29 de desembre del 2010

Escenarios de Oscars

Hasta la fecha se han celebrado 82 ediciones de los premios que organiza la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas. Los populares Oscars han definido, a lo largo de estos años, un estilo de ceremonia que se ha copiado hasta la saciedad en otros ámbitos.

La famosa gala de premios ha sido albergada en 10 escenarios diferentes. Todo empezó el 16 de mayo de 1929, en una cena en el Hollywood Roosevelt Hotel donde, en apenas 15 minutos, se entregaron los premios a lo más destacado del panorama cinematográfico de los últimos dos años. El por entonces director de la Academia, Douglas Fairbanks, fue el encargado de nombrar a los ganadores y entregar las primeras estatuillas. Asistieron 270 personas que accedieron al Roosevelt por una de las primeras alfombras rojas que se recuerdan.

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Pero el mítico hotel Roosevelt sólo alojó los Oscars en una ocasión. La Academia consideró que debía buscarse un hotel que permitiera reunir a más gente y así fue como se eligieron dos nuevos enclaves. Entre 1930 y 1943, el Ambassador y el Biltmore se repartieron las diferentes galas. Aunque sólo la radio y la prensa escrita podían hacerse eco de lo que sucedía, los Oscars fueron creciendo en representatividad y trascendencia, ampliando cada vez más su duración y su puesta en escena.

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Como dato a tener en cuenta, el hotel Ambassador, que fue demolido en 2005, es un lugar que pasó a la historia porque allí fue asesinado Robert F. Kennedy el 5 de junio de 1968.

En 1944, los Oscars regresaron a Hollywood, gracias a las gestiones de Sid Grauman, y así fue como el Chinese Theatre albergó las ceremonias hasta 1946.

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Pero las demandas de más cabida para un acontecimiento que seguía creciendo, obligaron a trasladar el evento al Shrine Civic Auditorium (en el futuro Olympic Park, cerca del campus de la University of Southern California). Allí se celebraron las galas de 1947 y 1948.

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En 1949, los estudios, que protestaban ante las acusaciones de influencia sobre los miembros de la Academia, retiraron su apoyo financiero para la organización del certamen y eso provocó que la AMPAS tuviera que organizar el evento en su propio teatro, que disponía de poca capacidad.

Tras solucionar los flecos pendientes, en 1950 los Oscars parecieron encontrar una ubicación estable en el famoso auditorio Pantages, en Hollywood Boulevard. De esta época nos han quedado algunas de las imágenes más icónicas de la entrega de estos premios. El glamour de la ceremonia floreció y los Oscars se afianzaron definitivamente como acontecimiento referente del año cinematográfico. Hasta 1960 fue la sede de los premios y, durante esos diez años, la fórmula del certamen experimentó importantes cambios además de coincidir con la irrupción de la televisión. La gala de 1953 fue la primera que pudo verse por la pequeña pantalla en millones de hogares estadounidenses.

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En 1961, los Oscars volvieron a marcharse de Hollywood para no regresar hasta cuarenta años después. Entre 1961 y 1968, las ceremonias se trasladaron al Santa Monica Civic Auditorium, un moderno recinto (construido en 1958) que con sus 3000 asientos ofrecía nuevas posibilidades de expansión a la Academia.

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Pero la ciudad de Los Angeles volvió a pujar fuerte y, tras la construcción del Dorothy Chandler Pavillion en 1964, se postuló para acoger la gala anual. Así fue como, en 1969, los Oscars desembarcaron en el recinto en el que más veces se han entregado los premios. Con una capacidad para 3200 asistentes, los premios se concedieron en pleno downtown angelino hasta 1987.

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A partir de 1988, la Academia siguió confiando en el Dorothy Chandler aunque lo alternó con un recinto conocido, el Shrine Civic Auditorium. Este modelo se aplicó hasta 2001 mientras se planificaba y ejecutaba la obra que se iba a convertir en la sede permanente de la ceremonia.

En noviembre de 2001, se innauguró el Kodak Theatre (actualmente Dolby Theatre), un nuevo centro polifuncional con un auditorio para 3400 personas. Situado en pleno corazón de Hollywood, adyacente al Chinese Theatre, el Kodak es el nuevo símbolo de la fábrica de los sueños. El 24 de marzo de 2002 alojó, por primera vez, la ceremonia de los Oscars. La Academia tiene un convenio para su uso durante las semanas previas a la celebración de la gala. El resto del año, el recinto es utilizado como sala de conciertos y, puntualmente, como sala de proyección de pases especiales.

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Así pues, un interesante recorrido por los diferentes escenarios que, a lo largo de 82 años, han acogido un certamen que sigue siendo el mayor referente mundial en el contexto de los premios cinematográficos.

27 de desembre del 2010

Wall Street en 1920

16 de septiembre de 1920. A mediodía, un carro tirado por caballos explota en la confluencia de Wall y Broad, justo enfrente del Federal Hall.
La devastación que provocó el artefacto explosivo oculto en el carro, causó 40 muertos y cientos de heridos. A esa hora las calles estaban llenas de empleados que seguían la costumbre de almorzar en las inmediaciones de sus respectivas oficinas.

Nunca se pudo descubrir a los responsables de este atentado contra el corazón financiero del país. Siempre se creyó que fue obra de un grupo extremista de ideología anarquista.
En todo momento, los responsables de Wall Street quisieron dar la imagen de que la actividad se recuperaba rápidamente para así evitar una posible caída del mercado.

Se movilizó a una gran brigada de limpieza que trabajó toda la noche para retirar los escombros y acondicionar la zona para que, al día siguiente, todo pudiera volver a la normalidad.


La estatua de George Washington, en la escalinata del Federal Hall, no resultó dañada. La figura se erige en el mismo sitio en que el primer Presidente de los Estados Unidos juró su cargo, el 30 de abril de 1789.
Es curioso como el cine nos ha mostrado muchísimas veces diferentes visiones del crack bursátil de 1929 y también nos hemos podido sumergir en el mundo del hampa neoyorkina en esa misma década (Boardwalk Empire está siendo la más reciente aportación a este género).


Pero, en cambio, hay otros acontecimientos que también podrían ser muy interesantes desde el punto de vista cinematográfico. Yo imagino una primera escena, con montaje paralelo, en la que veríamos el fragor del día a día en el Wall Street de la época, combinado con unas manos que ultiman la preparación de un artefacto explosivo. Tras el estallido, la cámara se alejaría progresivamente hasta visualizar la parte sur de la isla de Manhattan en 1920.

A continuación, una imagen del día del atentado y otra con la apariencia actual del enclave.
He añadido también una foto frontal del Federal Hall y una perspectiva de Wall Street que culmina, al fondo, con la mítica Trinity Church.

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23 de desembre del 2010

Una película para la Navidad


Los lectores de este blog ya saben que no siento un particular interés por las películas románticas. Existen, sin embargo, unos pocos títulos que considero relevantes dentro de este género y, uno de ellos, es Enamorarse (1984). Se trata de un film sencillo, con un guión muy básico, pero que consigue llegar al público gracias al fenomenal trabajo de dos astros de la interpretación: Meryl Streep y Robert DeNiro.

El carisma y buen hacer de ambos es el que permite que el film trascienda y no caiga en determinadas florituras y cursilerías. Es una película para un público adulto y plantea una situación que desesperaría a los teóricos de lo políticamente correcto.

Es un film que se inicia en la Navidad y desarrolla un argumento, durante un año natural, para concluir nuevamente en las entrañables fechas que nos ocupan en estos momentos. Así pues, un motivo más para recomendar su visionado a todos aquellos que no la conozcan.

Harvey Keitel y Dianne Wiest acompañan a De Niro y Streep en una cinta que significó el reencuentro de estos últimos tras coincidir en El Cazador (1978). La química que existe entre ambos se nota en cada momento en que coinciden ante la cámara. La buena relación personal que siempre ha existido entre ellos, se traslada al particular vínculo que se establece entre dos usuarios habituales de un tren de cercanías de Long Island que cada día les lleva a la ciudad de Nueva York.

Aunque quizás muchos consideren injustificable y reprobable la actitud de los protagonistas, no cabe duda de que resulta interesante ver como dos personas maduras pueden dejarse llevar por la más absoluta irracionalidad.

De alguna manera, el director Ulu Grosbard sabía que debía contar con intérpretes de peso para que la película resaltara. Dejó que fueran ellos, con su talento, los que llevaran adelante el film con gestos, señas, miradas... y no tanto con palabras. Este mismo esquema es el que aplicó Sydney Pollack en Caprichos del Destino (Random Hearts, 1999). En esta ocasión depositó el ritmo de la película en el trabajo de Harrison Ford y Kristin Scott Thomas. Sobre un planteamiento inicial, fueron ellos mismos los que indicaron el camino a seguir en el resto del film. Curiosamente, ambas películas tienen una banda sonora compuesta por Dave Grusin.

Concluyo el artículo deseándoos una feliz Navidad y agradeciendo vuestro continuado apoyo.

También quiero expresar un agradecimiento especial a Xavi, Octopus, Alfonsus, Satrian, Mike Lee, Lluís Álvarez, Noega's Blue, Pabela, SithWolf, Jim Nava, Xavier Vidal, bvalvarez, Antxon, Antara Adachi, la Guionista Reflexiva, Emilio Luna, Nestor Bentancor, y David Fernandez. Os deseo lo mejor. Feliz Navidad (o feliz Saturnalia, como dirían los de Big Bang Theory...).

Saludos !!!

20 de desembre del 2010

Un haz de luz en la noche eterna: Tron Legacy


Kevin Flynn (Jeff Bridges) quería crear un nuevo mundo en el espacio digital. Soñador, idealista, y dotado de un gran talento, iba a dar forma a una nueva sociedad en el espacio de juegos de los servidores de Encom, más conocido como la Red. Pero no podía hacerlo solo, necesitaba que alguien más ayudara al fiel Tron mientras él estuviera en el mundo real. Y así fue como creó una nueva versión de su programa original, llamado Clu.

Pero lo que parecía una triunvirato creativo muy cohesionado (la llamada "trinidad" de los creyentes), resultó quebrarse pronto cuando la ambición desmedida de Clu y su afán por obtener una perfección irrealizable, le llevó a tomar el control de la Red y condenar a Flynn al exilio dentro del mundo digital.
Mientras tanto, en la realidad, la desaparición de Flynn rompió la relación de un padre y su hijo. El joven Sam, de seis años, quedaba huérfano albergando en su interior la pregunta constante sobre el destino de su padre y el por qué de su misteriosa desaparición. A lo largo de los años, Encom vuelve a las manos de burócratas que sustituyen el talento y la creatividad por balances económicos, índices bursátiles, y marketing barato. Sam Flynn (Garret Hedlund), accionista mayoritario, no quiere formar parte de una empresa que transita por estos caminos aunque se reserva una visita anual a las instalaciones para dejar huella del espíritu con el que ésta empezó.
En 2010, una débil señal en el antiguo busca de Alan Bradley (Bruce Boxleitner), conduce a Sam al antiguo salón de juegos de su padre. Lo que encontrará en el sótano cambiará para siempre la vida de ambos mundos...
Tron Legacy es un espectáculo visual de primer orden. Una maravilla técnica dirgida por el debutante Joseph Kosinski, un arquitecto reconvertido en creativo audiovisual cuya visión única y casi orgánica ha aportado mucho al film. Su formación académica le ha permitido evolucionar el universo de la Red para mostrarnos unos escenarios de amplísima magnitud sin perder la atención por los pequeños detalles. Kosinski y su equipo han creado un mundo que sólo había sido mínimamente esbozado en el clásico de 1982 que dirigió Steven Lisberger. La utilización de los medios técnicos digitales que existen actualmente y la potente puesta en escena se unen para crear un acontecimiento fílmico. Ya sabemos que la película nunca volverá a verse tan bien como ahora. El formato 3-D en pantalla grande te rodea, te mete de lleno en la rejilla de juegos. Prácticamente te parece estar pilotando una de las motos o disparando el cañón de uno de los aero-deslizadores.
Garrett Hedlund es un actor joven que demuestra estar en buena posición para consolidar una carrera interesante en el cine. Es difícil encontrar actores jóvenes que puedan aportar solidez y credibilidad. Hedlund ha demostrado que puede conseguirlo.
A su lado, Jeff Bridges pone a disposición del film su enorme carisma y presencia para dar vida a un Kevin Flynn que, tras más de 20 años en la Red, se ha convertido en un ermitaño proscrito que ha abrazado la meditación y la paciencia como normas de conducta. En palabras suyas, la irrupción de su hijo está fastidiando el "estilo de maestro zen" que ha desarrollado porque le obliga a entrar en acción y a buscar con ahínco el corredor luminoso que conecta ambos mundos y que ha vuelto a abrirse con la llegada de Sam.
Olivia Wilde aprovecha su extraordinaria belleza para interpretar, con sorprendente habilidad, a Quorra, la "padawan" de Flynn. Su mirada profunda y magnética la hacían una elección obvia para dar vida a alguien que casi puede hipnotizarte con la mirada. De alguna manera, su belleza etérea nos da pistas acerca de su procedencia. Una pieza clave para el futuro que Flynn ha cuidado e instruido para que sea un puente entre dos mundos.
Creo que es un triunfo, por parte de los guionistas Edward Kitsis y Adam Horowitz, el introducir el concepto de los ISOs. Imaginar que en el mundo digital pueden surgir nuevas formas de vida que no dependan de un programador, es simplemente brillante. Esto nos conduce a citar aquella mítica frase: "La vida se abre paso, superando cualquier adversidad, adaptándose al entorno, es un proceso imparable..."
Esto se cumple incluso en un mundo que parece estar dominado por ciclos de tiempo y algoritmos. En algún momento, y de una forma espontánea y rompedora, aparece una nueva comunidad cuyo origen puede ser tan difícil de establecer como el mismísimo nacimiento de la vida humana y el universo. En definitiva, se traslada lo que conocemos en nuestro mundo a una Red ciberespacial demostrando que cualquiera de estos escenarios puede reproducir las mismas constantes immutables. En cualquier caso, se trata de una reflexión filosófica de primer orden. Un buen mensaje para aquellos que consideran el script de Tron Legacy como superficial y poco arriesgado.
Al igual que mi amigo Octopus, considero que esta película mejorará su aceptación con el tiempo, cuando gran parte de los opinadores tengan tiempo para abrir más su mente y, con la debida tranquilidad, decidan ver la película bajo un prisma nuevo. Tron Legacy se convertirá en un film de culto, dentro del género de la ciencia-ficción, y sobre él se extraerán lecturas de todo tipo.
Con esto no quiero sugerir ni inferir que esta cinta sea más de lo que quiere ser. Es una película destinada al gran público, que busca entretener e impactar. Pero, al igual que ocurre con los films de la factoría Pixar, existe una segunda lectura más profunda destinada a aquellos que buscan algo más. Lástima que no todos los críticos estén dispuestos a sondear ese terreno.
Podemos reflexionar pacientemente emulando a Kevin Flynn cuando ve, por primera vez en más de veinte años, que un haz de luz vuelve a iluminar el horizonte. La ilusión, la esperanza, vuelve a apoderarse de él. ¿ Seremos capaces de encontrar ese punto de conexión en nuestras opiniones...?

17 de desembre del 2010

Avatar, un año después


Transcurrido un año del estreno cinematográfico de Avatar, he pensado en aportar una serie de ideas que proceden de una conferencia que se ha realizado estos días en la universidad donde trabajo.

Las siguientes visiones son el resultado de resumir y compactar lo mucho que se dijo en un seminario que tenía como propósito analizar en profundidad la película para descubrir aspectos que es mucho más fácil identificar con el tiempo, cuando ya nos hemos alejado del enorme impacto visual que provocó el film por su alto valor técnico y su puesta en escena tan arrebatadora.
Este es un artículo que busca abrir un debate. Es una incitación a la participación de todos vosotros.

El mejor de los escritores, William Shakespeare, acuñó una sólida sentencia que reza así: "No temáis la grandeza".

Creo que, en el caso de Avatar, esta máxima puede aplicarse perfectamente. Porque, a pesar de ser una película destinada al gran público y por tanto poco profunda y con un guión narrativo muy básico, es innegable que visualmente ha aportado grandes cosas al mundo del cine. No ha sido una revolución como se pensaba pero sí ha supuesto un impacto. Y, como tal, debemos reflexionar a partir del legado que la cinta de Cameron nos ha ofrecido:


- Avatar supone la constatación del desprecio absoluto por el ser humano. El mensaje que se transmite es el del rechazo a la humanidad ejemplificado en el protagonista, que tiene que convertirse en un Na'vi para ser amado.

- Se dimite de la humanidad. Se parte de una concepción débil de la propia identidad. Es mucho mejor la oferta del neotribalismo, que representan los habitantes de Pandora, que la civilización que sólo buscar conquistar, requisar, y destruir. El mensaje ecologista conecta directamente con la tradición posmoderna que se define por la prevalencia de lo sentimental a lo real.

- Avatar gusta porque no provoca. Gracias a su esquema narrativo tradicional y maniqueo, se asegura cubrir las expectativas del pensamiento dominante. Es políticamente correcto arremeter contra la explotación de una sociedad consumista. Una sociedad empresarial y capitalista que trata de subyugar a una raza primitiva que, por supuesto, es más sabia a pesar de que se vistan con harapos...

- De esta manera se conecta con otras películas que ya han abusado de esta propuesta: Bailando con Lobos, Pocahontas etc...

- Cameron, por tanto, propone una visión que ataca la concepción antropomórfica del mundo en un intento de extrapolar a Pandora lo que sucede en nuestro planeta con respecto a la preservación del medio ambiente frente a los intereses de desarrollo de la propia sociedad.

- Apocalypto, de Mel Gibson, sí es políticamente incorrecta porque, al final de la cinta, la llegada de los colonizadores españoles supone la extinción de una cultura basada en la crueldad y el sadismo. Así pues, Avatar es una película correcta desde el punto de vista moral ya que conecta con el anhelo de mucha gente aunque después, en la intimidad de sus hogares, no crean ni defiendan ninguno de esos valores de respeto por el medio ambiente. Pero, en cualquier caso, es un mensaje que siempre queda bien y que no ofrece ningún riesgo de crítica.

- El público necesita la épica maniquea tras una etapa en que los papeles en el cine estaban más diluidos. No había héroes o villanos claros, sino que se buscaban personajes con fisuras en ambos bandos de la moralidad. Cuando una película como Avatar llega a la cartelera y muestra una línea clara entre el bien y el mal, la audiencia responde en masa. Necesitamos este enfrentamiento. Está impreso en nuestro código genético.


Queda abierto el debate. Que broten las ideas !!!

16 de desembre del 2010

Grandes escenas de la historia del cine: Butch y Sundance deben dar un salto de fe

Tras pasar más de un día huyendo de la patrulla que lidera el implacable comisario especial Joe Lefors, los forajidos Butch Cassidy (Paul Newman) y Harry Alonzo Longabaugh, más conocido como Sundance Kid (Robert Redford), quedan rodeados en un acantilado. Dispuestos a morir matando, parecen afrontar su último tiroteo, pero Butch esboza la posibilidad de un salto en apariencia mortal que, de salir bien, les permitiría escapar.

El timing del diálogo escrito por William Goldman es magnífico y un Paul Newman, en el mejor momento de su carrera, nos ofrece una de las escenas más divertidas que se han visto en una pantalla de cine. Os dejo, pues, con este memorable momento:





Butch: DAMMIT! Well, the way I figure it, we can either fight or give. If we give, we go to jail.

Sundance: I been there already.

Butch: But if we fight, they can stay right where they are and starve us out or go for position - shoot us; might even get a rockslide started and get us that way. What else could they do?

Sundance: They could surrender to us, but I wouldn't count on that. They're goin' for position, all right. Better get ready.

Butch: Kid - the next time I say, 'Let's go someplace like Bolivia,' let's go someplace like Bolivia.

Sundance: Next time. Ready?

Butch: Like hell we will.

Butch: No, it'll be OK - if the water's deep enough, we don't get squished to death. They'll never follow us.

Sundance: How do you know?

Butch: Would you make a jump like that you didn't have to?

Sundance: I have to and I'm not gonna.

Butch: Well, we got to, otherwise we're dead. They're just gonna have to go back down the same way they come. Come on.

Sundance: Just one clear shot, that's all I want.

Butch: Come on.

Sundance: Uh-uh.

Butch: We got to.

Sundance: Nope! Get away from me!

Butch: Why?

Sundance: I wanna fight 'em!

Butch: They'll kill us!

Sundance: Maybe.

Butch: You wanna die?

Sundance: Do you?

Butch: All right. I'll jump first.

Sundance: Nope.

Butch: Then you jump first.

Sundance: No, I said!

Butch: What's the matter with you?

Sundance: I can't swim!

Butch: Ha,ha,ha,ha,ha,ha... why, you crazy - the fall'll probably kill ya!

15 de desembre del 2010

Un extraño en terreno conocido


"Hallé cobijo en una biblioteca. Al traspasar sus muros encontré la calma que necesitaba para reflexionar. Observé a las personas que, a esas horas de la noche, ocupaban las mesas. Parecían tan tranquilos y confiados... esas sensaciones no eran precisamente las que me movían en ese momento. Fuera, en la calle, me esperaba una amenaza que debería afrontar pronto...

Aunque lo ocurrido seguía siendo confuso, debía tomar una decisión. Nunca lograría escapar sin ayuda. Tenía que implicar a alguno de mis antiguos contactos... pero ¿cómo iba a hacerlo tras diez años ? Ahora todos me creían muerto o desaparecido, nunca volverían a confiar en mí. Aprendí una lección a golpes... nunca vuelvas a un lugar donde te conocen demasiado..."


¿ Cómo continuaríais esta historia ?

14 de desembre del 2010

Bruc, el desafío. Un pinchazo épico que decepcionará a más de un cinéfilo. Por Carles Martinez Agenjo

Por primera vez, abro este blog a la colaboración de un amigo cinéfilo que nos presenta su crítica sobre una producción nacional que pronto verá la luz. Os dejo pues con el análisis de Bruc, a cargo de Carles Martínez Agenjo del blog Por Amor al Cine.


El versátil Juan José Ballesta en pantalla. Como protagonista. Y la épica de vehículo. Con el tumultuoso siglo XIX de fondo. La guerra del francés, concretamente. Pero la película no es precisamente histórica. Se queda corta en este aspecto. Tampoco pretendía profundizar en él.
Bruc ha estudiado una única asignatura: la acción. Con persecuciones y violencia como temas principales. Y ha suspendido. Daniel Benmayor (Paintball), el responsable del trabajo, no ha desarrollado lo suficiente su film, rellenándolo con una subtrama amorosa mil veces vista que, junto con el grueso de la historia, nunca acaba de funcionar. La película no consigue hacer palpitar al profesor, que no necesariamente es un crítico. También lo son aquellos espectadores exigentes con el producto en el que van a sumergirse.
En Bruc uno ya intuye –por ver trailer, leer el argumento o conocer de antemano cómo se las gasta Benmayor– que lo que va a ver no será un producto detallista en el ámbito intelectual, sino algo más bien pirotécnico y convencional. Y acierta. La película no requiere activar muchas neuronas y sigue la trillada estructura de amor, tragedia y venganza. Esta vez, con predilección por el segundo tema, que es donde el entretenimiento suele surgir más fácilmente a base de acción impactante y buen ritmo. Algo que sin duda posee esta nueva recuperación de la leyenda del tamborilero del Bruc. Una película que, sin embargo, resbala por su alarmante falta de emoción y profundidad, dos requisitos fundamentales del cine épico que muchísimos críticos ya exigieron a Ridley Scott en su reciente Robin Hood (2010).

Bruc lo tenía más fácil. No necesitaba apelar a la megalomanía ni alejarse de la previsibilidad para brillar. Y sin embargo ha fracasado, se ha convertido en cine de consumo rápido, que no perdura. Sus guionistas, Patxi Amézcua y Jordi Gasull, han compuesto una historia sintética, con sabor a western y de corte muy clásico. Asimismo, los maniqueos personajes que encontramos en Bruc encasillan los conceptos del bien y el mal en una película que destina la mayor parte del tiempo a jugar de forma ambigua al gato y el ratón. Pero a Gasull y Amézcua les ha hecho falta aumentar el componente trágico del film y profundizar más en las motivaciones de cada personaje. Por no hablar de algunos de ellos, correspondientes al bando enemigo, que directamente sobran.
El resultado, que pese a los claros errores de guión no está lejos del aprobado, es algo así como una insulsa y americanizada versión catalana de Apocalypto (Gibson, 2006) con referencias innecesarias al Schwarzenegger que apareció en Depredador (McTiernan, 1987). Esto no significa que a Bruc le haya faltado cebarse en sangre y disparos, sino que su contenido violento está hueco, es gratuito.
Aparte de la soberbia pero algo desaprovechada interpretación de Ballesta, lo verdaderamente destacable de este film es su aspecto visual. Benmayor ha contado con cuidados atuendos y armas del pasado –excepto una especie de trabuco-ametralladora a lo Rambo que no cuela ni en pintura– y también con Montserrat y sus espléndidos paisajes, que bien sirven para extasiarnos con su belleza natural, como para rodar con buena técnica alguna que otra secuencia de acción vertiginosa.
Todo ello, por desgracia, con una notoria falta de pasión, convierte al producto en algo insípido, perfecto para espectadores poco exigentes que, buscando entretenimiento sin fondo, darán con una película comercial y simple que se desinfla gradualmente tras su prometedor comienzo. Y es una pena para el resto del público.

9 de desembre del 2010

Mitchum, Leeds, y aquella noche de 1948

En la magistral LA Confidential (1997), el detective Jack Vincennes (Kevin Spacey) se vanagloria de haber sido el poli que detuvo a Robert Mitchum en posesión de múltiples sustancias estupefacientes.

Esta experiencia ficticia se basaba en la detención real del actor el 1 de septiembre de 1948. Esa noche, mientras conducía acompañado por la aspirante a actriz Lila Leeds, una patrulla le indicó que parara. En la inspección del coche se encontraron varias sustancias prohibidas aunque el cargo oficial fue el de posesión de marihuana. Parece ser que el estudio que le tenía contratado en esa época, la RKO, hizo valer sus influencias para rebajar los cargos y presentar al actor ante los medios con una imputación menor que no dañara excesivamente su imagen. También se rumoreó que la propia RKO había preparado la detención como escarmiento a la conducta irresponsable del actor. Como siempre en estos casos, hay varias hipótesis sobre un hecho del que nunca conoceremos toda la verdad.


Ante una gran campaña de descrédito y acusaciones constantes de corrupción, la Policía de Los Angeles había intensificado las investigaciones en el mundo de Hollywood, con el objetivo de mostrar que nadie estaba por encima de la ley y que los personajes públicos cumplirían sus penas igual que los demás. Por tanto, se vivieron momentos de notable hipocresía que tampoco sirvieron para alejar los rumores de connivencia de los mandos policiales con respecto a las actividades ilegales del capo mafioso Mickey Cohen.

De hecho, tal y como también se explica en LA Confidential, el prestigio del cuerpo de policía no se recuperó hasta dos décadas después.

En cuanto a Mitchum, la detención le otorgó mayor expectación mediática y sus siguientes películas consiguieron recaudar más que las anteriores. La imagen rebelde y curtida que proyectaba en sus films, pareció verse reforzada por los sucesos reales. En 1951, los cargos fueron oficialmente retirados aunque el propio actor pareció entender el mensaje y regresó a su vida familiar construyendo una sólida carrera que le consagró como uno de los grandes de Hollywood. Murió en 1997.

Pero, ¿ qué fue de Lila?. Pues fracaso y olvido. Siendo una actriz en ciernes y sin apoyos en la industria, no pudo hacer frente a las consecuencias de la detención. La prensa se ensañó con ella y sus siguientes películas fueron un rotundo fracaso. Dejó la interpretación en 1950 y vivió una vida convulsa, con varios matrimonios, y adicciones diversas. Murió en 1999.

6 de desembre del 2010

The Town, ciudad de ladrones


Honestidad, humanismo, clasicismo... son valores que caracterizan la corta carrera como director de Ben Affleck. Su trabajo transcurre por una senda que le acerca al estilo de cineastas veteranos como Clint Eastwood o Michael Mann y, consiguientemente, le alejan de la corriente mayoritaria que caracteriza a sus compañeros de generación.

Y eso es positivo porque el cine siempre está evolucionando y es obvio que el montaje acelerado, la espectacularidad visual, y el ritmo incesante, son aspectos muy valorables si están bien utilizados. Pero también es muy loable que nuevos realizadores se decanten por un estilo visual más clásico, pausado, e introspectivo. Esto asegura la variedad en el panorama cinéfilo futuro y nos asegura que el público va a seguir encontrando en la gran pantalla aquello que le interesa, sean cuales sean sus gustos.

Tras debutar como realizador con Gone Baby Gone (2007), un potente drama con un sólido planteamiento, ahora Affleck nos presenta The Town. La película supone un regreso a la ciudad y a los barrios en los que creció y, al amparo de los cuales, forjó su interés por convertirse en actor junto a su amigo Matt Damon.

The Town es un thriller contundente a la par que social. La cámara de Affleck nos presenta a una serie de personajes del barrio de Charlestown (Boston), conocido por ser una auténtica fábrica de ladrones de bancos en los últimos cuarenta años. Un distrito humilde, en el que cuesta salir adelante, por lo que las actividades que están fuera de la ley son una opción más que viable para poder salir de la depresión económica.


Doug McRay (Affleck) es uno de los hijos de Charlestown. Considerado alguien con futuro en su juventud, ahora es un experto atracador que lidera a un grupo de ladrones bastante tecnificado y muy eficaz. Traumatizado por una infancia carente de cariño y con un padre en la cárcel, McRay mantiene, sin embargo, unos principios básicos que no está dispuesto a romper. Ese no es el caso de su amigo James Coughlin (Jeremy Renner) quien, tras pasar por la cárcel, es mucho más duro y no tiene barreras morales que le impidan conseguir lo que quiere. El peligro, pues, llama a la puerta de McRay constantemente aunque su papel dentro del grupo ha mantenido la situación controlada hasta el momento.

Los roles opuestos y el enfrentamiento latente entre McRay y Coughlin, se complementa con la perpetración de varios atracos que provocan una intensa persecución por parte de un equipo especial del FBI que lidera el agente especial Adam Frawley (Jon Hamm). Además, McRay entra en contacto con una importante testigo de uno de sus golpes, Claire Kessey (Rebecca Hall), y eso puede poner en peligro la seguridad futura del grupo de delincuentes. La situación es muy compleja, con ramificaciones trascendentales propias del drama humano que deben vivir los personajes en su propósito de lograr los objetivos marcados.

Este argumento en apariencia sencillo, adquiere trascendencia en las manos de un realizador que encara la narración desde un punta de vista clásico, dando tiempo a los personajes para expresarse y permitiendo al espectador hacerse una idea del backstory, en ocasiones terrible, de cada uno de ellos. Asistimos a un retrato social en toda regla sin que eso sea un obstáculo para que el ritmo del film se mantenga en alza, captando la atención de la audiencia en todo momento. La atmósfera de Charlestown casi se puede respirar, nos entra por los poros, y entramos de lleno en la acción como si fuéramos un residente más del popular barrio cuyo símbolo es el obelisco de Bunker Hill.

Al acabar la película, tuve la sensación de haber presenciado un drama sólido que, además, incluye escenas de acción muy potentes. Es inevitable reconocer al clásico de Michael Mann, Heat (1995), en la forma de rodar las escenas de asaltos. Tienen perfección técnica y, a la vez, gracias a un montaje nada precipitado, te permiten ver exactamente lo que está pasando; algo que es muy valorable dentro del cine de acción actual.

Un film con un ritmo pausado pero constante. En las manos de otro director, probablemente se habría convertido en un título más sobre ladrones de bancos. Hubiera estado plagado de explosiones, los personajes serían más bien planos, y su recuerdo desaparecería de las mentes del público poco después de salir del cine. En cambio, The Town consigue exactamente lo opuesto. A partir de una historia sencilla, logra trascender gracias al planteamiento humanístico clásico que Affleck pone en movimiento.

Basándose en la novela "Prince of Thieves", de Chuck Hogan, los guionistas Peter Craig, Aaron Stockard y el propio Ben Affleck, desarrollaron un script que profundizaba en las raíces sociales y huía de determinados convencionalismos. Con un casting muy cuidado, el director se aseguró que el material llegaría al público de la mejor manera posible. Es evidente que Jeremy Renner es una figura en claro ascenso y tenerle es un input tremendo para cualquier film. En cuanto a Rebecca Hall, dispone de la calidez y cercanía que es idónea para el papel. Sorprendentemente agradable es la interpretación de Blake Lively, que se aleja de sus papeles habituales para dar vida a una mujer cargada con muchos de los problemas que caracterizan a la gente de los barrios como Charlestown.

Dos actores muy curtidos, Pete Postlethwaite y Chris Cooper, asumen papeles de suma importancia para el significado del film independientemente de los minutos en pantalla. Y, por si faltaba poco, tenemos también la oportunidad de ver en acción a Jon Hamm dando vida a alguien de nuestra época. Es normal que el papel de Don Draper haya absorbido su imagen y le imaginemos siempre con los trajes de los años 60, el sombrero, y fumando compulsivamente. Pero, más allá de esto, creo que supera bien el reto y se sitúa en un buen camino para poder continuar su carrera en el cine. Aunque desarrolla el rol menos agradecido de la película, está muy correcto y la dureza que suele mostrar en Mad Men resulta perfecta para interpretar al agente Frawley. Particularmente, creo que su gran momento se produce en la escena que ocurre en la sala de interrogatorios.

Buen trabajo, pues, para Ben Affleck y su equipo. Aunque aún está definiendo su estilo como realizador, no cabe duda que ha escogido buenos proyectos para mostrar un talento insospechado. Ya no se le puede considerar un director ocasional o anecdótico. Se ha ganado la consideración de actor-director. En mi opinión, The Town es una de las diez mejores películas estrenadas este año.

2 de desembre del 2010

20th Century Fox logo and fanfare



Al igual que su emblema, 20th Century Fox alumbra el cielo de Los Angeles desde hace 75 años habiendo ofrecido, a lo largo de su prodigiosa historia, grandes títulos a la industria del cine.

La fusión de la Fox Film Corporation (fundada en 1915) y la 20th Century Pictures (1933) dio lugar, en 1935, al mítico estudio sin el cual no podría trazarse una historia completa de los orígenes de la industria hollywoodiense. Darryl F. Zanuck dirigió, durante más de treinta años, los destinos de esta poderosa máquina de sueños que, desde 1986, está bajo el control del magnate Rupert Murdoch.


El logo clásico (1935-1952)

Pero hoy nos centramos en los símbolos y no en la historia. Y cuando nos referimos a emblemas, el de Fox destaca especialmente. El monumento distintivo del estudio es un diseño art decó de Emil Kosa Jr. A lo largo de los años, el logo ha ido evolucionando con la incorporación de más movimiento en los clásicos "spotlights". Aunque no fue hasta 1994 cuando cambió de una forma más espectacular. Aprovechando el potencial de las nuevas técnicas de CGI, el estudio encargó una renovación total que, además, aprovecharía la duración de 21 segundos de la famosa fanfare del estudio.

Desde 1994, la presentación empieza rodeando al monumento (supuestamente establecido en los estudios de la major en Century City) y va ganando progresivamente profundidad de campo. De esta manera, resulta bien visible el cartel de Hollywood, a lo lejos, y las luces de la ciudad. En los últimos tiempos también se ha tematizado en función de la película a la que daba paso. Este es el caso de films como la trilogía de X-Men, Moulin Rouge, Minority Report, La Liga de los Hombres Extraordinarios, Ice Age, El Día de Mañana, o La Jungla 4.0.
En el último año, con el aniversario de los 75 años del estudio, se ha vuelto a remodelar la entradilla para hacer mención de la gran efeméride.

En cuanto a la música, hay que decir que fue el maestro Alfred Newman el que ideó la partitura. Pero, hasta la década de los 70, sólo se utilizaba en algunos films del estudio.

George Lucas insistió en que la fanfare sonara al inicio de Star Wars (1977) y el gran John Williams presentó una versión propia para El Imperio Contraataca (1980). Desde entonces, esta propuesta orquestral de Williams es la que se ha utilizado en los sucesivos títulos de la saga galáctica.

En 1997, el también compositor David Newman (hijo del creador original), presentó una versión modernizada de la fanfare que es la que se está utilizando hasta hoy.

Esta presentación ha logrado una identificación colectiva y global. Varias generaciones de espectadores han sabido que, al escuchar estas notas, iban a sumergirse en el sorprendente y fabuloso mundo del celuloide. Es uno de aquellos elementos que contribuyen, de una forma más excelsa, a lo que se puede llamar la magia del cine.