11 de junio de 2018

El irresistible encanto de Jemima Brown


Dos años después del estreno de Primavera en Otoño (Breezy, 1973), Clint Eastwood volvió a la dirección con un thriller de acción que en España se tituló como si se de un film de la saga Bond se tratara. The Eiger Sanction fue titulada Licencia para Matar y los responsables de ese "bautizo" se quedaron tan a gusto. Vista en su justa perspectiva, dentro de la filmografía de Eastwood como director, The Eiger Sanction es una película a reivindicar por su irreverencia y su grado de incorrección política, además de por un patente nivel de intriga y tensión.

Claramente, no se trata de uno de los films más recordados de Eastwood pero, en cualquier caso, se trata de una cinta que se mantiene fuerte allí donde es más tozuda: en la expresión descarnada de toda clase de actitudes vehementes y poco éticas. Si en Breezy, Eastwood había empezado a sentar las bases de su acercamiento humano a los conflictos, con The Eiger Sanction se pudo permitir, gracias al material que tenía entre manos, la realización de un thriller visceral que lindaba mucho más con la textura impresa en los films de Harry Callahan que con su enfoque personal como cineasta incipiente. 

Eastwood siempre ha manejado bien los tempos y ha construido una carrera que, especialmente en los 70, combinó proyectos donde podía volcar su sensibilidad personal y otros productos donde trataba de seducir más abiertamente al público con el tipo de historias que la gente esperaba ver de él. Se trataba de seguir el perfil de rudeza y agresividad que tanto gustaba en esa época para poder mantener un estatus que le iba a permitir seguir introduciendo otros valores a su filmografía.

The Eiger Sanction, por otra parte, partía de una novela de espías, bastante popular en aquel momento, que había sido escrita por Rodney William Whitaker, alias Trevanian. Eastwood trabajó meticulosamente con los guionistas y mejoró el material para así poder disfrutar más de un rodaje que le iba a permitir viajar a varias localizaciones europeas, alejándose de la presión que Universal Pictures ejercía en las filmaciones domésticas. 


Debo detener aquí el que sería el rumbo habitual del artículo. No pretendo glosar aspectos del reparto o de la propia interpretación de Eastwood dando vida profesor universitario Jonathan Hemlock, un hombre cuyo pasado militar le llevó a formar parte de una organización gubernamental secreta llamada C2. En este nuevo encargo que el C2 le realiza a Hemlock y que culminará en los riscos del monte Eiger (cerca de Berna, Suiza), destaca la presencia del personaje de Jemima Brown, interpretado por Vonetta McGee.

En una época en la que las actrices de color tenían muy poca presencia en el cine de gran formato, Eastwood se decantó por romper esa terrible ausencia al incorporar a una actriz que, tras haber debutado en el spaghetti western de la mano de Sergio Corbucci, se había afincado en el Blaxploitation, donde competía abiertamente con Pam Grier para los papeles más destacados dentro de este destacado subgénero de cine social.

McGee había participado en películas representativas del Blaxploitation como Melinda (1972), Blacula (1972), Hammer (1972), Shaft in Africa (1973), Detroit 9000 (1973) y Thomasine & Bushrod (1974). 

En The Eiger Sanction, Vonetta McGee interpreta a Jemima Brown, una atractiva azafata de vuelo que pronto descubre sus verdaderas intenciones ante Hemlock al tratarse de un operativo encubierto del C2. Jemima debe asegurarse que éste acepte volver a ejercer de asesino a sueldo para una siniestra organización dirigida por un albino ex-nazi que, por cuestiones de salud, dirige la agencia desde una habitación sombría de 20 metros cuadrados.


La relación que se establece entre Jemima y Hemlock es uno de los motores de la película y, aunque la presencia en pantalla de Vonetta McGee no es muy continuada, sí que resulta esencial para el devenir de los hechos. En cualquier caso, desde el momento en que aparece como azafata del avión en el que Hemlock regresa a casa tras su primera "sanción" en Zurich, la pantalla se ilumina con el encanto y magnetismo de esta actriz. McGee sabía sacar provecho de su atractivo físico desde la insinuación, sin artificios ni exhibiciones. Era capaz de inundar la escena de sex-appeal con naturalidad y, de alguna manera, marcaba un tipo de perfil en los roles femeninos, interpretados por mujeres de color, que solo hemos visto posteriormente en algunas de las películas de Halle Berry. Es cierto que tener como director a alguien como Clint Eastwood permitía brillar a cualquiera y sacar mayor partido de la insinuación que de la exhibición pura y dura. Pero, aún así, Vonetta McGee merecía haber desplegado una carrera más extensa en el cine.

Evidentemente, su falta de oportunidades posteriores se debió a la escasa voluntad de los estudios, en aquella época, para introducir la diversidad racial en las películas de gran presupuesto. Las trabas provocaban que muchísimos intérpretes de gran talento tuvieran que recalar en nichos de supervivencia como el Blaxploitation que, por otra parte, es un subgénero que ofreció producciones de calidad que hoy son analizadas en escuelas de cine de todo el mundo.


Sin embargo, Vonetta McGee no quiso o no pudo regresar al Blaxploitation y sus intervenciones se espaciaron mucho más en el tiempo, participando mientras tanto en episodios de series de televisión como Starsky & Hutch, Cagney & Lacey, y L.A. Law, entre otras.

Desgraciadamente, su mirada se apagó inesperadamente en 2010 cuando sufrió un fulminante ataque cardíaco. Contaba 65 años de edad. Un caso más de intérpretes a reivindicar, no por extensas carreras no reconocidas sino por la vida que aportaron en sus fugaces apariciones.