30 de junio de 2015

John Adams, el padre olvidado y la independencia (I). Por Francesc Marí


“La esencia de nuestra revolución se resume a cuando el Dr. Franklin castigó a la tierra con su varilla eléctrica y aparecieron Washington y Jefferson, y ellos juntos dirigieron la política, las negociaciones y hasta la legislación” (John Adams, Episodio VII. Peacefield).

Sea o no sea verdad esta cita, John Adams ha sido el gran olvidado de la historia de la formación y los primeros años de los Estados Unidos de América. Esta miniserie de siete capítulos y no más de ocho horas, basada en la novela homónima de David McCullogh, pretende ser un tributo y un recuerdo para la posteridad de uno de los padres fundadores, y tal vez uno de los más importantes, que a pesar de no aparecer en los billetes, fue el primer vicepresidente y el segundo Presidente de esta joven nación.

El repaso a la vida de John Adams no es sino una excusa con doble dirección, por una el ya mencionado seguimiento de la vida de este político clave de la historia contemporánea americana, y por la otra el estudio y análisis de la independencia y fundación de los Estados Unidos, viendo todas las etapas y vicisitudes que vivieron desde que protestaron por la llamada “Masacre de Boston”, el 5 de marzo de 1770, hasta la conmemoración del 50 Aniversario de la aprobación de la Declaración de Independencia, el 4 de julio de 1826, que los avatares del destino hicieron coincidir con la muerte de dos de los tres últimos firmantes supervivientes de dicha declaración: John Adams y Thomas Jefferson.

La longevidad de Adams permitió a los realizadores, y permite al espectador, ver en primera persona lo que sucedió durante sesenta años. Cómo unas colonias se independizaron, entablaron relaciones diplomáticas con las principales potencias europeas, incluida su antigua metrópolis, y finalmente se establecieron como una nación libre y soberana.

Cada vez más los medios audiovisuales se están haciendo un lugar entre las fuentes utilizadas para los estudios históricos y científicos en general. Uno de los casos más relevantes es el cine, que a través de sus historias transporta al espectador a épocas lejanas, consiguiendo ser una herramienta mucho más didáctica que una obra literaria. Con ello no quiero decir que todos las películas, o series como la que tenemos entre manos, sean válidas para realizar estudios de cierta profundidad histórica, ya que hay que tener en cuenta la intención y las fuentes que hay detrás del film en cuestión. En el caso que estamos trabajando, la Revolución e Independencia de las colonias norteamericanas, han sido muchas las ocasiones en que el mundo del cine ha cogido sus historias y personajes y los ha convertido en una película, pero no siempre de forma acertada, véase los casos de filmes tan conocidos como The Patriot (Roland Emmerich, 2000) o Revolution (Hugh Hudson, 1985), en que se retrata la época y se pretende dar un mensaje de cierta profundidad histórica, pero sus fundamentos históricos son tan escuetos que resulta ser un fracaso en cuanto nivel histórico, convirtiéndose tan solo en un film bélico de época.

Esta serie, aplaudida por público y crítica, y con numerosos premios a sus espaldas, es todo lo contrario a los filmes anteriormente citados, ya que en base a un profundo estudio tanto de la novela que sirvió como base, como de la época que muestra, consigue convertirse en una fuente histórica de cierta relevancia, que tal vez nunca llegará a sustituir las investigaciones de los historiadores, pero que seguro será un complemento perfecto.

Cuando nos ponemos frente a un film, o una serie, de marcado carácter patriótico, del país que sea, la tendencia es a idealizar los personajes y la historia llevándolos a convertirse en casi un mito. Los franceses idealizan a Napoleón y a De Gaulle, los británicos a Cromwell, los americanos a los soldados de la Segunda Guerra Mundial, y así podríamos seguir hasta ver todos los países del mundo, pero últimamente, cuando cada vez estos personajes y sus historias se van alejando de nosotros, parece que el realismo ha llegado al cine, y muchos de estos han pasado de mitos a simples hombres con grandes historias. No es lo mismo el Napoleón de Abel Gance (1927) que el de Yves Simoneau (2002), ni el Cromwell de Ken Hughes (1970) que el de Mike Barker (2003), ni los soldados son los mismos los de Ken Annakin que los de la miniserie Hermanos de Sangre. Las distintas concepciones han ido variando, y esto es justo lo que vemos en John Adams, dirigida por Tom Hooper y estrenada en la HBO en 2008. Nos enseñan una realidad histórica, muy poco idealizada, que nos cuenta lo que sucedió de verdad y no la mitificación que se ha hecho después de ello.

Partiendo de esta base de la no idealización, descubrimos que Benjamin Franklin es duramente criticado, a diferencia de otros filmes en que es la referencia de lo político mientras Washington lo es de lo militar. A la vez este último se convierte en un hombre y no un semidiós, ya que presionado por el ambiente se ve obligado a no volver a presentarse a la elecciones después de dos mandatos.

Si por un lado se critica o se baja del pedestal a ciertos personajes, el que es claramente reivindicado es el protagonista, John Adams (Paul Giamatti), que como el título de este trabajo indica, ha sido siempre el padre fundador olvidado, ya que si el 4 de julio la Declaración de Independencia fue firmada por 56 hombres, tan solo son recordados George Washington, Thomas Jefferson y Benjamin Franklin, y en menor medida John Adams y John Hancock. Esta serie por la tanto es la reaparición en el imaginario de la gente de estos personajes que olvidados del todo no han sido, pero si que han pasado más discretamente por la historia, y el caso del protagonista es el más alarmante, ya que siendo uno de los redactores de la Declaración, primer Vicepresidente y segundo Presidente de los Estados Unidos de América, se ha visto ensombrecido por las figuras mucho más altas de Franklin, Jefferson y Washington, que no le han dejado ni espacio en los billetes. En ellos solo aparecen George Washington, Thomas Jefferson, Abraham Lincoln, Alexander Hamilton, Andrew Jackson, Ulysses S. Grant y Benjamin Franklin.

La serie, además de la faceta política de la vida de John Adams, también nos muestra su vida privada, como su mujer Abigail (Laura Linney) influenciaba y aconsejaba en sus acciones, como fue siempre el punto de apoyo de su marido. Pero por si un lado con Abigail, a pesar de la distancia y los vaivenes de un matrimonio, era todo una relación afectuosa y de confianza, con sus hijos nos muestra lo contrario, debido a la implicación política de Adams que lo llevó a viajar mucho durante la infancia de sus hijos, la relación que tenia con ellos era más bien tensa. Según la serie, su hija Nabby (Sarah Polley) había crecido separada de la protección de su padre, y esto la había hecho madurar muy temprano; John Quincy (Ebon Moss-Bacrach), quien sería el sexto Presidente de los Estados Unidos, tenía un profundo respeto por su padre, pero que se mezclaba por el resentimiento de haberle permitido viajar a San Petersburgo alejándolo de él; la peor relación la mantenía con Charles (Kevin Trainor), que le culpaba por no haber estado con él cuando era pequeño, llevándolo a discusiones constantes debido a su mal comportamiento como joven y ya como adulto su fracaso económico y vital, que lo llevó a la muerte; con el único que parece que exista una relación auténtica de padre e hijo es con el más pequeño, Thomas (Samuel Barnett), que fue el que vivió con él hasta su muerte en 1826. Lo que podemos ver a lo largo de los capítulos, es que si la vida política, a pesar de las duras críticas siempre recibidas, le brindaba más de una alegría, la familia para Adams, sobretodo en los últimos años de su vida, no era más que una fuente de desdichas.

El papel de Abigail y sus hijos en la serie no se limita tan solo a una simple comparsa familiar, sino que nos muestra la realidad de la gente durante la Revolución. A pesar de que siempre están alejados y no son de los estratos más bajos de la sociedad, es un reflejo de esta, ya que se tienen que enfrentar a la falta de alimentos por el bloqueo marítimo, las batallas durante la guerra son muy cerca de su casa, les acosa la viruela y tienen que hacer frente a ella a pesar de poder morir en el intento. Además, se nos muestra la moral y la forma de vivir de los puritanos americanos, una de las principales partes de la sociedad americana.

Un tema patente en la sociedad americana aún hoy, como es la esclavitud y la discriminación racial, es tratado de esquinazo, se hace alguna que otra mención, pero es irrelevante, porque a pesar de que Jefferson siempre tiene en la boca las palabras libertad e igualdad, la necesidad de la Independencia y del acuerdo entre todas las colonias, hace que este tema pase desapercibido tanto para los personajes como para el público.

En definitiva, esta serie es una excelente herramienta para ver y conocer la historia del nacimiento de una nación tan importante ahora en la política mundial como Estados Unidos, ya que los diferentes episodios nos muestran la evolución política de la joven nación junto con los diferentes papeles que tuvo Adams en ella. Es muy importante ver que por una vez se ha dejado de lado la Guerra de Independencia, para centrarse en la Revolución que fue más bien política que no militar.



I. Join or Die

La serie arranca cuando John Adams, de treinta y cinco años, regresa a Boston en pleno invierno después de ejercer su oficio, la abogacía, en otro pueblo. Este joven abogado de cierta fama por ser un fuerte defensor de las leyes, proviene de un origen humilde, hijo de un campesino puritano, descendiente de las primeras familias que llegaron a América, a los dieciséis años su padre lo envió a la Universidad de Harvard, para más tarde convertirse en clérigo, pero sus dudas le llevaron a estudiar derecho, para convertirse con el tiempo en uno de los más respetados abogados de Nueva Inglaterra. Estos orígenes humildes son mencionados en repetidas ocasiones por el mismo Adams, ya que su ideología puritana, recibida ya desde muy pequeño, guió sus pasos a lo largo de toda su vida.

Su primer contacto con la política fue en 1765, cuando pronunció un discurso en contra de la Ley del Timbre impuesta por el Parlamento Británico, pero en la serie este episodio fue eludido en escena, para pasar directamente al papel que tuvo en 1770, después de la “Masacre de Boston”, de la que fue testigo en la Plaza de la Asamblea. Como claro defensor de la ley, decide llevar el caso cuando nadie acepta defender a los soldados que han sido acusados de asesinato, siendo los hombres más odiados de Boston. A pesar de que es consciente de que se trata un juicio por asesinato, él mismo se pregunta: “¿El gobierno del Rey Jorge tiene derecho a cobrar impuestos a los ciudadanos de Boston si se les niega su representación en el parlamento?”, viendo que realmente lo que se juzga es el poder que tiene la metrópolis sobre la colonia. 

Gracias a la victoria de este juicio y su clara defensa de las leyes por encima de cualquier idea política, le conllevan un título de imparcialidad frente a los habitantes de la colonia, tanto los británicos como los rebeldes. Ambos bandos del conflicto le ofrecen cargos, los británicos como representante del Rey en la colonia, y los americanos como representante en la Corte General de Massachusetts ---el órgano de legislación, de origen colonial, del estado de Massachusetts---.

En dicha corte los representantes de la población, entre ellos Adams, tuvieron que luchar contra las imposiciones de la metrópolis, que a cambio de unos impuestos aduaneros de dimensiones desproporcionadas, declaraba que la asamblea de la colonia ya no tendría que pagar los sueldos del gobernador ni de los jueces del tribunal supremo. Adams ejerció un papel vital para la defensa de la posición de los habitantes de Boston, ya que gracias a él se demostró que esta medida estaba fuera del poder del Parlamento Británico. Los poderes de la colonia tan solo respondían ante el Rey.

Durante el Motín del Té, en 1773, acepta los ideales y los derechos que defienden los revelados pero no acepta sus métodos, los considera una cosa propia de bárbaros, y se ve en la obligación de participar en dicho movimiento con la intención de moderar los actos de sus participantes. Además del bloqueo y el excesivo control que se aplica en la colonia, después de las revueltas, se disuelve la Corte General de Massachusetts, pero lo que realmente lo hiere personalmente es que, después de defender a los soldados acusados de la “Masacre de Boston”, se diga, por parte de los representantes británicos, que la justicia de Nueva Inglaterra es completamente parcial.

A pesar de todas estas actuaciones, de marcado carácter independiente, lo que realmente, tal y como nos muestra la serie, será la primera gran entrada de Adams en la historia, al igual que muchos de sus compañeros, es el Congreso Continental, donde fue enviado como delegado por Massachusetts.


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