jueves, 26 de marzo de 2015

Star Wars. Personajes: Palpatine / Darth Sidious. Por Fran Marí


Podría intentar hablar sobre los orígenes de Palpatine, de cómo Darth Plagueis lo llevó al lado oscuro de la Fuerza, y de cómo un joven nacido en el idílico planeta de Naboo se convirtió en uno de los mayores h***s de p**a de la Galaxia. Sin embargo, no podría evitar irme por los cerros de Úbeda -que para aquellos que no lo sepan, están en un pequeño planeta del borde exterior (por si no lo habéis pillado, es un chiste malo de waries)-, así que prefiero centrarme en lo que realmente importa, ¿cómo un solo hombre, que no es más que piel y hueso, sobrevive a todos para convertirse en un dictador a nivel galáctico?

Algo que caracterice a Palpatine es la paciencia. En las películas puede parecer que su plan de dominación se lleva a cabo en unas seis horas, sin embargo, le llevó un poco más tiempo. Adiestrado desde su juventud por Darth Plagueis, Palpatine creció con la característica ambición de un sith aplicada en la política de la República Galáctica. Sin embargo, su maestro, no tenía las mismas ideas. Desde que se había convertido en maestro sith, Plagueis dudaba de la norma de los dos, ya que no compartía la opinión de entrenar a su futuro asesino, por lo que ocultó muchos conocimientos a Sidious, entrenándolo con la intención de que fuera el primero de una nueva orden Sith. Pero Palpatine ansiaba conocimiento, así que cuando descubrió la ancestral regla de los sith, en la que solo podían coexistir un maestro y un aprendiz, decidió seguir al pie de la letra. Pero no lo hizo de inmediato.

Para la mayoría del público, cuando vemos la escena del funeral de Qui-Gon, pensamos que la muerte de Darth Maul supone la muerte del aprendiz, pero no es así del todo. El plan de Plagueis era dominar la galaxia, por eso se valió del carisma de Palpatine, y mientras este ascendía dentro del organigrama de la República, su maestro actuaba desde las sombras, hasta que Sidious decidió unificar ambas funciones en su persona. Así, en el 32 ABY, justo después de ser elegido canciller, Palpatine visitó y asesinó a su maestro para ocupar su lugar como Señor de los Sith. La intención de Plagueis, que Palpatine cuenta a Anakin en el Episodio III, era la de vivir eternamente valiéndose de sus poderes, sin embargo no contaba que su aprendiz lo traicionaría, como marca la tradición sith.

A partir de este momento, la vida de Palpatine se simplifica sustancialmente. Además de tener el poder de la República puede mantener en secreto su identidad sith, permitiéndole jugar a dos bandos, algo que se pondría en su favor durante las Guerras Clon que, por si alguien no se había dado cuenta, eran un simple montaje de Sidious para debilitar a los jedis.

Sin la intención de dar una clase de historia a mis queridos lectores, aprovechando que estamos hablando del principal artífice del Imperio Sith, lo mejor es hablar de las similitudes entre Palpatine y Hitler. Tiene un ejército de hombres supuestamente iguales entre ellos y superiores al resto del mundo; nadie le contradice en cuestiones ideológicas; cree ciegamente que su reinado durará eternamente o mil años que, para los cánones humanos, es lo mismo; con una simple orden ejecuta a todo un sector de la población, cuyas creencias no son las mismas; y así podríamos seguir, hablando y hablando sobre que, al final, las únicas diferencias entre Palpatine y Hitler son un bigote, una túnica negra y el idioma que hablan.

Para terminar regresando al tema principal y al universo Star Wars, lo más importante que debemos saber al ver las películas de la saga es que, si bien Vader, Maul o Dooku puedan parecer malos, en realidad la maldad personificada es Sidious, ya que tras sus intenciones no hay un motivo aparente más que el de dominar toda la Galaxia. Así, sin más. Maul, por mucho que nos pese, es solo un arma de matar; Vader se pasó al lado oscuro para salvar a su amada; y Dooku tenía ciertos ideales que pocos compartían. Sin embargo, Sidious solo tenía ambición, tanta ambición, que, después de morir en la segunda Estrella de la Muerte, tuvieron que matarlo hasta tres veces más para que dejara de tocar los co***es.

En la historia que descubrimos a través de las películas, podemos ver que Palpatine se erige como un ser maligno con poderes casi divinos, que le permiten convertirse, a pesar de su apariencia débil y afable, en un peligroso rival. En este sentido podía alargarme explicándoos las apariciones y los argumentos en los que participa Palpatine, pero es mejor que os miréis las películas y lo descubráis vosotros mismos. Tan sólo os diré que, si no fuera porque sabemos que se trata de una ficción orquestada por George Lucas, creeríamos que el director de la película es el propio Palpatine, ya que, como el mismo dice: “Todo aquello que ha sucedido ha sido de acuerdo con mis designios”

Star Wars. Manual de Supervivencia es un proyecto de LASDAOALPLAY? y El Cine de Hollywood.

martes, 24 de marzo de 2015

Spielberg on Spielberg: E.T. el Extraterrestre (E.T. the Extra-Terrestrial, 1982)

 
"Cuando empecé E.T. estaba henchido y contento por tener las películas que tenía en mi lista. Y no sentía que tuviera nada que perder. No tenía nada que demostrar a nadie excepto a mí."

Spielberg llevaba pensando en una idea para una nueva película desde hacía algunos años. El motor de la misma radicaba en su propia infancia cuando era "un niño que se sentía un poco perdido y distanciado por ser siempre el judío en barrios de gentiles".  Con el divorcio de sus padres, esa sensación se acrecentó y tuvo que lidiar con un sentimiento de soledad muy agudizado. Su pasión por el cine y el empeño que puso para convertirse en director, alejaron esas historias de su mente por un tiempo. Pero cuando rodaba Encuentros en la Tercera Fase, esa experiencia personal regresó con fuerza ya que sentía más tristeza por la marcha del alienígena que por la de Roy Neary (Richard Dreyfuss). Sobre esa apreciación germinó una historia.

Durante el rodaje de En Busca del Arca Perdida en Túnez, Spielberg solía quedarse un rato sobre la arena en el set de la ciudad de Tanis. Le gustaba contemplar como el viento provocaba ondulaciones en las dunas. Mientras observaba, recordó con fuerza sus vivencias personales y la historia que le gustaría desarrollar. Decidió no pensarlo más y lo comentó con Melissa Mathison que también estaba en el set de rodaje por ser la novia de Harrison Ford. Mathison había co-escrito el guión de El Corcel Negro (The Black Stallion, 1979), una película que al director le había encantado. Sin más dilación, le propuso que escribiera esta historia "sobre el encuentro de un niño perdido y un extraterrestre perdido."

Spielberg junto a Melissa Mathison y Harrison Ford

Mathison aceptó el reto y empezó a trabajar sobre temas como la familia, el padre ausente, la separación y la tristeza subsiguiente en la casa. El alienígena vendría a llenar el hueco, sin saberlo. Era el encuentro entre un extraterrestre, perdido y solo a cuatro mil millones de kilómetros de su hogar, y Elliott, un niño disgustado por el divorcio de sus padres, que ya no está interesado en las cosas de niño pero que aún no está preparado para la convulsión que supone la adolescencia. Son dos almas gemelas que se reúnen en el mejor momento para ayudarse mutuamente.

Elliott se iba a convertir en el primero de los "niños perdidos" de Spielberg. Este es, indudablemente, uno de los temas de mayor arraigo en su filmografía. Él tenía un bagaje personal amplísimo para dotar a esos personajes de contenido y transmitir a los actores las sensaciones y sentimientos que debían expresar ante dichas situaciones. E.T. fue la primera película personal del director y según palabras de él mismo: "ninguna otra ha podido ser tan íntima para mí como E.T. porque en ella volqué lo que representaba vivir con un sentimiento de soledad interno, provocado por el resquebrajamiento de mi familia."


Mathison y Spielberg trabajaron primero cómo debería ser el visitante. Tendría el poder de curación pero sería un agricultor y su aspecto sería terroso. La guionista trabajó mucho la dinámica entre hermanos y cada cinco días comentaba sus avances con Spielberg. Fue un proceso muy fluido que duró ocho semanas y en el que incluyeron una entrañable referencia a una de las películas favoritas de ambos: El Hombre Tranquilo (The Quiet Man, 1952).

La curiosidad que experimenta E.T. en el bosque de secuoyas, al inicio del film, es lo que acaba derivando en su abandono cuando sus congéneres regresan a la nave y despegan sin percatarse de la ausencia de su agricultor. A partir de aquí, entramos en el tema de la conexión con un niño, perdido en su propio ambiente, que acaba viendo en E.T. un motivo para romper su tristeza con una misión que cambiará la vida de ambos. La conexión no será fácil pero ésta acabará fluyendo con una naturalidad pasmosa.
"Cuanto más tiempo pasan las personas en una habitación cerrada, forzadas a romper la barrera de la lengua, más profundamente conectan esas almas. Las amistades profundas se forjan cuando nos esforzamos lo suficiente para hacerle saber al otro cuáles son nuestros sentimientos. Y eso era lo que unía a E.T. y a Elliott, dos almas perdidas que se necesitan la una a la otra durante un período de tiempo muy breve, para poder sobrevivir las dos de forma espiritual. E.T. es la película más espiritual que jamás he hecho y no fue algo accidental. Fue algo que siempre sentí profundamente."


En cuanto al trío protagonista, la primera en ser contratada fue una niña de seis años descendiente de una gran familia de actores: Drew Barrymore. Costó encontrar a Elliott pero finalmente Spielberg quedó impresionado con Henry Thomas, de nueve años, que cautivó a la hora de reflejar sentimientos durante su prueba de cámara. Robert McNaughton fue fichado para dar vida al hermano mayor, Michael. El director volcó sobre él algunos de sus propios recuerdos ya que las bromas que gasta a Elliott y Gertie, al principio del film, son las mismas que el cineasta solía hacerle a sus hermanas.

Los personajes adultos iban a ser completamente secundarios y la idea era no mostrarlos nunca por completo (al estilo de los cartoon de Tex Avery). Aunque habría dos excepciones: la madre, interpretada por Dee Wallace, y el investigador jefe del Gobierno, Keys, al que dio vida Peter Coyote. El misterioso Keys irrumpe en la película para devorar el mundo de los niños aunque después resulta ser más amigable de lo que parecía. Coyote se había presentado a las audiciones para Indiana Jones. Su prueba fue bastante mal puesto que el actor entró en la sala tropezándose y cayendo al suelo pero Spielberg no le olvidó y le ofreció el papel en E.T.

De forma genérica, los adultos son tratados como una amenaza permanente porque el film reivindica la inocencia infantil como un valor que nunca debería ser vulnerado.


En cuanto a la caracterización de E.T., Spielberg no quería que fuera como los alienígenas de las otras películas. El aspecto debía ser nuevo y sorprendente. Tras desechar las ideas del diseñador Ed Verreaux, el director volvió a reunirse con Carlo Rambaldi, con el que ya había trabajado en Close Encounters, y el italiano dio en el clavo con el diseño definitivo.

E.T, debía asustar al principio pero también ser capaz de conectar con la audiencia, pasado el impacto inicial. El diseño de Rambaldi cubría las dos prestaciones y sus ayudantes fueron capaces de desarrollar  un sistema de cables para mover al personaje en las tomas fijas.

Por otra parte, Spielberg contrató como director de fotografía al que había sido uno de sus compañeros de aventuras amateurs en los 60. Se trataba de Allen Daviau. Tras haberse ocupado de la fotografía en Amblin' (1968), había trabajado en telefilms y cortometrajes. E.T. iba ser el primer gran título de su carrera en el cine. Resulta interesante como, junto al director, diseñaron una iluminación llena de contrastes que destaca especialmente en las secuencias nocturnas. En las siguientes dos décadas, Daviau se reivindicó como uno de los técnicos más notables del panorama hollywoodiense acumulando cinco nominaciones para los premios Oscar.  

Pero lo que realmente dotó de alma a la película fue la empatización total de los jóvenes actores con el visitante del espacio. Spielberg consiguió sacar una grandísima interpretación de Henry Thomas y le transmitió los sentimientos que tenía que expresar con una gran claridad. La expresividad del joven hizo el resto para canalizar la respuesta emocional y transmitir el mensaje principal del film. El propio director se encargaba de darle la réplica poniéndose en el personaje de E.T. durante las escenas en que ambos personajes hablaban. Pero esa interactuación constante con el muñeco en el set de rodaje se convirtió en algo más para esos tres niños. De alguna manera, ellos humanizaron al personaje de E.T. tanto dentro como fuera de la pantalla, creando un vínculo que se vio reforzado gracias a un rodaje con continuidad temporal. Los niños no tenían que ponerse en situación a cada escena sino que ya habían hecho el viaje emocional de forma continuada, al mismo tiempo que lo hacen sus personajes de ficción. Por tanto, al final esa tristeza que les invade es en parte natural pues lamentaban despedirse definitivamente de ese muñeco al que habían llegado a querer.
"Para mí, E.T. fue la quintaesencia de mi infancia y, a la vez, el final de ella; me dio la valentía, gracias a su éxito, para empezar a tratar temas más adultos. E.T. me dio una especie de pase para fracasar."
E.T el Extraterrestre es una película profundamente emocional que apela a la nostalgia. Sus mayores ataques los recibió por este concepto pero no hay que perder de vista algo importante: como seres emocionales que somos tenemos derecho a dejarnos llevar por la sensibilidad cuando el material nos lo sugiere. No debemos dejar de lado esta implicación sensible si compartimos el objetivo que el director persigue. La frialdad y la distancia no deben ser un "canon" para la nueva narrativa audiovisual, aunque los "gurús" y los "gafapastas" así lo crean.

La emotividad de muchas de las secuencias se mantiene imperturbable gracias a los momentos icónicos y a la partitura musical de John Williams, capaz de enaltecer los sentimientos a la máxima potencia.
"Yo puedo hacer que las bicicletas se eleven. Pero John reescribe la película musicalmente. Él hace que sean verdaderamente aéreos, porque el público se eleva del suelo gracias a los violines de John Williams. Creo que los últimos quince minutos de E.T. son como una ópera, gracias a la aportación de John."

Esta fue la segunda película producida por Amblin Entertainment. La compañía había sido fundada un año antes por Spielberg, Frank Marshall y Kathleen Kennedy. Tras Continental Divide, dirigida por Michael Apted con guión de Lawrence Kasdan, llegó la película que aportaría la imagen corporativa de Amblin: Elliott y E.T. volando en la bicicleta con la Luna como telón de fondo. Kathleen Kennedy y Spielberg debutaron como productores con este film que Universal Pictures se encargó de distribuir. Su presupuesto fue de 10 millones de dólares recaudando un global de 792 si incluimos su reestreno en el veinte aniversario. La cinta se convirtió, desde su estreno, en una experiencia comunitaria en familia y así fue como obtuvo su colosal éxito.
"No hice E.T. con tremendas visiones de grandeza. Sólo quería hacerla. La llevaba en mi corazón. Quería ver esa película hecha realidad, todo lo demás era complementario."
"Es un cliché decir que esta película es para el niño que llevamos dentro. No, esta película es para las personas que somos, las que hemos sido y las que queremos volver a ser. Sí, creo que es para todos." 
La cinta obtuvo nueve nominaciones en los premios Oscar aunque nuevamente perdió los más importantes. Esta vez, la gran triunfadora fue Gandhi, dirigida por Richard Attenborough. John Williams sí lo obtuvo por su maravillosa banda sonora, al igual que Carlo Rambaldi y los técnicos de sonido y efectos visuales.

Sin embargo, el propio Attenborough, que años después se pondría a las órdenes de Spielberg en Jurassic Park, declaró lo siguiente:
"Estaba convencido no solo de la victoria de E.T. sino de que era la que más merecía ganar. Era una película inventiva, poderosa y maravillosa. Yo hago películas más mundanas..."  
Con ocasión del veinte aniversario de la película, el reparto volvió a reunirse con Steven Spielberg y Kathleen Kennedy.




Precedido por:

En Busca del Arca Perdida (Raiders of the Lost Ark, 1981)

Continúa en:

Indiana Jones y el Templo Maldito (Indiana Jones and the Temple of Doom, 1984)

lunes, 23 de marzo de 2015

Star Wars. Personajes: Conde Dooku. Por Fran Marí

Si la vida del Conde Dooku fuera llevada al cine, seguramente tendríamos una interesantísima historia épico-histórica. ¿Por qué digo esto? Muy sencillo, porque la vida de Dooku es más propia de las novelas románticas de finales del siglo XIX que del universo Star Wars. Nacido en el seno de una noble y adinerada familia del planeta de Serenno, Dooku fue entregado a la Orden Jedi de pequeño, pero a diferencia de la mayoría de sus compañeros, creció sabiendo quien era y cuál era su familia. A pesar de que por nacimiento tenía el derecho de ser conde de su planeta natal, aceptó las ordenanzas Jedi y se convirtió en un caballero de honor y talento.

A lo largo de su vida en la Orden, destacó por su habilidad en los duelos de sables, de la misma manera que por conocer al dedillo el complicado funcionamiento de la República Galáctica y su senado. Sin embargo, después de décadas entre los jedis, Dooku empezó a sentir desencanto por la Orden y por su manera de proceder, creyendo que se implicaba en cuestiones políticas alejándose del camino de la Fuerza. Pero fue la muerte de su antiguo y fiel aprendiz, Qui-Gon Jinn, la que se convirtió en el detonante de su abandono. Llevado por diferencias ideológicas, además de por enfrentamientos directos con el Consejo, Dooku colgó su túnica de jedi, se retiró a Serenno y recuperó el título familiar de Conde.

Es por ello, que el Conde Dooku tiene el dudoso honor de pertenecer a un exclusivo club de Jedis, conocido como Los Perdidos o Los Veinte Perdidos. Siendo él el último de ellos, en más de dos mil años de historia, solo veinte maestros jedis abandonaron la orden, y se les recuerda en la biblioteca del templo con bustos. Es sabido que todos ellos, al carecer del apoyo de sus compañeros del lado luminoso de la fuerza, rápidamente eran tentados por las tinieblas sith, y Dooku no fue una excepción. Sin embargo, fue el primero en pasar al lado oscuro sin que sus antiguos aliados lo supieran.

El camino que un Jedi realiza para pasar al lado oscuro no es corto ni fácil, sin embargo puede plantearse desde diferentes enfoques. En el caso de Dooku no fue una conversión inmediata, sin embargo el descontento que sentía por los jedis, así como sus creencias sobre la corrupción de la Orden, sumado a la riqueza de la que disponía, llamó la atención de Palpatine, que lo convencería para convertirse en su aprendiz, Darth Tyranus.

A pesar de que, en apariencia, Dooku era un estrecho colaborador de Darth Sidious, este, en realidad tenía otros planes. Mientras que Dooku se hacía cargo de liderar a los Separatistas, financiándolos y nutriéndolos con más aliados gracias a sus contactos, creyendo que al final gobernaría la Galaxia junto a su maestro. Sidious lo utilizó de la forma más burda para que le hiciera el trabajo sucio, para, al final, sacárselo de encima en favor de un aprendiz más joven y más poderoso… Darth Vader.

Pero no adelantemos acontecimientos. Dooku, tras unirse a Sidious, se convirtió en un personaje esencial de las Guerras Clon, y no solo por ser el líder de unas de sus facciones, ni por motivar la creación del ejército de la República, sino por su papel vital como orquestador del conflicto. Si por su lado, Sidious, era el jefe en las sombras, Dooku era quien decidía donde atacar, como hacerlo y con qué agente: podía ser una simple negociación, podía soltar a Grievous en un planeta para que lo asolara, o enviar a uno de sus aprendices, como Asajj Ventress o Savage Opress.

Aun así, al final, creyendo a pies juntillas que se convertiría en uno de los dirigentes del nuevo orden en una Galaxia limpia de la corrupción jedi, su maestro, Sidious, dejó que Anakin Skywalker, llevado por la ira, lo decapitara frente a él. Y no hace falta insistir en que no se lo esperaba, solo hay que ver los ojitos de cordero degollado que pone Christopher Lee instantes antes que Anakin juegue a la Revolución francesa con sables láser.

Hay algo en los Sith y en la manera de ser de sus principales lores, que atrae en masa al público. Vader y Maul son los ejemplos más destacables, y si bien ambos son sith, no se parecen en nada. Algo parecido sucede con Darth Tyranus. Aun siendo un lord oscuro, tiene ese porte noble que le hace peculiar, de la misma manera que conserva una capa del mismo color que su vieja indumentaria jedi. El conjunto de estos y otros hechos, como la conservación de su nombre de nacimiento, nos lleva a pensar que Dooku es algo más que el aprendiz de Darth Sidious. Ante todo es conde de Serenno, después es un político rebelde -ya que debemos recordar que si bien es partícipe de los planes de Palpatine, desconoce las intenciones finales de este-, y, al final, es un sith. Es por este estilo tan… ¿Cómo decirlo?... Tan británico de ser un sith, por el que Dooku se ha convertido, junto con Maul y Vader, en los villanos favoritos del universo. Sin olvidarnos de su peculiar sable de luz con mango curvo y su estilo de lucha a una sola mano, más parecido a la esgrima que al combate a dos manos de los samuráis.

En resumidas cuentas, el Conde Dooku es el Saruman de La Guerra de las Galaxias, y no solo porque ambos sean interpretados por el magnífico Christopher Lee, sino porque ambos son personajes en origen buenos, pero que con el paso del tiempo se ven tentados por la riqueza, el poder y la ambición que nacen en los lados oscuros de sus respectivos universos.

Star Wars. Manual de Supervivencia es un proyecto de LASDAOALPLAY? y El Cine de Hollywood.

jueves, 19 de marzo de 2015

El western según Sergio Leone (I). Por Xavi López


“Once Upon a Time…” 
Así es como empiezan los cuentos clásicos y así es como empezaría la Trilogía del Oro de Sergio Leone, director italiano que revitalizó el western no sólo para Europa, sino para el mundo entero creando dos iconos del género: el “Hombre sin nombre” y, por supuesto, Clint Eastwood.

Nacido en Roma, Sergio Leone (1929-1989) decidió abandonar los estudios de Derecho para dedicarse al mundo del cine. Su carrera en el Séptimo Arte empezó a la edad de 18 años cuando trabajó como ayudante de Vittorio De Sica en la película El Ladrón de Bicicletas (Ladri di Biciclette, 1948) - más conocida por ser el máximo exponente del Neo–Realismo Italiano. A partir de 1950, Leone empezó a escribir guiones enfocados a lo que se conoce como el género del “Peplum” pero también trabajó en diversas producciones a gran escala como ayudante de dirección. Las más notables fueron Quo Vadis (1951) y Ben-Hur (1959). Pero fue cuando el director Mario Bonnard cayó enfermo durante el film Los Últimos Días de Pompeya (Gli Ultimi Giorni di Pompei, 1959) que a Leone se le pidió que se encargara de completar la película. Esto dio como resultado que se le encargara la dirección (su debut tras la cámara) en la película El Coloso de Rodas (Il Colosso di Rodi, 1961) para lo cual se armó con un equipo para realizar una cinta de bajo presupuesto que parecía una gran superproducción hollywoodiense.

Rory Calhoun y Leone durante el rodaje de El Coloso de Rodas (1961).

Después de esta experiencia, Leone centró su atención hacia otro tipo de género, el llamado “Spaghetti Western" dado que el “Peplum” había perdido el favor del público.

Y así empezó…
“A su modo, Él es, tal vez, el hombre más peligroso que jamás ha existido!”   
Tagline de la película.

Por un Puñado de Dólares (Per un Pugno di Dollari, 1964), basado en Yojimbo (1961) de Akira Kurosawa, que, a su vez, gravitaba entorno a la novela de Dashiell Hammett, “Red Harvest” (“Cosecha Roja”), publicada en 1929. Las tres obras, la novela y los films, comparten base pero no así el período de tiempo ni la ambientación. Mientras que “Red Harvest” transcurre en los años de la Prohibición, Yojimbo hace lo propio en el Japón Feudal y A Fistful of Dollars se enmarca en una población fronteriza entre Estados Unidos y México.

Un pistolero solitario, cuyo nombre se desconoce pero al que se apoda “Joe”, llega a la pequeña población de San Miguel. Allí encuentra a dos familias que se disputan el control de la ciudad: los Rojo y los Baxter . Es entonces cuando el “pistolero” decide enfrentar a ambas familias en su propio beneficio desembocando en una espiral de muerte, destrucción y traiciones.

Por Un Puñado de Dolares fue el primer intento de Leone para reinventar el género fílmico del western en Italia. De ahí precisamente el apodo del género. En opinión del cineasta los westerns americanos de mediados de los 50 y posteriores se habían estancado, se habían vuelto demasiado moralistas y no eran creíbles. A pesar de que en Hollywood habían empezado a perder fuerza, Leone tenía el convencimiento de que en el mercado europeo había aún posibilidades de llegar a la audiencia observando como el público italiano se reía de los convencionalismos de los westerns americanos y de los pastiches en que algunos directores italianos habían llegado a trabajar bajo pseudónimo.

Su intención era la de tomar la “gramática” de los films italianos y trasladarla a la ambientación del western. Es decir, recoger los elementos que funcionaban en el western y hacer un film italiano que pudiera pasar por norteamericano.


Originalmente, Leone quería a Henry Fonda para el personaje principal. Pero la compañía cinematográfica no podía permitirse pagar por una estrella hollywoodiense dado el reducido presupuesto. Por su parte, Leone, al no poder contar con Fonda, contactó con Charles Bronson quién declinó argumentando que el guión era malo. Curiosamente el cineasta contaría con ambos para Hasta que Llegó su Hora (Once Upon a Time in the West 1968). Fue tras tantear a otros actores como Henry Silva, Rory Calhoun, Tony Russel, Steve Reeves, Ty Hardin y James Coburn que Leone dirigió su atención hacia Richard Harrison, quien recientemente había participado en el que está considerado como el primer spaghetti westernDuello nel Texas (1963). Harrison no se mostró impresionado y declinó la oferta. Los productores, por su parte, le presentaron una lista con actores americanos menos conocidos y le pidieron consejo a Harrison respecto a ellos. Éste sugirió a un tal Clint Eastwood. El mismo Eastwood, más tarde comentando respecto de la transición del western televisivo al western cinematográfico, afirmó que estaba agotado de interpretar al cowboy convencional en la serie Rawhide (1959-1965) y que aquella oportunidad le había proporcionado el vehículo para ser un antihéroe. 

Por otra parte, tenemos a Gian María Volonté como el despiadado pero inteligente Ramón Rojo, cabeza pensante y líder de la familia compuesta por los Hermanos Rojo. Inteligente, despiadado y ambicioso. En la familia él es quién lleva las riendas. Un origen no muy alejado del “Indio” de La Muerte tenía un Precio pero distinto: despiadado pero no psicótico; cruel pero inteligente; taimado y astuto pero no carente de la capacidad para amar a alguien, en este caso a Marisol (Marianne Koch)


Le siguen sus hermanos: Antonio Prieto como Don Miguel Benito Rojo, el hermano mediano, pacificador y cortés quién ve la llegada del “Hombre sin Nombre” como una oportunidad para acabar con sus rivales. Y Esteban Rojo, interpretado por Sieghardt Rupp, el más joven e impetuoso de la familia siempre dejándose llevar, precisamente, por su juventud e inexperiencia aunque eso no lo haga menos peligroso por ello. Por otro lado, tenemos a la familia Baxter, encabezada por el “Pater Familias”, el Sheriff John Baxter (Wolfgang Lukschy), un cargo de paja, vamos, para mantener en San Miguel una apariencia de orden mientras las dos familias se matan entre sí. También tenemos a la matriarca del clan, Doña Consuelo Baxter (Margarita Lozano), la verdadera cabeza pensante de la familia quien maneja a los suyos con puño de hierro a diferencia de su marido y su hijo Antonio, interpretado por Bruno Carotenuto, tan apocado como su padre. 

Por otro lado, y en el bando imparcial como meros espectadores, tenemos a Josef Egger como Piripero, el fabricante de ataúdes que, tras la llegada del “Hombre sin Nombre”, empieza a ver como se le acumula inesperadamente el trabajo. José Calvo interoreta a Silvanito, dueño de la pensión donde el “Hombre sin Nombre” se hospeda y quién le hará primero de guía reticente para luego convertirse en protector y semi-figura paterna. La relación entre “Joe” y Silvanito empieza de forma profesional mientras que a lo largo del film va evolucionando hacia un camino más de cariño y apoyo incluso siendo más paternal que profesional. También aparecen Mario Brega y Aldo Sambrell como hombres de la Familia Rojo.


Por un Puñado de Dolares fue una producción italo-germano-española por lo que el idioma suponía una importante barrera en el set de rodaje. Leone, que no hablaba inglés, y Eastwood, que tampoco hablaba italiano, se comunicaban por medio de Benito Stefanelli, especialista en escenas de acción. Al igual que en otras películas italianas rodadas por aquél entonces, todo el montaje era silencioso y luego en post-producción se añadían los diálogos y los efectos sonoros.

Las influencias de la cinemática paisajística de John Ford así como del método japonés por lo que a la dirección se refiere, se empiezan a apreciar en la obra de Leone. Por un Puñado de Dólares se convirtió en la primera película en mostrar su distintivo estilo de dirección. Es donde se empieza a ver el uso del llamado “Primerísimo Primer Plano”.

Mediante este plano se capta una parte del cuerpo del sujeto, como una mano, una boca, un ojo, etc… Capta el rostro desde la base del mentón hasta la parte de arriba de la cabeza. Fue Sergio Leone quién lo estableció. Buscaba captar la mirada, la expresión que encierra ésta, para mostrar una tensión inusitada.

En “SU WESTERN” (porqué es el Western de Leone) impregnaba las películas de un toque especial: esa sensación de tensión, ese ritmo ralentizado que empieza lento pero que va alcanzando un crescendo hasta culminar en un clímax brutal. El ritmo, la emoción y la comunicación entre escenas se pueden atribuir al meticuloso filmado de Leone en sus primeros planos. Todo ello muy alejado de lo que en Hollywood se hacía con el primer plano. Que es lo que precisamente logró Leone, pasar del Primer Plano al Primerísimo Primer Plano. Pasar de una línea de diálogo a un silencio marcado por el tempo, por la música, por la tensión que va aumentando, poco a poco, hasta desembocar en el anteriormente citado crescendo.



Por otro lado, tenemos la aportación de Eastwood quien fue instrumental para crear el estilo visual del “Hombre sin Nombre”. Y digo esto porque gran parte del vestuario se lo traían los actores y en el caso del actor principal no fue una excepción. Se trajo unos pantalones tejanos negros de una tienda de deportes de Hollywood Boulevard; el sombrero procedía de una firma de guardaropa de Santa Monica y los característicos cigarrillos, que siempre se aprecian en la comisura de sus labios, de una tienda de Beverly Hills. También se trajo de Rawhide un revólver Colt con una Cobra tallada en la empuñadura, la cartuchera y las espuelas. El poncho característico del personaje se compró en España. Fueron precisamente Leone y el diseñador de vestuario, Carlo Simi, quienes decidieron darle este toque al personaje, creando ese aspecto final que todos recordamos.

Hablando precisamente de aportaciones, es cierto el hecho de que Eastwood no fumaba en absoluto y que, por exigencias de Leone, empezó con este mal vicio. El director quería que llevara constantemente un cigarrillo en la boca.


Si hay otro elemento que destaca en los films de Sergio Leone es precisamente la música. No se trata de una canción ni de una sintonía al uso. Para la Banda Sonora, contó con la ayuda de Ennio Morricone quien creó toda la partitura bajo el pseudónimo de Dan Savio. Leone le pidió a Morricone que escribiera un tema que fuera similar a “El Degüello” de Dimitri Tiomkin, que éste usó en el film Rio Bravo (1959). Puede que el tema principal de Morricone se asemeje a ésta última pero el músico respecto a esto comentaba que usó una nana que el había compuesto y que en base a la petición del director, él mismo fue desarrollando. Los dos temas son similares en ejecución pero difieren en los arreglos.

Gran parte de la música de la Banda Sonora se compuso antes del film, algo poco convencional. La razón de Leone obedecía a su devoción por la música. La partitura decidía la duración de las escenas y no a la inversa. Hasta ese punto era importante para él la música. Eso es algo que más adelante se demostrará como una de las bazas del director para causar tensión dramática.

En definitiva, Sergio Leone rompió con los convencionalismos del western clásico. Los personajes ya no eran buenos o malos, se movían por un terreno gris. Nada era pulcro ni “limpio”. Cada uno se movía por sus propios intereses que, por lo general, eran dinero y oro. La moral de sus personajes era cuanto menos discutible cosa que les daba otra dimensión. La ambientación, si bien es en Estados Unidos o por lo menos simula ser la América del Salvaje Oeste, distaba mucho de los grandes espacios fordianos de quien bebía y tenía influencia. Aquí no había más que polvo, suciedad, miseria y desolación. Un uso del tempo que en conjunción con la Banda Sonora y el Primerísimo Primer Plano, causaba un efecto de tensión que se incrementaba con la magistral partitura de Ennio Morricone.

Sergio Leone acababa de rodar su primer western. Luego, llegarían otras dos películas más.

Pero eso, ya es otra historia…