17 de julio de 2013

Hepburn & Tracy: carrera artística conjunta y convivencia controvertida

Eva Buendía concluye su artículo sobre Hepburn & Tracy resumiendo la carrera conjunta de ambos y la significación de algunas de sus interpretaciones más emblemáticas. Que lo disfrutéis.


En los 40, protagonizaron seis películas juntos: cuatro de ellas fueron La mujer del año (1942), comedia de George Stevens en la que ella demostró sus dotes para hablar francés, ruso y español,  Sin amor (Without Love, 1945), y Mar de hierba (Sea of Grass, 1947), de Elia Kazan. En 1949, en La costilla de Adán (Adam's Rib, bajo la dirección de George Cukor), ambos realizan una magnífica interpretación de un matrimonio de abogados que se ven enfrentados en los tribunales para defender a sus respectivos clientes en un mismo caso.


Su relación sentimental hizo correr ríos de tinta en la sociedad norteamericana de aquel momento ya que, aún cuando Tracy no quería divorciarse, no dejaba de estar mal visto que mantuviera abiertamente una relación con otra mujer con la que, además, compartía profesión y largos meses juntos debido a los rodajes. Pero ellos siguieron con su relación sin importarles los comentarios que pudieran surgir de ello, conscientes de que en el mundo del cine su relación era plenamente aceptada y que, sin ninguna duda, reportaba grandes beneficios a los estudios ya que era un reclamo seguro.

Ejemplo de ello fueron La llama sagrada (Keeper of the Flame, 1942), donde él encarnó a un periodista que investigaba la muerte de un héroe americano acompañado por la viuda, Hepburn, que le ayudaba en la investigación;  El estado de la Unión (State of the Union, 1948), en la que dio vida a un político republicano candidato a ser presidente del país, lo que le hace preguntarse sobre la honestidad tras varios compromisos incómodos tanto en el terreno político como en su vida de casado junto a su esposa; La Impetuosa (Pat and Mike, 1952) donde ella interpretó a una profesora de educación física con un novio que la infravaloraba mientras llamaba paralelamente la atención de un promotor, papel interpretado por Tracy, el cual la insta a dejarse ganar en unas competiciones para beneficio de ambos. El amor surge entre ellos al comprobar él la honradez de ella y al descubrir Hepburn que en su promotor tiene un ejemplo a seguir y, por último, Su otra esposa (Desk Set, 1957), cuyo argumento gira en torno a un ingeniero que pone en peligro el trabajo de toda una plantilla de una cadena televisiva al inventar un sistema revolucionario de recopilación de archivos para el que ya no harían falta tantos trabajadores.
   

Hollywood supo ver este tirón de la pareja interpretando el siempre bien aceptado conflicto entre la mujer que trata de mostrar su valía frente a la figura masculina paternalista y protectora por la que se siente atraída y a la que, normalmente, quiere desafiar al mismo tiempo. En todas ellas, los personajes que interpretaba Hepburn demostraban que no querían a un padre sino a un compañero con el que sentirse en igualdad de condiciones tanto a nivel profesional como personal.
   
Se podría decir que ellos fueron los precursores de esta temática de guerra de sexos con final feliz que tan frecuente es verla hoy en muchas de las películas más recientes de la industria del cine. No solo supieron representarlo a la perfección sino que también dieron ejemplo de ello a través de su relación fuera de las salas de cine, convirtiéndose así en unos adelantados a su tiempo, cuyo estilo de vida no fue aceptado y respetado por toda la comunidad, lanzando multitud de rumores sobre las vidas personales de ambos que supieron afrontar e ignorar como las estrellas y profesionales que eran.
      
Decidieron vivir de esta manera su vida y así lo hicieron, de acuerdo a sus propias convicciones, sin dañar a nadie e ignorando las normas estipuladas por una sociedad que pretendía imponer un cliché demasiado artificial y puritano de familia modélica feliz. Una imagen sumamente estereotipada y falsa de la sociedad perfecta que muchos creían que era lo mejor para aquellos tiempos.
   

Spencer Tracy estuvo muy enfermo los últimos años de su vida pero siempre contó con su estimada Katharine como fiel compañera, amante y enfermera. La última película que rodaron juntos fue el magnífico melodrama Adivina quién viene a cenar esta noche (Guess Who's Coming to Dinner, 1967), estupendo ejemplo de cómo se pueden superar los prejuicios raciales a través de la trama basada en cómo un matrimonio de la clase media-alta de la sociedad norteamericana tiene que aceptar (con más benevolencia ella) que su hija está enamorada y quiere casarse con un joven de color. La reflexión final de Matt Drayton (Tracy) sigue siendo uno de los mejores monólogos de la historia del cine porque en esas líneas de guión, concebidas por William Rose, confluyen todos los elementos que configuran el pensamiento de una sociedad que empezaba a romper barreras en el tema racial. Drayton es un hombre de carácter progresista pero, a lo largo del film, le vemos sufrir de los mismos prejuicios que los más conservadores. La seguridad de su hija es lo que más le obsesiona y preocupa pero al final puede más la voluntad y el sentimiento de amor que ella siente por el doctor Prentice (Sidney Poitier) que los problemas a los que deban enfrentarse en el futuro. Tracy estuvo espléndido y la reacción de Hepburn al mirarle y llorar puede fácilmente extrapolarse a la situación real que estarían viviendo. Ella nunca quiso ver la película aunque le supusiera su segundo Oscar ya que poco después de su filmación él murió como consecuencia de su larga enfermedad.




Katharine Hepburn murió muchos años después tras una larga enfermedad en 2003 y, en honor a ella, las luces de todos los teatros de Broadway se apagaron durante una hora.
   
En la ceremonia de los Oscar de 2004, Julia Roberts le dedicó un cálido homenaje póstumo ya que, para Hepburn, Roberts era su actriz más querida del cine, considerando que se parecían mucho a la hora de actuar ante las cámaras. Y Roberts se lo agradeció enormemente.

   
Pero, aunque las cámaras dejaran de rodar y los focos dejaran de iluminar, las estrellas de ambos seguirán brillando en el firmamento del cine como unas de las más queridas y admiradas. Siempre los tendremos presentes a través de sus películas e interpretaciones, donde dieron ejemplo de unión y fuerza ante cualquier adversidad con la que se encontraran.

Hepburn y Tracy: grandes genios, grandes actores para la posteridad.

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