27 de abril de 2015

Spielberg on Spielberg: El Imperio del Sol (Empire of the Sun, 1987)

 
"No creo que hiciese una película oscura. Pero es todo lo oscura que me permití hacer y eso fue, por extraño que parezca, importante para mí."

El escritor británico James Graham Ballard (1930-2009) es fundamentalmente conocido por su larga trayectoria en el género de la ciencia-ficción. No obstante, trabajó también otros géneros y una de las muestras más importantes de esta trayectoria paralela es la novela semi-autobiográfica titulada Empire of the Sun. En ella, Ballard volcó muchos de sus recuerdos de la infancia puesto que nació en la colonia internacional de Shanghai. Con la entrada de los nipones en China a partir de 1937, la vida para los extranjeros residentes en el Nueva York de Oriente se puso algo más difícil. El asentamiento internacional era lo único que los japoneses respetaban y la vida, dentro de sus límites, se mantuvo como siempre. Pero después del ataque a Pearl Harbor, el asentamiento fue desalojado y las propiedades se confiscaron. La mayor parte de los forasteros fueron internados en campos de concentración. La familia de Ballard no fue una excepción siendo trasladados al centro de Lunghua. Allí permanecieron hasta el fin de la Segunda Guerra Mundial.

En la novela, Ballard combinó sus propios recuerdos con elementos de ficción reflejándose en Jim Graham (referencia directa a su nombre), un niño de 12 años que, además de verse metido en medio del conflicto bélico, afronta las penurias en solitario puesto que se ve separado de sus padres en un momento de pánico general en las calles de Shanghai.


Publicada en 1984, la novela era material cinematográfico de primer nivel. Warner Brothers compró los derechos y contactó con Harold Becker para que la dirigiera. El dramaturgo Tom Stoppard fue contratado para escribir el guión. Sin embargo, Becker abandonó el proyecto poco después y fue entonces cuando entró el veterano David Lean (1908-1991). El experimentado director de clásicos inmortales como El Puente sobre el Río Kwai (The Bridge on the River Kwai, 1957), Lawrence of Arabia (1962) y Doctor Zhivago (1965), acababa de estrenar Pasaje a la India (A Passage to India). El Imperio del Sol le interesó por su dimensión de drama épico a gran escala. 

Lean y Steven Spielberg se habían conocido unos años antes y solían conversar de vez en cuando. Es conocida la gran pasión por la historia del cine que siente el director norteamericano y su particular fascinación por la obra de David Lean. Cuando tuvo oportunidad de conocerle no desperdició la posibilidad de empaparse de su experiencia.

Spielberg también estaba sumamente interesado en la novela de Ballard y, gracias a su exitoso desembarco en Warner con El Color Púrpura, pudo incorporarse al proyecto como productor. David Lean, por su parte, trabajó con Stoppard y Ballard durante un año pero se acabó cansando. Le gustaba la trama pero la seguía viendo como un diario personal de experiencias y decidió dejarla en manos de Spielberg con las siguientes palabras: "deberías hacerla tú. Creo que te va". 

Por supuesto, el director de Ohio estuvo encantado de asumir la dirección ya que eso le ofrecía la posibilidad de seguir trabajando en un cine más personal y exigente que iría compatibilizando con títulos de mayor entretenimiento. Una de sus primeras decisiones fue la de llamar a Menno Meyjes (El Color Púrpura) para que hiciera una revisión del guión de Tom Stoppard. Sin embargo, las aportaciones del holandés no están acreditadas porque, en última instancia, Stoppard regresó a la producción para elaborar la versión final del libreto. En la producción del film, Spielberg y sus socios, Frank Marshall y Kathleen Kennedy, compartieron crédito con Robert Shapiro, que había sido designado por Warner Brothers.


Acertar con el niño que fuera a interpretar a Jim Graham iba a ser un factor fundamental. Un jovencito debería llevar el peso de la película expresando toda clase de sentimientos, además de reflejar una poderosa evolución a lo largo del film. La directora de casting, Maggie Cartier, coordinó una gran campaña de audiciones en varios países pero todo ello se paralizó cuando Amy Irving, esposa de Spielberg en esa época, le recomendó al director un niño prodigio que había trabajado con ella en un telefilm sobre la figura de Anastasia. Se trataba de un chico de 12 años llamado Christian Bale.

Bale había nacido en Gales pero se había criado en Inglaterra. A los ocho años empezó a aparecer en anuncios de televisión y, a su corta edad, ya había debutado en el West End londinense. Su extraordinaria precocidad le convertía en un gran candidato para dar vida a un personaje que también debe madurar precipitadamente. 
"Christian fue fácil. Escuchaba más de lo que hablaba y se involucró espiritual y conscientemente en el personaje de Jim."
John Malkovich se incorporó para dar vida a Basie, un marinero americano que tiene una particular habilidad para sobrevivir, como ratero, en el Shanghai Ocupado. En el campo de concentración se convierte en el líder de los chanchullos. Para Jim, Basie es un padre sustituto aunque sea el reverso opuesto a lo que ha conocido hasta ahora. En más de una ocasión, la amistad con Basie y los trabajos que realiza para él simbolizan muy claramente el precipitado fin de su infancia, agudizado por el trauma que siente al haber perdido a su familia. Jim se convierte en una versión siglo XX de Oliver Twist mientras que Basie se asemeja a Fagin.
"Basie ve en el niño una sombra de lo que él era. Tiene esperanzas en él, en que se convierta en su protegido y en un fantástico gorrero, como él. Y el niño recurre a Basie esencialmente para conseguir la siguiente comida, literalmente como una forma de supervivencia, formar parte de esa camarilla, estar dentro de ese círculo. Tienen una relación dickensiana."

Cuando Jim conoce al doctor Rawlins (Nigel Havers), en el campo de prisioneros, la figura paterna tradicional parece regresar a su vida pero ya es demasiado tarde porque Jim se ha convertido en un superviviente muy capaz. Y, con todo ello, no cabe duda de que nos encontramos con uno de los más interesantes "niños perdidos" de Spielberg. Un tema que vuelve con fuerza a la carrera del director y que nunca le abandonará por completo.
"Una de las cosas que me atrajo del libro fue la selección que hace de lo que un niño ve con sus ojos comparado con lo que ve un adulto. Los niños en su imaginación crean esas increíbles situaciones a tiempo real que han sido desencadenadas por lo que deciden mirar. El libro está lleno de referencias visuales. Y eso es lo que más me atrajo: poder contar esta historia a través de los ojos de un niño y mostrar cómo el niño pierde esa capacidad. Se trata de la muerte de la infancia. Probablemente esta película sea la que más se ha ocupado de la muerte de la infancia, más que cualquier otra que haya hecho posteriormente. Hasta entonces, se me conocía por glorificar la inocencia de la infancia. Aquí traté sobre el final de la misma."
"Quería mostrar una historia paralela entre la muerte de la inocencia de este niño y la muerte de la inocencia del mundo entero. Cuando se apaga la luz en Nagasaki y el niño es testigo de esa luz, no tiene importancia si el niño realmente ve esa luz o solamente se la imagina. Dos inocentes han llegado a un final y comienza un mundo con el corazón destrozado."
Joe Pantoliano asume el papel del princpial secuaz de Basie, Frank Demarest, y en ese grupo podemos ver también a Ben Stiller en su debut cinematográfico. Ademas de Nigel Havers, la película cuenta con un fenomenal reparto de intérpretes británicos encabezado por Miranda Richardson, Leslie Phillips, Emily Richard, Ruper Frazer, Peter Gale, Paul McGann y Robert Stephens. El japonés Masato Ibu estuvo perfecto en el papel del sargento Nagata, comandante del centro de reclusión de Soochow.
"Sí que me identifiqué con Jim como un niño privado de sus privilegios, que tiene que valerse por sí mismo. Aprender habilidades que jamás había soñado que tuviese, tener que congraciarse con gente para poder sobrevivir. De golpe tiene que comprender quién es: un niño rico y privilegiado que pasa de las riquezas a los harapos en este mundo perdido. Eso me llamó mucho la atención. Por eso hice la película."
En El Imperio del Sol, Spielberg podía unir dos inquietudes: por un lado, hacer realidad el estudio de uno de los episodios importantes de la Segunda Guerra Mundial, un conflicto bélico cuyas historias habían poblado su mente a través de las vivencias que le explicaba su padre. Por otra parte, podía unir esa época histórica que tanto le interesaba con la mirada de un niño que debe madurar precipitadamente, y casi en solitario, hallando consuelo en un entorno muy poco propicio para su desarrollo. Un "niño perdido" en busca de su propia identidad mientras el mundo parece desmoronarse a su alrededor. La pasión de Jim por los aviones y por el hecho mismo de volar es una metáfora de sus ansias de libertad. Porque si bien al principio parece ser una forma de acercarse más a Dios, no en vano ha sido educado según los valores cristianos tradicionales, acaba convirtiéndose en una afirmación personal de resistencia al cautiverio en la que también influye el trauma enorme que sufre por haber perdido la referencia de sus padres en un momento tan cruento. La llegada de los "cadillac del cielo" (P-51 Mustang) desencadena el caos en el campo pero Jim ya no obedece al raciocinio y su alma quebrada le lleva a colocarse en una situación de máximo riesgo mientras el doctor Rawlins trata de sacarle del peligro. En esta secuencia, nos colocamos ante un claro ejemplo de lo que estamos hablando. La dirección de Spielberg, el montaje de Michael Kahn, y la música de John Williams hacen el resto para crear un momento culminante.


Spielberg, por su propia trayectoria de "niño perdido", era el director más idóneo para poder trasladar a Christian Bale los sentimientos que debía expresar. Y no precisamente por haber vivido los hechos que afronta Jim Graham sino por la experiencia íntima de la soledad y la incomprensión en plena infancia.

Al mismo tiempo, el director trabaja también con las emociones infantiles a los dos lados de la alambrada. En el campo de Soochow, una destartalada reja separa el área de reclusión de un aeródromo donde los japoneses despegan con sus cazas zero. Jim creará un lazo de comunión con un joven japonés, también apasionado por volar, que espera su oportunidad para convertirse en un nuevo paladín del aire. Esa inesperada relación mantiene viva la pasión de Jim por la aviación y demuestra que, tras haber pasado constantes penurias, hay momentos en que ya no le importa cual es su bando en la contienda.

El rodaje de Empire of the Sun fue complejo. Por primera vez, en más de cuarenta años, una producción occidental obtuvo el permiso para poder rodar en Shanghai durante un periodo de tres semanas. La colaboración del Gobierno Chino fue trascendental aunque para ello los ejecutivos de Warner Brothers tuvieron que negociar durante algo más de un año. El equipo del diseñador de producción, Norman Reynolds, no tuvo que trabajar mucho la caracterización de escenarios en el gran Bund puesto que no había cambiado casi nada con respecto a las fotografías tomadas en 1941. Para las secuencias de masas llegaron a utilizarse más de cinco mil extras locales, algunos de los cuales habían sido testigos de la ocupación japonesa. Los recuerdos regresaron, más vivos que nunca, a la conciencia de esas personas. Concluida esa fase de la filmación en marzo de 1987, el equipo se trasladó a los estudios Elstree de Inglaterra para rodar interiores. Las escenas que tienen lugar en la comunidad internacional de Shanghai se rodaron en las localidades de Knutsford y Sunningdale. Finalmente, la producción se trasladó a una zona agreste, cercana a Trebujena (Cádiz), donde Norman Reynolds había construido el campo de internamiento de Soochow.


Inicialmente, estaba previsto que la mayor parte de los aviones de combate fueran recreaciones, de tamaño reducido, guiadas por control remoto. Pero Spielberg no quedó satisfecho del resultado y decidió que se utilizarían aviones remodelados y cazas auténticos restaurados para la secuencia del bombardeo en Soochow. Durante diez días, el equipo de pilotos comandado por Ray Hanna realizó los vuelos mientras los responsables de efectos especiales coordinaron los movimientos con las potentes explosiones. Todo ello provocó que el presupuesto final de la película tuviera que ampliarse ligeramente. La cifra final fue de 35 millones de dólares.

Tras la evacuación del campo por parte de los nipones, Basie se marcha incumpliendo su promesa de llevar a Jim con él.  El niño afronta entonces un éxodo, junto a otros supervivientes, llegando finalmente a un antiguo estadio en el que los japoneses habían acumulado multitud de muebles y objetos de valor confiscados a los occidentales. La caída de una sociedad opulenta que vivía al margen de su contexto, encuentra en esta secuencia una total sublimación. La desdichada muerte del joven japonés que ansiaba ser piloto y el distanciamiento final entre Jim y Basie preceden dramáticamente al epílogo del film.


Poco después, Jim se enfrenta al momento más decisivo de su vida. Las tropas norteamericanas le llevan a un orfanato donde se concentran los "niños de la guerra". Un día aparece un grupo de padres que perdió a sus hijos al inicio del conflicto. El padre de Jim no le reconoce al principio y continúa buscando. Su hijo ha cambiado, se ha transmutado en un superviviente casi fantasmal, completamente abandonado a su suerte. Es finalmente su madre quien consigue reconocerle pero el estado de shock en el que Jim vive casi permanentemente le incapacita para reaccionar emocionalmente. La película concluye con un abrazo que reunifica a una familia pero ya nada será igual. En palabras de Spielberg:
"Jim no va estar mucho tiempo con ellos porque termino la película con una imagen del niño cerrando los ojos y son los ojos de un anciano. No pasará mucho tiempo en casa con sus padres y probablemente se marchará y seguramente se convertirá en novelista, que es en lo que JG Ballard se convirtió en la vida real."
"Creo que hice una película más impresionante de lo que se vivió en la realidad porque intentaba plantear algo. Se trataba de los restos de una sociedad que no se dio cuenta de que se avecinaba una guerra. No se dio cuenta hasta que ya fue demasiado tarde, que es lo que pasa siempre con las personas que están a cargo del control de sus negocios o de la economía, que son las últimas en ver que algo se acerca."
En mi opinión, creo que El Imperio del Sol es una de las obras cumbre de Steven Spielberg, Destila pasión y alma en cada uno de sus fotogramas. Es una oda a la libertad, a la supervivencia, y conecta con los sentimientos de una forma muy primaria e instintiva. Se trata de una película que cuenta con un protagonista infantil que acaba viendo la realidad con ojos de adulto. Lograr plasmar eso en pantalla no es nada fácil y debería reconocerse en cualquier análisis que se haga de la cinta.

Empire of the Sun se estrenó el día de Navidad de 1987. Recibió la incomprensión de la crítica, poco habituada a recibir este tipo de film por parte de Spielberg. El público, por su parte, respondió muy moderadamente aunque, con el paso del tiempo, la película se ha reivindicado y ha ganado adeptos de forma constante. Por suerte, ha acabado colocándose en el lugar que le corresponde.

En su momento, la cinta recibió seis nominaciones a los Oscar. No consiguió ninguna estatuilla. Allen Daviau, en su última colaboración con Spielberg como director de fotografía, afirmó lo siguiente:
"No puedo prejuzgar a la Academia pero no logro entender como yo he sido nominado y Steven no. Ha sido su visión la que nos ha unido a todos y si él no hiciera estas películas, ninguno de nosotros estaría en esta posición de privilegio."
Una vez más, no puedo concluir sin alabar el trabajo de John Williams con dos piezas en concreto: el anteriormente mencionado Cadillac of the Skies y Exsultate Justi, un himno coral, repleto de fuerza y exaltación, que conecta directamente con el ideal de libertad que impregna la película de principio a fin.


 


Precedido por:

El Color Púrpura (The Color Purple, 1985)

Continúa en:

Indiana Jones y la Última Cruzada (Indiana Jones and the Last Crusade, 1989)

7 comentarios:

  1. Para mí esta película tiene un defecto fundamental: se hace pesadísima. Spielberg tenía que haber aligerado mucho el metraje. Con Salvar al soldado Ryan sucede algo parecido. Parte de una buena historia, con momentos muy emotivos, pero el ritmo es morosísimo. Casí hubiese sido preferible que fueran miniseries de televisión.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. JUAN, lo que ocurre con "Salvar al Soldado Ryan" se solventa en "Band Of Brothers".

      Eliminar
    2. No la vi entera, me quedan unos capítulos (lo mismo me pasa con The Pacific), pero me gustó los que vi.

      Eliminar
    3. Yo tengo pendiente seguirla, la tengo en DVD. La empecé a ver cuando TELE 5 (por el culo te la hínco) la emitía de medrugada (esos programadores SUBNORMALES) y quedé enganchado.

      Considero que es mucho mejor que "Salvar al Soldado Ryan".

      Eliminar
    4. Juan, tenemos puntos de vista diferentes sobre la película. Yo siempre he tenido una especial conexión con el material de base, por razones que aún hoy me son desconocidas. Es una película que siempre visiono con fruición.

      Xavi, conozco bien tu animadversión hacia "Salvar al Soldado Ryan". Tendremos la oportunidad de hablar sobre ello en julio, cuando publique el artículo sobre la película. En cuanto a Band of Brothers, no cabe duda de que es una obra maestra de la televisión. No podría decir lo mismo de The Pacific.

      Eliminar
    5. Me quedo con esta antes que con Ryan.

      Eliminar
  2. La vi en el cine y mi valoración a lo largo de los años no ha cambiado. Buena película en general, con momentos brillantes y partes algo aburridas, lo que hago extensible al papel de Christian Bale, notable en ciertas escenas, sobreactuado, cargante, en otras.

    ResponderEliminar