23 de noviembre de 2010

Willie Scott en el Club Obi-Wan de Shanghai



En 1983, Steven Spielberg rodó la segunda entrega de Indiana Jones, titulada El Templo Maldito. El descenso a los infiernos de un funesto culto hindú pareció impregnar el rodaje puesto que fue uno de los más accidentados y problemáticos en la carrera del cineasta.

Hasta el estreno de la última entrega de la saga hace dos años, solía considerarse a El Templo Maldito como el peor film de la franquicia. Y Spielberg fue el primero en suscribir esta afirmación. Hace tiempo declaró que en su casa suelen ver, periódicamente, El Arca Perdida y La Última Cruzada, pero nunca Temple of Doom.


El director no quedó satisfecho con el resultado de su película. Considera que el guión no estuvo a la altura y los problemas técnicos en el rodaje no ayudaron precisamente a aportar buenos recuerdos de la experiencia. Lo único positivo que el realizador de Ohio recuerda del film es que en él conoció a Kate Capshaw, que interpretaba el papel de la histriónica cantante Willie Scott.

Una relación que empezó siendo de amistad puesto que Spielberg estaba saliendo con la actriz Amy Irving. Se casó con ella en 1985 aunque el matrimonio sólo duró hasta 1989.

Pero el contacto entre ambos nunca había desaparecido y, tras el polémico divorcio, Spielberg recuperó su amistad con Capshaw. Se casaron en 1991 y forman una de las parejas más estables de Hollywood.

Así pues, El Templo Maldito fue considerada como la película más floja sobre el personaje de Indiana Jones hasta que llegó La Calavera de Cristal (2008). Pero Temple of Doom tiene aspectos interesantes. Dispone de un buen villano en la figura del perverso Mola Ram y tiene set pieces muy logradas. Una de ellas es el prólogo del film.

Spielberg siempre ha sido un apasionado del musical y, hasta ahora, no ha llegado a producir ninguno atareado siempre en proyectos de otro tipo. Pero, mientras preparaban esta película, vio la posibilidad de incluir una escena musical que sirviera como introducción del personaje de Willie Scott y del glamuroso club de Shanghai en el que actuaba. En una película de aventuras, un inicio de este tipo resultaría sorprendente y podía convertirse en un sólido elemento a su favor para sumergir al espectador en el mundo de 1935 a partir del clásico de Cole Porter, "Anything Goes" (en una particular versión en mandarín).

Así fue como Spielberg contrató los servicios de Danny Daniels, uno de los grandes coreógrafos de la época dorada de los musicales hollywoodienses. Éste fue capaz de crear un número de dos minutos que acompaña a los títulos de crédito iniciales del film. El resultado final es un magnífico prólogo que ofrece uno de los momentos más curiosos y originales de la franquicia.