16 de marzo de 2015

El Francotirador (American Sniper)


Clint Eastwood es un cineasta de raza, un valor seguro para la industria del cine. Dotado de una energía fuera de lo común en alguien de su edad, continúa teniendo un impulso creativo imparable. Película tras película, sigue demostrando su interés por hacer del cine un vehículo personal de expresión. Inquieto y perseverante, trata de explorar diferentes géneros y temáticas con cada una de sus cintas.

Este es el caso de su nuevo trabajo detrás de la cámara después de Jersey Boys. Se trata de American Sniper, la biografía del Navy Seal Christopher Kyle, el francotirador con más muertes confirmadas en toda la historia militar estadounidense.

Durante cuatro periodos de servicio en IrakKyle llegó a las 160 muertes confirmadas en misiones de apoyo al despliegue de tropas de tierra. La insurgencia iraquí le llamaba el "Demonio de Ramadi" y pusieron precio a su cabeza. Fue herido en dos ocasiones y sufrió varios ataques directos por parte de los combatientes locales. En 2009, finalizó su servicio activo y regresó a Texas.

En 2012, se estrenó como escritor al publicar la autobiografía "American Sniper: the autobiography of the most lethal sniper in U.S. military history". Convertido en un fenómeno superventas, Kyle disfrutó de un breve éxito puesto que el 2 de febrero de 2013 fue abatido en el condado de Erath (Texas) por un ex-marine, Eddie Ray Routh, que estaba aquejado de un desorden por estrés post-traumático.

Esta historia era material cinematográfico de primer nivel. Bradley Cooper se interesó especialmente y convenció a Warner Brothers para que adquirieran los derechos de adaptación. Cooper se quedó con el rol de co-productor e iba a contar, en un principio, con David O. Russell como director mientras que Chris Pratt daría vida a Kyle. Sin embargo, los ejecutivos del estudio dejaron claro que se retirarían del proyecto a no ser que el propio Cooper interpretara al protagonista.

Steven Spielberg había leído la autobiografía de Kyle y se mostró interesado en dirigir la película. No obstante, Spielberg requería de un mayor presupuesto para trasladar su enfoque a la película y Warner no lo aceptó. Sin embargo, durante su trabajo con el guionista Jason Dean Hall, surgió la idea de incorporar la figura de un francotirador enemigo que sería una amenaza constante. Eso incrementó la dimensión psicológica del libreto.

Dos semanas después de la marcha de Spielberg, Eastwood desembarcó en el proyecto tranquilizando al estudio de Burbank y garantizando la realización de la película con la llegada de todo su equipo habitual en Malpaso


En este film, Eastwood radiografía una tipología muy presente en el medio oeste americano: la del ciudadano arraigado en los valores tradicionales. No estoy de acuerdo con aquellos que califican el film de reaccionario y que además aprovechan para colocar al director en la picota por su ideología política conservadora. Quienes realizan este ataque desconocen por completo lo que ha sido la carrera artística de Eastwood. A lo largo de su extensa trayectoria, ha tocado múltiples temas explorando diferentes concepciones y utilizando diversas formas de expresión para abordarlas. Lo que siempre le ha caracterizado es su actitud abierta ante todas las posiciones demostrando una sensibilidad artística amplia. Su tendencia política no ha interferido en su voluntad de contar historias como director. Estamos ante un hombre de profundas convicciones que trabaja en una industria donde hay grandes contrastes y su mirada atenta, clasicista, y contundente ha resultado imprescindible para la meca del cine en la últimas décadas. Ha trabajado con toda clase de actores, la mayoría progresistas, forjando sólidas relaciones profesionales. Se ha ganado el respeto de todos ellos porque, por encima de todo, está la categoría y la honradez de su trabajo como director.

Ahora bien, cuando la historia se centra en Christopher Kyle, un tejano criado en Odessa y educado según los valores tradicionales del protestantismo norteamericano, el resultado no puede ser el retrato de un personaje progresista y liberal. Con suma rapidez, Eastwood nos coloca en situación con cuatro pinceladas: conciencia individual, autodefensa, religión, autoridad familiar, y un voraz patriotismo. Todo ello forja la personalidad de un chaval que, al llegar a la edad adulta, trata de construir su vida entorno a unos pilares bastante inamovibles.

Aunque Eastwood es consciente que no tiene entre manos el mejor material de su vida, nos ofrece cosas interesantes además del ritmo pausado pero constante y los grandes enfoques de cámara. Reduce el tiempo del entrenamiento militar porque ya nos lo sabemos casi de memoria y se centra en el inicio de la relación entre Chris y Taya (Sienna Miller) huyendo de determinados tópicos. Con cualquier otro director, su primer encuentro habría finalizado en la cama mientras que Eastwood lo termina con la tremenda borrachera que deja a Taya fuera de juego. Son pequeñas señales de un director cuya enjundia se deja notar incluso cuando toca temas comunes y mundanos.

La forma como Kyle va tomando su camino viene marcada por el orgullo patriotero que lleva impreso en su carácter. Desde Europa nos podemos rasgar las vestiduras pero en Estados Unidos ese es el motor que mueve a una gran parte de la población. Están orgullosos de su país y lo demuestran constantemente. Eso es así y hay que reflejarlo.

Con la llegada del primer despliegue en Irak, la película cambia y la paleta de colores se vuelve árida para reflejar el tremendo cambio de escenario a todos los niveles. Las situaciones de combate son brillantes y alegra ver como el estilo fílmico de Eastwood, poco sincopado y sin movimientos de cámara superfluos, consigue colocarnos dentro de la escena sin que perdamos detalle de lo que está ocurriendo. Los cambios en esta dicotomía "lugar de combate-ambiente seguro" que se van produciendo a lo largo del metraje, ilustran perfectamente el drama del veterano de guerra. Si bien es cierto que hay ciertas concesiones al sentimentalismo fácil cuando la pareja habla por teléfono mientras Chris se encuentra en plena refriega, la película aguanta el reto de la credibilidad en escenarios bélicos.

La contundencia de lo que vemos transforma la perspectiva del protagonista y la del espectador al mismo tiempo. Esta no es una película que pase de "puntillas" sino que entra en materia con fuerza y sin complejos. Y este es el mayor elogio que se puede hacer de un film, sencillo en esencia, pero que cumple con su función de reflejar una visión personal  acerca de la experiencia de un francotirador de élite dentro del nuevo concepto de la guerra en el siglo XXI. Los horrores de cualquier conflicto bélico son inigualables al igual que la deshumanización que todo ello conlleva. Eastwood recoge todo ello para crear un fresco algo diferente respecto a lo que estamos acostumbrados a ver. A través de Bradley Cooper, revela una parte diferente del espectro y es aquí donde American Sniper encuentra su sitio.

Por último, destacar que la película no cuenta con una banda sonora musical acreditada. La narración transcurre prácticamente sin música reforzando el sentido agreste de la cinta. Un silencio musical únicamente roto por el "Taya's theme", compuesto por el propio Eastwood, y la siempre resultona "Someone Like You", de Van Morrison. En los créditos finales, Eastwood recupera una pieza compuesta por el maestro Ennio Morricone para un spaghetti western de 1965 llamado Il Ritorno di Ringo, dirigido por Duccio Tessari. El tema, cuyo título es "The Funeral", resulta más actual que nunca en el contexto de las imágenes reales que se nos muestran al final de la cinta.

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