19 de marzo de 2015

El western según Sergio Leone (I). Por Xavi López


“Once Upon a Time…” 
Así es como empiezan los cuentos clásicos y así es como empezaría la Trilogía del Oro de Sergio Leone, director italiano que revitalizó el western no sólo para Europa, sino para el mundo entero creando dos iconos del género: el “Hombre sin nombre” y, por supuesto, Clint Eastwood.

Nacido en Roma, Sergio Leone (1929-1989) decidió abandonar los estudios de Derecho para dedicarse al mundo del cine. Su carrera en el Séptimo Arte empezó a la edad de 18 años cuando trabajó como ayudante de Vittorio De Sica en la película El Ladrón de Bicicletas (Ladri di Biciclette, 1948) - más conocida por ser el máximo exponente del Neo–Realismo Italiano. A partir de 1950, Leone empezó a escribir guiones enfocados a lo que se conoce como el género del “Peplum” pero también trabajó en diversas producciones a gran escala como ayudante de dirección. Las más notables fueron Quo Vadis (1951) y Ben-Hur (1959). Pero fue cuando el director Mario Bonnard cayó enfermo durante el film Los Últimos Días de Pompeya (Gli Ultimi Giorni di Pompei, 1959) que a Leone se le pidió que se encargara de completar la película. Esto dio como resultado que se le encargara la dirección (su debut tras la cámara) en la película El Coloso de Rodas (Il Colosso di Rodi, 1961) para lo cual se armó con un equipo para realizar una cinta de bajo presupuesto que parecía una gran superproducción hollywoodiense.

Rory Calhoun y Leone durante el rodaje de El Coloso de Rodas (1961).

Después de esta experiencia, Leone centró su atención hacia otro tipo de género, el llamado “Spaghetti Western" dado que el “Peplum” había perdido el favor del público.

Y así empezó…
“A su modo, Él es, tal vez, el hombre más peligroso que jamás ha existido!”   
Tagline de la película.

Por un Puñado de Dólares (Per un Pugno di Dollari, 1964), basado en Yojimbo (1961) de Akira Kurosawa, que, a su vez, gravitaba entorno a la novela de Dashiell Hammett, “Red Harvest” (“Cosecha Roja”), publicada en 1929. Las tres obras, la novela y los films, comparten base pero no así el período de tiempo ni la ambientación. Mientras que “Red Harvest” transcurre en los años de la Prohibición, Yojimbo hace lo propio en el Japón Feudal y A Fistful of Dollars se enmarca en una población fronteriza entre Estados Unidos y México.

Un pistolero solitario, cuyo nombre se desconoce pero al que se apoda “Joe”, llega a la pequeña población de San Miguel. Allí encuentra a dos familias que se disputan el control de la ciudad: los Rojo y los Baxter . Es entonces cuando el “pistolero” decide enfrentar a ambas familias en su propio beneficio desembocando en una espiral de muerte, destrucción y traiciones.

Por Un Puñado de Dolares fue el primer intento de Leone para reinventar el género fílmico del western en Italia. De ahí precisamente el apodo del género. En opinión del cineasta los westerns americanos de mediados de los 50 y posteriores se habían estancado, se habían vuelto demasiado moralistas y no eran creíbles. A pesar de que en Hollywood habían empezado a perder fuerza, Leone tenía el convencimiento de que en el mercado europeo había aún posibilidades de llegar a la audiencia observando como el público italiano se reía de los convencionalismos de los westerns americanos y de los pastiches en que algunos directores italianos habían llegado a trabajar bajo pseudónimo.

Su intención era la de tomar la “gramática” de los films italianos y trasladarla a la ambientación del western. Es decir, recoger los elementos que funcionaban en el western y hacer un film italiano que pudiera pasar por norteamericano.


Originalmente, Leone quería a Henry Fonda para el personaje principal. Pero la compañía cinematográfica no podía permitirse pagar por una estrella hollywoodiense dado el reducido presupuesto. Por su parte, Leone, al no poder contar con Fonda, contactó con Charles Bronson quién declinó argumentando que el guión era malo. Curiosamente el cineasta contaría con ambos para Hasta que Llegó su Hora (Once Upon a Time in the West 1968). Fue tras tantear a otros actores como Henry Silva, Rory Calhoun, Tony Russel, Steve Reeves, Ty Hardin y James Coburn que Leone dirigió su atención hacia Richard Harrison, quien recientemente había participado en el que está considerado como el primer spaghetti westernDuello nel Texas (1963). Harrison no se mostró impresionado y declinó la oferta. Los productores, por su parte, le presentaron una lista con actores americanos menos conocidos y le pidieron consejo a Harrison respecto a ellos. Éste sugirió a un tal Clint Eastwood. El mismo Eastwood, más tarde comentando respecto de la transición del western televisivo al western cinematográfico, afirmó que estaba agotado de interpretar al cowboy convencional en la serie Rawhide (1959-1965) y que aquella oportunidad le había proporcionado el vehículo para ser un antihéroe. 

Por otra parte, tenemos a Gian María Volonté como el despiadado pero inteligente Ramón Rojo, cabeza pensante y líder de la familia compuesta por los Hermanos Rojo. Inteligente, despiadado y ambicioso. En la familia él es quién lleva las riendas. Un origen no muy alejado del “Indio” de La Muerte tenía un Precio pero distinto: despiadado pero no psicótico; cruel pero inteligente; taimado y astuto pero no carente de la capacidad para amar a alguien, en este caso a Marisol (Marianne Koch)



Le siguen sus hermanos: Antonio Prieto como Don Miguel Benito Rojo, el hermano mediano, pacificador y cortés quién ve la llegada del “Hombre sin Nombre” como una oportunidad para acabar con sus rivales. Y Esteban Rojo, interpretado por Sieghardt Rupp, el más joven e impetuoso de la familia siempre dejándose llevar, precisamente, por su juventud e inexperiencia aunque eso no lo haga menos peligroso por ello. Por otro lado, tenemos a la familia Baxter, encabezada por el “Pater Familias”, el Sheriff John Baxter (Wolfgang Lukschy), un cargo de paja, vamos, para mantener en San Miguel una apariencia de orden mientras las dos familias se matan entre sí. También tenemos a la matriarca del clan, Doña Consuelo Baxter (Margarita Lozano), la verdadera cabeza pensante de la familia quien maneja a los suyos con puño de hierro a diferencia de su marido y su hijo Antonio, interpretado por Bruno Carotenuto, tan apocado como su padre. 

Por otro lado, y en el bando imparcial como meros espectadores, tenemos a Josef Egger como Piripero, el fabricante de ataúdes que, tras la llegada del “Hombre sin Nombre”, empieza a ver como se le acumula inesperadamente el trabajo. José Calvo interoreta a Silvanito, dueño de la pensión donde el “Hombre sin Nombre” se hospeda y quién le hará primero de guía reticente para luego convertirse en protector y semi-figura paterna. La relación entre “Joe” y Silvanito empieza de forma profesional mientras que a lo largo del film va evolucionando hacia un camino más de cariño y apoyo incluso siendo más paternal que profesional. También aparecen Mario Brega y Aldo Sambrell como hombres de la Familia Rojo.


Por un Puñado de Dolares fue una producción italo-germano-española por lo que el idioma suponía una importante barrera en el set de rodaje. Leone, que no hablaba inglés, y Eastwood, que tampoco hablaba italiano, se comunicaban por medio de Benito Stefanelli, especialista en escenas de acción. Al igual que en otras películas italianas rodadas por aquél entonces, todo el montaje era silencioso y luego en post-producción se añadían los diálogos y los efectos sonoros.

Las influencias de la cinemática paisajística de John Ford así como del método japonés por lo que a la dirección se refiere, se empiezan a apreciar en la obra de Leone. Por un Puñado de Dólares se convirtió en la primera película en mostrar su distintivo estilo de dirección. Es donde se empieza a ver el uso del llamado “Primerísimo Primer Plano”.

Mediante este plano se capta una parte del cuerpo del sujeto, como una mano, una boca, un ojo, etc… Capta el rostro desde la base del mentón hasta la parte de arriba de la cabeza. Fue Sergio Leone quién lo estableció. Buscaba captar la mirada, la expresión que encierra ésta, para mostrar una tensión inusitada.

En “SU WESTERN” (porqué es el Western de Leone) impregnaba las películas de un toque especial: esa sensación de tensión, ese ritmo ralentizado que empieza lento pero que va alcanzando un crescendo hasta culminar en un clímax brutal. El ritmo, la emoción y la comunicación entre escenas se pueden atribuir al meticuloso filmado de Leone en sus primeros planos. Todo ello muy alejado de lo que en Hollywood se hacía con el primer plano. Que es lo que precisamente logró Leone, pasar del Primer Plano al Primerísimo Primer Plano. Pasar de una línea de diálogo a un silencio marcado por el tempo, por la música, por la tensión que va aumentando, poco a poco, hasta desembocar en el anteriormente citado crescendo.



Por otro lado, tenemos la aportación de Eastwood quien fue instrumental para crear el estilo visual del “Hombre sin Nombre”. Y digo esto porque gran parte del vestuario se lo traían los actores y en el caso del actor principal no fue una excepción. Se trajo unos pantalones tejanos negros de una tienda de deportes de Hollywood Boulevard; el sombrero procedía de una firma de guardaropa de Santa Monica y los característicos cigarrillos, que siempre se aprecian en la comisura de sus labios, de una tienda de Beverly Hills. También se trajo de Rawhide un revólver Colt con una Cobra tallada en la empuñadura, la cartuchera y las espuelas. El poncho característico del personaje se compró en España. Fueron precisamente Leone y el diseñador de vestuario, Carlo Simi, quienes decidieron darle este toque al personaje, creando ese aspecto final que todos recordamos.

Hablando precisamente de aportaciones, es cierto el hecho de que Eastwood no fumaba en absoluto y que, por exigencias de Leone, empezó con este mal vicio. El director quería que llevara constantemente un cigarrillo en la boca.


Si hay otro elemento que destaca en los films de Sergio Leone es precisamente la música. No se trata de una canción ni de una sintonía al uso. Para la Banda Sonora, contó con la ayuda de Ennio Morricone quien creó toda la partitura bajo el pseudónimo de Dan Savio. Leone le pidió a Morricone que escribiera un tema que fuera similar a “El Degüello” de Dimitri Tiomkin, que éste usó en el film Rio Bravo (1959). Puede que el tema principal de Morricone se asemeje a ésta última pero el músico respecto a esto comentaba que usó una nana que el había compuesto y que en base a la petición del director, él mismo fue desarrollando. Los dos temas son similares en ejecución pero difieren en los arreglos.

Gran parte de la música de la Banda Sonora se compuso antes del film, algo poco convencional. La razón de Leone obedecía a su devoción por la música. La partitura decidía la duración de las escenas y no a la inversa. Hasta ese punto era importante para él la música. Eso es algo que más adelante se demostrará como una de las bazas del director para causar tensión dramática.

En definitiva, Sergio Leone rompió con los convencionalismos del western clásico. Los personajes ya no eran buenos o malos, se movían por un terreno gris. Nada era pulcro ni “limpio”. Cada uno se movía por sus propios intereses que, por lo general, eran dinero y oro. La moral de sus personajes era cuanto menos discutible cosa que les daba otra dimensión. La ambientación, si bien es en Estados Unidos o por lo menos simula ser la América del Salvaje Oeste, distaba mucho de los grandes espacios fordianos de quien bebía y tenía influencia. Aquí no había más que polvo, suciedad, miseria y desolación. Un uso del tempo que en conjunción con la Banda Sonora y el Primerísimo Primer Plano, causaba un efecto de tensión que se incrementaba con la magistral partitura de Ennio Morricone.

Sergio Leone acababa de rodar su primer western. Luego, llegarían otras dos películas más.

Pero eso, ya es otra historia…

Continúa en:

El western según Sergio Leone (II)

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