29 de mayo de 2018

Historias de Hollywood: Sean Connery y el manto de Bond


Sean Connery sigue siendo para muchos el 007 de referencia. Pero si sondeamos un poco más en su carrera, comprobamos que, para él, Bond fue simplemente un trampolín de cara a obtener un reconocimiento que le permitiera encontrar mejores oportunidades en Hollywood. 

En los sesenta, mientras compaginaba sus intervenciones en la saga Bond, logró trabajar con Alfred Hitchcock, Sidney Lumet, Irvin Kershner y Edward Dmytryk. A partir de 1971, tras abandonar definitivamente la franquicia de forma "oficial", despegó definitivamente forjando una filmografía de calidad en la que repetiría con Lumet mientras fichaba para producciones de Martin Ritt, John Boorman, John Milius, Richard Lester, Peter Hyams, Richard Attenborough, Fred Zinnemann y John Huston. 

Quedémonos precisamente con el momento en que trabajó a las órdenes de John Huston y junto a su amigo Michael Caine en la espléndida El Hombre que Pudo Reinar (The Man Who Would Be King, 1975). Fue durante el rodaje de esta película, en localizaciones de Marruecos, donde se pudo ver a Connery sin el peluquín que le había acompañado en los últimos diez años. Esa nueva imagen que era idónea para su personaje de Daniel Dravot, rompió la que había sido su apariencia canónica hasta el momento, aunque regresaría al postizo en numerosas ocasiones durante las siguientes décadas.


Pues bien, ese cambio de imagen unido a la frondosa barba que debía caracterizar al ex-sargento del cuerpo expedicionario británico en la India del siglo XIX, le alejó del icono por el que había sido conocido en todo el mundo.

Durante el rodaje, Connery rechazó disponer de chófer y limusina y decidió desplazarse conduciendo un Volkswagen "Beetle". Un día, fue parado por una patrulla policial mientras transitaba por Casablanca. Los agentes no reconocieron a ese barbudo y se encontraron con que, además, el forastero había olvidado su documentación en el hotel. Cuando decidieron llevarle a la comisaría, Connery alzó su firme voz y gritó: "007! Soy 007!". En ese momento, a los policías se les vino el mundo encima y dejaron que continuara su marcha. Cuando alguien ha sido Bond, el pasaporte sobra...