2 de junio de 2014

El origen de la Dalia Negra


La historia que paso a explicaros no conduce a grandes momentos de brillantez fílmica ni tampoco a la crónica de alguna gran estrella del Hollywood dorado. Es todo lo contrario, porque tampoco está relacionada directamente con el cine. Su conexión con el tema central de esta bitácora corresponde al contexto geográfico y temporal en que se produjo. También es cierto que, de este trágico caso, se hizo eco la literatura y el cine pero, en su naturaleza primigenia, este es un relato verídico de un suceso criminal especialmente crudo y desagradable.

He tardado largo tiempo en decidirme a escribir sobre ello. He sopesado muchos elementos. Al final he llegado a la conclusión de reseñar únicamente la trayectoria previa al asesinato. Esta es una bitácora que incluye contenidos divulgativos de amplia difusión. Entrar en el campo de la criminología más escabrosa no corresponde al objetivo que intento lograr con este proyecto. Existen artículos en la red con profusión de datos y con crónicas muy extensas del suceso y de los principales sospechosos que llegaron a barajarse por parte de la policía de Los Angeles. Quien desee más información solo debe acudir a sites como CrimeLibrary y allí encontrará lo que busca. Pido disculpas a todos los lectores que esperaban continuar con el resto de la historia en El Cine de Hollywood. Debo reconocer que la naturaleza del suceso me ha persuadido a no continuar con la crónica.



Una de las tradiciones, más enraizadas en las crónicas de Hollywood, alude al nacimiento de una estrella. Y, concretamente, a explicar el momento en que el aspirante a actor o actriz llega por primera vez a Los Angeles con las mayores ansias de triunfo.

Pero Elizabeth Ann Short representa, desgraciadamente, el reverso más negro y bizarro de esos viajes en busca de fortuna. Aunque sus dotes interpretativas no habían sido nunca probadas, la joven estaba seducida por el glamour de la pantalla. Compartía, pues, el deseo que inspiró a muchos jóvenes tras ser cautivados por la fuerza del séptimo arte en las oscuras salas de sus localidades de origen. "Yo puedo estar allí, yo quiero llegar allí", se decían muchos. Pero pronto comprobó que le sería más fácil lograr un trabajo en otros entornos mientras creía que podría encontrar a algún hombre capaz de sacarla del entorno de pobreza que había sufrido desde niña.

Elizabeth había nacido en Boston durante el verano de 1924. Brotó en el seno de una familia numerosa (fue la tercera de cinco hermanas). En los primeros años, las cosas parecían ir bien puesto que el padre tenía un fructífero negocio de construcción de campos de minigolf. Y esa actividad siempre ha tenido un gran predicamento en la región de Nueva Inglaterra.

Pero, como en tantas otras unidades familiares del país, el crack bursátil de 1929 fue absolutamente nocivo. El negocio se hundió rápidamente y el padre, desesperado, tomó la solución fácil. Abandonó su coche en un puente y desapareció. Su madre trasladó la familia a Medford y la educación de las hijas se condicionó a la compatibilidad con trabajos que ayudaran a la economía doméstica. Con el paso de los años, Cleo Short se arrepintió de sus actos y se puso en contacto con su esposa, Phoebe. Se disculpó por lo que había hecho y le rogó que le permitiera volver. Pero Phoebe se negó en rotundo a ese regreso y prefirió seguir pidiendo ayudas gubernamentales y haciendo horas en múltiples trabajos antes que aceptar la vuelta de un marido cobarde.

Pero Elizabeth quiso seguir en contacto con su padre a través de cartas. Saber que ahora vivía en California enalteció sus ansias de reunirse con él en una tierra que parecía seguir teniendo oportunidades para todos. Pero también en esa época tuvo que hacer frente a un problema añadido de salud. Aquejada por unos síntomas de asma cada vez más persistentes, se vio obligada a dejar el instituto. El clima frío de Nueva Inglaterra agravaba su dolencia así que, durante los inviernos, se marchaba a vivir con unos familiares de Florida regresando a Medford cada primavera.

A los 19 años, su padre le envió dinero para que pudiera viajar hasta California y reunirse con él en Vallejo. No estuvieron mucho tiempo en la bahía de San Francisco porque Cleo fue reclamado para otro trabajo en Los Angeles. Los sueños de glorias futuras de Elizabeth empezaron a ser más que evidentes.

Pero Elizabeth carecía de talento artístico y tampoco gustó en exceso a los cazatalentos de las agencias de contratación. Así pues, decidió lograr su propósito a través de otras fórmulas. Como camarera, en varios restaurantes, conocía a clientes que le ofrecían pasar veladas de diversión en la gran ciudad. Cuando Cleo comprobó cual era el rumbo de su vida la echó de casa.


Se trasladó entonces a Santa Barbara donde, el 23 de septiembre de 1943, fue arrestada por conducir en estado de embriaguez siendo aún menor de edad en esa época. El tribunal determinó que debía ser enviada de vuelta con su familia en Medford. Pero no permaneció mucho tiempo en Massachusetts puesto que pronto se marchó a Florida donde conoció al Mayor Matthew Michael Gordon, condecorado piloto de la USAF, que se estaba entrenando para entrar en acción en Extremo Oriente. Al parecer, se trató de un noviazgo muy formal y llegaron a hablar de matrimonio pero, desdichadamente, Gordon murió durante una operación aérea el 10 de agosto de 1945.

Elizabeth continuó en Florida hasta julio de 1946 cuando decidió volver a California para vivir con el teniente Joseph Gordon Fickling en Long Beach. Le había conocido en Florida tiempo atrás y decidió volver a probar suerte. Sin embargo, la convivencia no funcionó y la pareja se disolvió poco después de su llegada.

Elizabeth era una chica inconstante, un producto de una época en que muchas personas padecieron una gran falta de recursos y, por consiguiente, sus aspiraciones y sueños de grandeza las fueron conduciendo a un destino aciago. Sus amigos la describían como una chica dulce, cortés y con pocos vicios. Nunca fumaba y apenas bebía. También la definieron como muy vaga. Era habitual que durmiera durante todo el día para estar lista de cara a la noche donde siempre florecía. Físicamente se la consideraba atractiva y causaba impacto por el contraste entre su piel extremadamente blanca y la melena negra, combinada con unos ojos transparentes de tonalidad verde azulada.  

Le escribía a su madre cada semana asegurando que todo iba bien y que era feliz en su nueva vida. Pero la realidad era bien diferente. Mantenía empleos inestables mientras cambiaba de residencia de forma casi constante. Durante los seis meses que trascurrieron entre julio de 1946 y enero de 1947, frecuentó la vida nocturna a fondo y se desconocen muchas de sus ocupaciones reales. Solo se sabe que entre octubre y noviembre vivió en los Florentine Gardens donde el dueño, Mark Hansen, regentaba un club de striptease de baja categoría. Se supone que Elizabeth trabajó junto a otras chicas que vivían alojadas en el complejo residencial. Entre el 13 de noviembre y el 15 de diciembre vivió en los Chancellor Apartments, ubicados en el 1842 North Cherokee del distrito de Hollywood. Compartió uno de los apartamentos con otras ocho chicas jóvenes que, al igual que ella, trataban de encontrar acomodo en el mundo del show business. Tras la muerte de Elizabeth, las chicas declararon que cada noche salía con hombres diferentes y que lo suyo era divertirse de un local a otro de Hollywood Boulevard.

Todo lo que aconteció en su vida durante esos meses sigue cubierto por un halo ineludible de misterio que aumenta considerablemente el interés del caso. Pero seguir conjeturando sería poco riguroso así que prefiero seguir con la crónica de los hechos.

El 15 de diciembre de 1946, cogió un autobús a San Diego. Allí conoció a Dorothy French, una madre de familia que le ofreció un techo en el que vivir. Esta convivencia duró hasta principios de enero cuando Dorothy le pidió que se marchara. El estilo de vida de Elizabeth siguió pasando factura.

Robert Manley, un agente comercial casado al que también había conocido en San Diego, se ofreció a llevarla en coche hasta Los Angeles. Durante el viaje, Elizabeth le contó que iba a vivir con una de sus hermanas en Berkeley. Manley la dejó en el lobby del Hotel Biltmore donde, supuestamente, debía reunirse con ella. Era el 9 de enero de 1947.

El Biltmore era el mejor hotel del oeste de los Estados Unidos en esa época. Sus más de 1000 habitaciones albergaban cada día un flujo constante de clientes. Parecía el lugar ideal para que una chica con habilidades sociales pudiera encontrar opciones de futuro. Pero de todo ello no se sabe absolutamente nada. Seis días después apareció muerta, de una forma siniestra, en un descampado de South Norton Avenue

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