25 de enero de 2015

Birdman (o la inesperada virtud de la ignorancia)


El mundo de la cultura ofrece todo tipo de expresiones artísticas y recoge un gran abanico de formatos. En este universo tan amplio de posibilidades, coexisten las manifestaciones más populares con las más autorales y exigentes. El público siempre debe hallar opciones que se acomoden a sus preferencias, sean más generalistas o minoritarias. Esto siempre ha sido así y se mantendrá porque la cultura es el sector más libre, dinámico y democrático de todos cuantos obra la raza humana. 

El cine mantiene también este balance desde sus inicios con un importante añadido. Las producciones más taquilleras son las que permiten a los estudios reinvertir en proyectos de mayor riesgo artístico. Por consiguiente, nos encontramos ante un esquema que funciona, poblado por todo tipo de creadores. En base a este principio, aparecen las "etiquetas" y eso, en ocasiones, se traduce en problemas para aquellos que quieran pasar de una esfera a otra o trazar una carrera en la que convivan grandes éxitos de público con cintas más minoritarias.

Combatir las "etiquetas" que derivan en catalogaciones por parte de prensa y analistas, revela estrechez de miras. Seguir pensando en "compartimentos-estanco" no lleva a ninguna parte pero esta visión existe y todos los que amamos el séptimo arte debemos enfrentarnos constantemente a ello. 

Este encasillamiento ahogante es el que siente Riggan Thomson (Michael Keaton) tras haber protagonizado tiempo atrás una saga superheroica que le convirtió en un actor mediático y esencial en los blockbusters. Pero Thomson quiere algo más. Ansía la oportunidad de hacer algo diferente para demostrarse a sí mismo que es un intérprete de raza. Y qué mejor para ello que adaptar, dirigir y protagonizar un obra teatral en Broadway. Esta forma de reconfortar su ego se materializa en el St. James Theatre de la neoyorkina 44th street con el texto "What We Talk About When We Talk About Love", del poeta y ensayista Raymond Carver.


Pero incluso con un gran escenario a su disposición y la expectación del público, Riggan debe afrontar constantes dificultades. Porque ademas de lo que ya lleva encima (su fallido matrimonio y la dañada relación con una hija ex-yonki), se añade una lucha por su reivindicación como actor que se mantendrá hasta el último segundo. Tampoco ayudará tener que enfrentarse a un reconocido actor del método que, desde dentro del montaje, se convertirá en un contrapoder constante para él. Las inseguridades de las dos actrices de la compañía tampoco ayudaran en la estabilidad de un hombre que soporta enormes presiones y que no ha podido desconectarse de su alterego de ficción en el mundo superheroico: Birdman. Una creación que sigue percutiendo en su mente y le ataca por buscar el reconocimiento sobre el escenario cuando podrían haber seguido conquistando al gran público con acción y entretenimiento. En cualquier caso, esta doble personalidad es indicativa del estado mental de Riggan.

Con Birdman, el mexicano Alejandro González Iñárritu ha creado una obra compleja, brillante, y reflexiva. Su película está rebosante de significados y lecturas. Además, ha sido capaz de crear una puesta en escena impactante bajo la cual consigue extraordinarias interpretaciones de todo su reparto. La cinta se rodó, en su mayoría, en las propias dependencias, públicas y privadas, del St. James Theatre y esa atmósfera impregna tanto al film que a veces casi parece que podamos formar parte de la compañía como si fuéramos tramoyistas o técnicos que observamos el devenir de una caótica producción. En todo ello, es fundamental la apuesta por estructurar la cinta en diversos planos-secuencia donde los cortes y transiciones están realizados de forma muy sutil. La steadicam persigue compulsivamente al reparto y nos lleva a los mismos pasillos y bastidores del teatro. En realidad, Iñárritu nos transforma en improvisados voyeurs.


Pero, en mi opinión, lo más interesante de Birdman es la plasmación de la lucha entre las diferentes concepciones del arte. Nos encontramos ante una lucha entre Hollywood y Broadway que nunca debería producirse pero que se mantiene por la pertinaz obsesión de la crítica y prensa especializada por descalificar a unos y encumbrar a otros, ignorando conscientemente su complementariedad. 

Se habla mucho del ego como motor de Riggan Thomson en la película pero a mi me parece que existe otro más fuerte y lo representa la crítica teatral Tabitha Dickinson (brillantemente interpretada por la escocesa Lindsay Duncan). Dickinson está dispuesta a machacar a Riggan y a su obra, incluso sin haberla visto, porque le denosta al haber venido de Hollywood y ocupar un atrio de la escena impidiendo que el verdadero "talento" pueda habitar la sala. Me pareció algo tan contundente y acertado que casi me pongo a aplaudir. Iñárritu descalifica a la crítica endiosada mediante el personaje de Tabitha Dickinson. ¿Cómo se puede ser tan clasista, elitista y negarse a tener la mente abierta ante todas las posibilidades artísticas?... desgraciadamente esto ha ocurrido siempre y sigue pasando. Cuantas grandes películas han sido vapuleadas por la crítica en su momento y han tenido que ser reivindicadas con posterioridad gracias al aprecio de lo que importa: el público. 

Tabitha es una señora vil y envidiosa que solo encumbra a quien le hace la pelota o a quien ella cree que es un verdadero artista, alejado de la "perversión del arte" que acompaña a todos aquellos que vienen de Hollywood. Es una mujer capaz de escribir su crítica días antes de ver la obra y que tiene el poder para hacer fracasar el proyecto de alguien que lo ha arriesgado todo. ¿Es eso posible? desgraciadamente sí...


Por eso debemos dejarnos de hipocresías y demagogias cuando se valora una expresión artística y nunca etiquetar o vilipendiar sin ver el resultado final. La crítica endiosada, en cualquier sector, puede provocar cataclismos injustificables y ante eso sí que deberíamos reaccionar. Basta de mancillar sin argumentos porque, ante todo, hay que respetar la creación artística sea cual sea y valorar con plenos elementos para ello. En este sentido, ver como el público arrolla materialmente a Tabitha y la obliga a cambiar su artículo con un estruendoso aplauso, es un ejemplo a seguir. 

Este mensaje es el que a mi más me ha conmovido de un film que considero espectacular en cuanto a planteamiento y desarrollo. Incluso siendo un aficionado al cine de superhéroes no he visto un ataque visceral y furibundo a este subgénero porque lo que se dice no es nada desmadrado. Como decía al principio, todos los enfoques conviven y podemos disfrutar de lo bueno que nos aportan todas las visiones diferentes que confluyen en la gran pantalla. La cinta combina elementos dramáticos y cómicos mientras vemos como Riggan Thomson experimenta una serie de alucinaciones que demuestran que la sombra de Birdman es alargada. Es una curiosa forma de superar los problemas a los que se enfrenta porque sus poderes son falsos... o no...

Elegir a Michael Keaton que en su momento interpretó a Batman en las dos películas dirigidas por Tim Burton, es un nuevo acierto de Iñárritu y rodearle con las grandes presencias de Emma Stone (brillante en la escena donde se enfrenta a Riggan), Naomi Watts, Edward Norton, Andrea Riseborough, Zach Galifianakis y Amy Ryan, aporta magnificencia al film.