12 de agosto de 2017

Déjame Salir (Get Out, 2017)



Un artículo de Mike Sanz.
Es el momento de que Chris, un joven fotógrafo afroamericano, conozca a los padres de su novia, una familia de blancos acomodados que viven en una casa gigantesca en medio del campo. Mientras intenta superar esta dura prueba para su relación, Chris se va dando cuenta de que el extraño comportamiento del servicio de la casa, de los padres de su novia y de los invitados blancos esconde un secreto terrorífico.

Déjame Salir es la primera película que escribe y dirige el neoyorkino Jordan Peele, que ganó reconocimiento a raíz del programa de televisión Key & Peele (2012-2015), que escribió y protagonizó junto a su amigo, Keegan-Michael Key. Aunque apenas se conoce en nuestro país, donde lo emitió Comedy Central, Key & Peele fue un programa de sketches que se dedicó a retratar la era Obama, de modo que los autores exploraron su condición de estadounidenses bi-raciales y hablaron, en clave de humor, de temas que abarcan desde el racismo institucional hasta el fenómeno de masas de Juego de Tronos. Para poner punto y final a esta hazaña, ambos protagonizaron Keanu (2016), la película en la que un par de primos de clase media se enfrenta al submundo criminal de Los Ángeles.


Mientras que Key se ha centrado en la interpretación, Peele ha dado el salto a la dirección con Déjame Salir, una modesta película independiente que se ha convertido en uno de los fenómenos de la primera mitad de 2017. Con un presupuesto de apenas cinco millones de dólares, un grupo reducido de actores y escenarios limitados, Peele construye una versión tenebrosa de Adivina Quién Viene Esta Noche (Guess Who's Coming to Dinner, 1967) que supone una renovación de las convenciones del género del terror en la línea de lo que ofreció La Cabaña en el Bosque (Cabin in the Woods, 2012). Así, el pobre Chris se ve envuelto en una trama de suspense que recuerda a la tensión de Posesión infernal (The Evil Dead, 1981) o Misery (1990) en la que se ofrecen interesantes reflexiones veladas acerca del racismo institucional y de la discriminación y prejuicios a los que se enfrentan los afroamericanos. El resultado es una película aterradora a varios niveles, una mezcla refrescante y provocadora que ha conquistado al público y a la crítica por igual.

La puesta en escena es sencilla y efectiva, Peele demuestra un manejo inteligente del ritmo, del suspense y de la selección musical, además de que aprovecha al máximo el pequeño grupo de actores, entre los que destaca la “familia” principal: Daniel Kaluuya (Sicario), Allison Williams (Girls), Bradley Whitford (La Cabaña en el Bosque) y Catherine Keener (Show Me a Hero). 


El triunfo cinematográfico de Peele y su talento no han pasado desapercibidos y son varios los estudios que le han ofrecido dirigir proyectos de cientos de millones de dólares, entre ellos alguna que otra película de superhéroes. El cineasta se ha negado en rotundo y, mientras piensa en su próxima película, ha anunciado que se ha aliado con JJ Abrams y la HBO para escribir la adaptación de Lovecraft Country, la reciente novela de Matt Ruff que cuenta el viaje de un joven afroamericano que parte en busca de su padre en los años cincuenta y se enfrenta a los horrores del escritor de Providence así como a la segregación racial. Desde luego, los espectadores estaremos bien atentos a los próximos proyectos de Jordan Peele, artífice de la interesantísima Déjame Salir. 

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