25 de enero de 2019

El impulso de Warren Beatty en Rojos (Reds, 1981)


Para sacar adelante Rojos (Reds, 1981), Warren Beatty debió pasar por un tour de force que quizá le sirvió para tomar más conciencia de la intensa lucha que su alterego en la pantalla, John Reed, debió librar en su contienda por levantar el Partido Comunista Americano

Adaptar en la gran pantalla la historia de John Reed conllevaba múltiples dificultades. En un país como Estados Unidos, donde el comunismo es una ideología política que abomina a todos los estamentos sociales y políticos, resultaba muy valiente tratar de explorar una trama que requería múltiples recursos y gran presupuesto. Solamente alguien que estuviera en la cresta de la ola, a nivel de éxitos y aprecio del público, podía atreverse a impulsar un proyecto semejante. Forzosamente, uno de los grandes estudios debía implicarse en una auténtica jugada de riesgo. ¿Qué cantidad de público podría ser atraída por un material de este tipo en Estados Unidos?

El retorno económico preocupaba a Beatty, pero eso no evitó que pusiera todo su empeño en la consecución de un objetivo que, según su criterio, ampliaba el espectro ideológico de Hollywood y lo hacía más abierto. Desde finales de los 60, la nueva ola de creadores ya había roto muchas barreras en la industria y Beatty creía que había llegado la época para que la historia de John Reed se presentara en un proyecto a gran escala. 

Beatty contaba con varias bazas a su favor. Era un actor de éxito y disfrutaba de una condición de sex-symbol que le garantizaba una base de aprecio hacia sus proyectos. Había destacado como intérprete y también como director, acumulando múltiples reconocimientos artísticos. Además, venía de conseguir un gran éxito con su última película: El Cielo Puede Esperar (Heaven Can Wait, 1978). Esta adaptación de una pieza teatral de 1938, había sido interpretada, co-escrita y co-dirigida por Beatty. Se trataba de una comedia trascendente que consiguió conectar emocionalmente con el público, haciendo feliz también a Paramount Pictures. Valiéndose de este éxito, Beatty demandó un aval de confianza a los ejecutivos de Paramount para llevar adelante un proyecto aún más personal.


John Reed (1887-1920) fue un periodista que nunca dejó que los intereses de los poderosos coartaran su visión. Nadó a contracorriente, de forma absolutamente consciente, y defendió unos ideales a ultranza, dejando atrás la retórica del posibilismo y del realismo factible. Sus nobles ideales chocaron incluso con sus camaradas porque la pureza de sus convicciones hacían aflorar las grietas entre los militantes supuestamente más convencidos. No obstante, nunca dejó de creer en su ideal de justicia social y defendió una causa con valentía y rotundidad, enfrentándose a todos aquellos que ponían en duda los preceptos básicos del comunismo.

Su cruzada le llevó a estar presente en la Revolución Rusa (octubre 1917). También cultivó unas relaciones personales de gran relevancia que Beatty plasmó en la pantalla. Los ejecutivos de Paramount aceptaron finalmente un alto presupuesto de 32 millones de dólares porque no deseaban quedarse fuera del factor magnético que el actor-director poseía en ese momento, derivado de su gran momento creativo. El rodaje fue largo y extensivo en localizaciones y alarmó en varias momentos al estudio. Sin embargo, Warren Beatty pudo mantener su visión y concluir la película tras un rodaje extenuante de nueve meses de duración. 

El público no dio la espalda completamente a la película porque el cartel era muy potente. Además de Beatty, en Reds también aparecieron Diane Keaton y Jack Nicholson. La escala magna de la película, con grandes escenarios bellamente iluminados por el maestro Vittorio Storaro, convertían a la película en una superproducción con personalidad propia. La crítica respondió muy favorablemente y los premios también fueron cayendo, destacando poderosamente el Oscar a la mejor dirección para Beatty.

Sin embargo, la moderada taquilla para un proyecto de esta envergadura, dejó a Beatty fuera del negocio durante unos cuantos años. Él no quería trabajar en proyectos ligeros y no tenía ninguna necesidad económica perentoria. Así pues, prefirió desaparecer durante varios años.

Reds es una película muy valorable. Cuenta con secuencias brillantes y se nota la devoción de su creador en cada plano. La pasión que puso en la película aporta un sello de calidad imperecedero. Una interesante anécdota que se produjo en el set de rodaje hace referencia a que, tras pronunciar uno de sus vehementes discursos anticapitalistas, varios extras de la película quedaron tan afectados que incluso se pusieron en huelga para reivindicar un mayor salario a Paramount. Todo ello seguramente alargó un poco más el complicado rodaje. Realidad y ficción de nuevo entremezcladas...

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