26 de abril de 2016

Vivir deprisa, morir joven: James Dean (1931-1955). Por Juan Pais



El breve pero denso recorrido vital que llevó a James Dean desde las llanuras de Indiana hasta el cruce de las autopistas estatales 41 y 46 en Cholame (California) se inició el 8 de febrero de 1931 en un pueblo llamado Marion. El hijo de Winton Dean y Mildred Wilson fue bautizado como James Byron Dean y creció sano y feliz, siendo su vida solamente alterada en esos primeros años por el traslado de la familia a California, donde se establecieron en 1937 cuando el padre comenzó a trabajar como mecánico dentista, profesión con la que pretendía prosperar dejando atrás el rigor y las penurias de su anterior vida como agricultor.

Los Dean se instalaron en Santa Mónica y el pequeño, al que llamaban Jimmy, fue matriculado en un colegio de Brentwood, Los Ángeles. Según quienes los conocieron en aquella época, madre e hijo estaban muy unidos y ella era su principal compañera de juegos. Jimmy era un niño algo introvertido aunque tranquilo y feliz. Por desgracia, el destino tenía preparado un duro golpe para la familia, que cambiaría el carácter de James para siempre.

Mildred empezó a sufrir dolores de estómago y a perder peso. Alarmada, acudió al médico y el diagnóstico de éste fue implacable: cáncer de útero. Corría el año 1938, y el tratamiento apenas mantuvo con vida a Mildred dos años. Cuando murió, Winton y James se quedaron destrozados. Para un adulto es muy duro perder a su esposa pero su dolor no es tan agudo como el de un niño de nueve años que pierde a su madre, sobre todo cuando éste tiene un carácter sensible y frágil. Tal y como dijo alguien sobre Dean, él también murió un poco con su madre.

Incapaz de cuidarle solo, Winton llevó a su vástago a casa de su hermana, Ortense, y el marido de ésta, Marcus Winslow, que tenían un granja en su Indiana natal. Ortense y Marcus eran personas austeras y bondadosas, pertenecientes al credo quáquero, y cuidaron cariñosamente de Jimmy, cuyo padre se casó tras participar en la Segunda Guerra Mundial. La formación del muchacho, convertido en un adolescente tímido, se llevó a cabo en el Fairmount High School, donde no fue un estudiante especialmente brillante, aunque destacó en los deportes, siendo un celebrado jugador de baseball y baloncesto.

En aquellos años, Jimmy estableció una estrecha relación con el pastor religioso James DeWeerd, que ejerció como su mentor, estimulando su entonces naciente afición por el teatro. El vínculo entre ambos dio pie años después a mucha controversia. Para algunos de sus biógrafos su relación había sido más que amistosa mientras que otros hablaban de mero tutelaje por parte del clérigo. Poco antes de morir, Elizabeth Taylor le contó a un amigo periodista que Dean le había confesado durante el rodaje de Gigante (Giant, 1956) que DeWeerd había abusado sexualmente de él, algo que le traumatizó. Taylor insistió en que esas declaraciones eran off the record.

La UCLA fue elegida por Dean para formarse como actor. Sin embargo, sólo acudió un semestre; le aburrían las clases de arte dramático y prefería aprender trabajando, aunque no desdeñaba la formación, por lo que se trasladó a Nueva York para ser alumno del innovador Actor's Studio. Dean estaba muy orgulloso de pertenecer a la mítica escuela de actores y en una carta a su familia la define como "la mayor escuela del teatro. Alberga grandes personas como Marlon Brando, Julie Harris, Arthur Kennedy, Mildred Dunnock... Muy pocos entran en ella... Es lo mejor que le puede pasar a un actor. Yo soy uno de los más jóvenes que allí se encuentran". Con esa formación empezó a desempeñar pequeños papeles en series como Family Theatre, The Bigelow Theatre o CBS Television Workshop, así como en un anuncio muy famoso de Pepsi. También de esa época, primeros años 50, data su breve participación en la película de Sam Fuller, A Bayoneta Calada (Fixed Bayonets, 1951).

Actor's Studio. James Dean aparece en primera fila. Lee Strasberg, impulsor del centro y gran acting coach, está sentado al lado del corredor.

Dean amaba el teatro e interpretó diversas obras en Broadway, como See the Jaguar, de N. Richard Nash, o El inmoralista, de André Gide. Fue en ésta donde le vio Elia Kazan y se quedó sorprendido por su trabajo, ofreciéndole el papel protagonista de Al Este del Edén (East of Eden, 1955). El mito James Dean empezaba a nacer.

Los años 1954-1955 se desarrollaron a una velocidad vertiginosa para Dean. Por diversos motivos no encajó bien en Hollywood y le desbordó su nuevo estatus de estrella de cine. Elia Kazan hizo que se mudara a un bungalow cerca del suyo durante el rodaje de Al Este del Edén porque le alarmaba su enloquecida vida nocturna y quería tenerlo controlado. El precario equilibrio emocional de Dean se fue rompiendo progresivamente y comenzó a aflorar una conducta bipolar y muchas veces desquiciada. De nada sirvió su romance con la actriz Pier Angeli, que acabó por abandonarle por el cantante Vic Damone. Dean estaba envuelto en una espiral autodestructiva.

Ajeno a ello, el productor Jack Warner vio el potencial de la emergente estrella y ordenó que su siguiente película, Rebelde sin Causa (Rebel without a Cause, 1955), se rodase en color y no en blanco y negro como estaba previsto. Por desgracia, Dean no vio estrenarse esta película ni tampoco Gigante, la siguiente y última película del actor.

A muchas personas les sorprende escuchar que los actores son grandes tímidos. Creen que para salir a un escenario y representar un papel hace falta tener cierto descaro y ser desenvuelto. Sin embargo, no es así. Cuando interpreta, el actor tiene previstas unas líneas de diálogo y conoce la réplica que le van a dar los otros actores. A diferencia de la vida real, el actor sabe qué va a pasar y eso le da mucha seguridad. Por ello, el inseguro Dean amaba la actuación.

En las tres películas en las que fue actor protagonista, James Dean proyectó su propia personalidad a través de sus personajes. No es difícil reconocer en él al Cal Trask anhelante del amor materno de Jo Van Fleet ni su inadaptación al mundo de Hollywood y sus servidumbres, con la de Jim Stark a su nuevo instituto, o la de Jett Rink - siempre un desclasado ya fuera pobre o rico - a la vida de peón en Reata. Es ocioso especular qué carrera hubiera llevado a cabo Dean si no hubiese muerto, aunque se sabe que había firmado sendos contratos para actuar en Marcado por el Odio (Somebody up There like Me) y El Zurdo (The Left Handed Gun), que respectivamente dirigirían en 1956 y 1958 Robert Wise y Arthur Penn, siendo sustituido por Paul Newman. Está claro que con esas películas el mito de rebelde de Dean se hubiera consolidado.

En su libro de memorias Canciones que mi Madre me Enseñó (Songs my Mother Taught Me), Marlon Brando dedica unas páginas a James Dean. Su testimonio es significativo puesto que Brando fue un modelo a seguir para Dean, no sólo como actor sino como persona: 

"Jimmy Dean lo tenía todo a su favor. No sólo estaba a punto de llegar a ser un buen actor, sino que también tenía una personalidad y presencia que despertaban la curiosidad del público, y una belleza y vulnerabilidad que las mujeres, sobre todo, encontraban atractivas. Querían cuidarlo. Era sensible y en su personalidad había elementos sorprendentes. No era volcánico ni dinámico, pero posesía una energía sutil y una intangible vulnerabilidad que ejercían un efecto tremendo sobre el público". 
"(...) Creo que Jimmy me consideraba una especie de hermano mayor o mentor, y supongo que yo respondía como si lo fuera. Sentía afinidad por él y me daba pena. Era hipersensible y en sus ojos y en la forma en que se movía y hablaba podía ver que había sufrido mucho. Se sentía torturado por la inseguridad, cuyo origen nunca logré determinar, aunque él decía que había tenido una infancia difícil y que había tenido muchos problemas con su padre. Le insistí en que buscara ayuda, tal vez que se sometiera a terapia. No sé si alguna vez lo hizo, pero sé que para un chico atormentado como él puede ser muy difícil vivir con la fama repentina y la propaganda exagerada que Hollywood creó a su alrededor". 
"(...) Nunca sabremos qué clase de actor habría llegado a ser al cabo de otros veinte años. Creo que habría sido un gran actor. Pero murió, y quedó sepultado para siempre en el mito".
James Dean visitó a Brando durante el rodaje de Desirée (1954), de Henry Koster.

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