martes, 30 de junio de 2015

John Adams, el padre olvidado y la independencia (I). Por Francesc Marí


“La esencia de nuestra revolución se resume a cuando el Dr. Franklin castigó a la tierra con su varilla eléctrica y aparecieron Washington y Jefferson, y ellos juntos dirigieron la política, las negociaciones y hasta la legislación” (John Adams, Episodio VII. Peacefield).

Sea o no sea verdad esta cita, John Adams ha sido el gran olvidado de la historia de la formación y los primeros años de los Estados Unidos de América. Esta miniserie de siete capítulos y no más de ocho horas, basada en la novela homónima de David McCullogh, pretende ser un tributo y un recuerdo para la posteridad de uno de los padres fundadores, y tal vez uno de los más importantes, que a pesar de no aparecer en los billetes, fue el primer vicepresidente y el segundo Presidente de esta joven nación.

El repaso a la vida de John Adams no es sino una excusa con doble dirección, por una el ya mencionado seguimiento de la vida de este político clave de la historia contemporánea americana, y por la otra el estudio y análisis de la independencia y fundación de los Estados Unidos, viendo todas las etapas y vicisitudes que vivieron desde que protestaron por la llamada “Masacre de Boston”, el 5 de marzo de 1770, hasta la conmemoración del 50 Aniversario de la aprobación de la Declaración de Independencia, el 4 de julio de 1826, que los avatares del destino hicieron coincidir con la muerte de dos de los tres últimos firmantes supervivientes de dicha declaración: John Adams y Thomas Jefferson.

La longevidad de Adams permitió a los realizadores, y permite al espectador, ver en primera persona lo que sucedió durante sesenta años. Cómo unas colonias se independizaron, entablaron relaciones diplomáticas con las principales potencias europeas, incluida su antigua metrópolis, y finalmente se establecieron como una nación libre y soberana.

Cada vez más los medios audiovisuales se están haciendo un lugar entre las fuentes utilizadas para los estudios históricos y científicos en general. Uno de los casos más relevantes es el cine, que a través de sus historias transporta al espectador a épocas lejanas, consiguiendo ser una herramienta mucho más didáctica que una obra literaria. Con ello no quiero decir que todos las películas, o series como la que tenemos entre manos, sean válidas para realizar estudios de cierta profundidad histórica, ya que hay que tener en cuenta la intención y las fuentes que hay detrás del film en cuestión. En el caso que estamos trabajando, la Revolución e Independencia de las colonias norteamericanas, han sido muchas las ocasiones en que el mundo del cine ha cogido sus historias y personajes y los ha convertido en una película, pero no siempre de forma acertada, véase los casos de filmes tan conocidos como The Patriot (Roland Emmerich, 2000) o Revolution (Hugh Hudson, 1985), en que se retrata la época y se pretende dar un mensaje de cierta profundidad histórica, pero sus fundamentos históricos son tan escuetos que resulta ser un fracaso en cuanto nivel histórico, convirtiéndose tan solo en un film bélico de época.

Esta serie, aplaudida por público y crítica, y con numerosos premios a sus espaldas, es todo lo contrario a los filmes anteriormente citados, ya que en base a un profundo estudio tanto de la novela que sirvió como base, como de la época que muestra, consigue convertirse en una fuente histórica de cierta relevancia, que tal vez nunca llegará a sustituir las investigaciones de los historiadores, pero que seguro será un complemento perfecto.

Cuando nos ponemos frente a un film, o una serie, de marcado carácter patriótico, del país que sea, la tendencia es a idealizar los personajes y la historia llevándolos a convertirse en casi un mito. Los franceses idealizan a Napoleón y a De Gaulle, los británicos a Cromwell, los americanos a los soldados de la Segunda Guerra Mundial, y así podríamos seguir hasta ver todos los países del mundo, pero últimamente, cuando cada vez estos personajes y sus historias se van alejando de nosotros, parece que el realismo ha llegado al cine, y muchos de estos han pasado de mitos a simples hombres con grandes historias. No es lo mismo el Napoleón de Abel Gance (1927) que el de Yves Simoneau (2002), ni el Cromwell de Ken Hughes (1970) que el de Mike Barker (2003), ni los soldados son los mismos los de Ken Annakin que los de la miniserie Hermanos de Sangre. Las distintas concepciones han ido variando, y esto es justo lo que vemos en John Adams, dirigida por Tom Hooper y estrenada en la HBO en 2008. Nos enseñan una realidad histórica, muy poco idealizada, que nos cuenta lo que sucedió de verdad y no la mitificación que se ha hecho después de ello.

Partiendo de esta base de la no idealización, descubrimos que Benjamin Franklin es duramente criticado, a diferencia de otros filmes en que es la referencia de lo político mientras Washington lo es de lo militar. A la vez este último se convierte en un hombre y no un semidiós, ya que presionado por el ambiente se ve obligado a no volver a presentarse a la elecciones después de dos mandatos.

Si por un lado se critica o se baja del pedestal a ciertos personajes, el que es claramente reivindicado es el protagonista, John Adams (Paul Giamatti), que como el título de este trabajo indica, ha sido siempre el padre fundador olvidado, ya que si el 4 de julio la Declaración de Independencia fue firmada por 56 hombres, tan solo son recordados George Washington, Thomas Jefferson y Benjamin Franklin, y en menor medida John Adams y John Hancock. Esta serie por la tanto es la reaparición en el imaginario de la gente de estos personajes que olvidados del todo no han sido, pero si que han pasado más discretamente por la historia, y el caso del protagonista es el más alarmante, ya que siendo uno de los redactores de la Declaración, primer Vicepresidente y segundo Presidente de los Estados Unidos de América, se ha visto ensombrecido por las figuras mucho más altas de Franklin, Jefferson y Washington, que no le han dejado ni espacio en los billetes. En ellos solo aparecen George Washington, Thomas Jefferson, Abraham Lincoln, Alexander Hamilton, Andrew Jackson, Ulysses S. Grant y Benjamin Franklin.

La serie, además de la faceta política de la vida de John Adams, también nos muestra su vida privada, como su mujer Abigail (Laura Linney) influenciaba y aconsejaba en sus acciones, como fue siempre el punto de apoyo de su marido. Pero por si un lado con Abigail, a pesar de la distancia y los vaivenes de un matrimonio, era todo una relación afectuosa y de confianza, con sus hijos nos muestra lo contrario, debido a la implicación política de Adams que lo llevó a viajar mucho durante la infancia de sus hijos, la relación que tenia con ellos era más bien tensa. Según la serie, su hija Nabby (Sarah Polley) había crecido separada de la protección de su padre, y esto la había hecho madurar muy temprano; John Quincy (Ebon Moss-Bacrach), quien sería el sexto Presidente de los Estados Unidos, tenía un profundo respeto por su padre, pero que se mezclaba por el resentimiento de haberle permitido viajar a San Petersburgo alejándolo de él; la peor relación la mantenía con Charles (Kevin Trainor), que le culpaba por no haber estado con él cuando era pequeño, llevándolo a discusiones constantes debido a su mal comportamiento como joven y ya como adulto su fracaso económico y vital, que lo llevó a la muerte; con el único que parece que exista una relación auténtica de padre e hijo es con el más pequeño, Thomas (Samuel Barnett), que fue el que vivió con él hasta su muerte en 1826. Lo que podemos ver a lo largo de los capítulos, es que si la vida política, a pesar de las duras críticas siempre recibidas, le brindaba más de una alegría, la familia para Adams, sobretodo en los últimos años de su vida, no era más que una fuente de desdichas.

El papel de Abigail y sus hijos en la serie no se limita tan solo a una simple comparsa familiar, sino que nos muestra la realidad de la gente durante la Revolución. A pesar de que siempre están alejados y no son de los estratos más bajos de la sociedad, es un reflejo de esta, ya que se tienen que enfrentar a la falta de alimentos por el bloqueo marítimo, las batallas durante la guerra son muy cerca de su casa, les acosa la viruela y tienen que hacer frente a ella a pesar de poder morir en el intento. Además, se nos muestra la moral y la forma de vivir de los puritanos americanos, una de las principales partes de la sociedad americana.

Un tema patente en la sociedad americana aún hoy, como es la esclavitud y la discriminación racial, es tratado de esquinazo, se hace alguna que otra mención, pero es irrelevante, porque a pesar de que Jefferson siempre tiene en la boca las palabras libertad e igualdad, la necesidad de la Independencia y del acuerdo entre todas las colonias, hace que este tema pase desapercibido tanto para los personajes como para el público.

En definitiva, esta serie es una excelente herramienta para ver y conocer la historia del nacimiento de una nación tan importante ahora en la política mundial como Estados Unidos, ya que los diferentes episodios nos muestran la evolución política de la joven nación junto con los diferentes papeles que tuvo Adams en ella. Es muy importante ver que por una vez se ha dejado de lado la Guerra de Independencia, para centrarse en la Revolución que fue más bien política que no militar.



I. Join or Die

La serie arranca cuando John Adams, de treinta y cinco años, regresa a Boston en pleno invierno después de ejercer su oficio, la abogacía, en otro pueblo. Este joven abogado de cierta fama por ser un fuerte defensor de las leyes, proviene de un origen humilde, hijo de un campesino puritano, descendiente de las primeras familias que llegaron a América, a los dieciséis años su padre lo envió a la Universidad de Harvard, para más tarde convertirse en clérigo, pero sus dudas le llevaron a estudiar derecho, para convertirse con el tiempo en uno de los más respetados abogados de Nueva Inglaterra. Estos orígenes humildes son mencionados en repetidas ocasiones por el mismo Adams, ya que su ideología puritana, recibida ya desde muy pequeño, guió sus pasos a lo largo de toda su vida.

Su primer contacto con la política fue en 1765, cuando pronunció un discurso en contra de la Ley del Timbre impuesta por el Parlamento Británico, pero en la serie este episodio fue eludido en escena, para pasar directamente al papel que tuvo en 1770, después de la “Masacre de Boston”, de la que fue testigo en la Plaza de la Asamblea. Como claro defensor de la ley, decide llevar el caso cuando nadie acepta defender a los soldados que han sido acusados de asesinato, siendo los hombres más odiados de Boston. A pesar de que es consciente de que se trata un juicio por asesinato, él mismo se pregunta: “¿El gobierno del Rey Jorge tiene derecho a cobrar impuestos a los ciudadanos de Boston si se les niega su representación en el parlamento?”, viendo que realmente lo que se juzga es el poder que tiene la metrópolis sobre la colonia. 

Gracias a la victoria de este juicio y su clara defensa de las leyes por encima de cualquier idea política, le conllevan un título de imparcialidad frente a los habitantes de la colonia, tanto los británicos como los rebeldes. Ambos bandos del conflicto le ofrecen cargos, los británicos como representante del Rey en la colonia, y los americanos como representante en la Corte General de Massachusetts ---el órgano de legislación, de origen colonial, del estado de Massachusetts---.

En dicha corte los representantes de la población, entre ellos Adams, tuvieron que luchar contra las imposiciones de la metrópolis, que a cambio de unos impuestos aduaneros de dimensiones desproporcionadas, declaraba que la asamblea de la colonia ya no tendría que pagar los sueldos del gobernador ni de los jueces del tribunal supremo. Adams ejerció un papel vital para la defensa de la posición de los habitantes de Boston, ya que gracias a él se demostró que esta medida estaba fuera del poder del Parlamento Británico. Los poderes de la colonia tan solo respondían ante el Rey.

Durante el Motín del Té, en 1773, acepta los ideales y los derechos que defienden los revelados pero no acepta sus métodos, los considera una cosa propia de bárbaros, y se ve en la obligación de participar en dicho movimiento con la intención de moderar los actos de sus participantes. Además del bloqueo y el excesivo control que se aplica en la colonia, después de las revueltas, se disuelve la Corte General de Massachusetts, pero lo que realmente lo hiere personalmente es que, después de defender a los soldados acusados de la “Masacre de Boston”, se diga, por parte de los representantes británicos, que la justicia de Nueva Inglaterra es completamente parcial.

A pesar de todas estas actuaciones, de marcado carácter independiente, lo que realmente, tal y como nos muestra la serie, será la primera gran entrada de Adams en la historia, al igual que muchos de sus compañeros, es el Congreso Continental, donde fue enviado como delegado por Massachusetts.


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John Adams (Tom Hooper, 2008), el padre olvidado y la independencia (II). Por Francesc Marí

domingo, 28 de junio de 2015

Star Wars. Personajes: Padmé Amidala. Por Francesc Marí

«Era muy bella. Gentil, pero triste»

A pesar de que, como he dicho en diversas ocasiones, esta frase que Leia dice a Luke en el Episodio VI, no tiene sentido alguno, ya que es imposible que Leia pueda recordar a Padmé de ese modo, debo admitir que es una descripción muy acertada de la que fuera reina y senadora de Naboo.

En mi humilde opinión, Padmé Amidala, nacida Naberrie —Amidala es un apellido de la realeza de Naboo—, es el personaje más desgraciado de todo el Universo Star Wars. Para empezar, solo cinco meses después de convertirse en reina, la Federación de Comercio bloquea su planeta, liandosela parda y obligándola a intervenir en una guerra abierta como pocas se habían visto en su planeta. Después, ya como senadora, se ve metida de lleno en una Guerra Civil, entre dos bandos con los que no acaba de sentirse identificada —sus ideales políticos se asemejaban más a los de los Separatistas, sin embargo, creía en el sistema de la República—, viéndose involucrada directamente en algunas batallas, como la de Geonosis. Incluso, a pesar de que su matrimonio con Anakin y el posterior embarazo deberían considerarse algo feliz en su vida, su marido es un caldo de cultivo para dolores de cabeza y muere justo de después de dar a luz.

Para colmo, resulta que el senador de su planeta, Palpatine, con el que había colaborado estrechamente y al que apoyó para que se convirtiera en Canciller, acaba convirtiéndose en el mayor hijo de p*** de la Galaxia. Aunque, por suerte, muere antes de ver a su querido Anakin convertido en un malvado Lord Sith. Si es que no gana para disgustos esta pobre chica.

Además de formar parte del triumvirato de personajes principales de las precuelas, junto a Obi-Wan Kenobi y Anakin Skywalker, al igual que estos y muchos otros personajes presentes en los Episodios II y III, se convierte en una de los protagonistas de las series de animación vinculadas a las Guerra Clon. Es en ellas donde descubrimos que Padmé, además de ser una hábil negociadora, una brillante tirado de blaster y una gran sufridora, tiene otras características más relevantes, jugando papeles de espía, diplomática y guerrero. Un todo en uno. En este sentido, el personaje de Padmé esta creado para que todos lo identifiquemos con el de su hija, Leia, por ser una persona muy inteligente, tanto dentro como fuera del campo de batalla, en el que no tiene miedo de intervenir, a pesar de ser una pieza esencial del engranaje de su sociedad, la madre para la Naboo y la República, y la hija para la Alianza Rebelde.

Una de las curiosidades más curiosas —valga la redundancia— de la saga galáctica esta relacionada con el personaje de Padmé y sus ayudantes. Bien es sabido que, como reina de Naboo, en muchas ocasiones Padmé era sustituida por una de sus ayudantes a modo de señuelos, para proteger la vida de la reina. Lo curioso —aunque tampoco os voy a descubrir nada nuevo para los que estéis familiarizados con IMDb— es que, mientras Natalie Portman se hizo cargo del personaje de Padmé, una de las que quedó finalista del cásting para este personaje, acabó siendo el principal señuelo de la reina, Sabé. La escogida para este modesto papel fue una joven actriz que pocos años después interpretaría un personaje similar al de Padmé y Leia, pero en mundo de piratas, Keira Knightley.

Así que, a pesar de ser una mujer de armas tomar, al igual que será su hija, Padmé no tendrá tanta suerte como Leia, ya que vivirá en una época convulsa de la Galaxia, en la que los chicos buenos como su marido y futuro padre de sus hijos, se verán corrompidos por el lado oscuro, haciendo que sucumba a su triste realidad, prefiriendo abandonar este horrible mundo antes de seguir viviendo en él. Puede que una de las escenas más conmovedoras de La venganza de los Sith y de toda la saga, es cuando el pueblo de Naboo al completo —con Gungans incluidos— rinden homenaje a la que fue una de las reinas y personajes más queridos de su planeta, poniendo punto final a la triste historia de Padmé. 

Star Wars. Manual de Supervivencia es un proyecto de LASDAOALPLAY? y El cine de Hollywood.

viernes, 26 de junio de 2015

Spielberg on Spielberg: La Lista de Schindler (Schindler's List, 1993). Segunda parte


Tanto Spielberg como Zaillian coincidieron en la forma de retratar a Schindler. Querían resaltar su vertiente enigmática puesto que, en ningún momento, se representa un punto de inflexión que dispara su cambio entre el hombre práctico, vividor y mujeriego del principio y el ser con enorme conciencia que salva vidas a costa de todo lo que ha logrado. Por contra, la idea era hacer que su cambio fuera gradual y que estuviera presente en actos de crueldad que hicieran salir su naturaleza honorable. Eso favorece a la película ya que al ser un hombre tan a contracorriente de su entorno, preocupado por unas personas que los demás consideran como ganado, el espectador se pregunta si alguna vez esa convicción se va a debilitar y sus empleados podrán sufrir las consecuencias.

Director y guionista se esforzaron por mostrar a un hombre cuyo encanto, en tiempos de guerra, le permitía conseguir cualquier cosa. Alguien dotado de una magia que le convertía en un emprendedor de éxito por única vez en su vida ya que, antes y después del conflicto bélico, sus negocios nunca funcionaron demasiado bien. Pero en ese momento, todo pareció confluir entorno a su éxito personal y gradualmente puso todo ese legado al servicio de la seguridad de sus trabajadores. Porque ante un horror de tal magnitud como el que se estaba perpetrando, ni el más alocado vividor puede reaccionar con tibieza. La estancia en Krakovia hizo salir lo mejor de la personalidad de Oskar Schindler.


Para interpretar a un personaje tan rico en matices no faltaban candidatos. Warren Beatty contactó con Spielberg en cuanto conoció el proyecto y llegó a realizar varias pruebas de cámara. Pero el director no quería eclipsar la película con un actor de renombre que desviara la atención del público sobre lo verdaderamente importante. Esa fue la misma razón que esgrimió ante Universal Pictures cuando Kevin Costner y Mel Gibson se interesaron por el papel. Buscaba a un actor brillante pero algo menos conocido que además pudiera irradiar el encanto arrasador con el que Schindler se ganó el prestigio en Krakovia. Después de ver una representación de Anna Christie en Broadway, se convenció de que había encontrado al hombre indicado: Liam Neeson. En la preparación del papel, Spielberg le mostró a Neeson varios vídeos del que había sido Presidente de Time Warner, Steve Ross, cuyo carisma personal se acercaba mucho a lo que deseaba ver en Schindler.

Para el papel del sádico Amon Goeth, Spielberg contrató al británico Ralph Fiennes tras verle en una nueva versión del clásico de Emily Brontë, Cumbres Borrascosas (Wuthering Heights). El director vio en él la capacidad de pasar de un estado de ánimo a otro con facilidad y también la forma como podía expresar la más cruda frialdad con sus ojos. Fiennes ganó peso para interpretar a Goeth y su caracterización fue tan excelsa que la superviviente Mila Pfefferberg, al verlo, casi se desmayó. El intérprete captó que Goeth era un hombre con una tremenda fractura interior y explotó todo ello en sus intervenciones.


El Itzhak Stern de la película es más relevante de lo que fue en la realidad. De hecho, el guión le sumó actos de varios personajes hasta convertirle en el redactor de la lista. De alguna forma, Stern se convertía en la voz de la conciencia de Schindler, el hombre que sería capaz de reconducir al empresario y apoyarle en momentos de flaqueza. Para este personaje, Spielberg no podía pensar en nadie mejor que el ganador del Oscar por Gandhi, Ben Kingsley. Para dar vida a Emilie, la sufrida esposa de Schindler, el realizador repescó a Caroline Goodall tras su experiencia conjunta en Hook. El reparto no británico estuvo integrado por intérpretes centroeuropeos, israelíes y algún norteamericano de origen judío como la actriz Embeth Davidtz, quien da vida a la estoica criada de Amon Goeth, Helen Hirsch.


Como director de fotografía, Spielberg contrató a Janusz Kaminski ya que necesitaba a alguien apegado al territorio que además le diera un mayor contraste a la luz e imagen de la película. Esta significó la primera etapa de una larguísima colaboración puesto que Kaminski ha sido el responsable de la fotografía en todos las películas posteriores del director.

Aunque podía ser una película de amplísima repercusión, Spielberg dispuso un modesto presupuesto de 22 millones de dólares que era coincidente con el estilo que quería imprimir a la cinta. Su principal objetivo era conseguir el mayor realismo posible y por consiguiente rodó el film sin artificios (ni travellings, ni grúas y tampoco movimientos rápidos de cámara). Se trataría de un formato parecido al documental, con cámara fija o en mano y con solo una toma en steadycam. La decisión de filmar en blanco y negro respondió al hecho de convertir la película en intemporal. De esta forma, el público podía dejarse llevar sin asociarla de forma explícita a una época determinada de producción. El blanco y negro reforzaba el dramatismo y la acercaba a las imágenes que todos tenemos en mente cuando pensamos en el Holocausto y la Segunda Guerra Mundial. No se dulcificaría nada y el uso del color, en momentos puntuales, se utilizaría como recurso estilístico para reforzar sentimientos. El Holocausto suponía una vida sin luz y el B/N expresaría eso de forma contundente.


El rodaje empezó el 1 de marzo de 1993 en Krakovia (Polonia). El planning establecía 75 días de filmación. El diseñador de producción polaco Allan Starski había realizado un gran trabajo en la caracterización de escenarios cuando el equipo empezó a rodar. Incluso reformó la DEF, instalación que había quedado abandonada desde que Schindler y su plantilla se marcharon en 1944. Starski construyó también el campo de Plaszow y una réplica de Auschwitz cercana al enclave real.
"Estaba bastante seguro de que pasase lo que pasase en Polonia lo podría soportar y pondría la cámara entre el sujeto y yo, y me protegería, ya sabes, creando mi propia distancia estética. E inmediatamente, el primer día de rodaje, eso se rompió." 
Para Spielberg el rodaje fue un auténtico reto a nivel emocional. Durante el mismo, llegó a quebrarse en varios momentos debido a la implicación personal que tenía para él por su condición de judío. Afortunadamente, estuvo acompañado durante toda su estancia en Polonia por su esposa, Kate Capshaw, y sus cinco hijos. Ellos le salvaron cuando las cosas parecían ser insoportables. También le ayudó otra cosa enormemente curiosa: Jurassic Park. Cuando cada semana hacía control y visionado del montaje de su anterior película, ganaba en relativización y se separaba de la cruda implicación que suponía Schindler's List.
"Sin ellos, si no hubiesen venido a estos exteriores, no sé lo que habría hecho. No estoy seguro de haber podido pasar sin tomar tranquilizantes o alguna otra cosa mientras hacía la película. Regresaba a la casa donde vivíamos y alguien me esperaba. Alguien que me hacía tener los pies en la tierra."

El visionado periódico de La Lista de Schindler refuerza la consideración de obra maestra. Hay en ella un simbolismo visual, un lenguaje narrativo apasionante. Cada uno de sus planos tiene una fuerza atroz. Hay momentos de virtuosismo tan destacables que requerirían un artículo de veinte páginas. Sin embargo, quiero reseñar algunos de ellos.

La película se inicia con una familia preparando el sabbat. El cálido color de la vela destila un humo que se funde con el que sale de la chimenea de un tren que espera en la estación de Krakovia. Ese humo enlaza el momento de felicidad de una familia con el destino inmisericorde que esperaba a muchos de ellos en los hornos crematorios de los campos de concentración.  De alguna forma, la lista se inicia metafóricamente desde el primer momento cuando una serie de mecanógrafos empiezan a registrar a los judíos que van llegando a la ciudad.

Poldek Pfefferberg asesoró al equipo durante el rodaje.

El enriquecimiento de Schindler gracias a la máquina de consumo ilimitado que supone la guerra se contrapone también a la expropiación de los recursos de muchos de los judíos. Primero son conducidos al ghetto y aquellos que ya son derivados a los campos no pueden ver como sus pertenencias son esquilmadas y clasificadas al ser sus equipajes escrupulosamente registrados por empleados que, en muchas ocasiones, son también judíos; lo que enfatiza la barbarie. El montaje paralelo de escenas que utiliza Spielberg en varios momentos de la película suele subrayar situaciones opuestas: judíos al ghetto y Schindler ocupando uno de sus pisos, instantes de diversión entre los alemanes y de pánico entre los judíos ante amenazas reales. La vida mostraba situaciones duales muy contrapuestas. Y la emocionalidad intrínseca en todo ello es magníficamente representada por el director.

Uno de los pasajes más contundentes y simbólicos de la cinta se vive durante la evacuación del ghetto de Krakovia, el 13 de mayo de 1943. Schindler y su amante cabalgan juntos disfrutando de un momento de distendimiento. Pero lo que está pasando va mucho más allá de la vida de ojos vendados que muchos practican en la ciudad. Cuando se detienen en la cima de una colina son testigos de la evacuación y eliminación del ghetto. Se trata de un auténtico acto de brutalidad descarnada que es aprovechado para hacer "limpieza" por parte de los nazis. La expresión gráfica de ese episodio no escatima la crueldad desgarradora del momento. Una masacre que continúa esa misma noche con ráfagas de ametralladora que iluminan compartimentos sin luz mientras los soldados siguen buscando a judíos que se hayan ocultado. Durante ese horror, Schindler presencia algo que aún le abre más los ojos:
"Vio a la niña con el abrigo rojo y se preguntó por qué los nazis detenían a todo el mundo y disparaban contra cualquiera que se resistiese excepto a la persona más visible, la que llevaba el abrigo más llamativo, que pedía a gritos que la capturasen y la pusiesen en un camión."

Este hecho no se produjo en la realidad pero es un símbolo de algo que Spielberg quería mostrar. Decidió utilizar el color para ver como el abrigo de la niña era rojo. La vemos pasearse por las calles del ghetto sin ser detenida como si fuera una antorcha iluminando la penumbra. La razón por la que fue en color responde a lo siguiente:
"Lo hice en color porque el Holocausto solo se conocía en círculos muy pequeños pero Roosevelt, Churchill y Eisenhower sabían de ello. Sin embargo, para las altas instancias del gobierno norteamericano y también para las clases dirigentes de la comunidad judía, la salvación de los judíos europeos no era una prioridad de guerra aceptable. Solo hasta haber tomado terreno en suelo europeo se procedería a la liberación pero, mientras tanto, las bombas serían utilizadas contra posiciones e instalaciones militares. Por consiguiente, la niña con el abrigo rojo, caminando calle abajo, simboliza que no se hizo nada para bombardear las líneas ferroviarias alemanas. No se hizo nada para eliminar los crematorios. No se hizo nada para ralentizar el progreso industrializado de la aniquilación de los judíos europeos. Ese era mi mensaje al dejar esa escena en color: el fracaso de los aliados en la paralización del exterminio de los judios europeos."
Ante la certeza de una muerte casi segura, la factoría de Schindler es la única garantía de refugio y protección. El trabajo significa la salvación o, al menos, la posibilidad de alargar algo más la existencia. Resulta macabro hablar sobre todo esto pero era la cruda realidad del momento entre la población judía europea. El trabajo de Itzhak Stern y otros para conseguir que más personas entraran en la DEF, incluso falsificando sus historiales personales para convertir a profesores en trabajadores metalúrgicos con experiencia, acompaña este continuo intento por burlar las directrices de una autoridad nazi ofuscada en la forma de eliminar a judíos ante la constante llegada de más contingentes. La pérdida absoluta de humanidad es una presencia constante en la película.

La confesión de Helen Hirsch ante Schindler es otro momento cumbre que rebosa contundencia desde el más puro intimismo. La revelación de los malos tratos que sufre a manos de Goeth y la reflexión de Schindler acerca de que el comandante tiene sentimientos por ella pero no puede expresarlos por su convicción dogmática, conlleva que ésta explique más momentos crueles que ha tenido que presenciar al estar a su servicio. Helen habla de cosas que no hemos visto en el día a día de la villa de Plaszow y la narración consigue descubrirnos situaciones a través de referencias, de cosas sugeridas. Pero no por ello el sentimiento que se transmite es menos aterrador. La violencia de Goeth se expresa varias veces en la película así como su complejo de Dios a la hora de matar de una forma arbitraria y macabra. Además de sus acciones en los barracones, resulta demencial la forma como, desde su amplio balcón elevado, convierte la instalación en un campo de tiro al blanco cuyo objetivo siempre es el de infundir miedo y humillar a los prisioneros como si fueran menos que ganado. Este uso sádico de la autoridad llega a su extremo cuando llega a deshacerse de uno de sus sirvientes al que parecía haber "perdonado" tras un breve momento de enmienda causado por las palabras de Schindler.



Las situaciones de horror son bastante constantes a lo largo del film pero hay otro instante particularmente llamativo cuando, tras un control médico donde los internos de Plaszow tienen que comparecer en el exterior desnudos, los funcionarios del campo evacuan a la mayor parte de los niños aunque eso implique separarlos de sus familias. Pequeños grupos tratan de ocultarse en diferentes escondites para evitar la deportación. La peor parte se la llevará el pequeño Olek Rosner (Kamil Krawiec) puesto que deberá ocultarse en el interior de las letrinas. Esta secuencia contiene las únicas tomas rodadas con steadycam ya que así se podía seguir mucho mejor al niño en su carrera por ocultarse. La utilización de unas canciones rancias y agrias, reproducidas por un gramófono, mientras los médicos discriminan a los sanos de los enfermos y permiten que se pueda ganar espacio para nuevos reclusos, es una auténtica radiografía del miedo y el temor.

También podríamos hablar de las escenas en Auschwitz y la forma como Spielberg muestra el diferente destino que correrán las mujeres de Schindler respecto a otros grupos que se encaminan hacia una instalación con una gran torre humeante. Pero todo nos lleva a la conclusión de que se trata de una obra maestra de la cinematografía moderna. Un título que impacta y atrae de principio a fin, a pesar de la fortaleza de su contenido. No hay nada superfluo, es como un concierto de una orquestra sinfónica donde todas las piezas encajan dentro de un engranaje perfectamente acoplado. Su extensa duración no resulta un impedimento sino que es una oportunidad para contemplar un argumento sólido en toda su globalidad y complejidad. El epílogo recupera el color para mostrarnos a los schindlerjuden vivos mientras realizan un homenaje simbólico ante la tumba de Oskar Schindler en Jerusalén. Los actores acompañan a sus homónimos en la realidad mientras que Liam Neeson aparece en la última toma depositando un par de rosas sobre el sepulcro.


La Lista de Schindler se estrenó en Estados Unidos el 15 de diciembre de 1993 y llegó a las carteleras del resto del mundo durante el primer trimestre de 1994. Las reacciones entre la crítica fueron de alabanzas casi unánimes. Aquellos que criticaron su exceso de emotividad no comprendieron cual era el objetivo de la película ni la necesidad de que el cine haga aflorar sentimientos en el espectador para canalizar mejor su mensaje. La opinión de los supervivientes era lo que más importaba a Spielberg y entre éstos no hubo dudas a la hora de aprobar un argumento que, por razones obvias, solo podía tratar un pequeño episodio del Holocausto.
"A muchos de los supervivientes que se atrevieron a ver Schindler's List, la película les sacó muchas cosas que tenían dentro. No les habían explicado a sus hijos y a sus nietos nada sobre aquello de lo que estaban huyendo, sobre lo que habían pasado en el Holocausto. Pero sí dijeron... si veis Schindler's List no es tan malo como lo que me pasó a mí, pero os dará una pequeñísima idea de lo que pasé." 
Otro apartado extremadamente significativo de la película es, obviamente, su banda sonora. Una vez realizado el montaje definitivo junto a Michael Kahn, Spielberg le mostró el resultado a John Williams. Sorprende como uno de los mejores compositores de la historia del cine mostró su faceta más humilde cuando le dijo al director: "necesitas a alguien mejor que yo para esto". El realizador respondió, en tono jocoso: "lo sé, pero están todos muertos". Evidentemente, el trabajo era exigente pero la magia de Williams volvió a funcionar coronando la partitura con un tema principal que conecta intrínsecamente con el contenido. La presencia del violín era imprescindible para remarcar el tono y la cadencia. Y no bastaba con los arreglos habituales, se necesitaba a un virtuoso que elevara a la máxima potencia el sentimiento que impregnaba la música. Williams contactó con uno de los mejores, el violinista israelí Itzhak Perlman. Su implicación con el material pareció impulsar aún más a Perlman porque su interpretación es prodigiosa. Pero la partitura dispone también de otros momentos magistrales que incluyen la presencia de coros, canciones tradicionales judías, y una interpretación espléndida del main theme, con dominio del piano, en los títulos de crédito finales.

Con una recaudación en taquilla que superó los 322 millones de dólares en todo el mundo y la aclamación general en los Globos de Oro y los BAFTA, Spielberg acudió a la gala de los Oscar con 12 nominaciones para su película. Parecía que esta vez sí era la definitiva puesto que una cinta que trataba sobre el Holocausto y el genocidio judío tenía todas las cartas para conquistar a los académicos. Las previsiones no fallaron y Schindler's List se llevó siete estatuillas que incluyeron mejor fotografía (Janusz Kaminski), montaje (Michael Kahn), banda sonora original (John Williams), dirección artística (Allan Starski y Ewa Braun), y mejor guión adaptado (Steven Zaillian). Pero los momentos cumbre sucedieron cuando Clint Eastwood pronunció el nombre del mejor director y Harrison Ford el de mejor película. Después de tres nominaciones y su ausencia como finalista con El Color Púrpura, Spielberg podía alzarse con el Oscar al mejor director e instantes después culminar su emoción cuando su amigo Harrison Ford le entregaba una segunda estatuilla. Kathleen Kennedy era productora ejecutiva en esta ocasión así que el honor fue compartido con Gerald R. Molen y Branko Lustig, un superviviente del Holocausto que estuvo preso en Auschwitz y Bergen-Belsen y que tenía un pequeño cameo en la película como el maitre del principal club nocturno de Krakovia. Siete años después, Lustig volvería a ganar el Oscar por la producción de Gladiator.


Liam Neeson y Ralph Fiennes, también nominados, perdieron frente a Tom Hanks y Tommy Lee Jones, respectivamente, pero Schindler's List obtuvo el reconocimiento que se merecía. Aupado por ese éxito y deseoso de hacer algo más para la comunidad judía, Spielberg creó la Survivors of the Shoah Visual History Foundation que, durante los años siguientes, se dedicó a recopilar más de 52.000 testimonios de supervivientes que posteriormente se procesaron en una base de datos accesible por parte de escuelas e instituciones educativas.




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El Mundo Perdido: Jurassic Park (The Lost World: Jurassic Park, 1997)

jueves, 25 de junio de 2015

Star Wars. Naves: El Destructor Estelar y los Cazas TIE. Por Francesc Marí


A diferencia de la Flota Rebelde, la Flota Imperial —cuyo nombre oficial era Armada Imperial— tenía un gran número de unidades, que podían luchar en todo tipo de combates, desde grandes cruceros a pequeños cazas secretos. Pero, entre todos ellos, aquel que se convirtió en el símbolo del poder del Imperio sobre la Galaxia, fue el Destructor Estelar clase Imperial I o, simplemente, el Destructor Imperial. ¿Por qué? Os estaréis preguntando, si los Cazas Tie molan más, pues es el mismísimo Gobernador Tarkin quien os responde:

«Yo mantengo que la efectividad de los Destructores Estelares no solo radica en su poder fuego, sino también en su tamaño. Cuando los ciudadanos miran a un Destructor Estelar y lo comparan con la nave que se necesitaría para atacarlo, tienen una tendencia a descartar esa idea como suicida en lugar de acercarse al problema tácticamente».

¿Os ha quedado claro? Pues eso, cuando un bicharraco de 1.600 metros sobrevuela tu cabeza, con 37.000 tripulantes y 9.700 soldados, y armado hasta los dientes con turboláseres pesados y cañones de iones, pues te lo piensas dos veces antes de sumarte a la Alianza Rebelde. En este sentido, solo nos falta recordar la escena inicial del Episodio IV: Una nueva esperanza, en la pequeña Tantive IV es perseguida por uno de estas enormes naves.

Fabricados en los Astilleros de Propulsores de Kuat, los Destructores Estelares, si bien no eran los más grandes, ya que también existían el Súper Destructor Estelar clase Ejecutor, que era la nave insignia personal de Darth Vader, al ser más numerosos también eran más habituales verlos patrullando la Galaxia escoltados por centenares de cazas.

De entre las decenas de diferentes modelos de cazas y naves de apoyo que formaban parte de la Armada Imperial, hay un que destaca por encima de todos ellos, y ese no es otro que el Caza TIE/In, entre otros motivos porque son el modelo básico del que derivan todos los demás. Estas naves eran pequeñas, de poco más de siete metros de longitud, y pesaban poco, ya que carecían de muchos complementos como escudos, hiperimpulso, tren de aterrizaje y sistema de soporte vital, obligando a los pilotos a llevar un traje de vuelo sellado. Puede que todas estas carencias puedan parecer importantes, obligando a estas naves a depender de un transporte, sin embargo, tácticamente, eran brillantes.

Por un lado, eran muy baratos de producir, por lo que el Imperio podía disponer de un gran número de unidades que servían para realizar ataques masivos concentrados, abrumando al enemigo con el poderío aéreo. Aunque ello comportara dejar a relucir la poca importancia que tenían sus pilotos que, al final, resultaban igual de prescindibles que las propias naves. En el otro, técnicamente les hacía superiores a los pesados cazas de los rebeldes y de otro enemigos, tanto por su ligereza como por su potencia de tiro. Por lo que, si el combate se localizaba en un lugar sin alejarse de las grandes naves imperiales —la Flota Imperial aprovechaba las defensas y resistencia de sus Destructores para que los combates tuvieran lugar a su alrededor—, los Cazas TIE acababan superando en velocidad a sus rivales, pudiendo destruirlos con un solo disparo de sus cañones.

Después de la creación del Imperio, y durante los largos y penosos años de guerra, los Destructores Estelares y los Cazas TIE fueron sinónimos de terror, opresión y desgracia, convirtiéndose en símbolos del miedo y el odio del que se nutría el Emperador Palpatine para gobernar.

Star Wars. Manual de Supervivencia es un proyecto de LASDAOALPLAY? y El cine de Hollywood.