27 de junio de 2012

Andando descalzo por Washington Square


Cualquier lista que pretenda reunir las mejores comedias hollywoodienses se quedaría corta si no incluyera "Descalzos por el parque" (Barefoot in the Park, 1967). 

Barefoot in the Park es uno de los grandes éxitos del brillante dramaturgo Neil Simon (autor de más de 30 obras teatrales, entre ellas The Odd Couple). La historia de una joven pareja de recién casados que se instalan en un modesto apartamento situado en una sexta planta sin ascensor, cautivó al público neoyorkino. Es la obra de más éxito en la carrera de Simon, con más de 1500 representaciones entre 1963 y 1967 en el Biltmore Theatre. Se convirtió además en la décima obra no-musical más representada en la historia teatral de Broadway.

El reparto estaba encabezado por un joven actor californiano que, mientras trataba de ganarse un puesto en la industria del cine, disfrutaba del arte de la interpretación sobre el escenario. Se trataba de Robert Redford. A su lado estaban Elizabeth Ashley (en el papel de Corie, su joven esposa), Mildred Natwick (su suegra y sufridora máxima cada vez que sube las escaleras), y Kurt Kasznar (en el papel del excéntrico y bohemio Víctor Velasco). Mike Nichols, que también estaba a punto de dar el gran salto al cine, fue el director de la obra y consiguió un premio Tony, en 1964, por su brillante labor.


Ante un éxito de estas características, y teniendo en cuenta la tirada de Redford entre el público cinematográfico tras películas como La Jauría Humana (The Chase, 1966) y Propiedad Condenada (This Property is Condemned, 1966), no era de extrañar que algún productor estuviera dispuesto a llevar la obra al cine. Y ese fue el mítico Hal B. Wallis (productor de Casablanca, El Halcón Maltés, etc...) quien llegó a un acuerdo con Paramount Pictures para distribuirla.

El propio Neil Simon adaptó el libreto mientras convencía a Wallis para que contratara a Gene Saks como director. Ambos se conocían desde hacía varios años y su relación profesional en los escenarios se trasladó también on screen. Saks demostró ser un realizador de probada eficacia en el género de la comedia (volvería a demostrarlo, el año siguiente, con la versión de otro gran éxito de Neil Simon: The Odd Couple). 

Redford era pieza clave en el papel del atribulado abogado Paul Bratter y la veterana Mildred Natwick también le acompañó en el reparto cinematográfico (y fue nominada al Oscar por su interpretación). Sin embargo, para el papel de Corie se buscó a una actriz joven de mayor caché y la elegida acabó siendo Jane Fonda, tras la negativa de Natalie Wood. Para el papel de Velasco, se contrató a Charles Boyer quien le confirió al personaje el aire de sofisticación decadente que tanto se requería.

Estrenada en mayo de 1967, la película fue un éxito de taquilla y encumbró, aún más, a sus dos protagonistas. La música de Neal Hefti contribuyó a darle ese aire de comedia romántica con encanto, tan propia de los años 50 y 60. 

El texto sigue siendo igual de virtuoso en la actualidad puesto que se trata de una acertada metáfora sobre la dificultad que representa vivir en pareja, soportar y aceptar las formas de ser de uno y otro, expresándolo brillantemente a través de un destartalado apartamento al que se debe escalar para llegar, y que, además, no dispone de ninguna de las rutilantes comodidades que los protagonistas sí disfrutan al inicio, con una dedicada y entregada luna de miel en el lujoso Hotel Plaza de Nueva York. Paul, siempre tan contenido y correcto, tendrá que liberarse de su agarrotamiento para poder convivir con Corie mientras que ella también deberá hacer un esfuerzo para reducir sus constantes "idas de olla". Uno de los mejores momentos de inversión de roles que se han visto en el género de la comedia, se puede apreciar  cuando vemos a Paul descalzo en el parque, borracho y helado por el frío, y a una Corie intentando que recupere el sentido común.


2 comentarios:

  1. Necesito volver a verla. La tengo casi olvidada.

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  2. Vale la pena, Octopus. Además, Jane Fonda se encontraba en un momento pletórico en su atractivo físico.

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