1 de gener del 2024

Les millors pel·lícules de 2023, segons l'equip d'El Cinema de Hollywood

El 2024 entona les seves primeres hores i, com hem anat fent els darrers anys, és el moment de triar aquelles pel·lícules que més ens han emocionat, fet vibrar, entretingut, afectat, alegrat, emocionat i, fins i tot, colpejat durant 2023. Són els films que més han connectat amb les sensibilitats de cadascun de nosaltres i que us tornem a presentar a partir de les seleccions de cadascun dels redactors d'aquesta web.

El Cinema de Hollywood tenim, a més, la immensa sort d'haver reunit un grup de redactors bastant transversal. Això ens dóna contrast i diversitat en les opinions i apetències fílmiques. Podem observar, una vegada més, com els rànquings resultants cobreixen tota mena de procedències, gèneres i nivells de producció. L'heterogeneïtat tan desitjada en aquest tipus de valoracions l'aconseguim representar, d'una manera notable, amb les nostres eleccions personals.

A banda de tot això, hem de continuar lamentant un fet crònic que sempre ens tenalla a les nostres contrades. Les distribuïdores no planifiquen adequadament l'últim trimestre d'estrenes i, superades per l'acumulació de títols que arrosseguen de mesos anteriors, ens condemnen a veure només una part dels grans títols que s'estrenen, a escala mundial, en aquest últim terç.

Això es tradueix amb l'evidència de presentar-nos en aquesta valoració sense haver pogut veure títols tan rellevants com The Holdovers, Perfect Days, The Zone of Interest, Poor Things (la seva estrena massiva tindrà lloc a finals de gener), The Color Purple, Ferrari, Priscilla, The Iron Claw, May December, All of Us Strangers, Dream Scenario, American Fiction, i The Royal Hotel, entre d'altres.

Aquest problema de l'endarreriment en les estrenes és aplicable a bona part d'Europa i és per això que quan comparem els nostres rànquings amb els dels col·legues nord-americans, ens trobem amb diferències molt notables. Amb els títols esmentats anteriorment havent estat objecte de consideració, apareixen seleccions on no és possible que nosaltres hi puguem convergir i això ens fa perdre pistonada com a analistes.

De tota manera, aquesta és la nostra visió a partir de tot allò que hem pogut veure i, en tot cas, ja estem acostumats al fet que la nostra valoració de la collita anual l'hem d'acabar fent poc abans dels Òscars, ben entrat el mes de març. És per tot això que també acceptem en els nostres tops la presència de títols de 2022 estrenats a inicis de 2023. Fem evident, doncs, aquesta periodicitat desajustada a la qual ens enfrontem permanentment.

Volem aprofitar aquest primer post de 2024 per enviar una forta abraçada a tothom i desitjar-vos un molt bon any!


Mike Sanz



Eva Buendía



Juan Pais



Carles Martínez Agenjo



Jaume Figa



Adriano Calero



Nèstor Company

13 de desembre del 2023

Crítica doble: Killers of the Flower Moon (2023). La visión de Juan Pais


Por lo general, el espectador sabe cuando entra en la sala que Los Asesinos de la Luna (Killers of the Flower Moon) dura tres horas y veinte minutos, y posiblemente en la taquilla se lo hayan advertido. No es algo nuevo en el cine de Martin Scorsese, que ofreció un montaje final de El Irlandés (The Irishman, 2019) de una duración muy similar. Los estándares de metraje de las obras ambiciosas artísticamente han cambiado en los últimos años, y es común que superen las dos horas. Es por ello que Los Asesinos de la Luna ha sido concebida como una película que pretende dignificar el cine, alejándose del consumo rápido y la banalidad, exigiendo dedicación al espectador. Y, con sus errores, debe reconocerse que se trata de una película muy notable merecedora de dicha dedicación.

Los Asesinos de la Luna adapta el libro Killers of the Flower Moon: The Osage Murders and the Birth of the FBI (2017), de David Grann, publicado en España como Los Asesinos de la Luna: Petróleo, dinero, homicidio y la creación del FBI. Se trata de un true crime histórico que aborda las extrañas desapariciones y asesinatos sufridos por los miembros de la comunidad de indios Osage, repentinamente enriquecida tiempo atrás por la aparición de petróleo en sus tierras. El libro narra la investigación llevada a cabo por el incipiente FBI para desentrañar el misterio, y en principio ese era el enfoque que habría de llevar la película, para lo que se había previsto que Leonardo DiCaprio diera vida al agente federal Tom White. Sin embargo, dicho enfoque se abandonó y este personaje pasó a ser secundario (lo interpreta Jesse Plemons). Más adelante abordaremos las consecuencias de ese cambio.

Ernest (DiCaprio) regresa de los campos de batalla europeos tras participar en la Primera Guerra Mundial, y es acogido por su tío William Hale (Robert De Niro), un próspero ganadero con excelentes relaciones con los Osage. Ernest comienza a trabajar como chófer, y es así como conoce a la bella y acaudalada Mollie (Lily Gladstone), con la que su tío pretende que Ernest se case. Tal y como se irá descubriendo, Hale no es ningún benefactor de los indios, sino un tipo perverso y anhelante de apoderarse de sus fortunas.


Los Asesinos de la Luna estudia atinadamente la convivencia entre los indígenas y los wasp, que además evidencia una oculta y destructiva pulsión entre la inocencia y la maldad, entre la integridad y la manipulación. Mientras el libro de Grann incide en el misterio y el suspense, la película describe la espiral de violencia generada por la ambición en su forma más inescrupulosa y letal.

Siendo una película abundante en virtudes, Scorsese, no obstante, comete el error de centrar la película en la relación entre Ernest y Mollie, ya que esta no resulta convincente ni emotiva. Él es un personaje demasiado débil y necio al que se ve más confundido que enamorado, mientras que ella transmite dignidad pero escasa pasión. La suya es una historia de amor a la que le cuesta conmover. Es posible que el tratamiento true crime del libro hubiera dado pie a una película más formularia, que a duras penas permitiera el análisis que propone Scorsese. Pero eso entra en el campo de lo hipotético, obviamente.

Con todo, Los Asesinos de la Luna es una obra monumental, una tragedia americana que ahonda en el conflicto racial que desde el nacimiento de Estados Unidos ha emponzoñado la convivencia en ese país, evidenciando cómo la violencia actúa de factor ordenador de su estructura económica. La puesta en escena — bellísima la fotografía de Rodrigo Prieto— ensalza el esplendor de los escenarios, en los que paradójicamente se desata una violencia provocada por la deshumanización y la amoralidad a las que conduce la avaricia. Nuevamente, la perversidad del ser humano destruye el paraíso.


“Detrás de una fortuna, siempre hay un crimen” escribió Honoré de Balzac. Esta cita, recogida por Mario Puzo en El Padrino (The Godfather), también podría ilustrar los hechos que recoge Los Asesinos de la Luna. De hecho, pueden hallarse similitudes entre esta película y la célebre saga de Francis Ford Coppola, especialmente en su elegante solemnidad, en la sabia combinación de lo panorámico y lo íntimo. Sin ir más lejos, ¿acaso no cabe identificar al perverso William Hale con Hyman Roth, el taimado mafioso que ejerce una suerte de padrinazgo — nunca mejor dicho — sobre Michael Corleone cuando en realidad no duda en ordenar su muerte?

Cineasta inicialmente contemporáneo, es a partir de los años 90 cuando Scorsese se propone estudiar los orígenes de la violencia urbana tan certeramente descrita en sus obras. Así crea frescos lúcidos e incisivos como Gangs of New York o El Irlandés, películas que demuestran la corrupción del espíritu americano, provocando que la historia de su país se haya escrito con sangre. Una conclusión, sin duda amarga, a la que se adhiere Los Asesinos de la Luna.

Crítica doble: Killers of the Flower Moon (2023). La visión de Mike Sanz


En 1920, Ernest Burkhart vuelve del frente de la Primera Guerra Mundial a Estados Unidos y se instala en un remoto pueblo de Oklahoma para buscar fortuna en la emergente industria petrolera. Allí mismo, su tío, el terrateniente Bill Hale, traza un plan infalible: va a casar a Ernest con Mollie, una de las nativas Osage que más pozos petrolíferos posee. Con los años, Hale se sirve de sus secuaces para asesinar a los Osage y que el oro negro quede en manos de su familia de supremacistas blancos.

Los Asesinos de la Luna (Killers of the Flower Moon) es una de las películas más esperadas del año y, desde luego, se trata de uno de los mejores filmes de 2023. La expectación no podría ser mayor, pues se trata de la nueva colaboración de Martin Scorsese y Leonardo DiCaprio tras la soberbia El Lobo de Wall Street (The Wolf of Wall Street), hace una década. Es más, supone la primera vez que el titánico director reúne a sus dos actores de cabecera, el mentado DiCaprio y el legendario De Niro. La película sigue el guion del oscarizado Eric Roth (Forrest Gump) y mezcla el imaginario del western crepuscular con los códigos del cine negro, por el que tanto recordamos a Scorsese, en un ejercicio monumental de memoria histórica. Se recrea un episodio que ejemplifica uno de los dos pecados fundacionales de los Estados Unidos, es decir, el genocidio de los nativos americanos.


En Los Asesinos de la Luna, el personaje de Robert De Niro urde una compleja trama criminal de extorsión, chantaje y asesinato para hacerse con las tierras ricas en petróleo que están en manos de la tribu Osage en la Oklahoma rural. Se sirve de su sobrino, el Ernest Burkhart que DiCaprio interpreta con brillantez y un sentido homenaje al Marlon Brando de El Padrino (The Godfather). Ernest Burkhart es un paleto retorcido, manipulable y psicópata que bien podría haber salido de una novela de Jim Thompson. La contrapartida de esta pareja criminal queda representada por la Mollie Burkhart de Lily Gladstone (First Cow), una joven actriz capaz de darles la réplica a DiCaprio y De Niro en un ejercicio de contención nada desdeñable.

En el último tramo de la película se desarrolla el relato policiaco como tal, con la investigación del emergente FBI que representa el personaje de Jesse Plemons (que ya trabajó con Scorsese en El Irlandés). Por si quedaba un atisbo de duda, Plemons vuelve a demostrar que es uno de los grandes actores de reparto de nuestra era con un personaje que aporta humanidad al relato y eclipsa las breves intervenciones de veteranos como John Lithgow y Brendan Fraser, ya oscarizado por La Ballena (The Whale).


La narración de Martin Scorsese es magistral, puesto que se apoya en el prodigioso montaje de Thelma Schoonmaker (su colaboradora más preciada) para guiarnos por los entresijos de la corrupción sistemática, la ambición desmedida y la violencia sin concesiones que marcan esta historia negrísima de casi cuatro horas de metraje. También se ha de destacar la sencilla pero eficaz banda sonora de otro sospechoso habitual de las películas de Scorsese: el compositor Robbie Robertson, a quien está dedicada esta obra, pues falleció antes de poder verla terminada. Los Asesinos de la Luna es un clásico inmediato, una película fascinante donde las temáticas que marcan la filmografía de un director genial se entremezclan con la memoria histórica estadounidense y el western revisionista.

23 d’octubre del 2023

Sitges 2023: Dream Scenario

ASIMILANDO LA RESACA

Un artículo de Adriano Calero

Hace días que Sitges nos ofrecía su adiós anual, agitando la mano entre galas festivas, maratones fílmicas, un palmarés tan sorpresivo como discutible y un verano que siempre espera el fin del certamen para poder ausentarse de verdad. Mientras nosotros, su público devoto, nos alejábamos con ojos llorosos (también por el sueño acumulado) de dicho municipio costero con vocación de hogar.

Nos marchamos para volver aunque sea una vez más. La mirada retrospectiva resulta ineludible. Tras el elevado número de obras ingeridas, la resaca es tan intensa que, a pesar de la distancia presente, sus títulos aún resuenan en nuestra memoria pidiéndonos más. Más cine, más tiempo protegidos por la oscuridad de las salas, atravesados solamente por la luz del fantástico. O, en su defecto, más tiempo para recordar.

Aunque hay películas que se imponen. No necesitan el aval de los premios, ni el altavoz de una sección determinada para perdurar. Ni tan siquiera el tiempo que acabamos de reclamar. Se cuelan mientras trabajas, mientras finges trabajar, mientras conduces, haces deporte, conversas o ves el tiempo pasar. Se cuelan y te sorprenden con una sonrisa o con una mueca dibujada en tu cara, reflejo de una indomable abstracción. 

Pues bien, Dream Scenario es esa prevaleciente película: la última aportación del director noruego Kristoffer Borgli (Drib, Sick of Myself) que cuenta con el hilarante protagonismo de Nicolas Cage.



CUANDO LA CALIDAD TAMBIÉN ACECHA

A pesar de que este año ha triunfado Cuando Acecha la Maldad (Demián Rugna, 2023), una muestra descarnada de terror argentino que obtuvo el Premio a Mejor película y el Premio Blood Window, Dream Scenario clausuraba oficialmente el Festival generando una paradójica sensación de victoria entre algunos espectadores. En al menos uno de ellos. Porque no competía, pero llevaba la esencia del Festival a su máxima expresión. A esa nueva hibridación de géneros tan propia de la actualidad cinematográfica y tan presente en la programación actual del certamen. Ya que Sitges tanto opta por el fantástico y el terror, como recurre al thriller, la comedia o la ciencia ficción. Géneros por separado o en diálogo, tan solo adulterados por miradas culturalmente ajenas o por aquella autoría que se proyecta desde el molde para alcanzar la singularidad.

Y así, mientras que Cuando Acecha la Maldad se imponía gracias a su apuesta exclusivamente terrorífica, más emocional que cerebral, Dream Scenario hacía lo propio al trasladar el género a una realidad más bien poliédrica. A la narración de un mundo reconocible fantásticamente verosímil, a caballo entre la pesadilla y la carcajada, cuya onírica secuencia inicial tal cual lo anticipa. Todo un universo fílmico creado por Borgli, también desde la escritura del guión y el montaje de la película, donde el protagonista es Paul Matthews (Nicolas Cage), un hombre de mediana edad, profesor universitario y padre de familia, tan correcto como insulso, quien ansía el reconocimiento por sus investigaciones académicas, aunque se hace famoso el día que todo su entorno empieza inexplicablemente a soñar con él. A Matthews le reconocen primero los alumnos y luego la gente en general, y progresivamente alcanza una notoriedad totalmente inmerecida, pero en seguida asimilada y satisfactoria. Todo parece ir a mejor para nuestro protagonista, hasta que el sinsentido de la fama se manifiesta asimismo en los giros de la narración. Y en el escenario de los sueños suele haber unos cuantos.


REALIDAD, SUEÑOS Y REDES SOCIALES

Mordazmente actual, la película ofrece un discurso heterogéneamente compacto, en el que todas sus capas tonales se sostienen gracias a la fluidez visual de Borgli y la interpretación magistral de Cage (presente durante casi todo el metraje), pero también a partir de la risa inevitable que vehicula reflexiones de necesaria autocrítica social: la autoindulgencia de una masculinidad tan herida como hiriente, la arbitrariedad de la fama sometida al capricho del consumidor, la cultura de la cancelación en la era del yo, el victimismo como herramienta oportunista y muchos más dardos venenosos que impactan en el espectador.


Puede que en Dream Scenario el director noruego haya dejado a un lado el body horror de su anterior film, Sick of Myself (2022), pero no ha suavizado el discurso. Borgli sigue deconstruyendo el significado vigente del éxito y la aprobación externa que nos somete, como complemento crítico a la sociedad de consumo de la cual formamos parte. Un consumo que en su cine no tiene límites y que suma la persona a los bienes y servicios ofertados, reduciendo la imagen del individuo a la mera cosificación. Para ello, en la elaboración del personaje protagonista, el director no solo ha sabido aprovechar la multifacética imagen de Cage, tan reconocido como vilipendiado por su labor de actor, sino que ha conseguido igualar en Matthews la figura del perdedor y del ganador. Porque ¿dónde están los límites en una sociedad moralmente gamificada que iguala la viralidad de las redes con la propia existencia?

Quizá los sueños tengan la respuesta… Mas en Dream Scenario los sueños se equiparan a las plataformas digitales y son tan creíbles como una imagen descontextualizada. Por eso son tan acertados los efectistas travellings de acercamiento (sello audiovisual de Borgli) cuyo movimiento y musicalidad nos conecta inquietantemente con el protagonista, abstrayéndonos del resto (al espectador y al personaje por igual): pues tanto expresan el onirismo de una sociedad aletargada, como reflejan la ambición individualista de unos personajes supuestamente comunitarios.

En definitiva, Dream Scenario cierra la puerta fantástica de Sitges, sumándose a un aval que lleva el sello de A24 y la firma del director Ari Aster (Hereditary, Midsommar), quien tras aventurarse por primera vez en la producción de su último film, Beau is Afraid (2023), ha producido asimismo la última obra de Borgli. Pero Sitges no ha tenido la exclusividad. Dream Scenario se estrenó en septiembre de este año en otro festival, en Toronto, allí donde previamente se había rodado la película. Aunque dicha ciudad pudiera ser en pantalla cualquier urbe occidental y todo lo vivido simplemente un sueño o una pesadilla.

O el reflejo exacto de la vida.