26 de diciembre de 2016

Westworld: placeres violentos, finales violentos



Un artículo de Mike Sanz.

Si puede pagarlas, las vacaciones que ofrece Delos serán la experiencia de su vida. Podrá viajar unos días al salvaje Oeste, donde todo está permitido. En esto consiste el ocio de los más privilegiados en el futuro cercano en el que arranca Westworld, la nueva apuesta de HBO. La serie se basa en la película homónima que Michael Crichton dirigió y escribió en 1973, un adelanto de los conceptos que desarrollaría y perfeccionaría en Jurassic Park. En ella, dos amigos viajaban a un parque temático ambientado en el Oeste, donde tenían total libertad para interactuar con los androides anfitriones... hasta que estos se rebelaban y empezaban a asesinar a los huéspedes humanos. 

En 2014, tras el estreno de True Detective, el canal HBO puso en marcha la nueva versión del trabajo de Crichton, que supondría la segunda colaboración entre Jonathan Nolan y JJ Abrams. Ambos disfrutaban de los buenos resultados de Person of Interest, Abrams necesitaba un respiro tras varios fracasos televisivos (véase Almost Human) y HBO buscaba una serie que enmendara los sonoros fiascos de la segunda temporada de True Detective y de Vinyl, es decir, un producto capaz de recoger el testigo de Game of Thrones (Juego de Tronos) como fenómeno de masas. Pronto se unió Lisa Joy (Último aviso), quien tomó las riendas de la serie junto a Nolan. Tras un proceso de producción complicado, que obligó a volver a rodar varias escenas, Westworld se entrenó en octubre de 2016. Con solo diez episodios, se ha alzado como una de las series del año, una propuesta sólida capaz de encandilar al público y la crítica.

Consciente de los errores del pasado, Westworld no repite los excesos de las últimas ficciones de HBO (a las que dedica algún que otro comentario mordaz) y se basa en el modelo de ficción que Abrams y compañía forjaron en Lost (Perdidos). Semana a semana, se nos plantean los conflictos y los misterios que rodean el gran parque temático del Oeste mientras varias tramas paralelas avanzan destinadas a cruzarse. Aquí es donde entran Joy y Nolan, quienes recurren a Crichton y a Philip K. Dick para reflexionar acerca de la naturaleza humana, la inteligencia artificial, la consciencia y el dilema moral que plantea jugar a ser dioses; mientras que formalmente beben del spaghetti western de Leone y del western crepuscular de Peckinpah. El resultado es una delicia de serie que atrapa desde el comienzo, presenta personajes con aristas y tramas que no dan tregua.

Cuenta con un diseño de producción digno de una superproducción de Hollywood y un reparto entregado. Lo capitanean los soberbios Evan Rachel Wood y Jeffrey Wright, quienes dan vida a dos personajes ricos en matices y sorpresas. Los acompañan, también en roles muy trabajados, Jimmi Simpson y unos recuperados James Marsden, Thandie Newton y Ben Barnes, que no han gozado de mucha suerte en sus últimos proyectos para la gran pantalla. El broche de oro lo ponen dos pesos pesados: Ed Harris y Anthony Hopkins. Ambos veteranos se reservan dos de los papeles que más fascinación han despertado entre los fans. La banda sonora es un personaje de especial relevancia. Obra de Ramin Djawadi, el discípulo de Hans Zimmer que se encargara de componer para Iron Man, Pacific Rim y Juego de Tronos, realiza un trabajo a la altura de lo que consiguió Michael Giacchino con Perdidos. Cada personaje, situación y escenario de Westworld tiene su leitmotiv, lo que nos deja con una serie de temas sugerentes que, además, incluye versiones de clásicos contemporáneos, como Paint It Black y House of the Rising Sun.

El desenlace de esta primera temporada también aprende de errores pasados y se atreve a cerrar las tramas y despejar las incógnitas que han marcado el camino de los protagonistas. Las preguntas obtienen respuestas, pero, como es natural, estas llevan a nuevas cuestiones. Habrá que esperar al menos un par de años para poder disfrutar de la segunda temporada. No hay problema, pues los responsables de Westworld nos han dejado una primera entrega ejemplar.

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