31 de maig del 2013

El Gran Gatsby


Tras la Primera Guerra Mundial, Estados Unidos vivió una época de expansión económica sin parangón hasta ese momento. Combatir en una guerra y vencer pero no sufrir secuelas en terreno propio puesto que la refriega se desarrolló a miles de kilómetros de distancia, siempre ha sido una ventaja competitiva para las naciones que han podido llevarlo a cabo.

La sociedad norteamericana no progresó económicamente de forma igualitaria pero la explosión del negocio bursátil, la especulación, y las conexiones con poderosos clanes mafiosos permitieron la aparición de una casta de "nuevos ricos" que fue capaz de expandir el exceso de las clases adineradas a más zonas y barrios de las ciudades estadounidenses. 

Este entorno de opulencia, de exageración, de grandes fiestas adornadas por el glamour de las flapper girls,  fue conocido por F. Scott Fitzgerald a principios de la década de los 20. Esas vivencias le ofrecieron la  posibilidad de escribir una novela que explorara ese mundo de éxtasis desenfrenado en el que una nueva generación de jóvenes americanos disfrutaban de las riquezas ajenas mientras poco aportaban a una sociedad que parecía no tener límites en su crecimiento. Todo parecía posible para aquellos que podían invertir dinero. En la bolsa, los beneficios se incrementaban constantemente aunque lo que se estaba construyendo era un falso crecimiento que no tenía base real en la economía productiva. Ese triunfo fraudulento, basado en la especulación, llegó a su fin en octubre de 1929. Pero, hasta ese momento, los "felices años veinte" hicieron honor a su apelativo y se configuran como una época apasionante donde la clase política intercambiaba influencias con las grandes fortunas mientras el crimen organizado hallaba un escenario perfecto para presentar su variada oferta de alcohol, drogas, prostitución, y juego.

Fitzgerald nos habla de esta época en su poderosa novela y, a través de un lirismo muy marcado, se centra en la figura de Nick Carraway, un ex-combatiente, graduado en Yale, que llega a Nueva York para unirse al interminable desfile de nuevos agentes de bolsa en Wall Street. Con el tiempo, conocerá a su misterioso vecino, Jay Gatsby, un "nuevo rico" que está impactando a la ciudad con las magnas fiestas que organiza en la mansión que posee en la ficticia localidad de West Egg (Long Island).

Yo tenía importantes reservas antes de ver la película porque pensaba que Baz Luhrmann podía convertir un relato clásico de la literatura americana en un fastuoso espectáculo vacío de contenido. Pero ese escepticismo se desvanece muy rápidamente. El director australiano ha incorporado numerosos elementos estéticos que tienen un fuerte impacto en la puesta en escena pero, incluso dentro de este exhibicionismo, es capaz de encontrar momentos de clasicismo casi canónico para desarrollar las poderosas tramas que este fenomenal grupo de personajes nos sirven en bandeja durante el verano de 1922. En mi opinión, la propuesta visual de Luhrmann es arrebatadora y los escenarios digitales que recrean el Nueva York del momento son maravillosos. Existe una integración total entre la acción argumental y su contexto. 

También la elección musical de temas modernos no resulta molesta ni innecesaria sino todo lo contrario. Luhrmann demuestra su estima por el material original y remarca la idoneidad de su elección como máximo responsable de esta película tan ambiciosa. 

Fitzgerald no descuidó en su novela hablar de los fuertes contrastes que existían en el nivel de vida de la sociedad norteamericana. El "Valle de las Cenizas" es el ejemplo del rumbo existencial que caracterizaba a una parte importante de la población. En "El Gran Gatsby" es el peaje necesario para que la ciudad siga funcionando con toda su espectacularidad y qué mejor para desarrollar esta dualidad social que mezclar a personajes y exhibir las contradicciones que se debían vivir a diario (la relación entre Tom Buchanan y los Wilson es el paradigma de todo esto).

Esta nueva adaptación tiene dos partes bien diferenciadas: en la primera, Baz Luhrmann explota, siempre con criterio, la estética visual de la época para meternos de lleno en la suntuosa vida de los protagonistas. La integración de imágenes reales, dentro del nuevo metraje, está realizada de forma ejemplar y sabe aprovechar muy bien la espera que concibió el autor para la primera aparición de Gatsby. Empezamos a conocerle a través de referencias, lo que refuerza su aura enigmática. En la segunda parte, cuando los acontecimientos empiezan a precipitarse, el director es capaz de dar un paso atrás en los movimientos de cámara para dejar que sea el gran elenco de intérpretes el que sostenga la narración hasta su trágica conclusión.

Fitzgerald quiso expresar en su novela elementos de decadencia en un modo de vida que, con el tiempo, sufriría un fuerte revés. De alguna manera, trató de criticar la frivolidad de una casta social hasta cierto punto y creó a Gatsby como un personaje que se beneficia del entorno de especulación y negocio pero que, a la vez, es una gran víctima del mismo. Habiéndose construido a él mismo gracias a alianzas turbias que le han permitido llegar a una posición de privilegio, disfruta de su éxito sólo a medias. Porque, en realidad, Gatsby utiliza la riqueza y la pomposidad como una cortina de humo. Se oculta entre bambalinas porque su objetivo es el de recuperar al amor de su vida y no existe otra forma de llamar la atención que mediante la celebración de ardientes fiestas que tienen su eco en toda la Costa Este. Lamentablemente, los sueños en muchas ocasiones poco tienen que ver con la realidad y el choque dramático final que nos ofrece la película hace tambalear las convicciones más asumidas.

En la adaptación que Luhrmann y Craig Pearce han realizado, la figura de Nick Carraway se fusiona aún más con Fitzgerald y su catarsis final, elaborando una novela del mismo título, son elementos que funcionan y que aportan relevancia a la propuesta en perfecta conexión y respeto con el material literario original.

El excelente reparto colabora mucho para hacer que la película responda a las expectativas. Leonardo Di Caprio está, una vez más, brillante en su interpretación. Sabemos que elige muy bien los proyectos y trabaja únicamente con directores de alto nivel pero, en esta ocasión, vuelve a sorprendernos con una interpretación sentida y cálida. Desde el momento en que aparece en pantalla canaliza toda la tensión dramática y encuentra su contrapunto ideal en Tobey Maguire, que encaja perfectamente en el papel de Nick Carraway. Nick asumirá, más que ningún otro, las secuelas de ese exceso existencial pero, curiosamente, hallará la clave de su recuperación en el recuerdo de la única persona que le aportó positividad y ganas de vivir. La pasión que guiaba los actos de Jay Gatsby y la voluntad de llegar más allá de la excentricidad para conseguir recuperar el amor perdido, son las claves que Carraway utilizará para redimirse de los demonios que le han conducido a un sanatorio psiquiátrico.

Mención especial también para Carey Mulligan, Joel Edgerton, Isla Fisher, el siempre excelente Jason Clarke, el actor indio Amitab Bachchan, y un joven rostro que habrá que seguir en el futuro: Elizabeth Debicki. Se trata de una actriz australiana, de belleza turbadora, que destaca en el papel de Jordan Baker, jugadora de golf y flapper girl a tiempo completo.

Muchas veces se habla de lo innecesarios que son los remakes. Me parece que hay que juzgar cada caso y evitar generalizaciones. En el caso del "Gran Gatsby", tenemos dos propuestas diferentes y a la vez complementarias. Existe una adaptación, totalmente clasicista, que basa su puesta en escena en el vestuario y en la palabra de los intérpretes. Fue dirigida por el británico Jack Clayton en 1974, con Robert Redford, Mia Farrow, Sam Waterston, Bruce Dern, y Lois Chiles en los papeles principales. Y ahora, se incorpora una nueva versión que equilibra la aportación de los actores con la presentación de unos escenarios, de gran formato, que consiguen aproximarte a la época de una forma completamente diferente y arrebatadora. Podemos elegir puesto que ambas propuestas nos muestran elementos diferentes de una historia inmortal que responde a una de las joyas de la literatura americana.

Tom Buchanan le pregunta a Nick Carraway, al inicio del film, si aún trata de escribir la gran novela americana. No podemos calificar algo en base a un objetivo tan ambicioso y a la vez imposible. Pero lo que sí se puede asegurar es que darle una oportunidad al "Gran Gatsby" de Luhrmann puede significar, para el espectador, la posibilidad de sumergirse en un universo de brillantez y contrastes del que no saldrá indemne sino con voluntad de seguir reflexionando sobre las claves de una sociedad que F. Scott Fitzgerald trató de rozar con sus palabras. 

27 de maig del 2013

Coches de cine: Aston Martin DB5


Tras el éxito de Dr. No (1962)From Russia with Love (1963), Albert R. Broccoli dispuso la maquinaria para empezar a rodar Goldfinger, una de las novelas más exitosas en la carrera literaria de Ian Fleming.
 
Broccoli buscaba aún más impacto y encontró en la adaptación de Goldfinger la mejor opción para seguir ampliando la magnitud y repercusión de la franquicia. Dentro de este aumento en la escala de la producción, era fundamental encontrar un coche que pudiera ser equipado con dispositivos muy especiales. El Bentley Sport Tourer que aparecía en Desde Rusia... no podía ser modificado para incorporar lo que se necesitaba. Era imprescindible recurrir al mejor modelo del momento para crear el espectáculo deseado.
 
Ian Fleming, en la novela publicada en 1959, colocaba a Bond conduciendo un Aston Martin DB3. Pero en la pre-producción se decidió utilizar el último modelo que la casa británica acababa de lanzar: el DB5.
 
El diseñador de producción de la película, Ken Adam, y el considerado como "The real Q", John Stears, trabajaron intensamente con los ingenieros de Aston Martin para desarrollar un modelo especial del DB5 con motor doble árbol de seis cilindros. El color escogido fue el gris plateado. Los responsables acababan de crear una leyenda de la que aún no eran conscientes. 
 

John Stears, en su labor de supervisor de efectos especiales, preparó varios trucos para el automóvil que aún siguen maravillando a los fans de la saga Bond. La matrícula original, BMT 216A, podía cambiar para facilitar la escapada de 007 y disponía de toda clase de gadgets para hacer frente a sus agresores. Tras las luces de posición delanteras, aparecían dos ametralladoras Browning. Se habilitó también un blindaje trasero extensible al igual que sierras en la ruedas para hacer poco placentero el viaje de su perseguidor. Uno de los elementos más recordados es, sin lugar a dudas, el asiento eyectable cuyo peso en el recuerdo se deja notar hasta en la última entrega de la franquicia: Skyfall.
 
Bond también contaba con otros dispositivos para crear toda clase de infortunios a los villanos (cortinas de humo, derramar aceite en la carretera, disparo de clavos de tres puntas...) además de una pantalla de radar para realizar rastreos. En una época, en la que un coche de estas características era desconocido, el arsenal de trucos y efectos que los responsables de la película pusieron en pantalla, transformó al DB5 gris en una celebridad.

De todos los dispositivos que vemos en la película sólo el asiento eyectable era real, aunque únicamente se instaló para rodar la escena en que Bond lo activaba. El sistema tenía un gran tamaño y no era adaptable a la acción continuada del film. Mediante trucos de cámara fueron capaces de rodar la expulsión de un muñeco que, desde lejos, simuló ser uno de los lacayos de Auric Goldfinger.
 

En el siguiente film de la saga, Operación Trueno (Thunderball, 1965), el DB5 volvió a aparecer en la escena pre-créditos cuando Bond es perseguido en Francia. Los gadgets habituales volvieron a serle útiles a 007.
 
Muchos coches han mejorado y ampliado las prestaciones en películas posteriores pero el Aston Martin de Goldfinger sigue siendo el más emblemático aunque nunca haya sido el más rápido ni tampoco el más cómodo. Pero sí que logró ser el primero en dejar huella en los espectadores y su leyenda se ha ido manteniendo, con el paso de las décadas, de forma que su imagen se asocia, más que ningún otro, con la figura de James Bond.
 
A todo ello ha contribuido la utilización reciente del automóvil en pequeñas escenas que le han seguido relacionando con 007. Así fue como le veíamos, con matrícula diferente, en Goldeneye (1995) cuando Bond mantenía una curiosa carrera contra Xenia Onatopp (aderezada por la ridícula música de Eric Serra) en las carreteras cercanas a Mónaco. Convertido en lo que sería su coche personal, también aparecía brevemente en El Mañana Nunca Muere (Tomorrow Never Dies, 1997) cuando Bond es requerido por M en la sede del Ministerio de Defensa.

En la excelente Casino Royale (2006), los guionistas colocaron al DB5 como propiedad del sicario Alex DimitriosJames conseguía sacarle de sus casillas, a lo largo de una partida de póker, hasta provocar que se jugara el coche en la última apuesta. Bond se hacía, por tanto, con las llaves de un modelo con el volante a la izquierda.

Y finalmente, en Skyfall, aparece de nuevo una réplica del original de Goldfinger, con la matrícula BMT 216A, y que vuelve a disponer de dispositivos útiles, incluso el botón eyectable (el cual suscita un jocoso comentario por parte de M). La película nos lo muestra como si fuera un modelo retirado del servicio que 007 se ha quedado en propiedad por "razones sentimentales". Tras su desaparición en la misión inicial en Turquía, todas sus posesiones se habrían guardado en un trastero incluyendo el apreciado automóvil que, por cosas del destino, volverá a tener un papel importante en el enfrentamiento final con los hombres de Silva, alrededor del Skyfall Lodge.
 

A lo largo de la saga, el agente británico ha conducido también otros modelos más modernos de la casa Aston Martin (el V8 Vantage, el Vanquish, el nuevo DBS) pero el DB5 siempre será el auto más asociado a 007 en la memoria colectiva. Al igual que Frank Abagnale Jr. en Atrápame si Puedes (Catch Me if You Can, 2002), todos los fans de Bond desearíamos tener un DB5 en el garaje y estoy seguro que mi amigo Xavi sería el primero en apuntarse a esa lista de espera imposible.


 
Para rodar Goldfinger, se utilizaron dos DB5. Durante años fueron exhibidos en convenciones y eventos diversos. El coche principal cambió de propietario a lo largo de los años hasta que fue adquirido por el coleccionista Anthony Pugliese en 1986. Durante una década, Pugliese siguió mostrándolo en varias exposiciones hasta que, en 1997, fue robado misteriosamente. Alguien entró en un hangar del aeródromo de Boca Ratón (Florida) y sustrajo el automóvil. Nunca ha vuelto a reaparecer.
 
En cambio, el Aston Martin utilizado en Thunderball está en venta actualmente al módico precio de 4,7 millones de dólares. Incluye además gadgets especiales. ¿Alguien da más?

23 de maig del 2013

Golden Age actresses: Bette Davis

Eva Buendía inaugura una serie de artículos sobre intérpretes del Hollywood clásico. Y qué mejor para empezar que la incomparable Bette Davis. Os dejo pues con un texto que nos coloca ante los hechos principales de la vida de una actriz que siempre luchó contra la convencionalidad.
 
 
En 1908 nacía en Lowell (Massachusetts) una de las actrices más carismáticas y con más fuerte personalidad de la Meca del Cine a la que siempre he admirado muchísimo y de la que Néstor me ha pedido que haga un artículo, Bette Davis. 
Esta mujer de grandes ojos que no entraba en los cánones de belleza del momento fue una de las actrices más importantes que se ha conocido en el mundo del cine, cuyas interpretaciones marcaron un estilo innegable de buen hacer que se recordarán por las emociones que despertaba entre el público, tanto de admiración como de odio.
 
Desde pequeña, y como consecuencia del divorcio de sus padres, Bette aprendió gracias a su madre que el papel de la mujer en la sociedad no estaba lo valorado que debiera, actitud que siempre plasmaba en sus interpretaciones de mujeres fuertes, valientes y, en ocasiones, desvinculadas de todo tipo de emociones personales. Su infancia fue el inicio de su independencia personal en una sociedad claramente machista.

El primer objetivo profesional fue convertirse en bailarina, idea que abandonó rápidamente para probar suerte como actriz protagonizando producciones escolares y representaciones amateurs. Es así cómo acudió a Nueva York para estudiar en la Escuela de Interpretación de John Murray.

Aunque empezó a actuar en la compañía teatral de George Cukor en 1928, no fue hasta un año después que debutó con gran éxito en la representación teatral de la obra “Broken Dishes” en Broadway. Este triunfo fue el que hizo que entrara en Hollywood, concretamente en Universal Studios, quienes le hicieron un contrato en 1930, debutando en el cine con “The Bad Sister” (1931), de Hobart Henley y coprotagonizada por Conrad Nagel y Sidney Fox.

Tras una serie de películas menores, Bette Davis abandonó Universal y entró en la Warner bajo la mediación de George Arliss, quien le consiguió un papel para la película “The Man Who Layed God” (1932).

Pero, su gran oportunidad, le llegó en 1934 al protagonizar junto a Leslie Howard un papel en la obra maestra de John Cromwell, “Cautivo del Deseo”. Fue aquí donde se empezó a vislumbrar qué tipo de personajes podría encarnar mejor Bette: mujeres fuertes y pérfidas, de bajos sentimientos y gran talento dramático.

La película fue todo un éxito y le permitió protagonizar otros grandes títulos, como “Peligrosa” (1935) película que le confirió un Oscar a la Mejor Actriz o “El Bosque Petrificado” (1936), coprotagonizada por Leslie Howard y Humphrey Bogart.



Su fama de carácter indomable iba paralela a su éxito como actriz y en Hollywood eran conocidos sus ya famosísimas quejas contractuales con la Warner, lo que originaba constantes enfrentamientos entre la actriz y los estudios en plenos rodajes. Debido a ello, se mudó a Inglaterra pero los estudios la denunciaron por incumplimiento de contrato y no tuvo más remedio que volver pero a condición de que se plegasen a sus condiciones…otro ejemplo de su carácter arrollador.

Fue en esta segunda época en Hollywood donde protagonizó casi todo su repertorio más inolvidable: “Jezabel” (1938), filme que le consiguió otro Oscar, “Amarga Victoria” (1939), “La Solterona” (1939), “La vida privada de Elizabeth y Essex” (1939), “La loba” (1941) o “La extraña pasajera” (1942).

Después de una época marcada por la II Guerra Mundial, en la que los proyectos de cine menguaron pasando factura a todas sus estrellas, Davis remontó su trayectoria con la gran “Eva al Desnudo” (1950), de Joseph L. Mankiewicz, título que volvió a poner a la actriz en un primer plano cinematográfico.

Pero los tiempos corrían en contra suyo y cada vez le costaba más encontrar papeles que estuvieran a la altura de su talla interpretativa. Su último gran título llegó en 1962, cuando coprotagonizó junto a Joan Crawford la mítica “¿Qué fue de Baby Jane?”, obra maestra de Robert Aldrich. Siempre se dijo que entre las dos actrices hubo la misma tensión dentro y fuera de la pantalla, como lo demuestran sus declaraciones de entonces:

"¿Que por qué siempre interpreto a zorras? Porque no soy una zorra. Es la misma razón por la que Joan Crawford siempre interpreta a damas"

 A partir de entonces, la carrera de Bette Davis fue irregular, trabajando para la pequeña pantalla y terminando su carrera con la estimable “Las Ballenas de Agosto” (1987). Dos años más tarde moría en París, a la edad de 81 años.

Tan grande y carismática era su personalidad que, cuando los papeles escaseaban, no dudó en publicar un anuncio en la revista Variety a principios de los 60 (cuando ya se la consideraba una gloria del pasado) donde se anunciaba de la siguiente manera solicitando empleo:

"Madre de tres. Divorciada. Americana. Treinta años de experiencia como actriz en películas. Movilidad intacta y más afable de lo que indican los rumores. Quiero empleo estable en Hollywood. (Ya he tenido Broadway)".  Genio y figura…        

18 de maig del 2013

Cuando Arnold conoció a Brigitte


Conan el Destructor, dirigida por Richard Fleischer en 1984, condenó al olvido a una franquicia que había nacido, dos años antes, con voluntad de perdurar. La propuesta argumental rebajaba la contundencia y aumentaba los elementos fantásticos para llegar a un público más familiar. Sin embargo, dicha decisión destruyó las bases que John Milius creó para la mítica Conan el Bárbaro (1982).
 
Comercialmente la película funcionó por debajo de lo esperado en los Estados Unidos y falló como reclamo para el público infantil y juvenil. Por consiguiente, la apuesta de Universal PicturesDino de Laurentiis resultó un auténtico fracaso. Roger Ebert escribió lo siguiente en su review: "Han reenvasado a Conan como al bárbaro ideal para las familias". El público que era más seguidor del personaje y que había encontrado cumplida representación en el film de Milius, se sintió traicionado por este nuevo rumbo. La acogida del film sufrió por todo ello.

Arnold Schwarzenegger sintió muy de cerca esa decepción y le confirmó al magnate italiano que Conan había terminado para él. De Laurentiis también pensaba lo mismo y decidieron que el contrato para hacer más secuelas se modificaría para desarrollar películas de acción en las que Arnold pudiera aprovechar el tirón comercial que iba a darle Terminator (1984), cinta que acababa de rodar a las órdenes de James Cameron y cuya historia ya explicamos en su momento.

Pero Dino siempre se guardaba un as en la manga y solía pedir favores a sus estrellas. Antes de colgar definitivamente la espada, le propuso a Schwarzenegger que hiciera un cameo en el nuevo film que estaba preparando: Red Sonja.
 
Basado en un personaje surgido también de la imaginación de Robert E. Howard, Red Sonja es la contraparte femenina de Conan. Es una mujer guerrera, experta en el combate, que recorre las tierras de la Era Hyboria luchando contra magos y hechiceros. En el guión que Maria Shriver consideró "basura" tras leerlo, existía el personaje de Kalidor, un mercenario que se unía a la cruzada de Red Sonja en el tercer acto de la cinta.
 
Arnold pensaba lo mismo que su novia pero creyó que le debía un favor a Dino tras la confianza mostrada anteriormente así que, poco antes del estreno de Terminator, voló a Roma donde se rodaría la mayor parte de esta infame película.
 
El rodaje había empezado unas semanas antes y a Red Sonja la interpretaba una modelo danesa, de veintiún años, llamada Brigitte Nielsen. De Laurentiis la había descubierto en la portada de una revista y la pareció que su imponente presencia física (1´83 de estatura) le daba la apariencia amazónica que necesitaba para el papel. Para que la maquinaria funcionase como él quería, trajo a Richard Fleischer como director, a Sandahl Bergman para el papel de la desleal Reina Gedren, y a su hija Raffaella como productora.
 
Pero Dino tenía prevista una "jugada de engaño" para Schwarzie. Su teórico papel de "estrella invitada" se transformó en co-protagonista. Rodó durante cuatro semanas y, ya en la fase de montaje, utilizaron el material extra para alargar la presencia de Kalidor en pantalla. En los pósters promocionales su imagen ocupaba gran parte del espacio. Fue una manipulación total.
 
Arnold se sintió engañado y no participó en ningún acto de promoción.


Pero en su reciente biografía, "Total Recall. My Unbelievably True Life Story", Schwarzenegger también reconoce lo siguiente:

"Me involucré con Brigitte Nielsen y tuvimos un romance apasionado durante la grabación. Gitte, como le decían todos, tenia una personalidad risueña y divertida y una gran sed de atención. Después de la filmación viajamos por Europa un par de semanas antes de separarnos. Regresé a casa suponiendo que nuestra aventura había terminado."

En ningún momento explica si habló de ello con Maria Shriver pero constata:

"Sin embargo, Gitte fue a Los Angeles en enero para hacer la regrabación de los diálogos, con el fin de que fueran más claros en la banda sonora, y me dijo que quería una relación estable. Teníamos que sostener una conversación seria. Le dije que eso fue en el set de grabación, fue divertido pero nada serio. Ya estoy con la mujer con la que quiero casarme y no hay lugar para ti. Si estás buscando una relación seria con una estrella de Hollywood, hay tipos por ahí que están disponibles y que se sentirán atraídos por ti, especialmente por tu personalidad."

Como siempre en estos casos, nos movemos en el terreno de la especulación y de la versión que una persona pueda hacer sobre los acontecimientos de su vida. Pero los hechos son rotundos. Brigitte Nielsen conoció meses después a Sylvester Stallone y se casaron al poco tiempo. Una brevedad que caracterizó al matrimonio puesto que, diecinueve meses después, presentaron la demanda de divorcio.

Y, en cuanto a Arnold, nos encontramos con otro de los momentos indiscretos de su vida. A pesar de lo ocurrido, siguió conviviendo con Maria y se casaron el 26 de abril de 1986, durante un descanso en el rodaje de una de sus mejores películas: Depredador.

Por último, lamentar que un buen director de la historia de Hollywood, Richard Fleischer (responsable de clásicos como Veinte Mil Leguas de Viaje Submarino, Los Vikingos, Tora, Tora, Tora, Soylent Green o Mandingo), tuviera que cerrar su carrera con películas tan endebles. Un final frustrante para una carrera en la que se observan varias piezas de calidad.  

12 de maig del 2013

Fallece Constantino Romero, la voz del cine

 
 
En diciembre del pasado año, Constantino Romero anunciaba su retirada tres 47 años de carrera profesional.

Este anuncio fue un preludio a la triste noticia que nos llega hoy con su fallecimiento a la edad de 65 años. Se marcha un autentico fenómeno cuyo trabajo en el doblaje cinematográfico ha dejado una huella inolvidable que nos acompañará siempre. Su espléndida conexión con los actores a los que dobló y la enorme significación de muchos de ellos, le ha reservado una plaza en el olimpo de los más grandes del séptimo arte.

Intervino como doblador en más 300 películas y se ha convertido en un mito para el público español tras haber prestado su voz a Darth Vader, Thulsa Doom, Terminator, James Bond (en los films interpretados por Roger Moore), Roy Batty, James T. Kirk (en las siete entregas protagonizadas por William Shatner), Mufasa, y, muy especialmente, en casi 30 cintas protagonizadas por Clint Eastwood, convirtiéndose en una alianza que ha perdurado en el tiempo y que le ha llevado a transitar por los caminos que el genial actor y director de San Francisco nos ha ofrecido durante más de cuatro décadas.

Quiso el destino que fuera precisamente el último film de Eastwood como actor, Golpe de Efecto (2012), el que cerrara también la memorable carrera de Constantino en el doblaje.

Su poderosa y grave voz le aseguró un puesto en la que siempre fue su gran pasión: la radio. Allí empezó, en los años 60, llamando la atención del estudio Voz de España que le ofreció sus primeros trabajos como doblador. Una de sus colaboraciones más interesantes, en esta primera época, fue el doblaje de Robert Stephens en la maravillosa "La Vida Privada de Sherlock Holmes" (1970), de Billy Wilder.

En los 80 inició una exitosa carrera como presentador de televisión. De todos esos programas, yo siempre recuerdo, con cariño, ese magífico concurso cultural que fue "El Tiempo es Oro". Recuerdos de un tipo de televisión que ya ha desaparecido.

También destacó como actor y, en este apartado, debo mencionar su excelente interpretación de Sweeney Todd en el montaje estrenado en el teatro Poliorama de Barcelona, a mediados de los 90. Bajo la dirección de Mario Gas y acompañado en protagonismo por Vicky Peña, Constantino sorprendió en su magistral personificación del "Barbero Satánico de Fleet Street".

Os dejo con un pequeño vídeo del canal TCM en el que Romero esboza los momentos más relevantes de su carrera ante el micro. Descansa en paz, Tino.


10 de maig del 2013

New York City, plató de cine

La Ciudad de Nueva York es la localización exterior más icónica de la historia del cine norteamericano. Desde finales del siglo XIX, albergó la primera sede de la industria del celuloide. Muchas compañías de producción y distribución empezaron su andadura en la Gran Manzana aunque, a partir de 1910, se fueron trasladando hacia el área de Los Angeles, atraídos por los grandes espacios, el buen tiempo, y la diversidad de paisajes para rodar. Sin embargo, algunos estudios siguieron manteniendo sus oficinas centrales de gestión en la Costa Este manteniendo una bicefalia que, en algunos casos, se alargó durante décadas.

Pero Nueva York siguió siendo la punta de lanza de la imagen del cine clásico de Hollywood y, con el paso del tiempo, eso se ha mantenido y perpetuado. Las poderosas estampas de la ciudad de los rascacielos continúan siendo claves en las producciones actuales aunque, en ocasiones, se simulan los escenarios en Canadá (Montreal, Toronto, y Vancouver) por aquello de los menores costes de producción. Aún así, siempre hay alguna segunda unidad rodando en NY para tomas de contexto. Y es que, cada día, la ciudad alberga algún rodaje aunque sea para un spot publicitario. Los focos y las cámaras nunca se alejan de las calles de la gran metrópolis.

A lo largo de los años, escenas clave de la historia del cine, ubicadas en Nueva York, se han ido grabando en nuestro imaginario colectivo. El curioso dibujo, que os presento a continuación, se aprovecha de ello para retarnos a identificar el mayor número de películas posibles de entre las que se han rodado en Manhattan. Films de todas las épocas que suponen un emotivo testimonio acerca de la inquebrantable relación que el séptimo arte mantiene con la ciudad que nunca duerme.

¿Cuantas películas reconocéis?
 
imagebam.com

6 de maig del 2013

The Walking Dead: análisis post-temporada

Finalizada la tercera temporada de The Walking Dead, contamos con un nuevo análisis de Eva Buendía. Se centra, en esta ocasión, en la valoración de lo que ha ofrecido esta última season en comparación directa con la línia argumental del cómic original. Eva vuelve a demostrar sus conocimientos sobre esta franquicia y esperamos seguir contando con sus colaboraciones cuando, a partir de octubre, nos llegue la nueva temporada de una serie que afronta un cambio de showrunner. Glen Mazzara deja paso a Scott Gimple pero el entretenimiento e interés no dejará de fluir. Porque estos "Walking Dead" aún tienen mucho que contarnos.




¿Por qué será que cuando una serie nos cautiva desde un primer momento, al finalizar la temporada  nos parece que es imposible que termine si tenemos la impresión de que fue ayer que empezaba de nuevo después de estarla esperando durante tanto tiempo?
   Porque, sencillamente, es un buen producto, sin lugar a dudas.
   A mí me ha pasado esta vez con la tercera entrega de “The Walking Dead”, esos maravillosos zombies a los que tanto cariño les he cogido. Parece que fuera hace una semana que volvían a deleitarnos con sus aventuras y, en cambio, se acaban de proyectar los dos últimos episodios de esta nueva tanda. Y se me ha hecho muy corta.
   Paralelamente a mi nostalgia como fiel seguidora de la historia creada por Robert Kirkman en 2003 en formato cómic y adaptada a la televisión por Frank Darabont en 2010, me gustaría compartir con vosotros mi opinión sobre dicha adaptación a estas alturas de la historia. Creo que es un buen momento para hacerlo.
   Para los que no sigáis el formato cómic, debo deciros que hay muchas situaciones que difieren bastante entre uno y otro formato (algunas son diametralmente opuestas) y que, no por ello, ninguno de los dos medios desmerece en absoluto.

   Como Kirkman ya explica en alguna de sus introducciones en los libros y Darabont lo subraya a la hora de defender estas adaptaciones en algunos de los protagonistas (aun cuando la historia en general se va desarrollando de la misma manera), la razón de estos cambios se debió a que era sumamente necesario realizar dichas adaptaciones estratégicamente para no colapsar a los lectores y, en especial, para poder adecuar según qué sucesos de la historia que Kirkman nos narra en el cómic, que en el formato televisivo necesitaban de una mayor celeridad para no aburrir al espectador. Y creo que lo han conseguido de sobras aunque alguno de ellos al principio me dejara bastante perpleja, lo admito, como ha sido el cambio radical casi de un episodio para otro del propio Rick, ya que en el cómic este proceso interno ha ido mucho más despacio y no tan visceral como en la serie.
      Como siempre ha defendido Kirkman, la evolución de toda esta historia ha ido paralela a la evolución de sus personajes; en especial, con la de su principal protagonista, el agente de policía Rick Grimes. Hemos visto y veremos cómo los humanos se transforman también; no en zombis, sino en personas cada vez más despiadadas donde el grupo de cercanos será cada vez más restringido. La plaga de muertos del siglo XXI no será la única nueva especie del planeta ya que, paralelamente y derivada directamente de esta primera, aparecerá una nueva raza humana, aquella que perderá de vista las normas sociales establecidas y la ética en pro de la auténtica lucha por seguir viviendo, se sacrifique a quien sea en el empeño por conseguirlo.
   Y creo que es un mensaje que ha quedado bien claro y explicado en los dos formatos, como hemos podido ver en esta tercera entrega de la serie. En ella hemos visto cómo Rick (ya nos advirtió de ello el propio Kirkman en el cómic) ha ido cambiando irremediablemente condicionado por las durísimas pruebas personales, de supervivencia y de liderazgo del grupo en el que ha vivido casi desde el principio de la plaga de zombis. Tanto en la serie como en el cómic lo hemos podido comprobar pero, maticemos, de una manera muy diferente. Mientras en la primera lo vemos ir cambiando poco a poco hasta la muerte de su esposa Lori (lo que le supone una gran crisis que afectará a todo aquel que esté a su lado, hasta el punto de querer sacrificar a compañeros suyos por su propia supervivencia), en el segundo su cambio se debe a la presión continua que le supone estar al mando de todos  al no encontrar a nadie en quien delegar y en quien refugiarse de tanta responsabilidad diaria pero, y he aquí un cambio muy importante, su esposa aún vive y ha tenido al bebé sin problemas, lo que le supone el clavo de la cordura y de la reflexión tan necesario para su cordura y al que tanto se aferra. Es decir, va cambiando irremisiblemente pero no deja de tener sus principios.
   De la misma manera, también vemos cómo el personaje de Tyreese obedece a estos cambios estratégicos ya que, en el cómic da mucho juego al formar parte de un triángulo amoroso que acaba trágicamente (que ocasiona la muerte de Carol), mientras que en la serie pronto se va de la prisión para unirse al grupo del Gobernador y parece ser que, de momento, no tiene un mayor protagonismo (muy diferente a su homólogo en papel donde el personaje es esencial para la supervivencia del grupo liderado por Rick).
   Estos cambios, si bien evidentes entre los lectores de Kirkman, han sido necesarios porque no se hubieran podido mantener tantas historias abiertas en una sola temporada. Mismos personajes, diferentes evoluciones, hasta acabar confluyendo otra vez las dos historias narradas, de distinta manera, en una misma secuencia común para dar paso a la etapa siguiente. Creo que, hasta aquí, todo está correcto.
   Como ya comenté en una de mis aportaciones anteriores al blog de Néstor en relación a “The Walking Dead”, encuentro dichos cambios buenos para la correcta marcha y no saturación de sus seguidores, ya sea tanto lectores como telespectadores o ambos. Pero, después de haber presenciado toda esta tercera temporada, creo que ahora entiendo por qué Kirkman confiesa que ha habido fans suyos desde que creó el cómic que se han enfadado un poco con él… entremos ya en las dos únicas objeciones que le hago a esta última entrega de capítulos.

Empecemos por el Gobernador… Solo puedo describirlo como muy acertadamente adaptado (e interpretado) en su papel de terrible, escalofriante y siniestro líder de una comunidad aparentemente conciliadora y pacífica que esconde bajo su manto de tranquilidad una ferocidad reprimida de muchos de sus habitantes pero muy distinto al Gobernador de Kirkman, cambio que hace parecer a este personaje en la pantalla como el hermano bueno del líder de Woodbury del cómic. Creo que con esto ya lo he dicho todo. En este último formato, el Gobernador es ya, desde un principio, estéticamente muy diferente: pelo largo y negro como la noche, con vestuario mezcla de pirata y de cowboy sin leyes, con tal halo maligno que es imposible evitar sus consecuencias si tienes la mala suerte de tropezarte con él. Es sinónimo de muerte segura y terrible, despiadada. Y en cuanto a su conducta, si bien en la serie de Darabont a veces parece que nos quieran mostrar algún atisbo de la humanidad que aún tiene, en el cómic Kirkman lo refleja atroz, sin ningún amago de piedad ante nadie y sin demasiados intentos de querer ocultar su ferocidad bajo una máscara de buen samaritano encargado de velar por los intereses de todo un pueblo de supervivientes, porque es un personaje nacido para ser odiado. El error, desde mi punto de vista, viene dado porque en el formato televisivo se han excedido en querer darle esa ambigüedad que lo ha caracterizado desde un principio para ir jugando con las emociones de los espectadores, debatiéndose entre si sentir pena por él o, incluso, en querer comprender y hasta justificar al principio su conducta. Si lo hubieran reflejado como en el cómic, el Gobernador hubiera sido apocalíptico, convirtiéndose en uno de los personajes más malvados de toda la historia televisiva. Pero, insisto, es que había nacido para ser así: ahí radicaba la esencia de este personaje.
   Por lo que respecta a los demás protagonistas, también existen multitud de cambios; algunos son tan importantes hasta el punto de que existen en televisión pero no en el cómic, como es el caso de Merle, hermano de Daryl. Pero entiendo que haya sido necesario. Y en algunos casos, como este, muy acertados porque Merle es un personaje que da mucho juego hasta el final de la temporada, oscilando siempre en la cuerda floja entre si seguir a su hermano y ser más pacífico o en si dar rienda suelta a su conducta tormentosa, herencia del maltrato de su padre.
La otra objeción, ý última, que le hago a esta temporada es la de haber querido suavizar demasiado según qué escenas violentas o dramáticas, donde los protagonistas eran niños. Espero que los cambios que se vayan sucediendo sean necesarios, como ya he comentado antes, pero sin hacer la serie más “correcta” para el público al vetar escenas realmente impactantes y sustituirlas por otras en las que la carga violenta, si la hay, se desarrolla directamente sobre los personajes adultos, más fácil de aceptar por los espectadores en general.
   Con esto pretendo decir que, si bien la evolución de la historia sigue el mismo camino y vemos cómo van cambiando todos ellos hasta el punto de que ya no son los mismos personajes que nos encontramos al iniciar esta aventura, me parece a veces que la adaptación televisiva debería guardar, en según qué momentos y personajes, más fidelidad con la idea original ya que no creo que haya sido del todo un acierto el dejar entrar la censura americana en esta serie, eludiendo la cruda realidad con la que Kirkman narra su idea post-apocalíptica de la humanidad. Uno de los motivos por los que esta historia ha triunfado entre tantos millones de lectores al ser tratados como un público adulto y suficientemente fuerte como para aceptar según qué escenas.
   De hecho, de esto mismo se han quejado muchos de los seguidores del cómic a Kirkman, de que conforme se van sucediendo las temporadas parece que haya una separación de puesta en acción cada vez más evidente entre ambos formatos que deja patente que, aunque se sigan los mismos acontecimientos generales, la manera de enfocarlos en uno y otro medio se está bifurcando cada vez más hasta dar la sensación de que están cobrando vida propia los dos pero por caminos separados, la serie por un lado y el cómic por el otro.
   Los dos formatos tienen cabida entre los millones de fans originados por el cómic, cada uno con sus particularidades, es cierto, pero sin perder de vista que están narrando unos mismos hechos a través de unos mismos personajes, ya sean adultos o niños, censuras aparte. Esa es la verdadera alma de esta historia, la de unas personas que deben adaptarse a un mundo post-apocalíptico de unas dimensiones y consecuencias inimaginables, independientemente de su edad o condición social. Espero que lo sepan ver y respetar para las temporadas que le restan a la serie.
   Por cierto… estad atentos a Carl a partir de ahora. Si respetan su evolución en el cómic y la trasladan a la serie, dará mucho de qué hablar. Ha nacido con este personaje un nuevo monstruo a pesar de su corta edad. Ya lo iremos comentando… si la censura no aparece de nuevo.