15 de noviembre de 2017

Historias de Hollywood: Kirk Douglas y el nido de cuco


Al recordar Alguien Voló Sobre el Nido de Cuco (One Flew Over the Cuckoo's Nest, 1975), nos viene a la mente, de forma inmediata, la extraordinaria interpretación de Jack Nicholson en el papel del criminal sexual Randle McMurphy. Pero en Hollywood las intrahistorias son siempre interesantes. Veamos lo que ocurrió en este caso...

El legendario Kirk Douglas, mito viviente del cine a los casi 101 años, vivía una etapa de control creativo absoluto a principios de los 60. Había conseguido levantar de la nada el proyecto de Espartaco (Spartacus, 1960), enfrentándose al establishment hollywoodiense al contar con Dalton Trumbo como guionista. Superó también las dificultades sobre el alto presupuesto de la cinta y, finalmente, ofreció un nuevo ejemplo de su poder al despedir al director inicialmente previsto, Anthony Mann, sustituyéndolo por el incipiente y brillante Stanley Kubrick, con el que había trabajado en Senderos de Gloria (Path of Glory, 1957).

El éxito secundaba las acciones de riesgo que tomaba Kirk Douglas en cada momento pero quizá no esperaba que el primer revés le llegara con un proyecto del que se sentía muy seguro. Durante la temporada teatral de 1963-64, Kirk representó en Broadway la adaptación de la novela de Ken Kesey titulada One Flew Over the Cuckoo's Nest. El éxito de la pieza entre el público y la fuerza intrínseca del material le convencieron para intentar convertirla en película.

Sin embargo, los constantes esfuerzos de Kirk chocaron con la voluntad de diversos estudios que rechazaron la propuesta por la contundencia visceral del material. Ante los diversos rechazos, decidió transferir los derechos a su hijo, el joven aspirante a actor Michael Douglas. De alguna manera, pensó que su hijo podría revender los derechos si su carrera no arrancaba, por lo que tendría un cojín de seguridad en sus inicios.

No obstante, Michael no lo consideró así. A medida que fue entrando en el mundo de la televisión, se granjeó contactos, especialmente en United Artists. La compañía fundada por Charles Chaplin, Mary Pickford, Douglas Fairbanks y D.W. Griffith en 1919, pasaba una época de indecisión y malos resultados. Necesitaba una película que impactase y, en el contexto en el que se encontraba, una historia desgarradora que transcurre en una siniestra institución psiquiátrica no les asustaba. Eran conscientes que solo con una película exigente saldrían del ostracismo que sufrían.


Así pues, United Artists apostó sin fisuras por una historia donde se visualizaban terapias psiquiátricas extremas como el electroshock e incluso la lobotomía. Veían a alguien de la nueva generación hollywoodiense al mando de la producción y su entusiasmo se contagió entre los ejecutivos. Además, Douglas incorporó a un productor experto como era Saul Zaentz y juntos edificaron las bases de una película que los guionistas Lawrence Hauben y Bo Goldman y el director, Milos Forman, acabaron de ensamblar.

La noticia triste para Kirk Douglas fue que, en 1974, contaba ya con cincuenta y ocho años. Era demasiado mayor para interpretar a McMurphy. Se necesitaba a alguien más joven y rompedor. Es entonces cuando entró en escena Jack Nicholson, quien fue recomendado por Hal Ashby durante la época en que éste consideró el puesto de dirección.

Michael Douglas complementó el casting con la presencia de su amigo Danny De Vito y especialmente con el fichaje de Louise Fletcher para el papel de la enfermera Ratched. El film se estrenó en 1975 y fue un éxito rotundo. La recaudación de la época ascendió a 109 millones de dólares sobre un presupuesto de 4,4.

Y en la gala de los Oscar de 1976, la película se alzó con los cinco galardones más importantes: película, dirección, interpretación masculina principal, interpretación femenina protagonista, y guión. Desde 1934 con Sucedió una Noche (It Happened One Night), no se había visto nada parecido en los Oscar.

La decepción personal de Kirk fue grande pero fue compensada por la satisfacción de ver a su hijo alzando una estatuilla y, al mismo tiempo, preparando el trampolín para su éxito como actor en los años subsiguientes.

9 de noviembre de 2017

The Deuce: Las crónicas de Times Square


Un artículo de Mike Sanz.

El Times Square de la Nueva York de principios de los setenta no tenía nada que ver con la actual aglomeración de turistas que fotografían las luces resplandecientes de los anuncios. La conocida plaza era uno de los puntos clave en el que las prostitutas y los chulos que las controlaban buscaban a sus clientes potenciales. La nueva apuesta de la HBO narra las vidas de los personajes que se movían en este mundo, en particular de los trabajadores relacionados con el sexo que frecuentaban la manzana conocida como “The Deuce”, y retrata el paso de las actividades callejeras de las prostitutas y los chulos al auge de la industria del cine porno.

The Deuce era una de las apuestas más esperadas de la nueva temporada de la ficción televisiva estadounidense, pues se trata de la tercera colaboración de los reputados guionistas George Pelecanos y David Simon, quienes trabajaron en Treme y la emblemática The Wire. Simon es, asimismo, artífice de miniseries indispensables que reflexionan acerca del panorama social estadounidense actual, caso de Generation Kill y de Show Me a Hero, que abordan la guerra de Irak y la discriminación racial a nivel institucional, respectivamente. 


Los responsables de The Deuce llevan a los espectadores al lado menos glamuroso de Nueva York, el mismo que retrataron películas del Nuevo Hollywood como Taxi Driver, y dejan de lado los grandes héroes de mundos de fantasía para centrarse en una historia coral de personas ordinarias, de gente de a pie que vive en los márgenes de la sociedad. Con esta premisa, la serie presenta a los ambiciosos gemelos Martino, a mafiosos de medio pelo como Rudy Pipilo; a Candy, una meretriz independiente, policías corruptos, periodistas entrometidas, veteranos de Vietnam y a un elenco de prostitutas y chulos que huyen de los estereotipos de la blaxploitation y representan a personas de carne y hueso con sueños, aspiraciones y conflictos familiares. De ritmo pausado, escenas costumbristas y secuencias explícitas (pero no gratuitas), The Deuce exige que los espectadores mantengan la atención (al igual que The Wire, prescinde de los resúmenes previos a los capítulos para recordar qué pasó la semana anterior), mima la ambientación y el vestuario, recurre a una envidiable selección de música diegética setentera y ofrece un retrato interesante y diverso de cómo la explotación de la noche y el sexo se convierte en la lucrativa industria del cine pornográfico.

El reparto de este drama coral es rico e incluye a viejos colaboradores de Simon que resurgen de los tiempos de The Wire, por ejemplo a Lawrence Gillard Jr., que da vida al único policía honrado en un mundo de corrupción e intereses económicos ocultos. La pareja protagonista de la serie, que también ejerce labores de producción, es la formada por Maggie Gyllenhaal y James Franco. La primera hace un papel magistral y muy exigente al interpretar a Candy, que lleva una doble vida y tiene dotes para el cine; mientras que el actor de 127 Horas (127 Hours, 2010) suma un nuevo capítulo a la buena racha que inició con 23.11.63 y ahora se pone en la piel de dos gemelos, un buscavidas y un trabajador que huye de su pasado.


Esta primera entrega, de tan solo ocho capítulos, concluye en un momento clave (el inminente estreno de Garganta Profunda) y aborda temas contemporáneos a la trama principal en los que seguir indagando en las próximas entregas, como son la corrupción urbanística, la situación de exclusión de los veteranos de Vietnam o el auge del movimiento por los derechos LGTBQ (son varias las menciones a las revueltas del Stonewall). Desde luego, si The Deuce sigue por el camino que ha marcado la primera temporada, que funciona a modo de prólogo, puede que consiga ocupar un lugar de honor junto a los trabajos previos de Pelecanos y Simon.

6 de noviembre de 2017

Detroit (2017)


Un artículo de Juan Pais.

Los desmitificadores de los años 60 como época flower power de amor y paz tienen en Detroit un buen argumento para afirmar que, en contra de lo que creen las generaciones recientes, aquellos años estremecieron a los Estados Unidos por su violencia. El año en que se desarrolla la acción de Detroit (1967) fue el del "verano del amor" en San Francisco. Sin embargo, precisamente un día en pleno estío de ese año, el 25 de julio, tuvo lugar el suceso que centra esta película y que conmocionó a los norteamericanos, que no terminaban de acostumbrarse a los sobresaltos que se producían en aquella agitada y relevante década.

Una fiesta en la que se daba la bienvenida a dos soldados negros que regresaban de Vietnam fue interrumpida la noche del 23 de julio de 1967 por la policía, que pretextó la ilegalidad del local donde se celebraba. Los asistentes, hartos del constante hostigamiento de las fuerzas del orden, reaccionaron airadamente y comenzaron los enfrentamientos que se intensificaron los siguientes días y dieron lugar al llamado motín de Detroit. La ciudad se convirtió en una dantesca zona de guerra y dos días después se produjo el llamado "incidente del motel Algiers".

Kathryn Bigelow refleja certeramente la tensión de aquellos días. La cámara, inquieta y curiosa, se acerca a los personajes para reflejar su rabia y su miedo. Además, parte de un magnífico guion de su habitual colaborador, Mark Boal, muy bien estructurado, que plasma con minuciosidad lo sucedido aquella noche, en la que las policías de la ciudad, del estado y efectivos de la Guardia Nacional irrumpieron en el motel Algiers al creer que un francotirador les estaba disparando desde allí. En el motel se encontraban unos chicos negros y dos muchachas blancas, y los policías los interrogaron brutalmente durante horas inquiriéndoles sobre el francotirador, al que los detenidos, angustiados, negaban conocer, así como el paradero del supuesto rifle. Al amanecer se habían producido tres asesinatos.


Es difícil no espantarse ante los sucesos narrados. Sin necesidad de recurrir a una equidistancia que podría resultar enojosa, tomando partido por las víctimas, Bigelow narra unos hechos que valen por sí mismos y lo hace con nervio, logrando que las más de dos horas que dura Detroit se hagan cortas. La película tiene tres partes bien diferenciadas. En la primera se refleja el nacimiento del conflicto en Detroit, en la segunda el incidente del Algiers y en la última parte el juicio que se llevó a cabo por los hechos. El interés no decae en ningún momento. Independientemente de la información que se tenga sobre los sucesos antes de ver la película, en los primeros minutos la tensión va aumentando en un crescendo que nos lleva a darnos cuenta de que "va a pasar algo". En la parte central se ve con estupor y angustia el citado incidente, y posteriormente se abordan sus consecuencias, llegando a esta última parte con toda la atención porque "queremos saber más". La película te agarra y no te deja en ningún momento. El de Detroit es un triunfo de la narración.

Los actores no son demasiado conocidos. El que más familiar puede resultar al público es John Boyega, visto en Star Wars: El Despertar de la Fuerza (Star Wars: The Force Awakens, 2015). Boyega tiene un papel difícil, pero lo interpreta con solvencia. Es un guarda de seguridad negro que está atrapado en la disyuntiva de su colaboración con las fuerzas del orden y el sentido de hermandad que le une a los de su raza. Significativamente, en la escena inicial de Detroit, la que narra la suspendida fiesta de recibimiento a dos soldados y que de alguna manera anticipa el resto de la película, también hay un personaje negro, que al ser policía y participar en la redada, se encuentra en una situación similar a la de Boyega. En el reparto también destaca Will Poulter, que da vida al villano de Detroit, un racista y violento policía. Poulter estuvo a punto de ser el payaso de It (2017), por lo que sin duda habría dado vida a dos de los grandes personajes malvados de este año. Es muy probable que Poulter sea muy reconocido en la próxima temporada de premios.

Detroit se desarrolla en un breve espacio de tiempo (la parte central transcurre en unas horas de la noche del 25 de julio de 1967) pero es densa en acontecimientos. De hecho, debido a esto último puede clasificarse en diferentes géneros: cine político, policial, de terror y judicial. Kathryn Bigelow cierra con ella lo que puede considerarse como una trilogía sobre la Norteamérica contemporánea que completan En Tierra Hostil (The Hurt Locker, 2008) y La Noche más Oscura (Zero Dark Thirty, 2012). En estas películas nos narra la ardua lucha de su país contra sus enemigos y el alto precio que a nivel humano, social y político hay que pagar por derrotarlos. En el caso de Detroit, el enemigo está en casa.

3 de noviembre de 2017

Un Menú de Película

Siempre es un placer hacerse eco de las propuestas creativas de los amigos de LASDAOALPLAY. En esta ocasión, nos presentan Un Menú de Película, a cargo de Gemma Serra. A continuación, adjuntamos la nota de prensa de presentación. No os perdáis este viaje que marida cine y gastronomía de una forma original y divertida.

Un menú de película
Cuando el cine y la cocina se unen para entretener a la par que deleitar


Después de publicar cinco volúmenes, los editores de LASDAOALPLAY? se enorgullecen de poder presentar Un menú de película, que será el primero de la colección en el que ningún redactor habitual de la web esté involucrado.

En la línea de anteriores publicaciones de la web, como El decálogo del tipo duro, la autora, Gemma Serra, nos presenta un pequeño recorrido a través de las nueve películas más emblemáticas y conocidas en las que la cocina juega un papel primordial, no solo en la ambientación, sino también en la trama.

Como ella misma afirma: «Lo importante en este libro no es tanto analizar en profundidad la fotografía, la dirección o la interpretación de una película, sino ver cómo nos muestra la cocina». Para ello se ha fijado en películas como Ratatouille (2007), Chef (2014) o Criadas y señoras (2011).

Y no solo hace eso, la autora también reúne las principales recetas de las películas incluidas en este libro —como el boeuf à la bourguignon de Julie y Julia, las codornices en sarcófago de El festín de Babette o la tarta Saint Honoré de La cocinera del presidente—, y las organiza al detalle para presentarnos el mejor menú de película.

Con las nueve cintas seleccionadas para formar parte de este libro, Gemma Serra pretende que el lector no solo descubra una manera de diferente de ver las películas, sino que también consiga deleitarse con los platos y los manjares que se muestran en ellas.

Además, Un menú de película no solo se convierte en el primer libro escrito por un «no-habitual» de la web, sino también en el primero en ser publicado bajo el nuevo sello, LASDAOALPLAY? Books, cuyos proyectos iremos presentando tanto en la web como en nuestra cuenta de Twitter.

Un menú de película es un proyecto de Gemma Serra editado por LASDAOALPLAY?, y está disponible para: