16 de enero de 2018

Aaron Sorkin abandona la pluma para ponerse tras la cámara


El guionista más famoso de Hollywood por fin se ha decido a dar el salto y dirigir a sus propios personajes. Sorkin es mundialmente conocido por sus trabajos en la pequeña y en la gran pantalla como creador de personajes e historias, recordemos que fue el guionista de cintas como Algunos hombres buenos  (R. Reiner, 1992), La red social (D. Fincher, 2010) con la que ganó un Oscar o Moneyball (Bennett Miller, 2011) y que también escribió el libreto de series como El ala oeste de la casa blanca (1999) o The Newsroom (2012). Quizás por este motivo haya sorprendido tanto en el mundo de la cinematografía que el neoyorkino haya abandonado su zona de confort para adentrarse en un universo, el de la dirección, del que poco ha aprendido en sus más de 25 años de profesión. Puede que a la hora de tomar la decisión de dejar a un lado el lápiz y el papel (ahora más bien la pantalla y el teclado) para ponerse detrás de la óptica de una cámara hayan influido en él hombres como David Mamet, Charlie Kaufman o el genio del cine Billy Wilder. A todos ellos les llegó el momento en el que decidieron que no había nadie mejor que ellos mismos para dirigir sus propias historias. Y a la vista de los resultados, está claro que tenían razón.

Lo que sin duda seguro jugó un papel decisivo en la toma de decisión fue la historia que finalmente ha llevado a la gran pantalla. Una historia real, de una mujer real con nombre y apellidos: Molly Bloom. La que un día estuvo destinada a ser la nueva promesa del mundo del esquí pasó a convertirse en la reina del póker, una auténtica dama de los naipes capaz de organizar la partida perfecta en cualquier lugar y a cualquier hora. Molly's game, estrenada el 5 de enero, recoge su historia.




Un fatal accidente fue lo que truncó su carrera como esquiadora y a pesar de que su padre, interpretado en la ficción por el oscarizado Kevin Costner, siempre había confiado en que destacaría en el mundo del deporte o en el de los estudios, Molly Bloom abandonó también sus estudios de derecho para dedicarse a ser camarera a las órdenes de un hombre al que en su biografía menciona como Reardon. Poco a poco Bloom comenzó a ganarse la confianza de este hombre y empezó a desempañar cargos de mayor responsabilidad, primero pasando a ser su secretaria para más tarde convertirse en la encargada de organizar selectas y privadas partidas de póker. Con tan solo 26 años Molly Bloom se codeaba con lo más selecto del mundo: deportistas, estrellas de Hollywood, banqueros, empresarios y un lugar etcétera se daban cita en sus partidas de póker. Entre los nombres más reconocidos destaca el de los actores Tobey Maguire y Leonardo DiCaprio, de los que Bloom aseguró que el primero le pagaba al segundo para que ejerciera el papel de gancho y así atraer a más jugadores.


En aquellas elitistas partidas de póker se movían sumas económicas astronómicas, hasta el punto de que Bloom reconoce en sus memorias que llegó a contar un millón de dólares billete a billete. Pero está claro que cuando te codeas con lo más alto del mundillo del lujo y el estrellato siempre hay alguien que quiere verte caer, y a Molly enemigos no le faltaron. Así es como esta reina del póker pasó a ser investigada y a perderlo todo, cayendo en desgracia y en el olvido. Atrás quedaron las fichas y las lujosas fiestas, hasta que llegó el día en el que publicó todas estas historias en un libro.

Molly's game es la genial adaptación de este libro, con una Jessica Chastain segura y decidida en el papel de Bloom y con el que aspira a colarse en la lista de los Oscar. La extenuante preparación del personaje, para la que contactó con la verdadera Molly Bloom quien por su parte siempre quiso que Chastain la interpretase en la gran pantalla, bien le valdría la estatuilla aunque la decisión habrá que dejársela, como siempre, a la Academia. Igual de extenuantes son los diálogos que se ha visto obligada a memorizar para la película (¡hasta 47 páginas de diálogo en menos de una semana!), marca de la casa Sorkin. Creador del estilo walk and talk, un recurso para mostrar a los personajes merodeando de un lugar a otra sin parar de hablar, Aaron Sorkin ha pasado a la historia del cine por el ritmo trepidante de sus diálogos, una marca personal de la que no iba a desprenderse en su primera incursión en el mundo de la dirección. Del mismo modo, Sorkin tampoco consigue dejar atrás las historias con un trasfondo humano de bondad. Lo vimos en el Zuckerberg de La red social (D. Fincher, 2010) y en el ególatra Jobs de Steve Jobs (Danny Boyle, 2015) y lo volvemos a ver de nuevo en el personaje de Molly Bloom, quien a riesgo de perder todo lo que tiene (y efectivamente perderlo) y enfrentarse a una investigación por parte de la autoridades, decidió no dar ningún nombre de las personas que participaron en sus partidas, preservando así su intimidad y anonimato.

Idris Elba, el papel del abogado Charlie Jaffey, Michael Cera, Chris O' Dowd y Graham Greene, además del ya mencionado Kevin Costner, acompañan a Chastain en esta producción que espera encumbrar a Aaron Sorkin en su nueva faceta como director.

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