viernes, 29 de mayo de 2015

Star Wars. Episodio I: La Amenaza Fantasma (George Lucas, 1999)

George Lucas creó en 1977 una space opera que pronto se convirtió en un éxito fulminante de taquilla llegando a consolidarse como un título de referencia que dio un nuevo sentido al término blockbuster.

La enorme capacidad de acogida, movilización e influencia entre el público se vio reforzada con las secuelas que completaron una trilogía galáctica asombrosa. Sin embargo, estas historias formaban parte de un conjunto más amplio y se situaban concretamente entre la mitad y el final de una antología cuyo origen se situaría en tiempos de la Antigua República. Esta institución, cuyos recuerdos son ya muy lejanos en Star Wars: Una Nueva Esperanza (1977), debía tener su lugar en la saga pero cuando 20th Century Fox aceptó distribuir el proyecto, con unos plazos muy concretos, Lucas tuvo que decantarse por el material que tenía más desarrollado y éste empezaba con un joven granjero de humedad, llamado Luke Skywalker, descubriendo que su destino le deparaba un papel trascendental en los acontecimientos que estaban a punto de desatarse.

La admisión, por parte de Lucas, de la estructura que él mismo había concebido fue evidente desde el principio al colocar el epígrafe Episodio IV en la introducción de la película pionera. Sin embargo, el cineasta californiano siempre se frustraba al convertir sus ideas en imágenes. Todo aquello que imaginaba, tanto escenarios como naves y criaturas alienígenas, nunca podía ser trasladado a la gran pantalla por las limitaciones tecnológicas de la época. Las matte paintings, los títeres, y el maquillaje prostético no alcanzaban la envergadura técnica que él deseaba.

Por todo ello, los argumentos para los tres primeros capítulos de la saga fueron abandonados tras completar El Retorno del Jedi (1983). Con el tiempo, la tecnología digital empezó a desembarcar en Hollywood. La evolución de la informática estaba permitiendo que se rompieran barreras en cuanto a la creación de personajes y escenarios virtuales. Industrial Light & Magic, la compañía de efectos especiales creada por Lucas, empezó a trabajar en este sentido pero las primeras muestras no impresionaron demasiado al creador de Star Wars. Sin embargo, hubo un punto de inflexión y éste fue Jurassic Park (1993). Cuando George Lucas vio a aquellos dinosaurios tan impresionantemente recreados, se convenció por fin de que la tecnología digital ya podía responder a su visión. Poco tiempo después, puso en marcha la pre-producción de las llamadas precuelas.

En 1997 empezó a rodar el título que abría cronológicamente la saga: La Amenaza Fantasma. El film se estrenó el 19 de mayo de 1999 en medio de una expectación colosal. Varias generaciones de espectadores esperaban ansiosos una nueva entrega de una saga que creían finalizada.

“La República Galáctica está sumida en el caos. Los impuestos de las rutas comerciales a los sistemas estelares exteriores están en disputa. Esperando resolver el asunto con un bloqueo de poderosas naves de guerra, la codiciosa Federación de Comercio ha detenido todos los envíos al pequeño planeta de Naboo. Mientras el Congreso de la República debate interminablemente esta alarmante cadena de acontecimientos, el Canciller Supremo ha enviado en secreto a dos Caballeros Jedi, guardianes de la paz y la justicia en la galaxia, para resolver el conflicto…”.

Pero hasta ahí llegó la ilusión. El Episodio I supuso un autentico jarro de agua fría en múltiples aspectos. En primer lugar, George Lucas creó un guión excesivamente cargado de infantilismo. El tono era demasiado ligero, funcionaba como espectáculo para niños pero alejaba a los que habían crecido con la primera trilogía y habían disfrutado de un equilibrio entre entretetenimiento de masas y desarrollo de personajes. En este caso, nos encontramos ante un autentico desperdicio de casting puesto que Ewan McGregor, Natalie Portman y Samuel L. Jackson tuvieron personajes cuyo esquematismo rozó lo risible. Solo Liam Neeson dispuso de algo más de sustancia en el papel del Maestro Jedi Qui-Gon Jinn pero la inclusión de las células midiclorianas en la explicación de lo que representa la Fuerza, lastró a su personaje. Ian McDiarmid retomó su papel como el ahora Senador Palpatine y rayó a gran altura pero no fue suficiente para compensar las andanzas de un Anakin Skywalker, interpretado por un niño de ocho años llamado Jake Lloyd, cuya falta de interés y poco talento provocó un alto grado de desconexión entre la mayor parte del público.

La nueva puesta en escena, repleta de grandes escenarios y personaje virtuales por doquier, fue capaz de mostrar en pantalla imágenes de gran impacto. Pero el equilibrio entre argumento y espectáculo visual resultó renqueante. Y mientras personajes ridículos como Jar Jar Binks se apoderaban de minutos y minutos de metraje, la película se iba debilitando. Faltaba la rugosidad y la fiereza de esa puesta en escena, más natural, presente en la trilogía original. George Lucas se defendió diciendo que quería mostrar una sociedad más evolucionada al no haber recibido aún el impacto de la guerra. Pero eso no cuela. En cuanto a la potencia de los combates con espada láser, es cierto que tanto Vader como el anciano Kenobi no podían hacer grandes aspavientos luchando pero también hay que admitir que en los 70 no habían especialistas de combate como Nick Gillard o Ray Park, que interpreta a Darth Maul.

La ausencia de personajes carismáticos y la reducción del rodaje en exteriores tampoco ayudaron a que La Amenaza Fantasma se haya mantenido bien con el tiempo. Viéndola de nuevo, queda patente su nivel anecdótico dentro de la saga. El excesivo infantilismo gustó a los más pequeños pero el público más adulto resultó dañado por la experiencia y el escepticismo empezó a crecer con vistas al estreno de las precuelas restantes. Esa gran ilusión, desatada tras dieciséis años de espera, se diluyó como un azucarillo en una taza de café.

La Amenaza Fantasma se sitúa treinta y dos años antes de la batalla de Yavin. Muchos creíamos que esta saga debía empezar con un Anakin más adulto y cercano a su viaje al lado oscuro. Las Guerras Clon, por consiguiente, no debían haber sido una trama de arranque y conclusión entre películas sino un elemento protagonista en las precuelas. Esta historia pueril, plagada de misticismo y midiclorianos, no era un buen inicio teniendo en cuenta el material con el que se podía trabajar.

Hubo pocos elementos positivos en la película más allá de la partitura musical de John Williams. Uno de ellos fue la maniobra maestra del senador Palpatine para iniciar un doble juego que acaba colocándole como Canciller Supremo de la República. El otro input positivo fue la aparición de un aprendiz Sith cuya destreza era imparable: Darth Maul. A pesar de tener una presencia reducida en pantalla y de estar algo desaprovechado, no cabe duda que la idea de crear a alguien así revela que a George Lucas aún le quedaba algún cartucho de los buenos.

El éxito comercial de la película y de las precuelas en general se debió más a la fe inquebrantable del público mayoritario que a la aprobación general del mismo sobre lo que estaban viendo. Si estas películas se hubieran estrenado sin pertenecer a la saga Star Wars, probablemente estaríamos hablando de proyectos fallidos de ciencia-ficción al estilo John Carter. Pero la marca Star Wars es muy potente. Afortunadamente, el paraguas de la franquicia permitió que, al final, con un Episodio III altamente convincente en muchos de sus aspectos, pudiéramos aceptar estas aportaciones con más magnanimidad.

miércoles, 27 de mayo de 2015

Star Wars. Episodio VI: El Retorno del Jedi (Richard Marquand, 1983). Por Francesc Marí

“Luke Skywalker ha regresado a Tatooine, su planeta de origen, para intentar rescatar a su amigo Han Solo de las garras del malvado Jabba, el Hutt. Pero Luke ignora que el Imperio Galáctico ha comenzado en secreto la construcción de una nueva estación espacial armada, más poderosa que la temida Estrella de la Muerte. Una vez terminada, esta arma suprema significará la aniquilación del pequeño grupo de rebeldes que lucha para restaurar la libertad en la galaxia….”.

Como no podía ser de otra forma, el rodaje de El Retorno del Jedi empezó con problemas. El primero de ellos fue la elección del director. Tras las multas recibidas por parte de los sindicatos, George Lucas decidió abandonarlos definitivamente, pasando a ser completamente independiente. Sin embargo, las duras leyes sindicales, le impidieron contratar a ninguno de los que más sonaban para dirigirla, como Steven Spielberg o David Lynch, incluso él mismo. Así que eligió a un desconocido director británico, Richard Marquand, para que se hiciera cargo de El Retorno del Jedi.
Por otro lado, si bien todos los actores querían seguir en la película, había uno que era reticente a seguir en su papel, y este no era otro que Harrison Ford, que hacía poco había protagonizado En Busca del Arca Perdida dando vida a Indiana Jones, y parecía no querer monopolizar los personajes de Lucasfilm. Pero tras muchos tira y aflojas, que ya se habían producido durante la producción de El Imperio Contraataca, Harrison Ford accedió a seguir con el papel de Han Solo, a pesar de lo que él mismo afirmaba:

“Pensé que Han Solo debía morir. Pensé que se sacrificaría por los otros personajes, que él no tiene ni madre ni padre, no tiene futuro, no tiene responsabilidades en ese momento, así que dejaremos que se sacrifique”.

Opinión que era secundada por Lawrence Kasdan:

“Creía que debía pasar al comienzo del último acto para que uno se empezara a preocupar por alguien. Debíamos sacrificar a algún personaje”.

Pero Lucas fue tajante, ninguno de los protagonistas no tenía, ni debía morir, ya que no era lo propio en una película de este estilo. Con Harrison Ford confirmado, y la segura presencia del resto del reparto, el rodaje de El Retorno del Jedi empezó el 11 de enero de 1982 en los habituales estudios Elstree de Londres, donde se rodaron los interiores con la presencia de personajes como Jabba. Sin embargo, para evitarse los problemas generados por los rodajes en localizaciones exóticas, como el Sáhara y Noruega, Lucas optó por rodar las escenas desérticas en Arizona, y situar la acción en la luna de Endor, cuyas escenas se rodarían muy cerca de su casa, en los bosques de secuoyas de California, en concreto en Crescent City.

Hay dos curiosidades alrededor de la producción de esta película. La primera de ellas fue el deseo de abaratar el proyecto, para conseguirlo el título de la producción fue Blue Harvest (Horror Beyond Your Imagination), de este modo el coste que se le duplicaba por ser Star Wars, era más rentable, hasta que Harrison Ford, Carrie Fisher y Mark Hamill aparecían en el plató. La segunda, que es más un rumor que otra cosa, procede de unas declaraciones de Irvin Keshner, director de El Imperio Contraataca, que afirmó que Richard Marquand fue más un asistente de Lucas que el director realmente, ya que controló todas las etapas de la producción.

Esta película, en su edición en DVD, contiene uno de los elementos controvertidos de la saga, derivada de una decisión aún más discutible de Lucas. Para actualizar la saga, las tres películas originales fueron remasterizadas incluyendo escenas eliminadas y tomas con elementos digitales, pero sin duda, la que más discusiones ha provocado es la sustitución de la imagen fantasmal de Sebastian Shaw por la de Hayden Christensen en la escena final. Algo que, desde mi punto de vista, si bien considero innecesario, entiendo un motivo de homogenización en la saga, ya que si bien Anakin había envejecido en la realidad, su espíritu de Jedi murió con el aspecto de Hayden Christensen.

Durante mucho tiempo El Retorno del Jedi fue la película más esperada de la saga –antes de que La venganza de los Sith se estableciera en el horizonte final y conclusivo–, ya que, después de seis años de espera, la legión de fans y seguidores conocerían, por fin, cual sería el destino de todos los personajes, si el bien triunfaría sobre el mal, o, por el contrario, el Emperador y los Sith seguirían reinando sobre la Galaxia.

Tras el estreno del Episodio VI, los waries tuvieron lo que habían deseado desde el estreno de Una Nueva Esperanza, pero todos eran conscientes que aquello no se había terminado. Ya desde un principio se supo que antes de la primera película había algo más, en concreto los Episodios I, II y III. Así que, después de 1983, solo faltaba ver cuando Lucas tomaría la decisión para llevar a cabo las tan esperadas precuelas.

martes, 26 de mayo de 2015

Star Wars. Episodio V: El Imperio Contraataca (Irvin Kershner, 1980)

“Son tiempos adversos para la Rebelión. Aunque la Estrella de la Muerte ha sido destruida, las tropas imperiales han hecho salir a las fuerzas rebeldes de sus bases ocultas y las persiguen a través de la galaxia. Tras escapar de la terrible flota imperial, un grupo de guerreros de la libertad, encabezados por Luke Skywalker, ha establecido una nueva base secreta en el remoto mundo helado de Hoth. El malvado lord Darth Vader, obsesionado por encontrar al joven Skywalker, ha enviado miles de sondas espaciales hacia las infinitas distancias del espacio…”.

Tras el colosal éxito de Star Wars: Una Nueva Esperanza en 1977, George Lucas se puso manos a la obra para continuar la saga con el empuje que le había dado el respaldo de crítica y público. Las relaciones con la junta directiva de 20th Century Fox, sin embargo, seguían siendo tensas puesto que Lucas quería producir el siguiente film de forma independiente y sin limitaciones de presupuesto. El cineasta californiano tenía ahora el apoyo de las cifras de recaudación y mantenía una buena relación con el nuevo presidente del estudio, Alan Ladd Jr.

Así que se dispuso a llevar a cabo el sueño de su vida, producir el film como un outsider de Hollywood contando con Fox solo para la distribución. Consiguió arrancar, además, un acuerdo para quedarse con todos los rendimientos que surgieran de la venta de merchandising. En cuanto al libreto del nuevo episodio decidió contar con Leigh Brackett, una escritora y guionista de larga trayectoria que había sido colaboradora habitual del gran Howard Hawks. Brackett escribió un borrador bastante amplio que no acabó de convencer a George Lucas. Desgraciadamente, no hubo tiempo para discutirlo ya que la guionista falleció de cáncer en marzo de 1978.

Lucas decidió entonces encargarse de la escritura escribiendo varios borradores en los que volcó una nueva idea: Vader sería el padre de Luke. Tras la máscara se encontraría Anakin Skywalker, antaño un caballero Jedi que fue seducido por el Lado Oscuro cambiando completamente sus lealtades y devociones. En torno a este potente giro dramático, el de Modesto trabajó intensamente en un proyecto cuyo título pasó a ser The Empire Strikes Back.

Meses después, Lucas decidió contratar a Lawrence Kasdan tras comprobar lo que era capaz de hacer con el guión de En Busca del Arca Perdida (Raiders of the Lost Ark). Mientras Kasdan empezaba a escribir un nuevo borrador sobre el material previo, Lucas tomó otra decisión: no dirigiría la nueva entrega puesto que quería centrarse en la supervisión de la producción y en las relaciones con el estudio. Esto le permitiría también disponer de más tiempo para desarrollar la infrastructura de Industrial Light & Magic y coordinar mejor a los equipos de efectos especiales. Para ocupar la silla de dirección, pensó en uno de sus más admirados maestros en la University of Southern California (USC): Irvin Kershner.

Kershner se mostró reacio ante la oferta ya que pensaba que era imposible igualar o superar al film precedente. Pero cuando Lucas le dijo que el tono de la nueva película sería mucho más oscuro y que habría espacio para desarrollar tramas que hasta ahora solo habían quedado apuntadas, Kershner se convenció y entró a fondo en el proyecto.

A partir de entonces, Kershner, Kasdan, y el productor Gary Kurtz, sentaron las bases de El Imperio Contraataca y definieron una estructura sólida y firme que, a grandes rasgos, contenía lo siguiente: una batalla inicial en el remoto planeta de Hoth, el viaje hacia el descubrimiento de sí mismo que realiza Luke Skywalker en Dagobah, la aparición de un gran maestro jedi que inspiraba con cada palabra (Yoda), y la trampa final en Bespin donde Han Solo era capturado y congelado sin opción de salvamento por parte de sus amigos. Luke acudiría en su ayuda encontrándose con Vader por el camino. Lo que descubriría cambiaría para siempre su destino y el de la galaxia.

El Imperio Contraataca se rodó durante el año 1979 en localizaciones de Finse (Noruega) y Oregón (Estados Unidos). Los estudios británicos de Elstree volvieron a ser la base para el rodaje de interiores. En esos hangares, el diseñador de producción, Norman Reynolds, dirigió a un equipo de construcción que creó los enormes escenarios que necesitaba la película.

La película se estrenó el 21 de mayo de 1980 y volvió a hacer temblar la taquilla con unas cifras escalofriantes. El público se sorprendió por el cambio de tono pero lo acogió de maravilla porque vio que esos personajes, que había conocido tres años antes, podían desarrollarse mucho más y ofrecer instantes dramáticos muy intensos. La crítica reaccionó de forma algo fría al inicio ya que esperaban un espectáculo autoconclusivo como fue Star Wars: Una Nueva Esperanza. Sin embargo, con el paso del tiempo, El Imperio Contraataca se ha convertido en la cinta más valorada de toda la franquicia gracias a su potente argumento y a la ruptura de convencionalismos narrativos. Actualmente, forma parte, por derecho propio, de varias listas que agrupan a las mejores películas de la historia del cine. Un reconocimiento merecidísimo.

Hay tantos momentos memorables en la película que resulta imposible reseñarlos todos. Me quedo con todas las secuencias en Dagobah donde Yoda advierte a Luke que experimentará el miedo durante su entrenamiento. También con los nuevos matices en la personalidad de Han Solo. Por primera vez, le vemos dar una imagen que va más allá del sinvergüenza carismático para mostrar sus sentimientos hacia Leia y la vulnerabilidad ante lo que le depara la traición de Lando Calrissian y la presencia de Vader en Bespin.

Todo el reparto trabaja a gran altura y la cinta es una sinfonía repleta de compases perfectos. El tono más oscuro y trágico de la trama encaja muy rápidamente y nos invita a un viaje en el que no todo va a salir como desean Leia, Luke y Han. La oscuridad de Vader y su implacable persecución de ese hijo que creía perdido, inunda la pantalla cada vez que aparece. Con la desaparición de Tarkin, ahora es el jefe supremo del ejército Imperial y solo rinde cuentas ante el Emperador en persona. Su forma de proceder no admite el fracaso y su siniestro uso de la Fuerza será comprobado por varios almirantes. Mientras los cadáveres se agolpan a su alrededor, Vader procede con dureza y se aliará con quien sea para aplastar la Rebelión y capturar a Luke. La partitura de John Williams ayuda muchísimo en todo ello con la magnífica The Imperial March.

Los instantes finales del combate en Bespin son memorables:

Vader: "No hay escapatoria, no me obliges a destruirte. Luke todavía no te has dado cuenta de tu importancia. Solo has empezado a descubrir tu poder, únete a mí y yo completaré tu entrenamiento. Combinando nuestras fuerzas podemos acabar con esta beligerancia y poner orden en la galaxia."
Luke Skywalker: "Jamás me uniré a ti."
Darth Vader: "Si conocieras el poder del reverso tenebroso. Obi-Wan no te dijo lo que le pasó a tu padre."
Luke Skywalker: "Me dijo lo suficiente. Dijo que tú le mataste."
Darth Vader: "No. Yo soy tu padre..."
Luke Skywalker: "No, ¡eso no es verdad! ¡Es imposible!"
Darth Vader: "Examina tus sentimientos, sabes que es verdad."
Luke Skywalker: "¡Nooooooo! ¡Nooo!"
Darth Vader: "Luke, tú puedes destruir al Emperador, él se ha percatado de eso. Únete a mí y juntos dominaremos la galaxia como padre e hijo... Ven conmigo, es el único camino."

Instantes brillantes de la historia del cine, sin más. Momentos emblemáticos que, por sí mismos, definen las pautas de lo que debería ser el entretenimiento de calidad. Recogiendo el dorado testigo de la primera Star Wars, El Imperio Contraataca consiguió incrementar el seguimiento a una franquicia que fue capaz de dotarse de un tono más adulto y oscuro sin por ello perder su esencia básica de space-opera de gran formato.

Curiosamente, la junta directiva de 20th Century Fox no quedó tan satisfecha al comprobar las cláusulas del contrato que Ladd Junior había firmado con Lucas. La pérdida del control sobre el merchandising enfureció a la junta. Por consiguiente, la posición de Ladd como Presidente de la compañía se vio comprometida y tuvo que dimitir. El enfado de Lucas fue tan grande que decidió ofrecer En Busca del Arca Perdida (1981) a otros estudios. Finalmente, Paramount se hizo con los derechos de distribución.

lunes, 25 de mayo de 2015

Star Wars. Episodio IV: Una Nueva Esperanza (George Lucas, 1977). Por Francesc Marí

Tras cinco años de duro trabajo, centenares de borradores, enfrentamientos con los productores, rodajes imposibles, efectos especiales casi imposibles y un montaje que por poco le cuesta la vida, George Lucas había logrado su objetivo, producir su space-opera. Por fin, la calurosa tarde californiana del 25 de mayo de 1977, en el Teatro Chino Grauman de Hollywood, una masa de gente —entre los que se encuentra Samuel L. Jackson— espera poder entrar en el estreno más esperado y desconocido del año: La Guerra de las Galaxias. Las luces se apagan súbitamente y empieza el espectáculo…

“Nos encontramos en un período de guerra civil. Las naves espaciales rebeldes, atacando desde una base oculta, han logrado su primera victoria contra el malvado Imperio Galáctico. Durante la batalla, los espías rebeldes han conseguido apoderarse de los planos secretos del arma total y definitiva del Imperio, la Estrella de la Muerte, una estación espacial acorazada, llevando en sí potencia suficiente para destruir a un planeta entero. Perseguida por los siniestra agentes del Imperio, la Princesa Leia vuela hacia su patria, a bordo de su nave espacial, llevando consigo los planos robados, que podrán salvar a su pueblo y devolver la libertad a la galaxia….”.

Argumentalmente han pasado veinte años desde el fin de las Guerras Clon y el exterminio de los Jedi, pero, en 1977, todo eso no se sabía, solo eran apuntes en las libretas de Lucas, ante los ojos del público se abría todo un nuevo universo repleto de personajes sorprendentes, originales culturas y un sinfín de tramas en las que los protagonistas podían verse sumergidos. Pero, ¿qué hubiera pasado si George Lucas hubiera podido hacer la película que, en un principio, tenía en mente? Pues que en lugar de tener Star Wars tendríamos una versión de Flash Gordon en la que, muy probablemente, no sonaría la música de Queen. Por que, para aquellos que no lo sepan, en un principio Lucas quería adaptar la historia de este personaje, sin embargo, al saber que los derechos pertenecían al productor italiano Dino De Laurentiis, decidió inventarse su propia saga espacial.
Partiendo de un solo tratamiento de catorce páginas, Lucas escribió un guión que sufrió un sinfín de cambios —sin ir más lejos, el protagonista pasó de llamarse Starkiller a Skywalker—, pero siempre manteniendo la esencia de la trama, la lucha de un grupo de rebeldes contra un malvado Imperio Galáctico.

Para protagonizar su película, George Lucas quería a un reparto joven y desconocido, que se implicara en el proyecto y que encajara a la perfección con los tres personajes que había visionado. En primer lugar, la chica, Leia Organa, una poco habitual princesa, para la que escogió a Carrie Fisher —aunque también se postularon para papel Cindy Williams o Jodie Foster—; un chico joven, un idealista que desea poner su granito de arena, papel que recayó en los hombros de Mark Hamill; y finalmente, un aventurero contrabandista un poco cara dura, para el que Lucas escogió a Harrison Ford entre actores de la talla de Kurt Russell, Nick Nolte o Christopher Walken.

Además de las tres caras jóvenes, el reparto lo completaron David Prowse que se puso el traje de Darth Vader, pero no le dio la voz, tarea que se hizo cargo James Earl Jones —aunque también se había barajado a Orson Welles—; Anthony Daniels y Kenny Baker como C-3PO y R2-D2; Peter Cushing como el malvado Moff Tarkin; y el inigualable Sir Alec Guinness que se convirtió en Obi-Wan Kenobi, a pesar de que Lucas quería a Toshiro Mifune, sin embargo el británico le agradó el papel y cumplía el deseo de la productora, tener el pedigrí suficiente para que hubiera alguna cara conocida en el cartel.

A pesar de todos sus esfuerzos, parecía como si todo estuviera en contra de la película. El primer día de rodaje en Túnez cayeron las precipitaciones más importantes en el Sáhara en cincuenta años. Durante el día se llegaba a los cuarenta grados centígrados, haciendo que Anthony Daniels perdiera dos quilos diarios al meterse dentro la armadura de C-3PO, si hablar que, al final del rodaje, la mayor parte del equipo acabó con disentería.

La cosa no mejoró cuando se trasladó el rodaje a los estudios Elstree de Londres, donde los actores se tomaban a cachondeo las escenas, creyendo que estaban en una película para niños. Además, la productor apremiaba a Lucas para acabar el rodaje, obligándole a dividir el rodaje en diversas unidades, y a ir de una a otra en bicicleta.

En una película de ciencia ficción como La Guerra de las Galaxias, uno de los elementos más importantes y esenciales son los efectos especiales. Hoy en día todos los estudios y productoras tienen su división de efectos especiales, pero a finales de la década de los setenta la mayoría de ellos se habían desprendido de estos especialistas, debido, entre otros motivos, por que la mayoría de producciones iban en otro sentido mucho más realista. Por ese motivo, George Lucas se vio obligado a crear ILM (Industrial Light & Magic) para que dotaran de elementos fantásticos a esta película, ya que sin ellos no serían más que un grupo de actores simulando luchar en el espacio o con balas invisibles. Pero, incluso así, La Guerra de las Galaxias por poco mata a Lucas, llevándolo a una subida de tensión que al ser diabético se agravó, pasando una noche en el hospital, donde presentó hipertensión y agotamiento. Aunque la cosa había empezado en Túnez, lo que provocó este altibajo fue el hecho de que de los más de trescientos efectos, solo se habían hecho tres con más de la mitad del presupuesto.

Tras un durísimo montaje, en el que Lucas se vio obligado una vez más a intervenir por el bien de la película, la cinta estaba lista para ser estrenada en mayo de 1977, y se hizo sin pases previos, sin avances para la prensa, todo aquel que quisiera descubrir que era Star Wars debía ir a las salas de cine. Solo un pequeño grupo de afortunados, entre los que se encontraban Brian De Palma y Steven Spielberg, tuvieron la oportunidad de ver una versión preliminar de la película en marzo de 1977, que los dejó sin palabras. La idea era buena, el trabajo perfecto pero, aquello sería el gran éxito en el que confiaba que se convirtiera Lucas, la mayoría lo dudaron, solo Spielberg le dio la razón a su amigo.
En un magnífica operación comercial, Lucas y el departamento de marketing decidieron explotar su mayor baza, los seguidores de la ciencia ficción. A estos se les promocionó la película de tal forma que, como sucede hoy en día, todo un gran séquito de fans esperaban el estreno con ansia, asegurando que las salas se llenaran de sector del público, y con las esperanzas puestas de que no fuera el único. Y, como ya hemos dicho, no lo fue.

Una de las múltiples genialidades de esta película es la conceptualización de sus personajes que, si bien era la primera película, todos sus protagonistas eran presentados con un trasfondo muy bien definido, de tal forma que en seguida tienes la sensación de conocerlos, como si hiciera años que sigues sus aventuras. En este mismo sentido, no solo los personajes parecen tener un pasado, sino todo el entorno, los escenarios, las naves y los uniformes, como si fueran algo que hace décadas y siglos que ha sido así, otorgándole al universo un pasado histórico más que convincente. Desde el usado traje de Darth Vader, al destartalado aspecto del Halcón Milenario, pasando por la pierna de otro material de C-3PO, todo nos indica que esta galaxia “muy, muy lejana” no ha nacido de la noche a la mañana, sino que también tiene un pasado, como el nuestro.

Sin duda alguna, La Guerra de las Galaxias o Una nueva esperanza, como prefiramos llamarla, es una de las mejores películas de la historia, a que, a día de hoy, unos cuarenta años después de su estreno, sigue teniendo todos los elementos para que millones de personas sigan disfrutando con ella como si fuera el estreno de la última semana. Y con ello no nos referimos solo a los efectos especiales y a las explosiones, sino el carácter del argumento, que sigue teniendo vigencia todavía hoy, ya que es una clara exposición de la eterna lucha entre el bien y el mal, entre la luz y la oscuridad, entre los buenos y los malos, caracterizada en personajes muy bien perfilados en un bando y otro, ya que incluso Han Solo, que empieza como un mero contrabandista, acaba siendo uno de los héroes.

Tal vez es difícil predecir que sucederá en el estreno del Episodio VII, pero si que sabemos lo que supuso el del Episodio IV, ya que no solo abrió un género de una minoría al gran público, sino que cambió el concepto de las grandes productoras y de su fuerte control creativo sobre las películas. Star Wars. Episodio IV: Una nueva esperanza trastocó la manera de hacer cine, cambiando el curso de la historia.