20 de septiembre de 2017

Cameos curiosos (y diferentes) en el mundo del cine (II)


En esta segunda entrega veremos cameos extremadamente breves. La fugacidad de los mismos hace que, en algunos casos, sean prácticamente imperceptibles para el espectador. Veamos pues una serie de ejemplos del llamado "fast cameo".

En diciembre de 1992 llegó a las pantallas Algunos Hombres Buenos (A Few Good Men). La película obtuvo un gran éxito comercial y cosechó cuatro importantes nominaciones para los premios Oscar. Además, supuso el desembarco en Hollywood del neoyorkino Aaron Sorkin. Sorkin procedía de la dramaturgia y fue sobre los escenarios donde había estrenado, tres años antes, Algunos Hombres Buenos. Él mismo se encargó de la adaptación para el cine y, a partir de aquel momento, empezó a trabajar asiduamente en el medio audiovisual configurando una carrera que le ha convertido, por derecho propio, en una referencia de calidad. Sus proyectos hablan por sí solos en cine (La Red Social, Moneyball, Steve Jobs, Molly's Game) y televisión (El Ala Oeste, The Newsroom). 

Pues bien, el autor y guionista halló la forma de poder intervenir fugazmente en la película gracias a una secuencia en la que el director Rob Reiner carga la tensión sobre el Teniente Daniel Kaffee (Tom Cruise) mientras éste sopesa la posibilidad de presentar un alegato de inocencia para dos marines de Guantánamo, acusados del asesinato de un compañero a través de un procedimiento ilegal de castigo llamado "código rojo". A lo largo de un paseo nocturno por Washington DC, Kaffe se toma algo en un bar del centro de la ciudad y allí escucha las palabras de un abogado en conversación informal con una colega. El abogado en cuestión está interpretado por Aaron Sorkin.



Tras una auténtica odisea en la que ha estado al borde de la muerte en varias ocasiones, el acaudalado empresario Nicholas Van Orton (Michael Douglas) recibe la estocada final cuando cree haber matado a su hermano Conrad (Sean Penn) en su propia fiesta de cumpleaños. Desquiciado hasta las últimas consecuencias, Nick se lanza al vacío desde lo más alto del edificio buscando la muerte. Sin embargo, lo que encuentra al final de la espectacular caída es el glorioso final de un gran engaño con el que su hermano ha querido obsequiarle. El resultado final es la respuesta a la pregunta... ¿Qué se le puede regalar a alguien que lo tiene todo?

Cuando Nick cae al gigantesco colchón de seguridad, mientras los invitados esperan su llegada, uno de los paramédicos que lo atiende es el director Spike Jonze (Cómo Ser John Malkovich, El ladrón de Orquídeas, Her). David Fincher, responsable de The Game (1997), mantenía una estrecha amistad con Jonze desde la época en la que ambos triunfaban dirigiendo video-clips y le llamó para que hiciera un fugaz cameo en esta infravalorada película.



Continuamos con los cameos rápidos y casi imperceptibles. En esta ocasión, nos centramos en una de las películas de ciencia ficción más brillantes del presente siglo: Minority Report (2002). Tom Cruise había acabado de rodar Vanilla Sky justo antes de embarcarse en el nuevo proyecto de Steven Spielberg y le sugirió al director que utilizara como extras, en la secuencia del tren, a Cameron Crowe y Cameron Diaz. El realizador de Vanilla Sky está leyendo el periódico y se da cuenta que John Anderton (Tom Cruise), el hombre que está siendo buscado por la policía, está prácticamente delante suyo. El rostro mucho más reconocible de Cameron Diaz tuvo que ser ocultado y así fue como el separador del asiento solo nos deja ver sus ojos y su frente.



Sir Richard Branson es el fundador del grupo empresarial Virgin. Su fortuna personal le sitúa entre las personas más ricas del mundo. Sin embargo, su carácter audaz y aventurero no le ha confinado a un despacho. Estamos ante un polifacético filántropo, cuyos nuevos proyectos incluyen el desarrollo de aeronaves que puedan viajar al espacio exterior. En su faceta de personaje transmediático, Branson ha tenido apariciones especiales en varias películas y series de televisión. La que hoy nos ocupa se halla en Casino Royale (2006). En uno de los mejores films de la saga Bond, los aviones de Virgin Atlantic tienen una presencia notable y Branson lo aprovechó para asegurarse un irónico cameo dando vida a un pasajero que activa la alarma de metales al pasar un control de seguridad en el aeropuerto de Miami. Justo detrás de él, pasa el terrorista que tiene previsto destruir el flamante avión transoceánico de la compañía Skyfleet.



Por último, me gustaría concluir este artículo con un cameo reciente que, además, es el más imperceptible de todos los que hemos presentado hasta ahora. Concretamente, entramos a fondo en el DCEU (DC Extended Universe) para fijarnos en la película Wonder Woman (2017). Recordemos que el film de Patty Jenkins está ambientado en las postrimerías de la Primera Guerra Mundial.

Una de las secuencias cumbre de la cinta ocurre cuando Diana de Themyscira (Gal Gadot) rompe en solitario la línea de trinchera alemana, alrededor del pueblo belga de Veld. Liderados por su fuerza y resistencia, el resto del contingente británico secunda el avance y logran una gran victoria tras más de un año de estacionamiento forzoso. Una vez liberada la villa, un fotógrafo consigue inmortalizar al grupo de vanguardia formado por Diana, Steve Trevor (Chris Pine), Sameer (Saïd Taghmaoui), Charlie (Ewen Bremner) y el nativo americano Napi (Eugene Brave Rock). Detrás de ellos, varios soldados comprueban el estado de un tanque alemán. Uno de ellos es Zack Snyder, director de El Hombre de Acero (Man of Steel, 2013), Batman v Superman: Dawn of Justice (2016) y máximo impulsor de Justice League hasta que cedió el testigo a Joss Whedon por causas familiares.

Ojalá esta selección de momentos cinematográficos os haya permitido descubrir o rememorar unas curiosas apariciones que realzan el lustrado anecdotario del séptimo arte.  


Zack Snyder se llevó de recuerdo una foto retocada al estilo de 1918.


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14 de septiembre de 2017

Cameos curiosos (y diferentes) en el mundo del cine (I)


Sí, ya sé que se trata de un tema recurrente en multitud de medios digitales pero lo que yo os propongo es un viaje hacia apariciones no tan conocidas, de las que pocas veces se habla. En mi recopilación no veréis nada acerca de los cameos de Alfred Hitchcock ni tampoco hablaré de las múltiples presencias de Stan Lee en la gran pantalla. También querría aprovechar para oponerme a aquellos que consideran las intervenciones de Christopher Walken en Pulp Fiction, Tom Cruise en Tropic Thunder, Bill Murray en Zombieland o Alec Baldwin en Glengarry Glen Ross como cameos. En todos los casos, tienen papeles relevantes y trascendentes para los personajes principales. No son intervenciones transitorias o accesorias sino que contribuyen a definir la trama.

Empezamos en la década de los 70 con esa maravilla llamada La Vida de Brian (Life of Brian, 1979). La obra maestra de los Monty Python cuenta con la presencia no acreditada del beatle George Harrison. En esta ocasión, se trata de un cameo fugaz. Un papel de relleno reservado para un extra ilustre, en este caso Harrison. El músico era productor ejecutivo del film y pidió formar parte de esa magnífica locura que acabó convirtiéndose en una de las mejores comedias de la historia.



De una de las mejores comedias de todos los tiempos pasamos a una de las más grandes aventuras de la historia del cine: En Busca del Arca Perdida (Raiders of the Lost Ark, 1981). La espléndida alianza creativa entre Steven Spielberg y George Lucas supuso también la incorporación de colaboradores habituales de uno y otro al equipo de producción. Frank Marshall ya formaba parte del entorno del director y estaban a punto de fundar Amblin Entertainment junto a Kathleen Kennedy, a la sazón futura esposa de Marshall. Pues bien, Raiders supuso el bautismo de fuego para el bueno de Frank como productor de una cinta de gran formato. Tras haber debutado como productor ejecutivo en Luna de Papel (Paper Moon, 1974), Marshall se disponía a dar el paso definitivo. Su debut no pudo ser en mejor momento puesto que el éxito del film y el inicio de Amblin en 1981, aceleró una carrera que le ha visto convertirse en uno de los productores más importantes e influyentes de las tres últimas décadas. En Raiders, además, se prestó a realizar un cameo cuando se necesitaba a alguien que hiciera de piloto en la famosa secuencia en que el cazabombardero nazi, que debería transportar el Arca de la Alianza, es abordado por Indiana Jones (Harrison Ford). Le vemos en el cockpit de la aeronave tratando de disparar a Indy justo antes de ser golpeado por Marion Ravenwood (Karen Allen).



Hablé sobre el siguiente mini-cameo en un artículo reciente sobre las canciones en la filmografía de Sylvester Stallone. En 1983 se estrenó Staying Alive, secuela del primer gran éxito en la carrera de John Travolta: Fiebre del Sábado Noche (Saturday Night Fever, 1977). El nuevo film no logró la aceptación de crítica y público pero pronto se olvidó que tras la cámara de Staying Alive se había sentado el propio Stallone. El icono del cine de acción se había permitido un capricho dirigiendo una película de carácter musical y, además, se reservó un minúsculo cameo en una secuencia en la que choca con Tony Manero (Travolta) en plena Quinta Avenida de Nueva York.



Volvemos de nuevo al mundo de Indiana Jones para presentar el siguiente cameo. Se trata de una intervención en la que poca gente ha reparado debido al trabajo de cámara de Steven Spielberg. El director había trabajado con Dan Aykroyd en la alocada comedia 1941 (1979) y cuando necesitó a alguien para la secuencia en la que Indy, Short Round (Ke Huy Quan) y Willie Scott (Kate Capshaw) llegan al aeropuerto de Shanghai huyendo del acoso del mafioso Lao Che (Roy Chiao), llamó a Aykroyd para que diera vida a Weber, un responsable del aeródromo. La secuencia es rápida, nocturna y además el director nunca coloca al personaje en el centro de la mirada. No obstante, si la miramos con detenimiento, vemos claramente a Aykroyd recibiendo a Indy y acompañándole hasta el avión. Estamos hablando, como no podía ser de otra forma, de Indiana Jones y el Templo Maldito (Indiana Jones and the Temple of Doom, 1984). Por cierto, buen trabajo de Aykroyd emulando el acento británico del personaje al que interpreta.



A lo largo de esta selección estamos viendo cómo el cameo puede oscilar entre la presencia fugaz y algo un poco más duradero con inclusión de algún diálogo. Tal como explicábamos al inicio, el denominador común es que la aportación siempre debe ser accesoria y nunca trascendente para la trama principal. Es buen momento, pues, para repasar la carrera de un director que ha cultivado a fondo el cameo en sus films. Sin llegar a los niveles de presencia perpetua de Hitchcock, Martin Scorsese ha cultivado toda clase de cameos, con o sin diálogo y más o menos fugaces.

Os presento un vídeo recopilatorio en el que se le puede ver en Who's that Knocking on my Door? (1967), Boxcar Bertha (1972), Malas Calles (Mean Streets, 1973), Taxi Driver (1976), Toro Salvaje (Raging Bull, 1980), El Rey de la Comedia (The King of Comedy, 1982), Jo, Qué Noche! (After Hours, 1985), El Color del Dinero (The Color of Money, 1986), La Edad de la Inocencia (The Age of Innocence, 1993), Al Límite (Bringing Out the Dead, 1999), Gangs of New York (2002), Hugo (2011) y El Lobo de Wall Street (The Wolf of Wall Street, 2013).



Cambiamos de registro para sumergirnos en El Silencio de los Corderos (The Silence of the Lambs, 1991). Cuando el Doctor Hannibal Lecter (Anthony Hopkins) escapa de una celda especial situada en la corte de Memphis, provoca que se desate una operación para capturarle. Pues bien, uno de los SWAT que va a la búsqueda de Lecter es el cantante y actor esporádico Chris Isaak, conocido por temas como "Wicked Game", "San Francisco Days" o "Baby Did a Bad Bad Thing". Isaak mantenía amistad con el director Jonathan Demme desde que éste le diera un papel en Casada con Todos (Married to the Mob, 1988). Así fue como el realizador pensó en él para esta breve aparición liderando al grupo táctico que cree haber cazado a Lecter...



No nos movemos de 1991 aunque en un género completamente opuesto. Con Hook, Steven Spielberg trató de realizar la versión definitiva sobre el cuento de Peter Pan. Sin embargo, demasiados elementos no encajaron debidamente y la cinta resultante acabó siendo una de las experiencias de rodaje más frustrantes en la carrera del Rey Midas. En la cinta hay numerosos cameos pero el que me gustaría resaltar es el de Glenn Close, caracterizada como un pirata barbudo, que tiene la mala suerte de sufrir la cólera enfermiza del Capitán Garfio (Dustin Hoffman).  

8 de septiembre de 2017

Spielberg on Spielberg: Mi Amigo el Gigante (The BFG, 2016)



"En el fondo, The BFG trata sobre el amor que se establece entre los niños y sus abuelos. Es lo más cerca que he estado de narrar una gran historia de amor."


La ilusión con la que había arrancado DreamWorks Studios en 1995 se había tornado en sensación agridulce a lo largo de los años. Más allá de los proyectos dirigidos por Spielberg y de algunas de sus cintas de animación, el estudio nunca llegó a consolidar su posición para poder competir seriamente con las otras majors. Después de varias alianzas empresariales, sus responsables decidieron forjar una reconversión que abriera una nueva oportunidad en el negocio del cine. Tras varios meses de negociaciones intensas se llegó a un acuerdo que se presentó oficialmente en diciembre de 2015. El sello personal de Spielberg (Amblin) iba a recuperar la preponderancia en este nuevo modelo organizativo puesto que nacía oficialmente la corporación Amblin Partners. Esta nueva entidad agrupa a cuatro compañías que ya llevaban tiempo colaborando en base a acuerdos temporales. En concreto, bajo el paraguas de Amblin Partners, se halla DreamWorks Studios, Participant Media, la compañía india Reliance Entertainment y eOne Entertainment. Spielberg firmó en representación de DreamWorks, Jeff Skoll lo hizo en nombre de Participant, Anil Ambani por parte de Reliance y Darren Throop en representación de eOne.

Así pues, surgió una nueva entidad generadora de contenidos en cine, televisión y medios digitales que mantiene su sede en Universal City. El plan de distribución de la nueva corporación es complejo y responde bien al perfil de las diversas compañías implicadas en el acuerdo. A través del sello DreamWorks Pictures, Amblin Partners distribuirá las películas de gran formato. El contenido infantil y juvenil será distribuido por el sello Amblin Entertainment que, a su vez, dispondrá de una división televisiva. El tercer elemento de este esquema lo representa Participant Media, bajo el amparo de la cual se distribuirán los proyectos de mayor compromiso social. Además, la compañía que preside Jeff Skoll mantiene su condición de entidad independiente y podrá producir películas en paralelo a su colaboración con Amblin Partners. Por lo que respecta a eOne, ésta se encargará de la distribución en varios países (Reino Unido, España, Belgica, Luxemburgo, Holanda) y en el continente oceánico.

Steven Spielberg es el Presidente fundador de Amblin Partners mientras que el día a día de la gestión corresponde a Michael Wright y Jeff Small. Poco después de la presentación empresarial, se anunció que se había llegado a un acuerdo de co-distribución no exclusivo con Universal Pictures y Focus Features, valedero para los cinco próximos años.

Esta introducción empresarial viene al caso al ser Mi Amigo el Gigante (The BFG, 2016) el primer proyecto dirigido por Spielberg que se desarrolló bajo la cobertura de Amblin Partners.    



21 de agosto de 2017

Dunkerque (Dunkirk, 2017)


Un artículo de Mike Sanz.

En 1940, los nazis cercan a las tropas francesas y a más de cuatrocientos mil británicos en las playas de Dunkerque. Mientras los hombres bajo su mando se debaten entre el fuego enemigo y un mar embravecido, los oficiales apuran los recursos a su disposición, tres pilotos de la RAF vuelan raudos a abatir al enemigo y los propios pescadores ingleses zarpan para rescatar a los suyos.

Dunkirk es la nueva película del reputado cineasta Christopher Nolan, quien, tras concluir la trilogía de El Caballero Oscuro en 2012, se dedica a proyectos más personales de gran presupuesto, caso de Interstellar (2014) y el filme que hoy nos ocupa. A raíz de un suceso histórico que ya ha inspirado una decena de películas, el guion de Nolan retoma algunas de las constantes de su obra, en especial los juegos temporales de las narrativas reticulares, aquellas que alternan varias historias que se desarrollan en líneas temporales diferentes, y les añade una interesante reflexión acerca de la lucha por la supervivencia en condiciones extremas.

El guionista y director vuelve a explorar el concepto de thriller temporal que pulió con Memento (2000), El Truco Final (The Prestige, 2006) y, en especial, Origen (Inception, 2010) y lo adapta a las convenciones del cine bélico. Por supuesto, se basa en los hallazgos de la película que marcó un antes y un después en el género, Salvar al Soldado Ryan (Saving Private Ryan, 1998), si bien Dunkerque se aleja del hiperrealismo de la obra maestra de Spielberg y potencia los recursos narrativos de Nolan que trabajan para que la tensión vaya en aumento: el montaje en paralelo que alterna tres líneas temporales diferentes que acaban por confluir en el clímax, la fotografía gélida, la ecléctica banda sonora y el apabullante diseño de sonido. No es de extrañar que confíe en Hans Zimmer, su colaborador habitual, para que componga una banda sonora que incomoda gracias a un leitmotiv que recuerda al tictac de la cuenta atrás de los protagonistas. Por otra parte, la fotografía del suizo Hoyte Van Hoytema, que se ha puesto de moda los últimos años, realza los tonos gélidos del infierno azul al que se enfrentan los protagonistas.


Precisamente el tratamiento de los personajes es una de las mayores sorpresas de Dunkerque. Mientras que el enemigo es literalmente invisible y nunca le ponen rostro, tampoco hay protagonistas como tal, sino más bien varios personajes que sirven de hilo conductor de las tres historias paralelas y acentúan el tono semidocumental de la película. Esta escasez de dramatismo subraya la contundencia y angustia de Dunkerque y, al mismo tiempo, dificulta que los espectadores simpaticen con las pericias de los protagonistas. Aun así, entre el reparto coral destaca la solidez del trabajo de tres intérpretes británicos: Kenneth Branagh, Mark Rylance (a quien Spielberg rescató para el cine con El Puente de los Espías) y Tom Hardy. Los tres aportan emoción contenida a sus papeles y su trabajo brilla con fuerza, a pesar de las limitaciones técnicas (en especial las de Hardy, cuyo personaje es un piloto que no sale de la cabina practicamente en toda la película).

Dentro de los estrenos de gran presupuesto del verano, Dunkerque es un caso atípico, pues se trata del nuevo ejercicio narrativo que recupera las constantes formales y temáticas de un cineasta ya consagrado, que ahora se atreve a jugar con los clichés del género bélico. No se pierdan una de las experiencias cinematográficas de la temporada.