19 de enero de 2018

Disney domina la taquilla en 2017... ¿Alguien lo dudaba?


El plan estratégico concebido por Alan Horn y Bob Iger en 2013 continúa asegurando el liderazgo en la taquilla mundial a Walt Disney Productions, convertida cada vez más en un enorme conglomerado multimedia cuyos tentáculos empiezan a poner en alerta a los legisladores americanos ante posibles violaciones de la ley anti-monopolio. Sea como sea, Disney consolida su liderazgo en ingresos y extiende sus dominios, en un movimiento sin precedentes, hacia otra de las grandes majors: 20th Century Fox. A falta de conocer los detalles de la operación de compra, se afirma que Fox contabilizará sus ingresos, a nivel estadístico, de forma independiente aunque orgánicamente ya es una división más de Disney. La decisión sería lógica puesto que hasta ahora las adquisiciones de Disney habían sido compañías productoras (Pixar, Lucasfilm, Marvel Studios). Por consiguiente, al adquirir una gran distribuidora que además es una major histórica de Hollywood (fundada en 1935), Disney intentará que todo lo que envuelva a la marca Fox tenga su propia autonomía e imagen separada.

Disney domina el box-office estadounidense por segundo ejercicio consecutivo gracias a un repertorio que cada año configura una oferta imbatible: Star Wars - The Last Jedi (517,2 m.d.), Beauty and the Beast (504 m.), Guardians of the Galaxy Vol. 2 (389,8 m.), Thor Ragnarok (311,2 m.), Coco (179,8 m.), Pirates of the Caribbean: Dead Men Tell no Tales (172,5 m.), y Cars 3 (152,9 m.). El global de sus producciones llega al 21,8% de una recaudación total que aún se verá incrementada sustancialmente gracias a The Last Jedi, que en la taquilla mundial aún tiene bastante trayecto.

Cierto es que Disney tiene asegurado el liderazgo en el presente y futuro inmediato pero Warner Brothers ha demostrado, por segundo año consecutivo, que resiste su envite con mucha dignidad. Los de Burbank repiten segunda posición y son los únicos que acompañan a Disney rebasando la frontera de los 2 Billones en el box-office estadounidense. Para poder competir según los nuevos parámetros que han marcado Horn & Iger, el estudio que dirige Kevin Tsujihara ha confiado en su histórica alianza con DC Comics creando un universo compartido al estilo del MCU. Pues bien, aunque muchos analistas y aficionados al cine critican esa confianza, la apuesta no le está saliendo mal a Warner. Aunque no esté consiguiendo las cifras estratosféricas de Avengers o Civil War, las películas del nuevo DCEU la están manteniendo a un paso del liderazgo global. Este año, el gran éxito, inesperado por muchos, de Wonder Woman (412,5 m.) ha asegurado a los de Burbank mantener su posición en la industria. Si son capaces de reorientar creativamente algunas facetas del DCEU y controlar más rigurosamente los presupuestos, los superhéroes de DC pueden ser una gran baza para el estudio en los años venideros. Ahora bien, todo ello exige redefinir las próximas apariciones de Batman y estabilizar la continuidad de Superman, dejando que las nuevas incorporaciones (Wonder Woman, Aquaman, Flash) sigan aportando frescura e innovación.

16 de enero de 2018

Aaron Sorkin abandona la pluma para ponerse tras la cámara


El guionista más famoso de Hollywood por fin se ha decido a dar el salto y dirigir a sus propios personajes. Sorkin es mundialmente conocido por sus trabajos en la pequeña y en la gran pantalla como creador de personajes e historias, recordemos que fue el guionista de cintas como Algunos hombres buenos  (R. Reiner, 1992), La red social (D. Fincher, 2010) con la que ganó un Oscar o Moneyball (Bennett Miller, 2011) y que también escribió el libreto de series como El ala oeste de la casa blanca (1999) o The Newsroom (2012). Quizás por este motivo haya sorprendido tanto en el mundo de la cinematografía que el neoyorkino haya abandonado su zona de confort para adentrarse en un universo, el de la dirección, del que poco ha aprendido en sus más de 25 años de profesión. Puede que a la hora de tomar la decisión de dejar a un lado el lápiz y el papel (ahora más bien la pantalla y el teclado) para ponerse detrás de la óptica de una cámara hayan influido en él hombres como David Mamet, Charlie Kaufman o el genio del cine Billy Wilder. A todos ellos les llegó el momento en el que decidieron que no había nadie mejor que ellos mismos para dirigir sus propias historias. Y a la vista de los resultados, está claro que tenían razón.

Lo que sin duda seguro jugó un papel decisivo en la toma de decisión fue la historia que finalmente ha llevado a la gran pantalla. Una historia real, de una mujer real con nombre y apellidos: Molly Bloom. La que un día estuvo destinada a ser la nueva promesa del mundo del esquí pasó a convertirse en la reina del póker, una auténtica dama de los naipes capaz de organizar la partida perfecta en cualquier lugar y a cualquier hora. Molly's game, estrenada el 5 de enero, recoge su historia.




Un fatal accidente fue lo que truncó su carrera como esquiadora y a pesar de que su padre, interpretado en la ficción por el oscarizado Kevin Costner, siempre había confiado en que destacaría en el mundo del deporte o en el de los estudios, Molly Bloom abandonó también sus estudios de derecho para dedicarse a ser camarera a las órdenes de un hombre al que en su biografía menciona como Reardon. Poco a poco Bloom comenzó a ganarse la confianza de este hombre y empezó a desempañar cargos de mayor responsabilidad, primero pasando a ser su secretaria para más tarde convertirse en la encargada de organizar selectas y privadas partidas de póker. Con tan solo 26 años Molly Bloom se codeaba con lo más selecto del mundo: deportistas, estrellas de Hollywood, banqueros, empresarios y un lugar etcétera se daban cita en sus partidas de póker. Entre los nombres más reconocidos destaca el de los actores Tobey Maguire y Leonardo DiCaprio, de los que Bloom aseguró que el primero le pagaba al segundo para que ejerciera el papel de gancho y así atraer a más jugadores.


En aquellas elitistas partidas de póker se movían sumas económicas astronómicas, hasta el punto de que Bloom reconoce en sus memorias que llegó a contar un millón de dólares billete a billete. Pero está claro que cuando te codeas con lo más alto del mundillo del lujo y el estrellato siempre hay alguien que quiere verte caer, y a Molly enemigos no le faltaron. Así es como esta reina del póker pasó a ser investigada y a perderlo todo, cayendo en desgracia y en el olvido. Atrás quedaron las fichas y las lujosas fiestas, hasta que llegó el día en el que publicó todas estas historias en un libro.

Molly's game es la genial adaptación de este libro, con una Jessica Chastain segura y decidida en el papel de Bloom y con el que aspira a colarse en la lista de los Oscar. La extenuante preparación del personaje, para la que contactó con la verdadera Molly Bloom quien por su parte siempre quiso que Chastain la interpretase en la gran pantalla, bien le valdría la estatuilla aunque la decisión habrá que dejársela, como siempre, a la Academia. Igual de extenuantes son los diálogos que se ha visto obligada a memorizar para la película (¡hasta 47 páginas de diálogo en menos de una semana!), marca de la casa Sorkin. Creador del estilo walk and talk, un recurso para mostrar a los personajes merodeando de un lugar a otra sin parar de hablar, Aaron Sorkin ha pasado a la historia del cine por el ritmo trepidante de sus diálogos, una marca personal de la que no iba a desprenderse en su primera incursión en el mundo de la dirección. Del mismo modo, Sorkin tampoco consigue dejar atrás las historias con un trasfondo humano de bondad. Lo vimos en el Zuckerberg de La red social (D. Fincher, 2010) y en el ególatra Jobs de Steve Jobs (Danny Boyle, 2015) y lo volvemos a ver de nuevo en el personaje de Molly Bloom, quien a riesgo de perder todo lo que tiene (y efectivamente perderlo) y enfrentarse a una investigación por parte de la autoridades, decidió no dar ningún nombre de las personas que participaron en sus partidas, preservando así su intimidad y anonimato.

Idris Elba, el papel del abogado Charlie Jaffey, Michael Cera, Chris O' Dowd y Graham Greene, además del ya mencionado Kevin Costner, acompañan a Chastain en esta producción que espera encumbrar a Aaron Sorkin en su nueva faceta como director.

12 de enero de 2018

Historias de Hollywood: Brando y Superman


Cuando Richard Donner y los productores Ilya y Alexander Salkind preparaban la adaptación al cine de Superman (1978), se plantearon disponer de actores de gran renombre para cada uno de los personajes importantes que acompañaban la epopeya del último hijo de Krypton. El apoyo de Warner Brothers permitió contar con un presupuesto suficientemente amplio para satisfacer las demandas de los creativos implicados. 

Para el papel de Jor-El, se pensó en Marlon Brando. Los productores eran conscientes que el escepticismo de Brando a la hora de aparecer en pantalla se diluiría cuando se le ofreciera un sueldo deslumbrante. Le convencieron al concederle 3,7 millones de dólares por una intervención de diez minutos. Esta imponente cifra para la época (el presupuesto total de la película era de 55 millones) se mantiene como el ratio diario más alto jamás pagado a un intérprete en la historia del cine.

Ahora bien, en esa época Brando había acentuado, aún más si cabe, su carácter díscolo y contestatario. Y además, había añadido una desidia considerable hacia su oficio y profesión. A no ser que le motivara mucho el material que tenía entre manos, actuaba de forma autómata y su esfuerzo era mínimo. Solamente cuando el proyecto le interpelaba al máximo, Brando salía de su esfera de confort para demostrar su extraordinaria categoría como intérprete. Ese fue el caso de El Padrino (The Godfather, 1972), El Último Tango en París (Last Tango in Paris, 1972), y Apocalypse Now (1979).

Teniendo en cuenta su exigente gusto artístico, intervenir en Superman era un trabajo muy menor. Así que aceptó cobrar una buena cantidad y ofrecer una interpretación estándar. No obstante, su falta de interés y su acusado pasotismo devino en desmotivación. 

Incluso en su momento cumbre, cuando junto a Lara (Susannah York) habla del futuro que le espera a su hijo ante la cápsula, Brando no tenía aprendidas sus líneas de guión. Donner decidió dejar escrito lo que debía decir entre los ropajes que envolvían a Kal-El. 

Las peripecias con Brando no terminaron durante el rodaje. La película fue un tremendo éxito y el actor consideró, a la vista de los resultados, que no se le había pagado lo acordado en cuanto al porcentaje de taquilla. Decidió demandar a los Salkind y a Warner Brothers por el importe de 50 millones de dólares, pero la acción judicial no fructificó. En consecuencia, el material rodado por Brando para Superman II (1980) fue eliminado del montaje final. Los productores decidieron que Susannah York sustituyera a Brando como interlocutora kryptoniana de Kal-El.

5 de enero de 2018

Historias de Hollywood: los inicios de Ryan Gosling


La trayectoria artística de Ryan Gosling se ha caracterizado, en su mayor parte, por la consecución de papeles de gran exigencia dramática. Durante sus casi veinte años de carrera ha copado la mayor parte de los personajes torturados que se han escrito en Hollywood. Además, su estilo interpretativo se ajusta más a los personajes que viven su estrés emocional de forma introvertida, sin demasiados estallidos de furia.

Esta labor que tan bien se le da y que sigue manteniendo le obliga a construir interpretaciones en las que la contención formal oculta un devastador fuego interno. Con el paso del tiempo habrá obtenido mejores herramientas para canalizarlo pero al inicio de su carrera, Gosling lo pasó bastante mal.

En su segundo largometraje, interpretó a Danny Balint, un judío neo-nazi que era el personaje central de The Believer (2001). Continuó en 2002 con Murder by Numbers, donde su personaje, Richard Haywood, era un adolescente psicópata cuyos crímenes ponían en jaque a toda una comunidad y en la picota al departamento de policía. Por si todo esto no fuera suficiente, en 2003 rodó United States of Leland, donde apuñalaba a un niño autista y era confinado a una prisión juvenil.

Tras este tour de force interpretativo, un devastado Gosling acudió a la consulta médica buscando consejo para sobreponerse al estado de convulsión psicológica en el que se encontraba. Hay que tener en cuenta que Gosling había dado sus primeros pasos en el Club Disney junto a Britney Spears, Christina Aguilera y Justin Timberlake. Sin embargo, al dar el paso al cine, productores y directores vieron en él una faceta oscura muy explotable. Gosling volcó sus sensaciones ante el facultativo y éste optó por evitar los grandes análisis y las charlas profundas, atacando la situación de la forma más sencilla posible para no colaborar en la saturación de su paciente. Después de escucharle, cogió el talonario de recetas y en una de ellas escribió una prescripción muy particular que no se encuentra en las farmacias. Literalmente, escribió: "Deberías probar de hacer una comedia ligera".

Al año siguiente, Gosling participó en su primer drama romántico, El Diario de Noah (The Notebook), pero pronto regresó al terreno en el que mejor se mueve y que profesionalmente más le motiva. Sin embargo, ha quedado claro que con el tiempo ha sido capaz de superar con más desenfado la fuerte interiorización de personajes de la que siempre hace gala.