domingo, 21 de diciembre de 2014

Spielberg on Spielberg: los inicios en Universal Pictures



Steven Spielberg desarrolló su pasión por el cine desde la infancia. La primera película que vio en la gran pantalla fue El Mayor Espectáculo del Mundo (The Greatest Show on Earth, 1952) y el film de Cecil B. De Mille encandiló a un niño de cinco años que había acudido a un cine de Cincinatti, acompañado por su padre, para pasar la tarde. Nada volvió a ser igual para él a partir de ese momento.

A los doce años se apropió de la cámara Kodak 8mm de su padre y empezó a filmar compulsivamente atreviéndose a crear pequeñas películas. Pero el adolescente Steven era el hijo de una familia en constante movimiento. Su padre era un veterano de la Segunda Guerra Mundial que trabajaba como ingeniero electrónico y sus servicios eran reclamados por empresas de todo el país. Le tocó ser el eterno "nuevo de la clase" y abandonar a los amigos cuando los lazos empezaban a estrecharse. Todo ello se vio incrementado con el divorcio de sus padres y el antisemitismo que pudo percibir en más de uno de los lugares en que vivió. Todo ello favoreció que la pasión por el cine creciera con más fuerza en su interior porque solo grabando e imaginando historias, más allá de su propia realidad, podía sentirse feliz. Con una cámara tenía el control total y podía sentirse importante. La soledad no era entonces un problema porque la actividad de filmar y montar le llenaba mucho más que cualquier otra cosa. A falta de amigos, eran sus hermanas las que en muchas ocasiones se convertían en las improvisadas actrices de sus proyectos.

"Estaba fascinado con el control que me ofrecían las películas a la hora de crear secuencias de eventos (un accidente creado con dos trenes de juguete que podía repetir y después ver una y otra vez). Creo que fue el hecho de darme cuenta de que podía cambiar la forma en que percibía la vida a través de otro medio. Y de paso ver si lo que yo hacía tenía algún efecto en alguien más aparte de mí."
"Creo que todos los niños viven el cine. Cuando los padres les compran un regalo de cumpleaños, como pequeños personajes o soldaditos, y el niño se tumba boca abajo sobre la alfombra , sujeta la figurita y la levanta a la altura de sus ojos, de forma muy realista, y apunta al soldado y estira el otro soldado a la altura y longitud del brazo y empieza bang, bang, bang!!!: ese es el principio de la cinematografía. Todos empezamos como cineastas. Supongo que yo nunca dejé de jugar así."

Afincados con su madre en Los Angeles, el joven Steven tenía la industria del cine a tiro y no iba a dejar pasar esa oportunidad. Durante un verano en que pasaba las vacaciones junto a unos familiares en Canoga Park, Spielberg fue a visitar los estudios Universal. Tenía dieciocho años y estaba a punto de cumplir el sueño de palpar cine de verdad. Durante el descanso de mediodía del tour guiado por el estudio, se escondió en uno de los decorados. Media hora después de que el autobús se hubiera marchado, empezó a pasear por el backlot a sus anchas. 
"Estuve en el plató de los estudios Universal. No tenía ni idea de cómo iba a regresar a casa pero me pasé toda la tarde entrando y saliendo de las diferentes salas de montaje. Hice mi propio recorrido y me lo pasé en grande."
Cuando empezaba a anochecer y había que irse, Steven no tenía ni idea de como volver a Canoga Park. Tuvo la suerte de coincidir con el director de la biblioteca del estudio, Chuck Silvers, y éste tras conocer su historia le indicó cómo volver además de expedirle un pase de tres días. Pasados los tres días, Spielberg no quería dejar de venir y siguió entrando al aprovechar el hecho que cada día entraban proveedores a las instalaciones y el trasiego era constante. Así fue como se le vio en los estudios Universal durante todo el verano. La gente asumió que ese chico trabajaba para el estudio aunque nunca nadie preguntó en qué. Durante ese verano y el siguiente, Spielberg aprendió el funcionamiento de los departamentos básicos de la major. Se familiarizó con la jerga y aprendió como funcionaba el negocio del cine desde la base. El afecto que le unió a Universal se ha mantenido a lo largo de toda su carrera porque aunque ha trabajado para todas las majors, el estudio fundado por Carl Laemmle ocupa un lugar especial en su corazón. Prueba de ello es que las oficinas de Amblin Entertainment y DreamWorks siempre han estando allí. En esa época también visitó las localizaciones de algunas de las películas del estudio. Está documentada su presencia en el set de rodaje de El Señor de la Guerra (The War Lord, 1965), una magnífica película situada en la Alta Edad Media que estaba dirigida por Franklin J. Schaffner y protagonizada por Charlton Heston.

Sin embargo, esa fascinación por el oficio del cine no encontraba correspondencia en las aulas. No pudo entrar en las facultades de cine de la USC y la UCLA y el Long Beach's California State College no le aportaba las titulaciones que le interesaban. A pesar de ello, consiguió financiación para hacer una media docena de cortos durante su tiempo libre. Rodó Encounters, sobre un asesino a sueldo que no tiene pistola y que debe arreglárselas en su oficio con una navaja. Slipstream, donde tuvo a Tony Bill como protagonista, era la crónica de una persecución en bicicleta. Pero se quedó sin dinero antes de finalizarla. En Universal le seguían queriendo como "chico para todo" pero necesitaba estudiar para mantener la prórroga que impedía su reclutamiento militar. En sus palabras decidió hacer "una inversión en su vida".

Organizó su horario en la facultad para que todas las clases fueran lunes y martes. De esta manera, podría presentarse a su inexistente trabajo en Universal el resto de los días. La idea seguía siendo la de hacer un cortometraje que pudiera llamar la atención de algún ejecutivo del estudio y eso, hasta el momento, no era posible porque sus trabajos eran demasiado extraños y rocambolescos. Debía hacer algo que tuviera un espectro más amplio. Se puso a escribir compulsivamente y desarrolló una sinopsis de cinco páginas cuyo título era Amblin. Explicaba la historia del romance entre dos jóvenes en el desierto de Mojave. Le mostró la idea a Dennis Hoffman, propietario de la empresa de efectos especiales Cineflex. Hoffman quería convertirse en productor y decidió apostar por Amblin poniendo diez mil dólares, un dinero más que suficiente para la realización de un cortometraje de 26 minutos que no incluía diálogos. Según Spielberg, el resultado final parecía más bien un anuncio de refrescos pero el cuidado con el que estuvo realizado traslucía un cuerpo de calidad. Hoffman envió la película a varios festivales cosechando algunos premios. Y después la vendió a Paramount que la programó como antesala en los cines donde se proyectaba Love Story (1970).


Spielberg empezó a trabajar como guía del estudio mientras seguía trabando amistad con ejecutivos como el jefe de producción del momento, Jennings Lang. Pero la mejor oportunidad le llegó cuando Chuck Silvers, su primer mentor, le enseñó Amblin a Sid Sheinberg que, en aquel momento, era el máximo responsable de la división televisiva de Universal. Al día siguiente, Steven fue citado al despacho de Sheinberg y éste le ofreció un contrato por siete años. Fue algo rápido y directo y le dijo lo siguiente: "si vienes a trabajar a Universal, te puedo garantizar una cosa: te apoyaré en el éxito pero también en el fracaso." El ejecutivo quiso asegurarse los servicios de Spielberg al ver el talento acreditado en Amblin y estaba convencido de que ya habría recibido ofertas de otros estudios, algo que no había sucedido. Pero esa frase nunca la ha olvidado Spielberg puesto que significó el inicio de una carrera imparable.

Su primer encargo fue rodar el episodio piloto de Night Gallery, una serie de género fantástico creada por Rod Serling (The Twilight Zone). La gran Joan Crawford era la protagonista del episodio interpretando el papel de una mujer ciega que compra los ojos de un pobre para poder ver Nueva York antes de que caiga completamente la noche. Pero en lugar de ver eso, contempla un gran apagón en la ciudad y el caos consiguiente. Imaginaos a un director debutante e inexperto, en un proyecto muy ambicioso que contaba con un equipo de más setenta personas que incluían a técnicos y creativos de gran trayectoria. Cuando estos veteranos vieron llegar al director, la reacción entre ellos fue de consternación.

"Cuando me presenté con mi acné, mi pelo largo y el visor pretenciosamente colgado del cuello, como si fuera una especie de talismán que me protegería de todo lo malo, me miraron una vez y dijeron: más vale que este chaval demuestre lo que vale enseguida o ya se está marchando."
"Recuerdo que el equipo de rodaje me recibió con gran hostilidad, casi como si yo supusiese una amenaza a su seguridad. La tropa del equipo me lanzaba puñales, trabajaba con la mayor lentitud que podía, no para que la despidiesen, sino para que me sacasen de la serie. Acabé mi primer trabajo profesional con cuatro días de retraso. Como era de esperar, el productor, William Sackheim, me gritaba y John Badham, productor asociado, me decía: ¿no puedes adelantar un poco?."
"Fue brutal, un verdadero bautismo de fuego. La semana entera fue un infierno."

El programa se estrenó en la NBC y tuvo suficiente audiencia para permitir la realización de la serie. A pesar de ello, Spielberg seguía siendo conocido en el estudio como "el capricho de Sheinberg". Eso provocó que, durante un año, solo le llegara la opción de dirigir un capítulo en la serie Marcus Welby. Ante esta situación de cierto ostracismo, Steven le pidio a Sheinberg una excedencia que aprovechó para empezar a trabajar en nuevos guiones. Una de esas ideas fue la base de Loca Evasión (The Sugarland Express) que acabaría siendo su primera película para el cine. Cuando pasó su argumento a los guionistas Hal Barwood y Matthew Robbins, éstos le presentaron a un grupo de jóvenes profesionales que trataban de renovar el lenguaje cinematográfico desde la base. Eran Brian De Palma, George Lucas, Francis Ford Coppola, Martin Scorsese, y John Milius, entre otros. El intercambio creativo entre ellos era constante y Spielberg fue inmediatamente incorporado a sus tertulias configurando la que se ha considerado como una de las mejores generaciones de la historia del cine.

A finales de 1970, Steven regresó a Universal para dirigir varios episodios en proyectos televisivos. De todos esos encargos, uno fue el más destacado. Se trataba de realizar el primer capítulo de Colombo (Columbo), la serie que se acabaría convirtiendo en un clásico de la pequeña pantalla que aupó al éxito a su protagonista, Peter Falk. El capitulo, titulado Murder by the Book, había sido escrito por Steven Bochco y sentó las bases de un show que se mantuvo en antena durante varias décadas.


Spielberg, con 24 años, mantenía su ilusión de llegar a la dirección cinematográfica. El escepticismo inicial en el estudio se estaba transformando en un progresivo reconocimiento a su labor. Los ejecutivos sabían que tenían a un diamante en bruto en Universal Pictures y no dudaban en su aprovechamiento aunque nadie podía preveer la enorme repercusión que obtendría en sus proyectos de futuro. Continuará... 

viernes, 19 de diciembre de 2014

Star Wars. Organizaciones: Ejército Imperial. Por Fran Marí

Toda saga de películas, series o incluso libros, cuando su número de seguidores es considerable, genera de forma automática unos símbolos, algo con lo que sus fans se identifican y le pueden decir a los demás “me gusta esto”. En el caso de Star Wars que, con permiso de Star Trek. The Original Series, fue el que inventó las manadas de fans a gran escala, hay tres elementos que se han convertido, con el tiempo, en símbolos de su poder “fanboyero”. Estos son los sables láser, el casco o la imagen de Darth Vader y, como, los archiconocidos soldados de blanca armadura conocidos como Stormtroopers o tropas de asalto.

Aunque en época imperial estos soldados eran, en parte, reclutados, en gran parte tenían un origen un tanto más exótico, eran clones. En estos tiempos había diversos sujetos originales cuyo ADN servía para hacer más y más unidades para nutrir el Ejército Imperial, pero el que vendió sus genes por primera vez fue Jango Fett, padre del cazarrecompensas Boba Fett. El imperio heredó diversas cosas de la República Galáctica, entre ellas, su ejército clon, cuyas unidades eran clones modificados de Jango, con el objetivo que fueran más dóciles y más fáciles de dirigir en combate. En época republicana, el Ejército Clon fue creado por los kaminoanos siguiendo las órdenes del Conde Dooku, aunque este se hizo pasar por su amigo, el maestro jedi Sifo-Dyas, y de esta forma dotar de fuerza militar a una república carente de ella. Durante los últimos años de las Guerras Clon -concretamente desde la batalla de Geonosis, fueron los garantes de la supuesta libertad que defendía el Canciller Palpatine, frente a la opresión de los Separatistas y su Ejército Droide.

Tanto antes como después del ascenso de Palpantine al trono imperial de la Galaxia, este ejército estaba compuesto por muchos más cuerpos además de las características tropas de asalto. Al principio, los kaminoanos creían que los caballeros jedis no bastaban para formar fuerzas de élite y comandantes de campo para millones de soldados, por lo que dotaron a ciertos clones con programación y formación adicional para que actuaran como fuerzas especiales o como eslabones en la cadena de mando entre los jedis y los soldados rasos. Debido a ello se parecían más a Jango Fett, mostrando iniciativa y capacidad de liderazgo. Además también existían los pilotos de naves de combate o de vehículos AT, los comandos, etcétera, etcétera.

Ya en época imperial, los grados intermedios fueron ocupados por oficiales adiestrados en academias militares del Imperio, pero los soldados siguieron especializándose según las necesidades, así veremos tropas de invasión de planetas nevados como Hoth, soldados de reconocimiento como los que se encuentran en la luna de Endor, pilotos de cazas TIE, y, por ejemplo, de unidades de AT-ST o AT-AT. Pero, a grandes rasgos, todas ellas no son más que variaciones y especializaciones de su unidad más grande e importante, los stormtroopers, que son la columna vertebral tanto del Ejército Clon como del Ejército Imperial.

A parte de su conocida armadura, lo que caracteriza a estas tropas de combate es su imposibilidad de acertar con sus blasters a los protagonistas de la saga. Esto, conocido como el Efecto Stormtrooper, se debe a que, a pesar de su aplastante superioridad numérica, su preparación militar y su probada efectividad en el combate contra personajes muy secundarios, son incapaces de herir seriamente o incluso alcanzar a los protagonistas principales. A la vez, los stormtroopers son altamente vulnerables y caen aparatentemente muertos o incapacitados tras recibir un único disparo en el abdomen o en el hombro, a pesar de estar protegidos por una sólida armadura, lo cual es aún más evidente cuando sus oponentes son los protagonistas.

Sea por su “eficacia militar”, sea por su curioso origen, o sea por su característica armadura, las tropas de asalto de Star Wars se han convertido, en su conjunto, en un elemento básico del universo creado por George Lucas.

Star Wars. Manual de Supervivencia es un proyecto de LASDAOALPLAY? y El Cine de Hollywood.

miércoles, 17 de diciembre de 2014

Ecos de Rodolfo Valentino en Falcon's Lair


Benedict Canyon es un enclave de Beverly Hills que está asociado a un hecho cruel y salvaje: el brutal asesinato de Sharon Tate y cuatro de sus amigos a manos del grupo liderado por Charles Manson. Pero hoy nos dedicamos a otra localización cercana vinculada a dos ilustres propietarios. Se trata de la mansión llamada Falcon's Lair.

En 1924, el arquitecto Wallace Neff, uno de los nombres más reconocibles del Spanish Colonial Revival tan característico del área de Los Angeles, dirigió la construcción de una mansión entorno a una propiedad de cuatro acres. Un año después, la mayor estrella cinematográfica del momento y el primer sex-symbol de la historia del séptimo arte, Rodolfo Valentino, pagó una enorme suma de dinero (175.000 dólares de la época) por hacerse con la finca a la que bautizó con el nombre de Falcon Lair ("el nido del halcón"). Poco después de la compra, se divorció de su segunda esposa, Natacha Rambova, y fue conocido por organizar numerosas fiestas que iluminaron las noches en las montañas de Santa Monica. Pero la diversión no se alargó demasiado porque Valentino murió prematuramente a causa de complicaciones por una peritonitis cuando solo contaba 31 años de edad.

Valentino en el salón principal de Falcon Lair (1925).

Tras su muerte, la finca fue subastada para cubrir las enormes deudas contraídas por el actor italiano y fueron varios los propietarios de la villa hasta que fue adquirida por la multimillonaria Doris Duke en 1951. Duke añadió el genitivo sajón al nombre de la mansión y convirtió Falcon's Lair en su residencia fija cuando visitaba Los Angeles para alternar con músicos de jazz y actores de Hollywood. La acaudalada y eterna soltera mantuvo la propiedad hasta el final y murió en la mansión principal el 28 de octubre de 1993. Sus últimos años fueron algo sombríos puesto que su mayordomo, el arribista Bernard Lafferty, parece ser que disponía de poderes legales de administración conferidos por Duke. Eso provocó que el modesto empleado se convirtiera en administrador y costó varios años expulsarle de ese lugar de privilegio. Esta compleja relación entre ambos se ha explorado en dos interesantes propuestas televisivas: la miniserie "Too Rich" (1999), protagonizada por Lauren Bacall y Richard Chamberlain, y el telefilm de la HBO "Bernard and Doris" (2006) donde los papeles corresponden a Susan Sarandon y Ralph Fiennes.

La Fundación Duke acabó vendiendo la finca en 1998 pero, desde entonces, la idílica hacienda no ha tenido suerte. Se intentó un proyecto de renovación y restauración que rápidamente se quedó sin fondos y en 2006 la mansión principal del complejo tuvo que ser demolida. El tour por el llamado "Haunted Hollywood" que realiza la agencia Starline hace parada en los alrededores de Falcon's Lair y desde el minibus descubierto podemos ver la entrada y el lateral de la casa que habitaban los guardianes de la casa.

La propiedad, de 440 metros cuadrados, está a la venta por el módico precio de 8 millones de dólares. Hasta el momento, no ha habido nuevos dueños. Google Street View nos la muestra así:


martes, 16 de diciembre de 2014

Star Wars. Organizaciones: Imperio Galáctico

Tras la cruzada contra los Jedis y la práctica aniquilación de todos sus adversarios, el Supremo Canciller Palpatine proclama el advenimiento del Imperio Galáctico, un nuevo régimen de Gobierno que acaba con todos los valores que la Antigua República había consolidado. Autoinvestido de poderes ejecutivos absolutos, el nuevo Emperador convierte al Senado en un organismo únicamente consultivo y sustituye la elección democrática de los representantes por Gobernadores militares. Sus peones administrarán, con autoridad y represión, los sistemas que van cayendo ante el poderío militar que el imparable ejército de clones es capaz de imponer allí donde se despliega.

Gran parte de los altos representantes aplauden las reformas del Emperador puesto que la nueva fórmula de Gobierno pone fin a la corrupción que se había enquistado en el seno de la milenaria República. Y el que no está de acuerdo poco más puede hacer. El miedo a la represalia hace el resto. Se apodera de la galaxia un discurso único y uniformizador. La libertad y la Democracia desaparecen bajo el poderoso régimen de Palpatine.

Pero muy pronto la gente se va dando cuenta que la nueva política se basa en la tiranía extrema, la brutalidad, y el odio hacia las especies alienígenas, a quienes se tiende a condenar al encarcelamiento y esclavitud. Los programas sociales desaparecen y esos fondos pasan a destinarse a la financiación del gasto militar. Todo avanza muy rápido y cuando los opositores quieren darse cuenta ya es tarde. El Emperador Palpatine ha convertido el miedo en su mejor arma y, siempre en beneficio de la “estabilidad”, continúa la expansión militar y la conquista y saqueo de todos aquellos sistemas que le hacen frente. 

Sin oposición alguna y apoyado por su discípulo sith Darth Vader, Palpatine da la orden de iniciar la construcción del arma definitiva del Universo: una estación espacial con una capacidad destructiva nunca antes conocida.

Con una Armada en expansión, el Emperador delega su control a los comandantes militares. El primero de ellos es Willhuff Tarkin, quien se convertirá en el número 2 de su régimen ya que prefiere a Vader como azote eliminador de los Jedi que escaparon a la purga.
La maquinaria militar no tiene precedentes en la historia de la galaxia. Las naves de asalto Republicanas, utilizadas durante las Guerras Clon, ceden el paso a colosales destructores equipados con una capacidad de fuego inmensa. 

La Academia de la República era el lugar donde se formaba a estudiantes en el servicio mercantil y de exploración. Palpatine la convierte en la Academia Naval Imperial, donde se instruye a los futuros oficiales del ejército en base al adoctrinamiento y a la propaganda. Los oficiales aprenderán a considerar a todos los seres alienígenas, no humanos, como a inferiores. Mientras son preparados para regir, dominar y conquistar, los estudiantes acaban siendo el producto de una filosofía elitista que busca la implantación práctica de un régimen autoritario y dictatorial que, con el tiempo, sembrará la semilla de la rebelión en miles de mundos.

Los oficiales que vayan saliendo de la Academia Imperial formarán una gran casta de líderes militares, al mando de poderosas naves y de ingentes tropas de soldados clon. Los que no se alistan voluntariamente son borrados del mapa o quedan reclutados en los regimientos de combate como soldados rasos. Terminan, por tanto, luchando junto a los clones en los sistemas que se rebelan contra la nueva autoridad.

Mientras Palpatine controla el poder político desde Coruscant, sus huestes crecen cada vez más. Pero su ideal de uniformidad y vasallaje acabará hallando contestación aunque para ello será necesario que pase cierto tiempo.

Star Wars. Manual de Supervivencia es un proyecto de LASDAOALPLAY? y El Cine de Hollywood.

sábado, 13 de diciembre de 2014

Die Hard y "Summer in the City"


Verano en Nueva York. Una época de calor abrasador con temperaturas que oscilan los 35 grados centígrados. Empieza un día como cualquier otro. Los tenderos preparan el género, la gente inunda el metro y los autobuses para ir a trabajar y las calles se llenan de automóviles dando sentido estricto a la llamada jungla de asfalto. Pero no todo va como acostumbra. Una bomba estalla entorno a unos grandes almacenes de la Quinta Avenida causando el caos en una ciudad habituada a los sobresaltos pero no por ello más preparada para sobrellevarlos.

La unidad de crímenes mayores de la Policía de Nueva York se inunda de llamadas pero una en particular merecerá toda la atención del departamento. Una voz funesta reclama la autoría del atentado y desea hablar directamente con Walter Cobb, inspector jefe de la unidad. Se hace llamar Simon y propone un juego macabro del cual dependerá la perpetración de más atentados. Recogiendo la tradición del juego infantil anglosajón "Simon says", el maníaco narcisista reclama que entre en escena un hombre en particular. Se trata de John McClane, actualmente suspendido del cuerpo por conductas poco éticas y por saltarse repetidamente el reglamento. Pero "Simon dice" que sin él desatará el pánico en las calles. Desea jugar con él bajo el peso de la mayor de las amenazas. Sus motivaciones serán conocidas más adelante.

Cobb no tendrá más remedio que restituir a McClane. Pobre John, tú ya has tenido lo tuyo. Ahora no te dejan ya ni emborracharte libremente mientras ves tus dibujos animados preferidos. Sin familia y ahora también sin placa las cosas se ven diferentes pero tendrás que despertar porque sino vuelves a ser el héroe de Nakatomi la ciudad lo va a lamentar. Despierta John, despierta! Te espera un auténtico calvario y la primera parada es Harlem...

En 1995 se estrenó Jungla de Cristal: la Venganza (Die Hard: with a Vengeance), la segunda secuela de una película que en 1988 sacudió el género de acción para siempre de una forma magistral. John McTiernan regresó a la dirección con un guión de Jonathan Hensleigh que introducía cambios interesantes en la franquicia. La fórmula McClane contra terroristas derivaba hacia la buddy-movie con la inclusión de Zeus Carver, interpretado por Samuel L. Jackson. La acción se desarrollaba en diversas localizaciones de la hipercalurosa Gran Manzana en vez de la Navidad en lugares fijos. Y el villano, un extraordinario Jeremy Irons, dotaba al film de un halo de brillantez. Además, su conexión con el primer film condenaba al olvido a la secuela dirigida por Renny Harlin en 1990.

El éxito en taquilla de esta tercera entrega fue absoluto y es lamentable que las dos películas que la han seguido (especialmente la última) hayan herido de muerte a la franquicia.

Pero vayamos a lo que nos ocupa en concreto. La película se abre con el ajetreo de la gran ciudad. El movimiento de gran cantidad de personas y el ritmo frenético de Nueva York se aprecia inmediatamente. Pero esta secuencia que parece rememorar el inicio del clásico de Hitchcock, Con la Muerte en los Talones (North by Northwest, 1959), concluye de una forma bien diferente. Su final es literalmente explosivo, rompiendo el aparente orden que hemos presenciado al principio. En este objetivo de mostrar el ritmo frenético de la gran urbe justo antes de un estallido brutal colabora especialmente la canción elegida para acompañar la secuencia. Se trata de la emblemática "Summer in the City" en la versión original interpretada por The Lovin' Spoonful.

The Lovin' Spoonful fue una notable banda de rock nacida en los ambientes bohemios de Greenwich Village a mitad de los sesenta. En 1966, dos de sus miembros (John Sebastian y Steve Boone) compusieron "Summer in the City" tratando de expresar la vorágine implacable que siente todo aquél que vive en la gran urbe. La canción resultó ser un gran éxito y llegó al número uno del Billboard en agosto de 1966. El tema se incluyó en el álbum Hums of the Lovin' Spoonful

Pues bien, esta frenética canción que, por momentos se asemeja a un trabalenguas, se encuadra perfectamente en el inicio de la película que hoy centra nuestra atención. Sin embargo, considerando la valía del tema yo me quedo con una de las múltiples versiones que se han grabado en años posteriores.

Joe Cocker realizó una espléndida versión en 1993 y su mayor temple, además de la inconfundible y desgarradora voz del intérprete británico, transforman un single bohemio de los 60 en una pieza rockera muy contundente, con toques de blues, que permanece más en la memoria del oyente. Pero todo ello es cuestión de gustos. A continuación, podéis escuchar ambas propuestas. En el apartado de comentarios la discusión puede empezar.