11 de diciembre de 2012

Eastwood y su Golpe de Efecto


Creímos que Gran Torino (2008) había supuesto la aparición final de Clint Eastwood frente a la pantalla. Afortunadamente, no ha sido así gracias a un Golpe de Efecto (Trouble with the Curve) que ha vuelto a congregar a sus seguidores para que le acompañen en la que puede ser, una vez más, su última aventura. Se trata de un film sencillo y bien realizado que tiene la virtud de recoger algunos de los elementos narrativos más habituales en la filmografía de Eastwood para ponerlos de nuevo "en juego", contando con la baza incalculable que supone la presencia arrolladora y carismática del propio Clint al frente del reparto.

Desde En la Línea de Fuego (Wolfgang Petersen, 1993),  Eastwood no había sido dirigido por otro realizador. Casi veinte años después, esto ha vuelto a suceder porque detrás de la cámara está su socio y amigo Robert Lorenz, quien debuta en la dirección amparado por el veterano cineasta y rodeado por su equipo técnico habitual. Eastwood le da la alternativa sabiendo que Lorenz comparte su estilo narrativo clásico, pausado pero nunca superfluo. Un escenario en el que el veterano cineasta de San Francisco se puede sentir lo suficientemente cómodo para construir un nuevo personaje en su amplia filmografía que, una vez más, consigue conquistarnos desde su primera aparición.

Gus Lobel es un veterano ojeador de los Atlanta Braves que, a lo largo de su longeva carrera, ha sido capaz de fichar a grandísimos jugadores que han ennoblecido el deporte del béisbol. A su avanzada edad, pugna por seguir en la brecha defendiendo los principios de la intuición y el conocimiento directo del juego. Ese sexto sentido para descubrir el talento se mantiene a pesar de sus problemas de visión aunque, inevitablemente, su forma de trabajo se considera desfasada con la extrema tecnificación de las franquicias deportivas y la confianza absoluta en la frialdad de las estadísticas para elegir a un determinado jugador. Lobel mostrará una voluntad de hierro para hacer prevalecer su juicio aunque para ello necesitará de la ayuda de su propia hija (Amy Adams), con la que siempre ha mantenido una relación distante, a pesar de compartir una inquebrantable pasión por el deporte que, de alguna manera, les separó.

En Golpe de Efecto presenciamos una historia emotiva, poco trascendente, pero tan bien contada que consigue entretener y hacerte pasar un rato sumamente agradable en la sala de cine. Eastwood es el hilo conductor y el que atrapa al público con su socarronería y los modales de viejo cascarrabias que tan bien le han funcionado en la última etapa de su carrera. Clint construye personajes desagradables sólo en la superficie y, cuando descubre su verdadera naturaleza, ya ha conseguido que la platea haya presentado la rendición incondicional. Si, además, le acompaña una Amy Adams que demuestra su gran talla interpretativa ante un reto difícil, tenemos una propuesta más que interesante en la que la elegancia narrativa se combina con irresistibles notas de humor para lograr un resultado muy satisfactorio. El encanto de los paisajes naturales, la calidez de esas ligas regionales, las bondades de un grupo entrañable de ojeadores, y la  impagable presencia de John Goodman son valores que también pesan mucho en la sensación final. Forman un contexto agradable en el que incluso Justin Timberlake no molesta.

A diferencia de otras películas de Eastwood, en esta cinta no se ha buscado la profundidad y el análisis de las motivaciones humanas como motor principal de la historia. Él siempre ha sabido combinar los diferentes proyectos oscilando entre varios niveles de trascendencia argumental e interpretativa. Pero un aspecto siempre se mantiene: desde la década de los ochenta ha mantenido un nivel de corrección del que nunca ha bajado y, a partir de allí, ha construido películas memorables y otras que han cumplido con expectativas más modestas. Pero, en lo que coinciden todas ellas, es en la expresión de un nivel inmutable de honestidad. Golpe de Efecto se incluye entre estas últimas y, desde luego, logra su propósito con creces.

Finalmente, me gustaría destacar un elemento que me llamó especialmente la atención. Si en Moneyball asistíamos a una defensa muy evidente de las nuevas tecnologías en el deporte del béisbol, en este film tenemos todo lo contrario. No podía ser de otra forma puesto que la premisa es un reflejo claro de la personalidad de su protagonista y productor. Pero, llegados a este punto, nos podemos preguntar: ¿el deporte profesional evoluciona adecuadamente?, ¿la pérdida de las esencias es algo tan valorable como parece? 

7 comentarios:

  1. Todavía no he visto esta peli ni Moneyball, pero quiero decir que hace unos días vi J. Edgar y me pareció aburridísima, sin el consuelo de algún momento brillante y con el castigo de algunos momentos ridículos.

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  2. Me gusta más Eastwood como director que como actor, por eso este Golpe de efecto no me atrae especialmente.
    Moneyball tampoco me había gustado especialmente. Quizás temas tan parecidos y tan seguidos aburran un poco.
    Saludos.

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  3. Muy buena reseña Néstor, además de que estamos totalmente de acuerdo en nuestra valoración de esta película.

    Me pareció un drama ligero en comparación con las grandes obras de Eastwood, pero aun así es una película humana, muy entretenida, rodada con esmero y que cuenta con interpretaciones de altura.

    Es curioso que ofrezca una visión opuesta a la de Moneyball, si bien difieren en el trasfondo: mientras la primera nos contaba la lucha del personaje de Brad Pitt por demostrarse a sí mismo que podía seguir adelante, en Golpe de efecto tenemos a un padre con dificultades para conectar con su hija.

    ¡Saludos!

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  4. Coincido con tu apreciación sobre J. Edgar, Octopus. Aunque, con todas sus deficiencias, sigue siendo un producto superior al de otros directores con etiqueta de "imprescindibles".
    En J. Edgar no me gustaron determinados giros y presentaciones de los hechos históricos de forma sesgada. Todo debido al guión de Dustin Lance Black.

    Manderly, bienvenida al blog. Prometo visitar el tuyo pronto. El tema del deporte en el cine puede ser saturante a veces aunque si el enfoque es emotivo tiene mucho ganado. En algunos momentos, encontré similitudes entre Trouble with the Curve y Hoosiers, que me parece la mejor película sobre baloncesto jamás realizada.

    Muchas gracias Mike. Cuando leí tu crítica también comprobé que la película nos había llegado de la misma forma. Tal como dices, el rato entretenido en el cine no te lo saca nadie.

    Muchas gracias por vuestros comentarios!!!

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  6. No he visto esta película todavía. Se han distribuido muy pocas copias y es posible que tenga que hacerlo en DVD. Tenía pensado verla, aunque las críticas no han sido muy entusiastas, pero me siento más animado tras este post.

    Tengo sentimientos un tanto encontrados hacia J.Edgar. Hay momentos que me gustan mucho, como cuando un joven Hoover tiene su primera cita con su secretaria. Ambos parecen emocionados, pero en un salto hacia adelante nos los encontramos ya maduros, y nos damos cuenta enseguida de que la relación sentimental no ha prosperado y, permitidme la pedantería, ya no hay brillo en sus miradas. Me parece un momento muy de Eastwood.

    Entre las cosas que no me gustan de esa película está el que pasa de puntillas u omite aspectos muy importantes en la vida profesional de Hoover. También me disgusta mucho el maquillaje, especialmente grotesco e increíble en el caso de Armie Hammer, que interpreta a Clyde Tolson.

    A propósito, ya que hablamos de Hoover, supongo que sabréis que recientemente se ha publicado un libro sobre el FBI, “Enemigos. Una historia del FBI”, de Tim Weiner, el autor de “Legado de cenizas”, un libro sobre la CIA. Al parecer profundiza, más allá de lo que lo hizo Anthony Summers con Oficial y confidencial, en los aspectos más oscuros y controvertidos de la vida de Hoover, abarcando más cronológicamente.

    Tampoco he visto Moneyball. No sé mucho de béisbol, así que me da un poco de pereza verla, pero seguro que alguna tarde lluviosa la alquilo en el videoclub.

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  7. Terrible el maquillaje. Hoover y Tolson parecen dos extraterrestes. Esta peli habría ganado sin una estrella o con una estrella que declinara interpretar a Hoover a todas las edades. DiCaprio está fofo y viejo para el Hoover joven, y deformado con ese maquillaje para el Hoover viejo. Son detalles importantes pero que tampoco pienso que cambien el resultado: film aburrido y sin brillo.

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