16 de septiembre de 2020

Metacine y cinefilia

"El metacine enseña una ficción que es sujeto y objeto de sí mismo: usa el cine (sujeto) para hablar del cine (objeto)."
Alberto García (Revista Nuestro Tiempo, 2009) 
El cine se mira a sí mismo de forma constante. Hay aportaciones sobre "metacine" o "cine dentro del cine" durante gran parte de la historia del séptimo arte y es un fenómeno que no se detiene.  Al igual que ocurre en otra expresiones artísticas, existe un componente voyeur entre los cineastas; se trata del placer oculto de ver lo que ocurre tras la cámara para descubrir la idiosincrasia del medio. El público más inequívocamente cinéfilo y cinéfago obtiene en el metacine un deleite especial. El impresionante atractivo que genera el contenido de las películas que cultivan este subgénero, genera imágenes inolvidables en el espectador más entregado. Existe además un elemento de nostalgia y de inmersión en la historia del cine que cautiva sin piedad. Toda persona que tenga esta sensibilidad, pero que aún no se haya sumergido en el tema en cuestión, deberá presentar la rendición incondicional. La pasión por el cine le embargará para siempre. 

Grandísimos directores han trabajado el concepto del "cine dentro del cine" obteniendo auténticos clásicos que son objeto de veneración. No obstante, me inclino por no hacer listado alguno. Prefiero dejaros con este homenaje a la exhibición y a la proyección cinematográfica, desde perspectivas muy diversas. 

Clásicos inmortales: Cautivos del mal (The Bad and the Beautiful, 1952)


Un director de prestigio, Fred Amiel (Barry Sullivan), una actriz en la cumbre, Georgia Lorrison (Lana Turner), y un escritor de éxito, James Lee Bartlow (Dick Powell), se reúnen con el productor Harry Pebbel (Walter Pidgeon) en el despacho del ausente Jonathan Shields (Kirk Douglas) quien, desde París, desea conseguir que todos los presentes se impliquen en un ambicioso proyecto cinematográfico.

En ese despacho que ha sido testigo de la ascensión y consolidación de Shields como uno de los grandes productores de Hollywood, se origina una trama apasionante que desgrana, a través de flashbacks, los hechos fundamentales de la trayectoria profesional de un hombre egocéntrico y ambicioso. Aunque, en realidad, tras esa máscara se esconde un hombre víctima durante toda su vida de la alargada sombra de su difunto padre, que en su momento fue uno de los grandes del negocio. Ahora busca construir su propio camino y empieza desde la nada, sumando esfuerzos y logrando triunfo tras triunfo hasta crear su propio estudio.

A lo largo de este difícil y tortuoso camino, Shields deja varias víctimas, siendo las más destacadas Amiel, Lorrison, y Bartlow. Cada uno de ellos resulta perjudicado, de manera bien diferente, pero todos llevan la marca de Jonathan.

Además de las magníficas interpretaciones, lo que resulta más interesante de la película es su guión y dirección. Charles Schnee adapta un argumento de George Bradshaw y le da una dimensión amplia y glamurosa que encandila desde el primer momento. Se trata de un film que habla sobre la era dorada de Hollywood desde la misma posición histórica puesto que es una producción de 1952. Es un análisis de la industria realizado por los mismos que contribuyeron a edificarla y eso le da un aliciente extraordinario.

Los flashbacks que nos describen las experiencias de cada uno de los "damnificados" de Shields son el mecanismo que utiliza el gran Vincente Minnelli para mostranos los diferentes elementos que forman parte de la actividad cinematográfica. Con Amiel somos testigos de lo que representa el trabajo del director y los esfuerzos mayúsculos que hay que realizar para poder establecerse. Lorrison representa la dimensión actoral, enseñándonos como la hija de un reputado productor, que vive prácticamente en la mendicidad, puede llegar a convertirse en una estrella si recibe la oportunidad en el momento justo y si es capaz de superar el reto. Shields se fija en ella porque ambos comparten la carga de ser vástagos de hombres que fueron titanes del negocio. El miedo de no estar a la altura, de no colmar las expectativas de sus respectivos padres, les ha convertido en lo que son y necesitan, más que cualquier otra persona, el reconocimiento público por su trabajo. En todo momento, cree que darle la oportunidad de actuar y ayudarla a ascender es un caso de "justicia poética".



Y finalmente, la historia de Bartlow nos introduce en la vida de un escritor, ganador del Premio Pulitzer, que, como muchos otros de sus colegas, es reclutado por Hollywood para escribir guiones. Esta labor queda maravillosamente reflejada apareciendo los dos elementos principales que caracterizan al guionista: la soledad en el proceso creativo y las demandas y presiones de los jefazos que siempre necesitan un guión terminado para poner en marcha el engranaje de una película.

El ascenso de Shields es la crónica de un esfuerzo continuado y de una ambición desmedida. Su historia se inspira en la trayectoria de muchos cineastas y en las vivencias y experiencias de futuros mitos del celuloide que tocaron todas las teclas del proceso hasta recibir la confianza para iniciar sus propios proyectos. En Cautivos del Mal vemos como Shields y Amiel empiezan trabajando en las producciones de serie B de la factoría de Harry Pebbel, un productor especializado en films de corte fantástico, con presupuestos bajos, pero siempre taquilleros.



Así pues, vemos el proceso de creación fílmica desde todas las ópticas, desde la experiencia de todos los implicados. Un proceso que, como toda actividad humana, implica éxito y fracaso, alegría y decepción, amistad y traición.

Sin embargo, los personajes que en algún momento se han cruzado con Shields no han salido tan perjudicados. Pebbel les recuerda que todos ellos son ahora referencias en sus respectivos campos y eso también se lo deben a la confianza que Jonathan les ofreció al principio de sus carreras. En este sentido, resulta magistral la última escena del film, en la que Shields expresa su habitual entusiasmo ante un nuevo proyecto esperando conseguir que sus antiguos colegas se impliquen. Pebbel parece ser el único que acepta el reto y los otros tres abandonan el despacho. Pero, en su interior, saben que se están perdiendo algo apasionante y, mediante otro teléfono, no pueden resistirse a escuchar lo que vehementemente propone. El ego personal acaba cediendo ante la posibilidad de volver a trabajar con uno de los mejores.

Vincente Minnelli dirigió este gran clásico que obtuvo cinco Oscars (guión, actriz de reparto - Gloria Grahame -, fotografía - Robert Surtees -, dirección artística - Cedric Gibbons...-, y vestuario - Helen Rose). Desafortunadamante, Kirk Douglas no pudo alzarse con el premio a la mejor interpretación. Ese año el galardón fue para Gary Cooper por su papel en Solo Ante el peligro (High Noon).

En cualquier caso, estamos ante una de las mejores representaciones del subgénero conocido como el "cine dentro del cine". El film es una de las joyas no musicales de Metro Goldwyn Mayer y un título absolutamente imprescindible del cine de los 50.

31 de agosto de 2020

Tenet (2020)



Un espía de la CIA acepta la misión de salvar el mundo de la guerra nuclear y de las maquinaciones de un peligroso traficante de armas ruso, que ha conseguido una tecnología para viajar en el tiempo. El espía cuenta con un grupo reducido de aliados y con una contraseña que le abrirá varias puertas: Tenet.

Por méritos propios, cada nuevo trabajo de Christopher Nolan se espera con máxima expectación y el director figura en la lista de jóvenes clásicos modernos junto a Wes Anderson, Quentin Tarantino o David Fincher. Warner confía en él y pone a su disposición toda la maquinaria del estudio y un par de cientos de millones de dólares por proyecto. Tenet, su nuevo trabajo, se ha visto perjudicado por la tragedia del coronavirus, que ha ido retrasando su estreno hasta que ha conseguido llegar a las salas europeas a finales de agosto. Ojalá el público acuda a los cines y disfrute de la experiencia, desde luego merece la pena.

El guionista y director británico destacó con Memento (2000), una película de corte independiente que ya sentaba las bases de su cine. Tras filmar el enfrentamiento definitivo entre Batman y el Joker en El Caballero Oscuro (The Dark Knight, 2008), Origen (Inception, 2010) supuso la obra maestra que consagró a Nolan y exploró los elementos que caracterizan sus películas y, por supuesto, están presentes en Tenet; a saber: un protagonista con un fuerte sentido del deber, padres obsesionados con recuperar a sus hijos, una damisela en apuros, juegos de percepción, una narrativa fragmentada que envuelve un thriller clásico del bien contra el mal, atracos imposibles, violencia limpia y estilizada, travellings circulares, una fotografía gélida, una banda sonora atronadora, un tercer acto frenético de montaje en paralelo, repartos corales y papeles secundarios para Michael Caine.

Tenet podría verse como la película de James Bond que Christopher Nolan estuvo a punto de rodar, pues en el fondo se trata de un thriller de espías estadounidenses y británicos que intentan salvar el mundo de los rusos, con la notable influencia de El Hombre que Sabía Demasiado (The Man Who Knew Too Much, 1956) de Alfred Hitchcock, a la que rinde homenaje. En una de las primeras escenas, el protagonista habla con una científica que le explica que no hay que dar demasiadas vueltas a las paradojas temporales, sino dejarse llevar. Puede leerse como una advertencia para los espectadores, ya que, si nos dejamos llevar por los trucos del director, vamos a disfrutar de dos horas y media muy entretenidas, con una historia que atrapa desde el principio, no da respiro y ofrece secuencias de una planificación brillante, en especial las relativas a los atracos que planea el protagonista. Este papel recae en John David Washington, quien se dio a conocer con la recomendable Infiltrado en el KKKlan (BlacKkKlansman, 2018) de Spike Lee. Lo acompañan Elizabeth Debicki (familiarizada con el espionaje desde El infiltrado, 2016), Aaron Taylor-Johnson en sustitución de Tom Hardy (Kick-Ass, 2010) y Himesh Patel (Yesterday, 2019), además de que Nolan recupera a Kenneth Branagh (Dunkerque, 2017) para dar vida al malo de la función, un oligarca ruso que no va más allá del cliché andante. Agrada el sorprendente rol de Robert Pattinson, la mano derecha del protagonista que esconde algunos secretos fundamentales para el desarrollo de la trama. El actor británico deja atrás el papel de vampiro adolescente por el que muchos lo recuerdan y afianza la carrera que ha ido labrando con trabajos interesantes en películas independientes, caso de la reciente El Faro (The Lighthouse, 2019). Por cierto, siempre es una alegría ver a Michael Caine en la gran pantalla, aunque sea con un cameo.


En Tenet hay ciertos elementos que restan en vez de sumar al conjunto de la película y dañan el acabado final, lejos de la contundencia de El Caballero Oscuro y la frescura de Origen. Los espectadores no saben nada del espía protagonista y cuesta empatizar con él, como ya sucediera con los soldados británicos de Dunkerque. Además, el personaje de Elizabeth Debicki no pasa de ser una damisela en apuros hasta bien entrado el tercer acto y la banda sonora de Ludwig Göransson (The Mandalorian) es una burda imitación de los trabajos graves de Hans Zimmer, el compositor habitual de Nolan, ya que carece de emoción alguna y hasta molesta en las escenas de conversaciones.

Aparte de estas pequeñeces, Tenet es una propuesta sumamente interesante, una película de gran presupuesto capaz de asombrar a los espectadores y proponerles un juego narrativo para que vuelvan al cine, se evadan y disfruten. Con los tiempos que corren, es un mérito de lo más loable que solo pocos magos consiguen, caso de Christopher Nolan.

11 de agosto de 2020

Dubrovnik y Juego de Tronos (Game of Thrones): introducción


La mayor joya arquitectónica y artística de la costa dálmata es, sin lugar a dudas, Dubrovnik. La llamada "perla del Adriático" o la "Atenas dálmata" es una urbe histórica que se alza en la costa occidental de la actual Croacia. Los primeros textos que hablan sobre ella se remontan al siglo VII y posteriormente aparece citada, de forma pródiga, mientras se formaba una de las grandes potencias navales de la época, conocida como la República de Ragusa.

El empuje emprendedor y comercial de sus gentes, a lo largo de los siglos, convirtió a Ragusa en una rival directa de Venecia en cuanto al control del Mar Adriático. De hecho, en su etapa de esplendor durante el siglo XVII, Ragusa llegó a superar a Venecia como potencia comercial. Sus mercantes, llamados Argosy, comerciaban en todo el Mediterráneo y la ciudad se nutría de los beneficios mientras recogía bajo su manto a grandes artistas y arquitectos que poblaban sus calles de edificios señoriales para su pujante burguesía. Bajo la protección de unas poderosas murallas, en permanente construcción y ampliación hasta el siglo XVI, Ragusa fue un centro económico de referencia y eso también le granjeó evidentes dificultades a la hora de mantener su estatus.

A lo largo de su historia, los sufridos habitantes de Ragusa superaron la invasión otomana y maniobraron para llegar a un pacto con los sultanes que les garantizó estabilidad y protección durante siglos. También debieron hacer frente a un gran incendio, en 1296, que destruyó gran parte de la ciudad. Otras de sus vicisitudes fueron la "peste negra" en 1348, un terrible terremoto en 1667 y las sucesivas ocupaciones de las tropas napoleónicas y austriacas. Sin embargo, ninguno de estas grandes contrariedades consiguió hacer perder la identidad progresista, negociadora y emprendedora de la que, con el tiempo, pasó a llamarse Dubrovnik. 

El surgimiento de la identidad nacional croata tuvo en Dubrovnik uno de sus epicentros. No obstante, el siglo XX fue enormemente convulso para la zona de los Balcanes. Tras dos guerras mundiales en las que la región estuvo en el punto de mira y el advenimiento de un régimen comunista durante casi cuatro décadas, Dubrovnik afrontó una última gran prueba cuando su militancia pro-croata la convirtió en objetivo de bombardeos por parte de las tropas serbo-montenegrinas. A pesar de ser una ciudad desmilitarizada, sufrió las consecuencias de la caída de obuses que ocasionaron la muerte de 114 civiles y daños estructurales en su centro histórico y en las murallas. Dubrovnik fue sometida a un asedio de siete meses a partir de finales de 1991. Con el alto al fuego general decretado en 1995, se iniciaron las labores de reconstrucción bajo los auspicios de la UNESCO que había declarado al casco antiguo de Dubrovnik como patrimonio mundial en 1979.

Desde el final de la guerra de los Balcanes, la ciudad ha recuperado su interés turístico y se ha configurado como un destino cultural y vacacional de primer orden. Su alto valor artístico y patrimonial convierten la visita "intramuros" en un viaje apasionante al pasado de una de las grandes potencias marítimas de la historia europea.   

Como complemento y refuerzo de la actividad económica y turística de la ciudad, las autoridades han apostado por convertir a Dubrovnik en un polo de atracción para los rodajes de proyectos cinematográficos y televisivos. El encanto histórico de su casco antiguo, la gran red de alojamiento y los incentivos fiscales han conseguido que grandes equipos de rodaje hayan localizado exteriores en Dubrovnik.


El mayor éxito conseguido hasta el momento ha sido el de convencer a HBO y a los productores de su aclamada serie, Game of Thrones, para que convirtieran Dubrovnik en uno de sus enclaves de referencia. La serie basada en la saga fantástico-épica, escrita por George R. R. Martin, se ha convertido en un fenómeno mediático mundial y sus seguidores se han convertido en devotos militantes de una producción que seduce a audiencias de todo tipo. 

Durante la primera temporada, los exteriores que mostraban la capital de los Siete Reinos, Desembarco del Rey (King's Landing), se ubicaron en la isla de Malta. Sin embargo, los showrunners, David Benioff y D.B. Weiss, no acabaron de quedar satisfechos con el resultado y emplazaron a sus location scouts para que encontraran un nuevo emplazamiento que tuviera más enjundia, murallas más potentes y posibilidad de diversificación de escenarios en su entorno. El lugar que reunía todas estas condiciones era Dubrovnik y así es como, a partir de la segunda temporada, todas las secuencias exteriores de King's Landing han sido rodadas en la ciudad croata. Además, la diversidad física y paisajística ha permitido que se hayan filmado secuencias que corresponden a otros lugares del universo creado por George R.R. Martin. 

Durante cuatro temporadas, algunos de los grandes momentos de Game of Thrones se han rodado en el Stari Grad (casco antiguo) y sus murallas. También ha habido localizaciones de gran importancia en el barrio de Pile, en la cercana isla de Lokrum y en el jardín botánico de Trsteno. 

A finales de agosto, tuvimos la oportunidad de visitar "in situ" la mayor parte de estos enclaves y hemos decidido elaborar una guía de localizaciones que trata de consignar cada lugar a su momento en la serie. ¿Nos acompañaréis en este mágico viaje? Empezamos próximamente... 



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