30 de marzo de 2015

El western según Sergio Leone (II). Por Xavi López


“El Hombre sin Nombre ha vuelto….” – Tagline de la película

La Muerte Tenía un Precio (Per qualche dollaro in più, 1965) es la secuela de Por Un Puñado de Dolares (Per un Pugno di Dollari, 1964). En ella, un cazarrecompensas apodado “Manco” (“Monco” en el original) va a la búsqueda de “El Indio”, un sanguinario bandido, y su banda. Durante la búsqueda se encuentra con el Coronel Douglas Mortimer, otro cazarrecompensas. Es entonces cuando deciden formar equipo para repartirse la recompensa. Pero antes de hablar de la película, repasemos los hechos.

Tras el enorme éxito de Por un Puñado de Dólares en Italia, Sergio Leone y su nuevo productor, Alberto Grimaldi, querían empezar la producción de una secuela del film asegurándose primero de que Clint Eastwood lo protagonizara. Pero Eastwood no acometería el rodaje de una segunda película sin haber visto la primera. Rápidamente, los productores le mandaron con urgencia una copia italiana del film para que pudiera verlo. Eastwood reunió a un grupo de amigos para un pase de debut en el Centro de Producciones de la CBS y, sin saber exactamente qué esperar, intentó mantener las expectativas bajas por si resultaba un fracaso. Afortunadamente, las expectativas del actor fueron infundadas puesto que aunque la audiencia no entendía el italiano, la película hablaba por si sola. Eastwood recuerda que el público disfrutó como si el film se hubiera rodado en inglés. Cogió el teléfono y llamó al representante de los productores: “Sí, volveré a trabajar para ese director” dijo. Por su parte, los productores habían mantenido conversaciones otra vez con Charles Bronson para ofrecerle un papel protagonista pero él se negó argumentando que el guión de esta secuela era igual de malo que el de la primera y no estaba interesado en él. Por el contrario, Lee Van Cleef aceptó el papel.


Clarence LeRoy Van Cleef, más conocido como Lee Van Cleef. Nacido en Somerville (New Jersey) en 1925 y fallecido en Oxnard (California) en 1989. El hombre del rostro anguloso no era precisamente ajeno al mundo del celuloide. Ya había interpretado distintos papeles de menor calado en cuatro episodios de la serie “The Rifleman” (ABC), con Chuck Connors, y había dado vida a dos personajes en "Tombstone Territory”. En 1958 apareció como el ayudante Sid Carver en el episodio “The Great Stagecoach Robbery” de la serie “Frontier Doctor”, con Rex Allen. A continuación, encadenó papeles en producciones de mayor calado como Duelo de Titanes (Gunfight at the O.K. Corral, 1957) o El Hombre que Mató a Liberty Valance (The Man Who Shot Liberty Valance, 1962) . Pero fue en 1965 cuando su carrera revivió, tras un accidente de tráfico que casi le cuesta la vida, con la propuesta de Sergio Leone para formar parte del reparto de la película que se disponía a rodar. Más tarde, Leone le propondría participar en una tercera película, de nuevo con Eastwood, y con otro actor norteamericano. Pero eso mejor lo dejamos para otro día.

Luciano Vincenzoni escribió el guión en nueve días pero Leone no quedó del todo satisfecho con los diálogos por lo que contrató a Sergio Donati para que le diera un repaso, logrando así el resultado final.

“El Hombre sin Nombre ha vuelto… El Hombre de Negro espera…”   
Tagline de la película.

Eastwood da vida a “Manco” (“Monco” en la versión original). El proverbial “Hombre sin Nombre”. Un avispado cazarrecompensas que va tras los pasos del “Indio” y su banda sobre los que pesa una buena una buena suma de dinero. Le apodan “Manco” por la sencilla razón de que sólo usa la mano izquierda. A su caza del “Indio” se une otro cazarrecompensas, el Coronel Douglas Mortimer, conocido como “El mejor tirador de las dos Carolinas". Es un antiguo coronel de la Unión convertido en cazador de asesinos. Impecablemente vestido de negro y portando un verdadero arsenal de armas consigo, se dispone a cazar al “Indio” con quién tiene una cuenta personal que saldar. 


Gian María Volonté repite con Leone interpretando al "Indio". Despiadado, manipulador, intrigante y carismático. Un personaje parecido al que interpreta en Por un Puñado de Dólares pero aún más extremo. Está considerado por las autoridades como uno de los peores criminales del Oeste. Un ser sanguinario e insensible al que no le importa matar a mujeres y a niños. Un hombre obsesivo y manipulador cuyo plan es el de robar el Banco de El Paso, un bastión fuertemente vigilado. Volonté da un paso más al combinar el registro de Ramón Rojo (despiadado, inteligente, planificador) con un “Indio” que aúna esas cualidades pero las mezcla con las de un psicópata histriónico, impulsivo y atormentado.

Respecto a los secundarios, esta vez tenemos a algunos viejos conocidos como Mario Brega, Luigi Pistilli, Aldo Sambrel, Antonio Molino Rojo, o Lorenzo Robledo (el traidor al que ajusta las cuentas al principio) como miembros de la banda del “Indio”, forajidos tan despiadados como él y ya habituales para el director romano. También repetiría Joseph Egger como “El Profeta”, el singular, simpático y desquiciado personaje que le proporciona informes a “Manco” en su búsqueda del “Indio”. Lamentablemente para él sería su última película puesto que moriría poco más tarde. También aparece un actor alemán, interpretando al personaje de “Wild, el jorobado”, que resulta ser Klaus Kinski.

Los exteriores fueron rodados, casi en su totalidad, en Almería mientras que los interiores, como era habitual, se filmaron en los famosos Cinecittà Studios de Roma. El propio Carlo Simi contruyó la ciudad de “El Paso” en el desierto de Tabernas, situado en las inmediaciones de Almería. Más tarde, esas mismas instalaciones, en lugar de ser desmanteladas, se convertirían en un centro de atracción turística llamado Mini Hollywood. En la actualidad hay tres de esos centros. Como referencia, el director Alex de la Iglesia rindió homenaje a los especialistas de cine y a la región donde se rodaron las películas en 800 Balas (2002).

El pueblo de “Aguas Calientes”, donde se sitúa el tramo final del film, se ubicó en Los Albaricoques, un lugar cercano al Parque Natural del Cabo de Gata - San José y al término de Níjar. Un escenario fascinante por su gran parecido al desierto.

De nuevo, Leone contó con la inestimable colaboración de Ennio Morricone. Aquí, el director hace un notable ejercicio al mezclar momentos de sonido diegético con momentos de sonido no diegético.


Para entendernos, el sonido diegético es aquel que forma parte de la historia narrada, no de la narración en sí. De tal modo que, si uno de los personajes está tocando un instrumento musical, el sonido resultante es diegético. Por lo contrario, si la música de fondo no es escuchada por los personajes, se le denomina extradiegética o no diegética. Morricone, para recurrir a ello, utiliza la melodía que tocan los dos relojes de bolsillo (uno de ellos perteneciente al Coronel Mortimer y el otro al “Indio”) para de alguna forma revivir recuerdos en determinados personajes, denotar emociones así como para marcar los momentos de tensión del film. El compositor crea una partitura con personalidad que no deja a nadie indiferente, mezclando la tensión con el uso del Primerísimo Primer Plano. Una evolución que va a más con cada película de Leone.

Notas de interés. Si bien es cierto que no se aprecian tanto en Por un Puñado de Dólares, en esta ya se van vislumbrando aspectos comunes a la Trilogía de Sergio Leone y por extensión a algunos “Spaghetti westerns” que vendrían más tarde.

Para empezar, Leone rompió muchas de las reglas del Hollywood de 1960 con esta película a pesar de que desconocía muchas de ellas en aquel momento. Entre ellas, las más significativas son: mostrar al tirador y a la víctima en el mismo plano, hacer que un caballo caiga abatido de un disparo, el uso de la marihuana por parte de uno de los personajes y la secuencia de una violación. Con ello no es que Leone buscara deliberadamente la provocación, a pesar del desconocimiento de esas “reglas”. Es de suponer, por parte del que escribe estas líneas, que en el fondo lo hace por el tono de suciedad y de bajeza moral que hay en sus películas. El salvaje Oeste era duro, no algo limpio, pulcro y beatífico.

A destacar, primero, el uso del Primerísimo Primer Plano. Se ha ido puliendo con respecto a Por un Puñado de Dólares. Se muestra el rostro, desde la frente hasta la barbilla, para mostrarnos la tensión del personaje.

Segundo aspecto. El género femenino y los indios (o nativos americanos) en los films. Puede que algunos tachen esto de racista y misógino, nada más lejos de la realidad…

El tercero. Una figura que se empieza a vislumbrar en Por un Puñado de Dólares pero que en La Muerte tenía un Precio ya se nos muestra: el “Triello”. Leone no concebía el duelo como enfrentamiento. El lo concebía como un círculo cerrado, tres hombres se enfrentan, pero ¿quién caerá? ¿quién vivirá?. Porque, si en un duelo dos se enfrentan, uno vive y el otro muere por lógica. En cambio, en el Triello”, ¿quién será el primero en morir?. En este film, parecemos vislumbrarlo pero luego se convierte en duelo. Sin embargo, en películas posteriores, se verá tanto en enfrentamientos directos como en otras situaciones de forma más sutil.


Para complementar el artículo, he querido añadir unas notas al respecto que leí en un libro titulado “Dispara, Clint! - La Trilogía del Dólar de Sergio Leone” de Christopher Frayling, Carlo Gaberscek, Juan Gabriel García, Miguel Losada, José Enrique Martínez y Victor Matellano que precisamente me regaló el creador de este blog para el que escribo (gracias de todo corazón, Néstor) y que supone un compendio de anécdotas y datos muy útiles al respecto, todos ellos tratados desde el cariño y el respeto.
El “western Europeo” apostó por la evasión y el ofrecimiento de una vía de escape y entretenimiento a sus espectadores. Es por ese motivo que los creadores de esas películas optaron por eliminar o dosificar la presencia femenina en sus historias. En Por un Puñado de Dólares, el personaje (o personajes femeninos) son melodramáticos, en La Muerte tenía un Precio es meramente anecdótica la presencia femenina, pero en El Bueno, El Feo, y El Malo es casi inexistente. A diferencia de Hasta que Llegó su Hora en que la acción gira en torno, precisamente, a una mujer quién se erige como protagonista y eje vertebrador de la narración. No conviene olvidar que el “western real” retrataba un universo hostil y machista en el que la mujer no ocupaba el rol que realmente se merecía. El propio Leone elimina estos elementos del esquema básico del “western tradicional” puesto que, al igual que hiciera John Huston, compone una desmitificación del pistolero galante, bueno y caballeroso. Aquí, no todos los buenos son buenos, se mueven por dinero, por interés propio, por venganza... Y los malos son menos malos, tienen más matices (Ramón Rojo, un hombre de negocios despiadado que liquida a la competencia; “El Indio”, un bandido que se droga para “escapar” del recuerdo de sus actos). No todo es blanco o negro. Es más bien gris, un gris tirando a polvoriento.

Anécdotas de La Muerte tenía un Precio. Julio Sempere, ayudante de producción de Leone, recuerda la profesionalidad de Eastwood en el set de rodaje. No se relacionaba con nadie, era “callado, educado, profesional”. Respecto a Van Cleef, comenta su amabilidad y cordialidad, puesto que era bastante asequible con todo el mundo, mostrándose siempre generoso con el equipo. En cuanto a Gian María Volonté, la anécdota resulta bastante cómica tanto por el período histórico en España como por la ideología del propio Volonté. La implicación política de Volonté era cuanto menos conocida por lo que Sempere, Eduardo Noé (uno de los cámaras) y el propio Leone decidieron gastarle una broma. En los rodajes de aquel tiempo en España, la Guardia Civil recogía las armas cada día y las custodiaba hasta la mañana siguiente. Incluso siendo armas de fogueo, que no sirven para disparar de verdad. A raíz de esto y conociendo la militancia de izquierdas de Volonté, un día cualquiera por la mañana, al traer la Guardia Civil las armas para devolverlas al set, Sempere habló con ellos trivialmente y luego, dirigiéndose a Volonté, le comentó que se tenía que ir con los agentes de la autoridad puesto que habían pedido una orden de detención contra él desde Roma. El actor se quedó blanco, lívido. Sempere, Noé y Leone se empezaron a reír a carcajadas hasta que se lo comentaron a Volonté. Cuando se dio cuenta de la broma les quería matar….

Esta segunda entrega no fue ni mucho menos un fracaso, dado que sirvió para confirmar el buen hacer de Sergio Leone, así como asegurar el éxito de la formula y relanzar la carrera de Lee Van Cleef. Aún quedaba una tercera película como colofón, pero eso queda para otro artículo...

Precedido por:

El western según Sergio Leone (I)

Continúa en:

El western según Sergio Leone (III)

3 comentarios:

  1. Sigue Xavi!, que estoy entusiasmado leyéndote. A por el bueno el feo y el malo :-)
    Joaquín Glez.

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    1. Muchas gracias, JOAQUIN. De corazón.

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    2. Excelente artículo, felicidades. La Muerte tenía un precio es mi spaghetti western favorito sobre todo por la maravillosa banda sonora de Morricone. Con un presupuesto muy bajo (unos 600 mil dólares de la época y una recaudación en taquilla cercana a los 15 millones sin contar el producto doméstico, un éxito). Eastwood llevaba ropa comprada por él mismo como las botas y el poncho o dormía con el sombrero porque no podía perderlo. Se dice que recibió 50.000 dólares por hacer este film y 15.000 y un Mercedes por el anterior. Lee Van Cleef dudó en hacer la película porque en esa época se dedicaba a pintar por encargo y tenía un cuadro de 50 dólares entre manos, al ofrecerle Leone un contrato de 17.000 dólares no lo pensó un instante y voló a Europa y su carrera se relanzó. De trato afable Van Cleef se ganó rápidamente el cariño del equipo de grabación. Eastwood como siempre callado y muy trabajador y muy profesional alucinaba con las ocurrencias de Leone para grabar (la anécdota de la grúa de Laurentis y el obispo por ejemplo). Más tarde vendría el bueno, el feo y el malo con mi ídolo Eli Wallach, amigo íntimo de Henry Fonda, a quién aconsejó encarecidamente trabajar con Leone en Hasta que llegó su hora ... Saludos, Julián.

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