lunes, 25 de agosto de 2014

Grandes piezas de Hans Zimmer: Rain Man (1988)


Tras la muerte de un padre con el que había roto relaciones, Charlie Babbitt (Tom Cruise) y su novia Susanna (Valeria Golino) viajan a Cincinnati (Ohio) para la lectura del testamento. Pero cuando el grueso de la fortuna (3 millones de dólares) debe depositarse en una institución mental, Charlie se enoja y acaba descubriendo que la razón de todo ello se basa en la existencia de un hermano autista, desconocido para él, cuyo nombre es Raymond (Dustin Hoffman)

Cuando el director del centro se niega a concederle la mitad de la fortuna, Charlie se llevará a Raymond con destino a Los Angeles donde espera que otros abogados puedan conseguirle la custodia de su hermano y, por consiguiente, la administración del dinero.

Ante las dificultades que entraña viajar con Raymond, Charlie se verá forzado a hacer el largo trayecto en coche. La road movie que se abre entonces es lo mejor del film y la forma como Barry Levinson retrata visualmente el corazón de Norteamérica resulta maravillosa.

El éxito económico de Rain Man fue espectacular: 412 millones de dólares de recaudación mundial sobre un presupuesto de 25.

La cinta obtuvo cuatro premios Oscar: mejor película, mejor dirección para Barry Levinson, mejor interpretación masculina principal para Dustin Hoffman, y mejor guión original por el libreto de Barry Morrow y Ron Bass. También recibió nominaciones en dirección artística, dirección de fotografía, montaje, y banda sonora original. Y precisamente de esta partitura musical queremos hablar hoy.

Hans Zimmer es uno de los compositores más brillantes y laureados del momento. Con un carrera que se extiende durante más de treinta años, ha realizado partituras emblemáticas y ha colaborado en proyectos de muy diversa índole.

Pero, en sus inicios en Hollywood, Zimmer era muy proclive a la utilización del sintetizador en sus piezas. Con el tiempo, el alemán se ha enaltecido y ha ido derivando hacia las composiciones de corte orquestral aunque manteniendo siempre las esencias. Sin embargo, su primera época es representativa de un estilo más electrónico en el que también obtuvo tracks magistrales.

Uno de esas bandas sonoras pertenecientes a esta primera fase creativa es Rain Man (1988). La habilidad para crear un leitmotiv moderno, rompedor, capaz de sugerir movimiento y convulsión, se expresa con mayor contundencia en la secuencia en que los dos hermanos recorren el Oeste y Raymond observa el paisaje humano y natural que se abre ante sus ojos por primera vez. Momentos brillantes para un film de imprescindible visionado.

martes, 19 de agosto de 2014

Coches de cine: Ford Mustang y Dodge Charger en Bullitt



El 17 de octubre de 1968 se estrenó Bullitt, una de las películas esenciales en la filmografía de Steve McQueen. Con el paso del tiempo, la cinta se ha convertido en un icono del género policíaco y, junto a la franquicia de Harry el Sucio (Dirty Harry), son las que más y mejor han aprovechado las calles de San Francisco en la gran pantalla.

El teniente Frank Bullitt (Steve McQueen) es un experto agente del departamento de policía de San Francisco. Una investigación política de alto rango ha traído a la ciudad a un ambicioso Congresista. Su nombre es Walter Chalmers (Robert Vaughn) y está inmerso en la apertura de una investigación contra el crimen organizado. Su testigo estrella es Johnny Ross (Pat Renella), un miembro destacado del sindicato del crimen de Chicago que ha decidido confesar a cambio de ventajas judiciales.

Pero cuando Ross es asesinado, en el hotel donde se escondía, por la acción de dos sicarios, todo se desmorona. La trama nos irá desvelando algunas sorpresas que trastocarán las hipótesis iniciales del caso.

La película fue un éxito en la época. Además de un guión contundente y con pocas fisuras, el film sacó partido de la particular estructura de San Francisco para que las escenas de acción y persecuciones fueran novedosas y espectaculares. Peter Yates, director del film, aprovechó al máximo los exteriores y creó una cinta neo-noir de primer nivel. La partitura musical compuesta por Lalo Schifrin también puso de su parte para crear la atmósfera idónea. McQueen se documentó a fondo para el papel y trabajó varios días junto a Dave Toschi, el investigador principal del caso Zodiac.


Sin embargo, si por algo es conocida la cinta, además de su contenido formal, es por la persecución automovilística que tiene lugar hacia la mitad del metraje. Dicha escena, que dura casi once minutos, sigue siendo un icono del cine de acción. La forma de rodarla, sin artificios extravagantes, la dota de un realismo extraordinario. Esta secuencia cambió la historia del cine para siempre.

La "coreografía" de la escena fue planificada con esmero. Como era habitual en él, McQueen estuvo involucrado intensamente en la realización y condujo en la mayoría de las tomas aunque delegó algunas de ellas en su doble de confianza, Bud Ekins, con el que ya había trabajado en La Gran Evasión (The Great Escape, 1963).

Ekins se encargó fundamentalmente de los espectaculares saltos en las empinadas calles de San Francisco. Los coches debían realizar los saltos a más de 100 km/h y Ekins no podía llevar casco puesto que estaba doblando a Bullitt. Afortunadamente, los autos estaban equipados con jaulas antivuelco. Ekins también hizo de motorista en otro momento de la escena.


La compañia Ford suministró a Warner Brothers dos Ford Mustang V8 GT Fastbacks, color verde oscuro, para el rodaje. El veterano corredor Max Balchowsky modificó las características de los coches para hacerlos resistentes a las exigencias de la escena. Por otra parte, se utilizaron dos Dodge Charger V8 440 Magnum, de color negro, para mostrar el coche de los sicarios. 

La persecución se inicia en Fisherman's Wharf, seguida por momentos en el midtown de la ciudad, la Coit Tower, y Filbert Street. La secuencia finaliza en Guadalupe Canyon, en los límites de un municipio cercano llamado Brisbane.


Un tercer coche se encargó de grabar las imágenes en movimiento persiguiendo a los protagonistas de la acción. Se utilizó un Corvette de 1966 modificado para incluir una plataforma donde ubicar al operador y las cámaras. 

McQueen realizó una gran parte de la escena asumiendo varios giros peligrosos y poniendo al Mustang a 170 km/h en los instantes de la autopista. Pero, para los momentos finales, entró en escena un tercer conductor: Carey Loftin.

Loftin, conduciendo el Mustang, llevaba a su lado el Charger enganchado para mostrar la pugna máxima en la carretera. En el Charger ya no había conductor sino un muñeco para engañar a la cámara. Llegados al momento previsto, Loftin activó un dispositivo que soltaba al Charger para que se estrellara contra una estación de servicio, causando una gran explosión. La escena no salió como estaba prevista pero la posterior edición, en la sala de montaje, salvó la situación. En total fueron necesarias tres semanas para rodar esta inmortal persecución automovilística. 

Nadie resultó herido durante el rodaje y sólo hubo una incidencia cuando el Charger destruyó una cámara en una colisión con otro coche. Es cierto que se observan algunas inconsistencias y extrañas apariciones de automóviles al repasar la secuencia. Pero nadie es capaz de verlo en un primer visionado. Es muy difícil conseguir que este tipo de set pieces puedan resultar impolutas cuando se realizan en un periodo tan alargado de tiempo y necesitan una coordinación que nunca puede llegar a controlarlo todo. 


De los dos Mustang, sólo sobrevivió uno que, al parecer, ha estado en manos de varios propietarios. Incluso McQueen trató de comprarlo en 1977. El dueño actual es desconocido aunque algunos aseguran que el coche se encuentra en un granero del valle del Río Ohio.

Con el tiempo se han hecho varias réplicas. El experto Dave Kunz ha realizado una que ha sido alabada por las revistas especializadas y por la propia compañía Ford que ha llegado a utilizarla en promociones publicitarias.

El estilo de persecución realista que imprimió Bullitt sentó cátedra y varias películas posteriores trataron de imitarlo. Quizá la última apuesta en favor de esta idea se vio en Ronin (1998), de John Frankenheimer

miércoles, 13 de agosto de 2014

In Memoriam: Lauren Bacall (1924-2014)



Lauren Bacall ha fallecido la pasado noche cerrando una vida larga y fructífera que está repleta de éxitos profesionales.

Betty Joan Perske nació en Bronx (Nueva York) el 16 de septiembre de 1924. Sus padres eran inmigrantes judíos de clase media baja. Su madre nació en Rumanía y había llegado a Nueva York tras pasar el pertinente estado de control en Ellis Island. Su padre ya había nacido en Estados Unidos pero procedía de una familia polaca.

Tras el divorcio de sus padres tomó el apellido de soltera de su madre, Bacall, y siguió manteniendo con ella un vínculo muy fuerte.

Sintiendo un interés muy grande por la interpretación, empezó a tomar lecciones en la American Academy of Dramatic Arts mientras inició una carrera de modelo en revistas especializadas. En 1942, consiguió su primer papel de reparto en Broadway pero el punto de inflexión llegó un año después. Tenía 18 años cuando apareció en un pequeño anuncio de la revista Vogue. Howard Hawks estaba buscando un nuevo rostro para el papel femenino principal en Tener y no Tener (To Have and Have Not, 1944) y no parecía estar teniendo demasiado suerte en el empeño. Pero su esposa, Nancy, vio la foto de Bacall en Vogue y se la mostró a Hawks. El director encargó a su secretaria que descubriera más información sobre ella pero ésta confundió la orden y le envió un billete para que fuera al casting de Los Angeles.

Sea como fuera, Hawks quedó plenamente convencido con su prueba de cámara y le ofreció un contrato de siete años. Cambió su nombre de pila por el de Lauren y se preparó para el papel bajo la supervisión de Nancy Hawks.

Ya durante el rodaje de la película, cayó bajo el influjo de Humphrey Bogart quien se enamoró perdidamente de ella pese a la diferencia de edad (25 años les separaban). Tras divorciarse de Mayo Methot, se casaron el 21 de mayo de 1945.


Bacall continuó la carrera cinematográfica coincidiendo con su marido en El Sueño Eterno (The Big Sleep, 1946), Senda Tenebrosa (Dark Passage, 1947), y Cayo Largo (Key Largo, 1948). También intervino en Agente Confidencial (Confidential Agent, 1945), junto a Charles Boyer, El Trompetista (Young Man with a Horn, 1950), con Kirk Douglas, y El Rey del Tabaco (Bright Leaf, 1950), donde coincidió con Gary Cooper.

Tras dar a luz a su segunda hija con Bogart, volvió a trabajar en la renombrada comedia Cómo Casarse con un Millonario (How to Marry a Millionaire, 1953). Allí compartió protagonismo con Betty Grable y Marilyn Monroe

Su carrera siguió avanzando con el apoyo constante de su marido aunque el empeoramiento de salud de Humphrey pronto hizo temblar todo su mundo. Aquejado de un cáncer de esófago, Bogart murió el 17 de enero de 1957.

La felicidad rota la arrastró pronto a los brazos de Frank Sinatra, traumatizado por su tempestuoso divorcio de Ava Gardner. Sin embargo, la relación fue breve y, años después, se casó con el también actor Jason Robards.

Durante todo ese tiempo protagonizó films como Escrito sobre el Viento (Written on the Wind, 1956), Mi Desconfiada Esposa (Designing Woman, 1957), Sombra Enamorada (The Gift of Love, 1958), y La India en Llamas (North West Frontier, 1959). 

A partir de entonces, y con su nuevo matrimonio, sus apariciones se fueron diseminando más en el tiempo. Regresó a la gran pantalla con La Pícara Soltera (Sex and the Single City, 1964), junto a Tony Curtis, y Harper (1966), con Paul Newman. 

Divorciada de Robards en 1969, entró en una fase de trabajos cinematográficos más dilatados. En los 70 apareció únicamente en Asesinato en el Orient Express (Murder on the Orient Express, 1974) y en El Último Pistolero (The Shootist, 1976), último film de John Wayne.

Después de realizar varias apariciones televisivas, reactivó su carrera en la década de los ochenta y noventa con títulos como Cita con la Muerte (Appointment with Death, 1988), Mr. North (1989), Misery (1990), Pret a Porter (1994), El Amor tiene Dos Caras (The Mirror Has Two Faces, 1996), por la que recibió una nominación al Oscar, y Diamonds (1999), entre otras.


Su prestigio, buen hacer, y elegancia seguían siendo un reclamo para los directores aunque sorprendió al dar un paso adelante muy potente cuando se comprometió a intervenir en Dogville (2003), de Lars Von Trier. 

Volvió a coincidir con Nicole Kidman en Reencaranción (Birth, 2004) y repitió con Von Trier en Manderlay (2005). The Walker (2007), de Paul Schrader, y Wide Blue Yonder (2010) fueron algunos de sus últimos trabajos. Su última aparición ha sido con su voz en Ernest & Celestine, una película de animación europea unánimamente aplaudida por la crítica.

Bacall ha muerto en su apartamento del Dakota building, frente al Central Park, a los 89 años de edad. Deja un buen legado fílmico y un recuerdo imborrable en la memoria de los amantes del cine. Además de ser uno de los grandes iconos femeninos del cine negro, se la recordará también por su activismo político en favor del Partido Demócrata y por su lucha frente a la injusticia del Macarthismo en la década de los 50. 

Me parece interesante concluir el artículo regresando al inicio, al debut de Bacall en la gran pantalla con una película ambientada en la Martinica Caribeña e inspirada en una novela de Ernest Hemingway. Esa química inmediata con Bogart, la dirección de Hawks, la ambientación exótica y el género de aventuras combinado con el thriller, la presencia de Walter Brennan y Hoagy Carmichael en el piano... son elementos más que suficientes para considerar a Tener y no Tener como una joya del cine de los 40.

Y si recordamos esta película, debemos repasar esa escena en que la sensualidad es seguida por la frase: "put your lips together and blow...". Descansa en paz, Betty.


martes, 12 de agosto de 2014

In Memoriam: Robin Williams (1951-2014)



Conmoción y estado de shock en la comunidad cinematográfica tras la noticia del fallecimiento de Robin Williams a los 63 años de edad. Su cuerpo sin vida fue hallado en la casa que poseía en Tiburón (Marin County, California), al otro lado de la bahía de San Francisco.

Desde 2006, Wiliams había recaído en el alcoholismo que, junto a la adicción a la cocaína, le había lastrado durante la década de los 70 y principios de los 80. En el pasado mes de julio estuvo ingresado en una clínica de rehabilitación en Minnesota. Desgraciadamente, estaba aquejado por una depresión muy severa que parece haberle conducido a cometer suicidio puesto que las primeras evidencias de la investigación así lo certifican.

Williams había nacido en Chicago (Illinois) aunque creció en Bloomfield Hills (Michigan). Siendo adolescente, su familia se trasladó al Condado de Marin, cerca de San Francisco, una área que siempre le cautivó y que convirtió en su residencia permanente en cuanto se estableció como actor. Su afición por la interpretación se dejó ver en las funciones escolares. Tal era su talento que consiguió una beca para estudiar en la prestigiosa Juilliard School de Nueva York. Esta beca sólo se concedía a 20 alumnos de todo el país pero no solo fue capaz de eso sino que entró en el programa avanzado de la escuela, patrocinado por John Houseman (ex-colaborador de Orson Welles), junto a Christopher Reeve. Ambos trabaron una amistad que se mantuvo hasta la precipitada muerte de Reeve en 2004. 

Williams dejó Juilliard en 1976 y continuó con trabajos esporádicos como comediante en clubs nocturnos hasta que fue descubierto por un representante de la NBC que le consiguió un papel en el show de Richard Pryor. Allí fue donde Garry Marshall le vio en acción y decidió contratarle para que diera vida al extraterrestre Mork en la serie de televisión Happy Days. Su aparición fue un éxito y Marshall decidió producir un spin-off cuyo título fue Mork & Mindy. La capacidad para la improvisación de Robin fue perfectamente acogida por los responsables de una serie en la que trabajó a lo largo de cuatro años. 

Con el impulso del trampolín televisivo, Williams empezó a trabajar en el cine. Sus apariciones en comedias poco relevantes le permitieron conocer el negocio y estar preparado para asumir mayores retos. Robert Altman apostó por él para su versión de Popeye (1980) y su talento pareció empezar a ser aprovechado con El Mundo según Garp (The World According to Gap, 1982) donde demostró que también podía explotar una vertiente dramática desconocida hasta ese momento.


Tras una serie de comedias intrascendentes consigue llegar a un punto de inflexión cuando Barry Levinson le contrata para interpretar al locutor de radio, Adrian Cronauer, en Good Morning Vietnam (1987). Por este papel consigue el Globo de Oro al mejor actor y su primera nominación al Oscar. Empieza entonces su época dorada en Hollywood puesto que su siguiente proyecto importante fue El Club de los Poetas Muertos (Dead Poets Society, 1989). En este film inolvidable que ha dejado una impronta en varias generaciones de espectadores por su optimista filosofía de vida, Williams se coronó en un papel dramático demostrando que era un actor versátil y brillante. 

A este film le seguirían otros como Despertares (Awakenings, 1990), Morir Todavía (Dead Again, 1991), Hook (1991), El Rey Pescador (The Fisher king, 1991), Toys (1992), y su debut como doblador en Disney al prestar la voz al genio de Aladdin (1992)

En los noventa, Williams consiguió consolidarse como actor multitarea y consiguió equilibrar muy bien sus intervenciones en comedia y drama. En 1993 llegaría uno de sus mayores éxitos, Mrs. Doubtfire, donde coincidió por primera vez con el director Chris Columbus.


Tras Jumanji (1995), se embarcó en el Hamlet de Kenneth Branagh, y después vino El Agente Secreto (The Secret Agent), Jack (de Francis Ford Coppola), y Una Jaula de Grillos (The Birdcage), todas ellas estrenadas en 1996.

Pero fue en 1997 cuando obtuvo el mayor de los reconocimientos al intervenir en El Indomable Will Hunting (Good Will Hunting) junto a Matt Damon y Ben Affleck. Su interpretación del profesor Sean Maguire le reportó el Oscar al mejor actor de reparto y también el premio del Sindicato de Actores.

Posteriormente, siguió combinando comedias familiares con presencias en films más exigentes como Desmontando a Harry (Deconstructing Harry, 1997), donde trabajó a las órdenes de Woody Allen, y What Dreams May Come, de Vincent Ward.

El Hombre Bicentenario (Bicentennial Man, 1999), de nuevo con Chris Columbus, fue la antesala de una década con títulos como Inteligencia Artificial (AI, 2001), donde prestaba su voz al Doctor Know, Insomnia (2002), Robots (2005), Happy Feet (2006), August Rush (2007), las dos entregas de Noche en el Museo (Night at the Museum), y El Mayordomo (The Butler, 2013), entre otras.


Deja pendiente de estreno cinco intervenciones más: la tercera entrega de Night at the Museum, The Angriest Man in Brooklyn, Boulevard, Merry Friggin' Christmas, y Absolute Anything, comedia de Terry Jones en la que varios actores importantes (entre ellos algunos miembros de Monty Phyton) prestan sus voces a los perros protagonistas. 

Nos deja sus películas y una sonrisa que siempre vivirá unida a nuestra memoria fílmica. Descansa en paz Robin.

Estas son algunas de las reacciones a su muerte:


“Robin was a lightning storm of comic genius and our laughter was the thunder that sustained him. He was a pal and I can’t believe he’s gone.”

Steven Spielberg


“Robin was hands-down a comedy genius and one of the most talented performers I have ever worked with in television or film. To lose him so young at the age of 63 is just a tragedy. I will forever be in awe of his timing, his talent and his pure and golden creativity. … He was my friend and it is rare that you ever have a friend that is also a genius.”

Garry Marshall


"He was one of our most inspired and gifted comic minds, as well as one of this generation’s greatest actors. To watch Robin work, was a magical and special privilege. His performances were unlike anything any of us had ever seen, they came from some spiritual and otherworldly place. He truly was one of the few people who deserved the title of ‘genius.'”
“We were friends for 21 years. Our children grew up together, he inspired us to spend our lives in San Francisco and I loved him like a brother. The world was a better place with Robin in it. And his beautiful legacy will live on forever.”
Chris Columbus

“Onscreen and off, this was a formidable, incredible guy — generous in the best way: with his heart and humor, devoted to making others happy. Over his remarkable career, Robin moved us to tears; sometimes from laughter, sometimes from humanity, sometimes both in the same moment, a feat that few performers have equaled.”
"I will miss Robin deeply but I will never stop treasuring the phenomenal, enduring work he gave to us all. Robin Williams was that rarest of things: a true and forever one-of-a-kind.”
Shawn Levy (director de la franquicia Night at the Museum)

"No words"
Billy Crystal

lunes, 11 de agosto de 2014

Un combate singular en Powerscourt Waterfall


De todas las películas que han tratado la leyenda Artúrica, Excalibur (1981) sigue siendo la más lograda. John Boorman insufló a la puesta en escena un aire operístico, repleto de mística y espíritu romántico. Algo que no excluye la contundencia en las escenas de combate, llenas de rudeza y brutalidad. Estamos ante un film que equilibra la propuesta pero nos deja con el sabor de la añeja novela de caballería.

Las licencias que Boorman contrajo al adaptar la leyenda escrita por Sir Thomas Mallory son perfectamente asumibles desde el inicio. Estamos ante una alegoría del ciclo de la vida, expresada entorno a una historia inmortal y heroica que, en su tramo final, cobra un espeluznante tono oscuro que trata de cerrar el planteamiento unitario y de conciliación que caracteriza la narración.

Quizá las armaduras de aluminio brillante fueron el aspecto más reseñado por los expertos como elemento anacrónico. Pero encaja cuando pensamos en el enfoque teatralizado y mítico con el que se quería dotar al film. De alguna manera, el director y su co-guionista, Rospo Pallenberg, buscaban mostrar también como el advenimiento del Cristianismo pone punto y final al viejo misticismo naturalista de Merlín y Morgana. Cuando la película termina, una nueva era empieza. Pero nos queda un testigo de una época que nunca se olvidará. 

Excalibur fue rodada integramente en localizaciones Irlandesas. Concretamente, fueron los condados de Wicklow, Tipperary, y Kerry los que acogieron la mayor parte de los exteriores. En este artículo nos centraremos en uno de los enclaves más emblemáticos del film.

Tras arrancar la espada Excalibur de la piedra, Arturo (Nigel Terry) se lanza a la noble misión de unificar todos los territorios de la antigua Inglaterra. Con un ejército cada vez más numeroso en sus filas y con valientes caballeros y señores bajo sus órdenes, se dedica a supervisar las campañas militares que deberán conducir a una paz definitiva. Sin embargo, nada de lo que posee parece ser suficiente ante un único caballero que insiste en bloquear la marcha en un puente cercano a una cascada. El caballero en cuestión es Lancelot (Nicholas Clay), un guerrero que procede del otro lado del mar y que busca a un Rey que sea merecedor de sus servicios. Ninguno de los hombres de Arturo ha conseguido superarle en combate singular. Consumido por la ira, el mismísimo Rey decide librar combate contra el gallardo que bloquea su avance.

Lancelot es insuperable en la contienda pero Arturo convoca la fuerza mística de Excalibur y consigue superarle. Sin embargo, la espada se rompe al perforar la armadura de su adversario. Desolado ante la ofensa que acaba de perpetrar al vencer injustamente al mejor de los guerreros y destruir la herencia de nobleza que ha sido puesta sobre sus hombros, Arturo arroja el resto de la espada al pequeño lago que forma la cascada en su descenso. Cuando Merlín (Nicol Williamson) parece dar por perdida la cruzada de Arturo, la Dama del Lago se aparece de nuevo para entregar la restaurada Excalibur a su legítimo poseedor.

Esta mítica escena se rodó en la Powerscourt Waterfall, cerca de Enniskerry (Condado de Wicklow). Este salto de agua es el más grande de Irlanda al llegar a los 121 metros de declinación. Gracias, una vez más, a la pericia de Silviaez y Clinisbud, hoy podemos ofrecer unas magníficas fotografías tomadas en este bello paraje natural. 

Es importante recordar que el puente que aparece en el film fue construido especialmente para la producción. El paisaje circundante también ha sufrido los cambios obvios pero pervive el espíritu de la escena, fácilmente reconocible en cuanto empezamos a mirar detenidamente las imágenes.


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A continuación, incluimos la escena tal como la vemos en la película. Un buen momento para recordar un instante de gran simbolismo.


viernes, 8 de agosto de 2014

Guionizando un clásico: Todos los Hombres del Presidente (All the President's Men, 1976). Segunda parte


Con el visto bueno de Warner Brothers y el inicio oficial de la pre-producción, Redford empezó a buscar director. Sin embargo, seguían sin noticias del Post y del tándem Bernstein & Woodward

El primer director al que se envió el guión (cuyo nombre, por razones legales, no se puede revelar) dijo que sí inmediatamente. Pero ese entusiasmo inicial se tornó en decepción al ir pasando las semanas sin contacto ninguno con el elegido. Nunca estaba en su oficina para atender llamadas. Dos semanas después, se enteran de la verdad. Al parecer, el realizador tenía un pleito con Warner y sólo había aceptado para perjudicar al estudio, dilatando la producción y haciendo perder tiempo.

Los periodistas seguían sin reaccionar al envío del guión aunque los redactores jefe sí lo hicieron. No les gustaron las bromas que Goldman había insertado en las reuniones diarias del periódico y que procedían directamente de su experiencia como visitante mientras se documentaba a fondo para escribir el guión. Las bromas y payasadas existían pero lo que no querían los jefes es quedar, en la gran pantalla, como un grupo de patanes superficiales.

No fue una reacción agradable pero fue una contestación al guión. Habían pasado tres meses desde que enviaron el libreto a Bernstein & Woodward y seguían sin respuesta. Aunque, a ciencia cierta, la respuesta ya se estaba preparando. En noviembre de 1974, Goldman recibe una llamada en su despacho de Nueva York. Era Redford. Le comunica que Carl y Bob están con él y que quieren reunirse para hablar del guión. Se acercaba uno de los peores momentos de la carrera de William Goldman como guionista.  

Goldman llega al apartamento de Redford en Nueva York  con bastante buen humor. Y se encuentra al actor junto a los periodistas y un guión sobre la mesa del salón. Tras saludarse, el silencio se podía romper con un sable. Entonces Redford pronuncia las siguientes palabras:

"Escucha, Carl y Nora han escrito su versión del guión."

Nora Ephron era, por entonces, la novia de Bernstein. Esta relación se convertiría en matrimonio y finalmente en divorcio, precipitando sin saberlo la aparición de un guión, inspirado en esta convivencia, que Mike Nichols trasladó al cine: Se Acabó el Pastel (Heartburn, 1986). Nora siguió trabajando como guionista y directora obteniendo muchos éxitos y convirtiéndose en la nueva reina de las comedias románticas. Pero, en 1974, era una periodista, en proceso de divorcio de su primer marido, que trataba de estar constantemente al nivel de su nueva pareja.  


Goldman se quedó sin habla ante la situación que le presentaban. Podía aceptar que le despidieran y que contrataran a otro guionista sindicado para reescribir parcial o totalmente el libreto. Pero lo que no aceptaba era lo siguiente:

"Que dos outsiders, un periodista de moda y su novia, lo hagan por su cuenta y cambien lo que yo he hecho sin decírselo a nadie y acudan luego al productor... y todo ello en un proyecto que ya estaba en marcha... no, no era posible."

Goldman no interrumpió su silencio. Seguía esperando que Redford interviniera en su favor y le lanzara el guión a la cara de Bernstein. Esperaba una defensa de su productor. Tras ocho meses trabajando intensamente y con el beneplácito de Warner Brothers, quería que Redford actuara en consecuencia. Pero las palabras del actor y productor no iban en esta línea:

"Todos queremos que el guión sea lo mejor posible, así que podrías echarle un vistazo; todos estamos en el mismo bando, todos queremos que la película sea la mejor posible."

El estado de ánimo de Goldman se refleja en estas palabras:

"Estaba de Watergate hasta las narices. Me había vuelto loco con lo de Haldeman cuando había hablado con Mitchell y con cómo encajar en todo ello al Juez Sirica y cómo hacer que Erlichman apareciera como el perfecto vecino que decían que era y a la vez pudiera hacer lo que hizo. Yo estaba completamente consumido, había bebido demasiado, había pasado noches en vela porque no sabía cómo hacer que la cosa funcionara y finalmente conseguí que funcionara y ahora quería que se reconociera que se había perpetrado una ofensa grave contra mí."

Por consiguiente, Goldman afirmó que él no iba a leer ni una sola palabra de ese borrador hasta que algún abogado le dijera que podía hacerlo. Y, dicho esto, abandonó el apartamento.

Redford quería contar con todo el apoyo del Washington Post y aceptar la colaboración de Bernstein suponía no enemistarse con nadie, excepto con el guionista que había contratado y a quien le había dado toda la confianza. 

Los abogados dictaminaron que Goldman podía leer la versión Bernstein/Ephron. A decir verdad, parecía no aportar nada relevante a lo ya escrito previamente. Woodward, por su parte, manifestó su arrepentimiento en un encuentro posterior con Goldman:

"No sé cuáles serán las seis peores cosas que habré hecho en mi vida, pero dejar que eso pasara, dejar que lo escribieran es una de ellas."

Pero los cotilleos en Washington empezaron y pronto se extendieron a nivel nacional. Se estaba distribuyendo la opinión general de que el guión de Goldman era una porquería. Mientras tanto, Dustin Hoffman firmó para interpretar a Bernstein. Sin embargo, la revista Time denunció la falta de calidad del libreto pese a que habían conseguido "engatusar" a Hoffman.

Los héroes reales junto a sus alteregos en la ficción.

Pero, afortunadamente, estas opiniones no hicieron mella en la junta de Warner Brothers que no sólo deshechó la versión de Bernstein sino que renovó el apoyo a Goldman y a su libreto. 

En la primavera de 1975, ya hacía más de un año que estaba trabajando en el guión de la película y empezó una nueva fase al iniciar la colaboración con el director finalmente elegido: Alan J. Pakula.

Pakula aportaba un gran nivel de calidad a la película. Además de ser un caballero cultivado, con estudios en Yale, tenía buena prensa y todos en el negocio cinematográfico hablaban bien de él como persona. Había sido un productor importante antes de empezar a dirigir: Matar a un Ruiseñor (To Kill a Mockingbird, 1962) lo certifica. Después, como director, había obtenido el éxito en Klute (1971) y The Parallax View (1975). Los actores le adoraban por su buen trato.

Así pues, empezaron las reuniones entre ambos. Esta fase resulta bastante apasionante porque es donde la creatividad fluye con más fuerza. Es el momento en que se realizan cambios, ajustes, añadidos... todo lo necesario para mejorar el guión en su traslación definitiva a imágenes. Cuando a un guionista se le saca más provecho es precisamente en este momento. Porque es cuando se decide como será finalmente la película y el escritor puede pulir detalles con alguien que tiene una concepción más visual y sabe lo que funciona mejor ante la cámara. Pero Pakula siempre le decía: "No quiero privarme de nada."

Alan J. Pakula dando precisas instrucciones a Robert Redford en el set de rodaje.

Cuando Goldman le preguntaba si quería la escena más larga o más corta, Pakula respondía: "las dos cosas, quiero ver las dos cosas". Si la pregunta hacía referencia a la mayor o menor dureza de una secuencia volvía a responder lo mismo. Acabó siendo evidente la incapacidad de Pakula para decidirse por algo, para priorizar. 

La desesperación del guionista fue en aumento. Tras más de un año con un guión que ya solo necesitaba retoques finales, todo volvía a derrumbarse. No tenía ni idea de lo que buscaba Pakula. Estaba escribiendo a ciegas. Un día, a Pakula se le ocurrió una maravillosa escena entre Bernstein y su ex-mujer. La improvisó y Goldman la escribió. Al menos, pudo sentirse bien por haber agradado en algo a su director. Aunque, al hacer eso, desagradó a su productor. Redford era consciente que sus mayores éxitos siempre se habían dado en películas de "colegas". Y ahora, nuevamente, estaba atrapado en una película con otra co-estrella masculina. 

Por tanto, durante los meses siguientes, Goldman siguió escribiendo escenas de forma rutinaria y cada vez con menos pasión. Se vio implicado en el enfrentamiento entre productor y director. Redford estaba molesto por la falta de decisión de Pakula y al realizador le importaban un pimiento las nuevas escenas que proponía el rubio de California. Estas tensiones irresolubles parecían no tener fin.

De repente, el teléfono de Goldman dejó de sonar. El rodaje había empezado y Pakula había llamado a otro guionista para que estuviera con él en Washington DC. La idea es que este otro escritor realizaría cambios diarios en el libreto según las necesidades del día a día. 

El film se estrenó el 9 de abril de 1976. Y fue, sin lugar a dudas, un éxito total de crítica y público. Sobre un presupuesto de 8,5 millones de dólares, la cinta recaudó más de 70 sólo en Estados Unidos. Goldman la fue a ver al cine de su barrio y la encontró muy parecida a lo que él había escrito. Por supuesto, había cambios, mucha improvisación, escenas situadas en lugares diferentes, pero la estructura general permaneció sin cambios. La dirección era excelsa al igual que las interpretaciones de Redford, Hoffman, Jack Warden, y Jason Robards. En los Oscar, obtuvo ocho nominaciones y cuatro estatuillas, etre ellas la de mejor guión adaptado para William Goldman

William Goldman en la ceremonia de los Oscar de 1977, donde consiguió su segunda estatuilla.

A pesar de este gran éxito general y personal, se mantiene en su firme opinión: 

"Si me preguntaran qué cambiaría de mi vida si pudiera vivirla de nuevo, respondería que habría escrito los mismos guiones. Sólo que nunca me hubiera acercado a Todos los Hombres del Presidente."