antiguo orfanato que está considerado como el primer trabajo renacentista de Filippo Brunelleschi

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Decidido a cobrar la poderosa recompensa que ofrece el millonario Mason Verger (Gary Oldman) por la captura de Hannibal, el commendatore Pazzi compra un brazalete plateado en uno de los lugares más característicos de la ciudad, el Ponte Vecchio. Ante el busto del famoso orfebre florentino, Benvenuto Cellini, parece reflexionar acerca de su arriesgado plan. El Ponte Vecchio volverá a aparecer, más adelante, cuando el comisario se reúne con los hombres de Verger en la ribera del Arno.


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Utilizando al ladronzuelo Gnocco (Enrico Lo Verso) para que consiga las huellas dactilares de Lecter, Pazzi les sigue a distancia hasta la Loggia dei Mercato Nuovo donde se alza la fuente del gran jabalí, una referencia evidente hacia lo que Verger tiene preparado para Hannibal. Tras la herida mortal que sufre Gnocco a manos de Lecter, Pazzi se limpia las manos de sangre en la fuente.

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Allegra (Francesca Neri), la esposa de Pazzi, es una gran aficionada a la ópera y ambos acudirán a un evento en el claustro mayor de la Basílica de la Santa Croce. Hans Zimmer y Patrick Cassidy musicaron un soneto de Dante Alighieri, llamado la "Vita Nuova", para ilustrar la escena operística. Una partitura que volverá a escucharse en momentos posteriores de la cinta. En dicha escena, la orquesta se situó en el corredor de columnas de la cara norte mientras que el escenario fue colocado justo delante de la Cappella de Pazzi, obra también de Brunelleschi. Los Pazzi son muy importantes en la historia de Florencia...

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El día en que el buen doctor ofrecerá una conferencia para conseguir el puesto definitivo de conservador, Pazzi tiene previsto capturarle junto a los hombres que ha enviado Mason Verger. La charla versa sobre la relación que se establece entre Dante y uno de los personajes históricos que él menciona en la Divina Comedia: Pietro della Vigna. Tras el estruendoso éxito que consigue Lecter con su exposición, Pazzi pone en marcha el dispositivo ignorando que Hannibal ya tiene sus propios planes. 

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La conferencia tiene lugar en el interior del Palazzo Vecchio y las tomas nocturnas de la plaza y alrededores muestran la gran belleza del enclave. En el Salón dei Cinquecento, uno de los esbirros sardos que tratan de capturar a Lecter tiene un desagradable encuentro con él. Pero antes, el caníbal ha dado buena cuenta del commendatore al lanzarlo desde el balcón principal del Palazzo para que quede ahorcado y con los intestinos desparramados por el suelo. Este momento culminante que finaliza con un irónico saludo de Hannibal a la cámara de seguridad, se complementa con las primeras palabras que intercambia con Clarice Starling (Julianne Moore) en diez años. Pronto volverá a Estados Unidos con una doble misión pero eso será otra historia...

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28 de julio de 2020

Primavera en Otoño (Breezy, 1973)


Edith "Breezy" Breezerman (Kay Lenz) es una joven errante que ha decidido hacer de su vida una improvisación constante. Deseando conocer la dorada California, ha abandonado su Pennsylvania natal para enrolarse en comunidades hippies de la zona de Los Angeles donde cada día vive experiencias diferentes. Frank Harmon (William Holden) es un agente inmobiliario, recientemente divorciado que, habiendo sobrepasado la cincuentena, abraza ya la irremisible soledad como parte del día a día. Un encuentro casual entre ambos en las colinas de Hollywood será el punto de partida de un drama romántico que se acabó convirtiendo en la tercera película dirigida por Clint Eastwood tras Escalofrío en la Noche (Play Misty for Me, 1971) e Infierno de Cobardes (High Plains Drifter, 1973).

Cuando Clint Eastwood regresó a Estados Unidos después de su periplo en el spaghetti western de la mano de Sergio Leone, aprovechó el espaldarazo recibido para situarse adecuadamente en la industria. Las ofertas no paraban de llegar y participó en películas de calidad para concluir con éxito la década de los 60. Su productora, Malpaso, se hallaba detrás de casi todas sus películas y quedaba claro que Eastwood no sería un actor convencional sino que su rol en el cine vendría marcado por un alto grado de implicación.

No obstante, su encuentro creativo con Don Siegel cambió su perspectiva y, alentado por el realizador, decidió dar un paso más en su carrera y plasmar en la pantalla toda su capacidad ejerciendo el papel de director. Sus dos primeras películas como máximo responsable deambularon por los terrenos del thriller psicológico y el western -género que siempre mantendría una estrechísima conexión con él- pero también deseaba explorar más terrenos. Quería probarse ante retos nuevos y comprobar hasta qué punto era capaz de plasmar emociones en pantalla.

En paralelo a la producción y rodaje de Infierno de Cobardes (High Plains Drifter, 1973), la guionista Jo Heims, que ya había escrito el guión de su opera prima, le envió su nuevo libreto, titulado Breezy. La película planteaba el encuentro y posterior relación sentimental entre un hombre maduro y una joven libertina. Era un tipo de material que Eastwood nunca había cultivado y por eso le interesó inmediatamente, aunque hizo un cambio antes de aceptar. Heims le veía para el papel de Frank Harmon pero él entendió que se necesitaba a alguien mayor y fue entonces cuando se comprometió a dirigirla sin reservarse ningún protagonismo como intérprete.

Tras contratar a un grande de Hollywood como William Holden para dar vida a Harmon, Eastwood pidió a JoAnn Harris para el rol de Breezy. Ambos habían coincidido en El Seductor (The Beguiled, 1971). Sin embargo, el papel acabó recayendo en la cuasi desconocida Kay Lenz, que después construiría una carrera relativamente destacada en televisión.

21 de julio de 2020

Hollywood Heritage Museum

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Hollywood en los años 20

Las sorpresas en los viajes siempre se guardan en un lugar especial de la memoria. Sirven para nutrir el anecdotario que irás explicando, a las personas más cercanas, tras tu llegada.

Pero lo que voy a relatar a continuación llegó a un grado de trascendencia aún más relevante. Puedo definir la experiencia que viví en el Hollywood Heritage Museum con las siguientes palabras: asombro y emotividad.

Tras desayunar, como de costumbre, en el Hollywood & Highland Center (adjunto al Dolby Theatre), me dispuse a visitar uno de los lugares que, por falta de tiempo, me habían quedado pendientes en mi viaje anterior a Los Angeles. Sabía que iba a un enclave donde conocería la historia de los orígenes del cine pero nunca pensé que fuera a venir acompañado de la vivencia que estaba a punto de ocurrirme.

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El Hollywood Heritage Museum se ubica en el histórico Lasky-De Mille Barn, popularmente conocido como "The Hollywood's First Major Picture Film Company". Este granero fue construido en 1895 para formar parte de uno de los ranchos que poblaban el actual Hollywood a finales del siglo XIX e inicios del XX. Vendido en 1904, fue cambiando de manos hasta su adquisición, en 1913, por parte de la Burns & Revier Studio and Laboratory quien, a su vez, la acabó alquilando a una compañía neoyorkina recién llegada a la región cuyo nombre era Jesse L. Lasky Film Company. Lasky era un productor en ciernes que había conseguido el dinero para empezar gracias a su cuñado, Samuel Goldfish (más tarde conocido como Samuel Goldwyn). Para llevar las riendas creativas, contrató a un joven actor y director teatral de la Gran Manzana que soñaba con establecerse en el lugar donde el negocio del cine estaba floreciendo. El nombre de ese loco visionario era Cecil B. De Mille.

Convertido el granero en oficina y set de rodaje, De Mille se dispuso a dirigir el que fue el primer largometraje rodado íntegramente en la zona de Hollywood. Se trataba del western, The Squaw Man (1914), que significó el inicio de una carrera memorable iniciada desde la más admirable humildad. 



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Cecil B. De Mille, Mary Pickford, Douglas Fairbanks, y Jesse Lasky, ante la puerta principal del barn. 1918.

Situado en la esquina de Selma y Vine Street (cuando Hollywood era un conjunto de ranchos aislados y pequeños estudios de filmación), De Mille siguió trabajando y creando películas en esta ubicación hasta que, con la alianza entre Jesse Lasky y Adolph Zukor, se empezó a consolidar un futuro gigante: Paramount Pictures. En 1926, el granero fue reubicado dentro del backlot del estudio, y allí permaneció durante cincuenta y tres años.


El origen de Paramount Pictures fue la unión entre Famous Players y Lasky Company: de izquierda a derecha,   Jesse Lasky, Adolph Zukor, Samuel Goldwyn, Cecil B. De Mille y Albert Kaufman, en 1916.


La eclosión de Paramount estuvo íntimamente ligada al ascenso de Cecil B. De Mille. Ambos se retroalimentaron y el director llegó a convertirse en uno de los mejores realizadores de la historia. Forjó su fama por ser capaz de levantar proyectos colosales otorgándole al cine una dimensión épica tanto en la época muda como en la sonora. Su huella es imborrable. Pero esa historia no es el objeto de este artículo.

En el Lasky-De Mille Barn conoces sus inicios, su voluntad de convertir en película la novela The Squaw Man, y su asociación con futuros magnates del cine hasta convertirse él mismo en uno de los directores-productores más influyentes del negocio.

En 1956, el granero fue homenajeado en los estudios Paramount y se le catalogó como California State Historic Landmark, por su importancia en los inicios de la industria cinematográfica. El propio De Mille presidió la ceremonia junto a los que fueron sus socios de la época (Lasky, Zukor, Goldwyn). Hasta ese momento la instalación había tenido múltiples usos: fue biblioteca, gimnasio del estudio, y salón de conferencias. También se utilizó de exterior para rodar algunas escenas en westerns utilizándola como estación de ferrocarril. Su nueva catalogación preservó la integridad aunque De Mille (fallecido en 1959) no pudo defender la instalación ante el persistente olvido de los tiempos.


De izquierda a derecha: Samuel Goldwyn, Jesse Lasky, Cecil B. De Mille, Adolph Zukor, Leo Carrillo y Frank Freeman en 1956 


En 1979, Paramount decidió trasladar la instalación fuera del backlot yendo a parar finalmente al párking del club Hollywood Palace. Allí el granero fue encapsulado y apartado de la circulación hasta que en 1983, la organización Hollywood Heritage, que promueve y defiende la conservación de los enclaves emblemáticos de la meca del cine, adquirió el granero trasladándolo a una zona del párking sur del Hollywood Bowl, en Highland Avenue. Esta encomiable entidad realizó un importante trabajo de restauración con vistas a convertir el barn en su nuevo museo de historia del cine. Poseedores de un gran  patrimonio cinéfilo, el museo abrió en 1985 y, desde entonces, conserva y difunde la herencia del Hollywood clásico a través de grandes colecciones de fotografías, carteles, equipos técnicos, props, documentos históricos, y un completísimo archivo de momentos cumbre del cine mudo. Estando allí tomas contacto con el glamour de la fábrica de sueños a través de todo lo que te rodea y de lo que puedes llegar a admirar.

En mi caso, recuerdo estar en el porche exterior y dirigirme hacia la puerta de acceso donde ví a dos ancianos (hombre y mujer) que parecían estar al cargo del museo. Al ser el primer visitante del día y mientras no venía nadie más, el responsable del museo, un venerable anciano llamado Bill Brenner, se dedicó a explicarme, con gran detalle, la historia de los inicios de la producción cinematográfica en el barn. También me enseñó el primer despacho de Cecil B. De Mille, mostrándome con detalle cada una de las históricas pertenencias del legendario director: sus clásicas botas de jinete, el ejemplar enormemente valioso de The Squaw Man, las maletas donde guardaba el equipo técnico de filmación,  y su famoso escritorio de trabajo.

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Me sentí un privilegiado por poder disfrutar de todas estas explicaciones que no se suelen dar en los museos y tampoco en éste. Tuve suerte de ser el primero en llegar ese día y caerle bien al hombre tras decirle que era un "movie lover" y que me interesaba especialmente la historia de los orígenes del cine en Los Angeles. Descubrí que Bill había nacido y se había criado en los momentos de eclosión de la industria. Y, además, también había sido un producto del instituto de las estrellas, el Hollywood High School. Comentaba su añoranza de aquél Hollywood brillante, con espacios por todas partes, y libre de la lacra que, según él, ha supuesto la progresiva expansión de restaurantes, tiendas de oportunidades, y negocios diversos de poca trascendencia.



Pero eso no fue todo porque tras dar la vuelta por el museo y haber admirado la impresionante colección, llegué de nuevo a la recepción y Bill me presentó a la señora que le acompañaba. Se trataba de una mujer  elegante que, pese a su avanzada edad, destilaba un aura especial. Esta sensación hallaba respuesta al conocer de quien se trataba. Su nombre es Diana Serra Cary, aunque los historiadores del cine la reconocerán por el nombre que la caracterizó en sus inicios y que la ha perseguido desde entonces: Baby Peggy.

Baby Peggy es una de las tres grandes estrellas infantiles que surgieron en el cine mudo. Baby Marie (1911-2010), Jackie Coogan (1914-1984), y Baby Peggy (n. 1918) iluminaron la pantalla durante los años 20 y emocionaron a millones de personas a lo largo de sus cortas pero intensas carreras.


Peggy-Jean Montgomery empezó a trabajar en el cine a la precoz edad de tres años, en 1921. Y hasta 1925 participó en casi 200 cortometrajes cómicos para Century Sudios y Universal Pictures. Pero esta precocidad y esta explotación laboral tuvieron consecuencias para ella. Su padre y representante acabó teniendo un desacuerdo con el productor Sol Lesser que derivó en la cancelación abrupta de su contrato. A partir de entonces, la niña fue puesta en la lista negra, por las malas prácticas profesionales de su padre, y de repente experimentó la caída y la pobreza antes de tiempo.

Continuó su carrera trabajando en vaudevilles y obras de teatro funestas que complicaron la relación que tenía con sus padres, quienes querían seguir aprovechando mordazmente lo que quedara de su fama en el cine. Tras emanciparse de forma precipitada, viajó por el país, se casó dos veces y fundó una familia. Con el paso del tiempo, Peggy-Jean se cambió el nombre por el de Diana Serra Cary (escogiendo Serra por el gran evangelizador de California, Fray Junípero, y siendo Cary el apellido de su segundo marido), se convirtió en escritora y ha pasado el resto de su vida intentando apartarse de la sombra de Baby Peggy y de los terribles recuerdos que le sobrevienen cada vez que piensa en los sacrificios que tuvo que afrontar a tan temprana edad. Ha abanderado la lucha por evitar el abuso laboral en los niños actores al mismo tiempo que continuaba su trayectoria como escritora e historiadora de la época del cine mudo.

Para mí, fue sin duda un enorme privilegio compartir un tiempo con estas maravillosas personas y escuchar sus vivencias y anécdotas. Su lucidez me sorprendió muy gratamente y la capacidad para recordar anécdotas no tenía fin. Diana incluso me contó, al saber que yo vivo en Barcelona, que allí se había encontrado una de sus películas, dentro de un archivo privado. Considero que esta experiencia contribuyó enormemente a que mi inmersión en la historia de Hollywood, que era el motivo fundamental de mi viaje, se lograra con mayor rotundidad. Nunca olvidaré esa mañana en el Hollywood Heritage Museum.

14 de julio de 2020

Johnny Cash y su versión de "Hurt"


En 1994, Trent Reznor compuso la canción "Hurt" para su grupo Nine Inch Nails. La pieza se convirtió en una de las más destacadas de la banda y encabezó el álbum "The Downward Spiral". El "Hurt" original mantiene las constantes del rock industrial de los 90: letra depresiva y ritmo fluctuante.

Ocho años después de su salida comercial, la canción llamó la atención de una leyenda viva de la música: Johnny Cash (1932-2003). El gran intérprete, nacido en Arkansas, llevaba años alejado de los escenarios pero nunca había dejado de publicar álbums de estudio. Cuando su manager le pasó una nueva lista de canciones para versionar, "Hurt" captó rápidamente la atención del artista y se decidió a convertirla en el buque insignia de su álbum "American IV: The Man Comes Around".

Los arreglos introducidos en la canción acentúan si cabe la tristeza y el sentimiento melancólico. También se realizaron pequeños cambios en la letra para sustituir las blasfemias y acomodarla al legado profundamente cristiano de Cash. Pero no nos engañemos, el ingrediente fundamental para convertir esta versión en una canción para la historia lo aportó el mismísimo cantante con su sentida y desgarrada interpretación. 

Johnny Cash llevaba casi cincuenta años de carrera cuando afrontó la grabación del single. Su ecléctica trayectoria se balanceó constantemente entre el country, el rock & roll, el folk, el rockabilly e incluso el gospel. Pero además de su probada versatilidad, Cash destacó por ser el más alternativo y oscuro del grupo de cantantes solistas que surgieron del estudio Sun Records de Memphis, que dirigía en ese momento el legendario productor Sam Phillips. A mediados de los 50, coincidieron allí futuras estrellas como Elvis Presley, Jerry Lee Lewis, Roy Orbison y Carl Perkins, entre otros. Johnny Cash compartió con ellos movidas de todo tipo, adicciones a sustancias y giras interminables por todo el país. No obstante, siempre guardó en lo más profundo de su alma unos demonios interiores, originados en el seno de su familia durante su niñez y adolescencia, que poco a poco fueron saliendo para dotar a su producción musical de un carácter sombrío y enigmático. Todo ello no estuvo reñido con el éxito puesto que Cash es uno de los cantantes más exitosos y laureados de la historia (18 premios Grammy, más de 90 millones de discos vendidos en todo el mundo). Además, también destacó como actor tanto en cine como en televisión. 

No obstante, esa dura carga emocional, siempre estuvo presente en su trayectoria. Su psique torturada se añadía a su talento natural y la voz grave inconfundible que traía de fábrica. Con el tiempo, permitió que la música y las adicciones al alcohol y a las drogas fueran su vehículo para exorcizar sentimientos reprimidos de frustración que procedían de diversos frentes: un autoritario padre, las duras condiciones de vida en el campo en plena depresión económica, y especialmente, la trágica muerte de su hermano mayor mientras trabajaba en los campos de maíz de Arkansas.