14 de enero de 2011

El valor de un Oscar


¿ Cual es el valor de un Oscar ? ¿ qué consideración le atribuyen aquellos que han sido galardonados ? ¿ qué ocurre con las estatuillas cuando los premiados fallecen ?...
Varias preguntas que, en no pocas ocasiones, han cruzado mi mente.

Para casi todos los premiados, la estatuilla se convierte en un símbolo a preservar puesto que son muchos los genios del séptimo arte que nunca consiguieron uno. Por tanto, obtenerlo sigue siendo el reconocimiento más grande que se puede obtener cuando alguien se dedica profesionalmente al cine.

En cuanto al destino final de los propios Oscar, es lógico pensar que la mayoría de ellos quedan en herencia para los descendientes de los agraciados una vez éstos expiran. Pero a lo largo de estos más de ochenta años hay algunas anécdotas mencionables que han salido de la lógica habitual.

Y esto nos lleva a hablar, una vez más, de Steven Spielberg. Aunque esta vez no para analizar ninguno de sus films sino para reconocer su labor filantrópica y de enorme respeto por la industria hollywoodiense.

El mítico director ha impedido, en dos ocasiones, que las estatuillas fueran a parar a manos de especuladores. En diciembre de 1996, los herederos de Clark Gable decidieron poner a subasta el Oscar que ganó el "Rey" en 1934 por su interpretación en Sucedió una Noche. Spielberg entró en la puja, de forma anónima, y se aseguró de ganarla llegando a pagar 607.000 dólares (más del doble de su valor de salida). Tras dicha compra, el realizador de Ohio cedió la propiedad de la estatuilla a la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas que agradeció, de forma muy solemne, la donación a través de su entonces Presidente, Arthur Hiller.


Pero éste no fue el único caso en que Spielberg ofició de buen samaritano. Cuando la familia de la emblemática Bette Davis decidió vender los dos Oscars de la actriz, el director volvió a aparecer para hacerse con ambas estatuillas. Pagó 207.000 dólares por el que Davis obtuvo en Dangerous (1935), y 578.000 por el de Jezabel (1938).

Tras entregar los premios a la Academia, Robert Rehme (Presidente en 2001), declaró lo siguiente:

"Que Spielberg lo hiciera una vez fue impresionante, pero que lo haga otra es increíble. Es un acto de nobleza y gran generosidad".

El Rey Midas de Hollywood respondió:

"El Oscar es el mayor reconocimiento al trabajo realizado que nuestra industria puede ofrecer. Y me parece un triste signo de nuestros tiempos que este icono pueda ser confundido con un tesoro comercial."

Tras alabar la filantropía desinteresada, hay que mencionar otros casos como el que protagonizó Michael Jackson que, en 1999, adquirió la estatuilla obtenida por el productor David O. Selznick en Lo que el Viento se Llevó (1939). Jackson llegó a pagar la imponente cifra de 1,54 millones de dólares

Otro suceso relacionado con la venta de galardones se dio en 1992 cuando el actor esporádico Harold Russell, ganador del Oscar en 1946 por Los Mejores Años de Nuestra Vida, decidió vender la estatuilla para solucionar sus problemas económicos. Evidentemente, su desesperada situación y la poca relevancia de su carrera interpretativa no le permitió obtener una gran cantidad. La transacción privada se cifró en 60.000 dólares.

En conclusión, anécdotas curiosas y trascendentes que forman parte de la trama poco conocida de la historia de Hollywood.