23 de mayo de 2017

Los rostros de Bond (III): Roger Moore



Concluida la etapa de Sean Connery, los productores se vieron inmersos en una nueva fase de interminables cástings para encontrar a un nuevo actor que fuera perdurable. United Artists llegó a tantear al mismísimo Clint Eastwood, recién salido del gran éxito que supuso Harry el Sucio (1971). Eastwood reconoció estar halagado con la propuesta pero declinó afirmando que un actor norteamericano nunca debería interpretar a James Bond.

Broccoli y Saltzman, por su parte, ya tenían una larga lista de candidatos formada por Julian Glover, Jeremy Brett (uno de los mejores Sherlock Holmes), Simon Oates, John Ronane, y William Gaunt. Pero en los cástings ninguno de ellos acababa de convencer y finalmente decidieron ofrecerle el papel a Roger Moore, un intérprete inglés de curtida fama en la televisión gracias a series como Maverick, El Santo, y Los Persuasores. El hándicap de Moore se centraba en que era más veterano que el actor al que reemplazaba (tenía tres años más que Connery). Iba a empezar su periplo en la franquicia con 45 años y eso propició que se tuviera a un actor en la recámara por si Moore decidía dejar la saga. Ese hombre era Michael Billington, un intérprete que pasará a la historia como el "Bond que nunca fue...."

Hasta 1979, Billington mantuvo la esperanza de asumir el personaje. De hecho, se mantuvo cerca de la producción llegando a interpretar a Sergei Barsov, el novio de Anya Amasova (Barbara Bach), que muere al inicio de La Espía que me Amó (1977). Pero Roger Moore se reveló como el actor que más tiempo ha estado vinculado a la franquicia y el que más películas protagonizó. A pesar de su edad, y tras cumplir su primer contrato por tres películas, siguió renovando su compromiso con Eon Productions y envejeció demasiado con el personaje. En su último film, Panorama para Matar (1985), contaba ya con 57 años y estaba muy limitado para resultar creíble en persecuciones, saltos, peleas, y otras situaciones de peligro.

Su legado fue muy amplio y algunas de sus películas son míticas dentro de la saga. Aunque también representó lo peor de la franquicia y protagonizó algunos de los momentos más ridículos nunca vistos. Si Ian Fleming hubiera estado vivo, se hubiera puesto las manos a la cabeza en más de una ocasión y no le faltaría razón.

Roger Moore es el Bond con el que crecimos muchos de nosotros y eso le otorga el cariño especial de toda una generación pero, siendo objetivos, hay que criticar las situaciones risibles (por utilizar un calificativo amable) que se vieron en Vive y Deja Morir (1973), El Hombre de la Pistola de Oro (1974), La Espía que me Amó (1977), y especialmente Moonraker (1979), a la que califico como el peor film de toda la saga.

Afortunadamente, la década de los 80 trajo nuevos vientos y los guionistas parecieron cambiar su enfoque. Así fue como los tres últimos títulos de Moore fueron sus mejores trabajos: Solo para sus Ojos (1981), Octopussy (1983), y Panorama para matar (1985).

La elección de Roger Moore implicaba cambios ineludibles en la caracterización del personaje. El incipiente talento cómico del intérprete londinense quiso ser aprovechado por los guionistas que, película tras película, definieron a un Bond más cómico, burlón, y casi auto-paródico. Lejos quedó la contundencia, la dureza, y la brutalidad extrema que caracterizó a 007 desde sus inicios literarios. Los años 70 exigían un Bond adaptado a la cultura pop, a la banalidad estética, y a la intrascendencia moral. Nos encontramos, pues, con un profundo lapso de 12 años en los que James Bond se convirtió en un símbolo más de una idea estética irrecuperable y ridícula.

007 siguió conquistando a mujeres, librando combates, y asesinando por encargo pero todo ello estaba enlatado dentro de un producto colorista y circense que, aprovechando la guerra fría y los clásicos villanos megalómanos, desarrolló una historia tras otra olvidando por el camino la verdadera esencia del mejor agente del Servicio Secreto Británico.

Pero el éxito comercial acompañaba esta deficitaria propuesta y así fue como Broccoli aún quería que Moore continuara más allá de 1985. Por suerte, el intérprete no renovó el contrato aduciendo el tema de la edad como factor determinante. No cabe duda de que "Cubby" Broccoli fue un gran productor, que edificó los cimientos de la saga cinematográfica de 007 a base de voluntad y sacrificio, pero siempre le faltó algo más de visión a medio plazo.

En 2005, las películas de Pierce Brosnan habían recaudado las cifras más impresionantes jamás vistas en la franquicia pero eso no enturbió la visión de la hija de Broccoli, Barbara, y su marido, Michael G. Wilson. Ellos detectaron que, a pesar de las grandes cifras, buena parte del público sentía cansancio por una propuesta que siempre aportaba lo mismo. Y decidieron hacer un cambio radical antes de ver caer los rendimientos. Tomaron una decisión arriesgada estando en la cumbre pero convencidos de que era lo mejor. Así fue como decidieron prescindir de Brosnan y apostar por un nuevo actor que rejuveneciera la saga y con el cual pudieran regresar a los orígenes literarios del personaje en lo que fue la apasionante Casino Royale (2006).

Viendo como "Cubby" administró la saga durante su mandato, se me hace difícil creer que llegara a tomar una decisión parecida. Pero, obviamente, esto pertenece al terreno de la hipótesis.

16 de mayo de 2017

Goofy Gymnastics (1949)



Un artículo de Francesc Marí.

Goofy es un hombre agotado, regresa del trabajo derrotado, exhausto, sin ganas de nada, hasta que en un anuncio de una revista descubre algo que lo anima a ponerse en marcha, un paquete de aparatos de gimnasia con audio-guía incluida. Sin dudarlo hace el encargo por correo y, en un santiamén, su apartamento se ha convertido en un pequeño gimnasio. Como siempre, Goofy se enfrentará sin miedo ni reparo a todos los cacharros y respectivos ejercicios, como el levantamiento de pesas, la barra horizontal, las gomas elásticas, las anillas, y todo un amplio surtido de aparatos de gimnasio.


Sin temor alguno a las más que posibles y desastrosas consecuencias, que van desde perder los puntos de mono de ejercicio, a caer de más de cuatro pisos, pasando a ser lanzado cual proyectil humano o golpeado por una dama ofendida.

Aunque de una forma muy primigenia, esta es la primera aparición de Goofy como modelo del hombre medio estadounidense. Aun guardando ciertos elementos, como el sombrerito y los prominentes dientes separados, descubrimos a ese hombre trabajador que llega a casa agotado por las largas horas en la oficina y que, en este caso, además de buscar un hobby, busca la manera de fortalecer su cuerpo entumecido.


Por otro lado, algo que sucede durante el cortometraje, de forma expresa o no, es que en diversas ocasiones Goofy pierde las orejas que, durante los años cincuenta, desaparecían en diversas ocasiones en pos de hacer el personaje más humano.

En este sentido, Goofy Gymnastics se convierte en el nexo del Goofy más clásico y el moderno, ya que en él vemos elementos de ambos mundos, marcando el fin de una época y el principio de otra.


Director: Jack Kinney. 
Guión: Dick Kinney. 
Música: Oliver Wallace. 
Animadores: Edwin Aardal, Merle Cox, Dan MacManus, Wolfgang Reitherman, John Sibley, Al Zinnen. 
Productor: Walt Disney. 
Intérpretes: Pinto Colvig (Goofy), John McLeish (Narrador).

Estreno: 23-IX-1949.

10 de mayo de 2017

Goofy and Wilbur (1939)



Un artículo de Francesc Marí.

Siete años después de que una versión muy preliminar de su personaje viera la luz del cine, Goofy consigue protagonizar en solitario el primer corto de su colección. Aunque en los últimos años, sobre todo tras aliarse con Mickey y Donald, este personaje ganó mucho dejando en segundo plano a otros, como Horace o Clarabelle, siempre actuaba como comparsa de los demás, por mucho que, a la hora de la verdad, fuera él quien se llevará el gato al agua con sus gags. Goofy and Wilbur será el primero de muchos cortos, en los que Goofy conseguirá demostrar su talento para ocupar en absoluto solitario la pantalla.


Tras intentar pescar con tabaco de mascar y un tronco en On Ice (1935), Goofy parece haber aprendido la lección y esta vez cuenta con la ayuda de un saltamontes llamado Wilbur. Este animalito, aprovechándose de un actitud fanfarrona y atrevida, provocará a los peces para que lo persigan y Goofy pueda cazarlos con una red de pescar. Sin embargo, cuando creen que será un gran día y una magnífica expedición, todo se tuerce y Wilbur acaba en el estómago de un pez, ante lo que Goofy hará todo lo posible para salvarle la vida a su querido insecto.


Goofy and Wilbur, además de ser el primer corto en solitario de Goofy, es el primero en que Pinto Colvig no prestó su voz para el personaje, y fue George Johnson el que tomaría el relevo, en este y los siguientes cortos hasta que Pinto Colvig volviera a Disney.


Aun con este cambio en el reparto, el Goofy que se nos presenta en este corto no tiene necesidad alguna de voz. Al contrario, es tan sumamente expresivo que con el trabajo de los animadores es suficiente para transmitir la historia y su mensaje al público. En este sentido, Goofy se descubre al público como el que teorizó Art Babbitt.


Ficha técnica

Director: Dick Huemer. 
Guión: Otto Englander. Música: Paul J. Smith. 
Animadores: Art Babbitt, Isadore Klein, Ed Love, Wolfgang Reitherman, Bernard Wolf. Productor: Walt Disney. 
Intérpretes: George Johnson (Goofy).

Estreno: 17-III-1939.

3 de mayo de 2017

Mickey’s Revue (1932)



Un artículo de Francesc Marí.


Una vez más, la pandilla de Mickey —Minnie, Clarabelle, Horace y un amplio grupo de animales—, aúnan fuerzas para llevar un espectáculo de música y variedades a su fiel público. Mientras Mickey se encarga de dirigir a la orquestra, Minnie actúa como hada, Clarabelle y las demás vacas son las bailarinas, y Horace es el tramoyista. Como es habitual, el equipo de Disney ofrece un corto en el que se juega con la música y los gags visuales, como la invasión de los gatitos, o las inoportunas intervenciones de Pluto que causan más estragos que otra cosa.


Este corto no tendría mayor importancia en la larga lista de espectáculos improvisados de la granja de Mickey, sino fuera porque da la bienvenida a uno de los personajes más emblemáticos de la factoría, Goofy.


A pesar de ello, es una versión muy primaria del personaje, ya que si bien ya se atisban ciertos rasgos que se mantendrán al largo de los años, visualmente difiere bastante del Goofy que todos conocemos. Por un lado, es llamado Dippy Dawg, y tiene el aspecto de alguien mayor, con una barba blanca, pocos dientes y unas gafas encima de la nariz; mientras que, por el otro, es un personaje un tanto pesado, ya que no para de hacer ruido, molestar al resto del público del que forma parte y reírse escandalosamente.


Precisamente es esta risa —cedida por el actor de voz y animador Pinto Colvig—, el elemento que se mantendrá, sobre todo porque fue lo que llamó más la atención a Walt Disney, y a raíz de la cual se promocionó el personaje en los subsiguientes cortos de Mickey. Sin embargo, poco podrían imaginar los responsables de este corto que un mero recurso humorístico como un público escandaloso, daría lugar a un personaje clave en la filmografía de Disney.


Ficha técnica

Director: Wilfred Jackson. 
Productor: Walt Disney. 
Intérpretes: Walt Disney (Mickey), Marcellite Garner (Minnie), Pinto Colvig (Dippy Dawg / Pluto).

Estreno: 25-V-1932.