martes, 7 de julio de 2015

Spielberg on Spielberg: Amistad (1997)


"De verdad pensaba que podría soportar cualquier imagen que pusiese en la pantalla, incluso imágenes históricas, pero a veces resulta difícil mirarlas y especialmente cuando las interpretan en vivo delante de tí." 
Tal como hablamos en el anterior capítulo, DreamWorks iba a empezar su andadura presentándose en la comunidad de Hollywood como el primer nuevo estudio que aparecía en décadas. La filosofía no iba a ser competir directamente con las majors consolidadas sino presentar una nueva alternativa de producción y distribución que colaboraría con el resto de estudios de forma bastante asidua. Jeffrey Katzenberg se iba a encargar de la división de animación mientras que Spielberg era la garantía de estabilidad y calidad en los años venideros. La historia de DreamWorks es un relato de altos y bajos. Las películas de Spielberg han funcionado muy bien pero su labor no es suficiente para mantener todo un estudio. La división de animación tuvo una eclosión inicial pero después se estancó. Por consiguiente, a lo largo de los años, DreamWorks ha tenido que forjar joint ventures con Paramount y Reliance Entertainment. En 2009, firmó un acuerdo de co-distribución, no exclusivo, con Walt Disney Pictures a través del sello Touchstone.

La primera película que llevó el sello DreamWorks fue el thriller El Pacificador (The Peacemaker, 1997). La cinta fue dirigida por Mimi Leder y al frente del reparto estaban George Clooney y Nicole Kidman. Pero el lanzamiento definitivo del estudio se produciría con el primer proyecto de Spielberg para su nueva casa. Inicialmente, Salvar al Soldado Ryan (Saving Private Ryan) iba a ser el elegido pero, a lo largo de 1996, Spielberg realizó cambios en su agenda.

Mientras preparaba The Lost World, la actriz, coreógrafa y directora Debbie Allen visitó su oficina con un guión que llevaba tiempo intentando hacer realidad. Se trataba de una historia real: la rebelión acaecida en el barco esclavista español "La Amistad" durante el verano de 1839. Spielberg no conocía la historia y leyó el guión que venía firmado por David Franzoni, un escritor que había tenido trabajos ocasionales para el cine y que, al parecer, se había basado en relatos documentados previos para escribir el borrador.


El argumento y calado de la premisa interesó a Spielberg pero consideraba que el guión debía trabajarse más. Se comprometió con Debbie Allen para dirigir y producir el proyecto pero lo programó a largo plazo mientras encargaba la reescritura a Steven Zaillian.

No obstante, cuando se encontraba a punto de empezar el rodaje de The Lost World, le llegó el borrador de Zaillian. No esperaba que fuera tan rápido pero conociendo la brillantez que distinguía a su colaborador en La Lista de Schindler, tampoco se extrañó demasiado. Cuando lo leyó quedó entusiasmado con el resultado y decidió hacer cambios en su schedule. Finalizaría el rodaje de El Mundo Perdido en diciembre de 1996 y se mantendría en la post-producción durante pocas semanas porque estaba dispuesto a aprovechar parte de la primera mitad del año en la filmación de Amistad. Estaba previsto que el rodaje de Salvar al Soldado Ryan se desarrollara durante el verano de 1997 así que le quedaba un hueco que podía utilizar. Muy pocos directores tienen el poder y la influencia para realizar estos movimientos y poder rodar tres películas en poco más de un año. De alguna manera, tras el descanso que se había concedido, Spielberg estaba pletórico de energía y quería sentir, aunque fuera por poco tiempo, el ritmo de trabajo que caracterizaba al Hollywood clásico, donde los directores llegaban a rodar un promedio de dos y tres films por año.

Cuando el rodaje de The Lost World estaba ya muy avanzado y los decorados estaban totalmente construidos, encargó al responsable de los mismos, Rick Carter, que empezara a trabajar en el diseño de producción de Amistad. Paralelamente, dio instrucciones a su equipo de localizaciones para que buscaran enclaves donde rodar los exteriores. Pocos meses después, envió a otro equipo a Irlanda, Francia e Inglaterra para que localizaran exteriores de Salvar al Soldado Ryan mientras Tom Sanders (Braveheart) asumía el diseño de producción en el film bélico.


Amistad era un proyecto ilusionante que hablaba de derechos inalienables como la libertad y la justicia. Su fuerte contenido dramático devolvía a Spielberg al terreno de la máxima exigencia y eso es lo que más quería en ese momento de su carrera. En 1839, un grupo de nativos de la tribu mende en Sierra Leona, fueron apresados ilegalmente y vendidos como esclavos para las plantaciones del Caribe. Entre ellos se encontraba Sengbe Pieh, un hombre con fuertes convicciones que estaba punto de vivir un auténtico calvario. Junto a más de cien cautivos, vivieron hacinados en las bodegas del barco negrero portugués Tecora mientras cruzaban el Atlántico. Las pérdidas humanas en ese viaje fueron elevadísimas. Al llegar a la Cuba española fue vendido, junto a 48 personas más, a los mercaderes José Ruiz y Pedro Montez, de la goleta La Amistad. El 27 de junio zarparon de La Habana en dirección a otro puerto cubano en la provincia de Puerto Príncipe. Allí, venderían a los africanos como mano de obra para las plantaciones de azúcar que poblaban la isla.

Pero la noche del 2 de julio, Sengbe consiguió zafarse de los grilletes y encabezó una rebelión que consiguió tomar el control de la nave matando al capitán, Ramón Ferrer, y al cocinero de la goleta. Ruiz y Montez fueron hechos prisioneros y les ordenaron poner rumbo a Africa occidental. Pero los españoles aprovecharon sus conocimientos de navegación para engañar a Sengbe y a los suyos y dirigir la nave en dirección opuesta a la marcada, buscando que algún otro navío español les interceptase. Pero nada de eso ocurrió. La goleta fue dando tumbos hacia el norte durante dos meses y acabó llamando la atención de la guardia costera estadounidense en el litoral de Long Island.

Sengbe Pieh (1814-1879).

Ante la situación que presentaba el navío y las reclamaciones de los españoles, las autoridades estadounidenses condujeron a los africanos a una prisión de New London (Connecticut) donde, con el paso de los días, pudo llegar asistencia legal e intérpretes gracias a la intervención del empresario abolicionista Lewis Tappan. Cuando Sengbe (ahora conocido por el nombre de Joseph Cinqué) y sus compañeros pudieron explicar su historia, los cargos de motín y asesinato quedaron por debajo de una captura y extracción ilegal. La versión que defendían Ruiz y Montez, quienes sostenían que los nativos habían nacido esclavos y eran de su propiedad, se fue diluyendo en un país que contaba con tribunales independientes y que había abolido el tráfico de esclavos hacía más de treinta años. Tras demostrarse que se trataba de personas libres que no habían nacido en plantaciones, los tribunales ordinarios les absolvieron. El ideal de libertad y justicia se imponía a la reclamación de propiedad que reclamaban varias partes, entre ellas el mismísimo reino de España.

No obstante, la historia no acabó tan pronto. El Presidente de los Estados Unidos, Martin Van Buren, ante el temor de comprometer las relaciones internacionales y también debido a la presión de los estados del sur donde la esclavitud era una institución intocable, decidió amparar un recurso ante el Tribunal Supremo para que se volviera a juzgar el caso. Fue entonces cuando la defensa que hasta el momento había llevado el abogado Roger Baldwin, se vio reforzada con la entrada en escena del ex-Presidente y ahora congresista, John Quincy Adams. El veterano hombre de estado era hijo de uno de los padres fundadores de los Estados Unidos, el Presidente John Adams, y llevaba tiempo distinguiéndose por su simpatía hacia la causa abolicionista. En su alegato ante los magistrados del Tribunal Supremo enarboló el derecho inalienable de libertad y recuperó las esencias consagradas en la Declaración de Independencia y la Constitución para reivindicar los derechos humanos básicos. Criticó contundentemente a la administración Van Buren por estar invadiendo el terreno del poder judicial tratando de lograr una sentencia que no soliviantara al Gobierno de España y aportó como prueba la correspondencia cruzada entre el Secretario de Estado, John Forsyth, y las autoridades de la corona española.

Martin Van Buren (1782-1862) fue Presidente de los Estados Unidos entre 1837 y 1841.

El contexto general era difícil. Aunque los Estados Unidos se habían fundado sobre los ideales de libertad y justicia, los estados del sur habían mantenido la esclavitud como institución, continuando con un legado que habían instaurado los colonizadores británicos, españoles y franceses en los siglos anteriores. La decisión sobre el caso de La Amistad podía encender los ánimos en la mitad del país y así se pronunciaron importantes figuras políticas del sur como el ex-vicepresidente John C. Calhoun. Sin embargo, empezaban a haber muchas voces en el norte que abogaban por romper esa tregua tácita. Debía abordarse un debate en profundidad sobre la indecencia que suponía la esclavitud. John Quincy Adams era una de esas voces respetadas y algunos incluso llegaban a decir que el temor a una posible guerra civil no podía seguir frenando la discusión.

El Tribunal Supremo se pronunció en la línea de las sentencias anteriores. Los amotinados de La Amistad fueron absueltos y pudieron regresar a su tierra. La película incide más de la cuenta en la repercusión interna que tuvo la decisión judicial. En realidad, la polémica se acabó pronto y pasaron veinte años más hasta que la llegada a la Presidencia de Abraham Lincoln supuso el punto de ruptura definitivo. Sin embargo, el caso de Cinqué y los suyos sí tuvo un efecto muy importante para la causa abolicionista en los Estados Unidos. El movimiento de liberación se hizo más fuerte y en los años siguientes se organizó mejor para denunciar las atrocidades que se seguían cometiendo en el sur. Solo les faltaba un líder político que, desde la Casa Blanca, luchara por ello con toda su fuerza. El momento llegó con las elecciones presidenciales de 1860.

John Quincy Adams (1767-1848) fue Presidente de los Estados Unidos entre 1825 y 1829.

Regresando al caso, Cinqué y el resto de africanos se embarcaron en 1842 con destino a Sierra Leona. Pero lo que allí encontraron fue un territorio sumido en la guerra civil. La esposa e hijos de Cinqué habían desaparecido. Probablemente habían corrido el mismo destino que él mismo unos años antes. Poco se sabe de él en los años posteriores, incluso algunas fuentes no suficientemente documentadas le vinculaban al tráfico de esclavos. Tras un paso por Jamaica regresó, ya anciano, a Sierra Leona donde falleció en 1879.

Esta potente historia de crueldad, injusticia y necedad conmovió a Steven Spielberg y le hizo pensar en el hiriente relato de la esclavitud en el continente americano. Decidido a afrontar el proyecto justo después de The Lost World, inició una pre-producción breve en la que se nutrió del trabajo exhaustivo que habían realizado Rick Carter en el diseño de producción y Ruth E. Carter en el vestuario, basándose en el asesoramiento histórico por parte de expertos.

Spielberg trabajó bastante más el apartado de casting. La responsable del área, Victoria Thomas, debía buscar a actores con raíces africanas para dar vida a los sublevados de La Amistad. Encontrar a un gran Cinqué era tarea difícil pero la responsable de casting impresionó a Spielberg con la propuesta de Djimon Hounsou. Nacido en Benín, emigró a Francia, junto a su hermano, cuando contaba trece años. Poco después, dejó la escuela y fue un sin techo durante algún tiempo. El encuentro fortuito con un fotógrafo cambió su vida ya que éste le propuso iniciar carrera como modelo y le introdujo en el mundo de la moda de París. Convertido ya en un hombre de éxito se trasladó a los Estados Unidos donde intervino en videoclips musicales y debutó como actor en películas de baja repercusión y en pequeños papeles en series de televisión. Tras disponer de un rol secundario en Stargate (1994), su perfil pasó a las bases de datos de las agencias de casting más influyentes.
"No podíamos hacer esta película sin un gran Cinqué. Debia ser alguien fuerte físicamente pero también disponer de una gran capacidad para expresar sentimientos dramáticos. Era un reto difícil pero cuando Victoria Thomas me presentó a Djimon quedé impresionado. Hicimos una prueba y ví en él la fuerza que necesitábamos y también la dignidad y la ira que debía mostrar. Su voz profunda impresionaba. Era un auténtico líder." 

Con Djimon Hounsou a bordo, Spielberg se dedicó a configurar un reparto principal que correspondiera a la épica del relato que estaba dispuesto a contar. El papel del abogado Roger Baldwin había sido rejuvenecido en el guión con respecto al personaje real. Y para darle vida, el director contrató al mejor intérprete de la nueva generación: Matthew McConaughey. Recién salido del set de Contact, el tejano se incorporó al plató de Amistad en lo que fue una buena época de papeles para él.

Spielberg quería contar con el gran Morgan Freeman en esta película. En principio iba a interpretar a James Covey, el intérprete de mende, pero acabaron viendo que sería mejor el del empresario abolicionista Theodore Joadson, un antiguo esclavo de Georgia que consiguió escapar al norte y, con el tiempo, había escalado posiciones socialmente hasta convertirse en un respetado hombre de negocios. Este papel fue creado expresamente para la película pues no existió en la realidad. En cuanto al personaje de Covey, Victoria Thomas también consiguió un auténtico hallazgo puesto que se fijó en el británico Chiwetel Ejiofor. El prometedor actor debutó en el cine con Amistad y posteriormente ha ido avanzando en su carrera hasta convetirse en un intérprete muy solicitado.


Para dar vida al ex-Presidente John Quincy Adams, Spielberg obtuvo el sí de uno de los mejores actores del panorama cinematográfico: Sir Anthony Hopkins. Poco después de haber interpretado a Richard Nixon se le presentaba la oportunidad de encarnar a otro Presidente aunque en esta ocasión mucho más desconocido para el gran público. Como no podía ser de otra forma, la interpretación de Hopkins resultó brillante. En la secuencia donde presenta el caso ante el Tribunal Supremo fue capaz de recordar las siete páginas de su texto sin necesitar corte alguno. Hizo las diferentes tomas de cámara a la primera. Spielberg quedó tan impresionado que no pudo llamarle Tony a partir de ese momento. Lo único que le salía era Sir Anthony.


En cuanto al presidente Martin Van Buren, Spielberg pudo contar con otro actor británico de postín: Nigel Hawthorne. Aunque su presencia en pantalla es limitada, resulta muy creible dando vida a un líder con pies de barro, permanentemente amenazado por la sombra de la secesión y la Guerra Civil. Aunque la película comete el error de mostrarlo haciendo campaña electoral a bordo de un tren, algo que en esa época aún no se realizaba, cumple en cuanto a la caracterización de la figura histórica y a sus juegos de equilibrios para contentar a los vecinos del sur. Unas maniobras que, dicho sea de paso, fueron habituales entre los Presidentes americanos hasta la ruptura que supuso Lincoln.

El guión incluía casi setenta personajes con diálogo. Ante esta enorme suma de intervenciones, el director necesitó un reparto amplio de grandes secundarios que mantuvieran el nivel interpretativo de los cabezas de cartel. Así encontramos a Stellan Skarsgard como Lewis Tappan, Jeremy Northam, David Paymer, Peter Firth, Allan Rich, Xander Berkeley, Austin Pendleton y Ralph Brown, entre otros. Además, Spielberg volvió a contar con dos actores que había tenido a sus órdenes en The Lost World: Pete Postlethwaite dio vida al Fiscal William Holabird y Arliss Howard interpretó a John C. Calhoun en una trascendental secuencia que muestra la debilidad de Van Buren ante la causa sureña.


En el bando español, la película cuenta con varios intérpretes latinoamericanos:  Pedro Armendáriz Jr. como el General Baldomero Espartero, Tomás Milián dando vida al Embajador Ángel Calderón de la Barca, Geno Silva como José Ruiz y John Ortiz en el papel de Pedro Montes. El español Imanol Arias debía ser quien interpretara al Embajador Calderón pero un retraso en la concesión del permiso de trabajo en Estados Unidos impidió su participación. El breve papel de la joven y caprichosa Reina Isabel II de España fue interpretado por la canadiense Anna Paquin, ganadora del Oscar por El Piano (The Piano, 1993).

La película empezó a rodarse el 18 de febrero de 1997. Las localizaciones exteriores corresponden a varios lugares de Nueva Inglaterra: el puerto de Mystic (Connecticut), Providence (Rhode Island) donde se rodaron los exteriores del supuesto Capitolio de Washington D.C., y Newport (R.I.) donde se construyó el exterior de la prisión y se utilizó la Colony House para las secuencias que transcurren en los tribunales ordinarios. El Parlamento de Massachusetts, en Boston, sirvió para ilustrar las secuencias que transcurren en el interior de la Cámara de Representantes, donde John Quincy Adams sigue practicando el juego de la alta política con un enfoque muy particular. Además, dos goletas fueron recreadas como La Amistad y se rodaron tomas con ellas en la costa de Connecticut y también en el litoral californiano, cerca de San Pedro, en Los Angeles. Los interiores se grabaron en los Sonalyst Studios de Waterford (Connecticut), en la Marble House de Newport (Rhode Island) y en los Universal Studios de Burbank donde se rodó la secuencia nocturna que da inicio al film y que nos muestra la rebelión a bordo de La Amistad. El tanque de agua de los estudios permitió realizar todos los efectos de lluvia necesarios sin las dificultades propias del mar. Esta fue una condición expresa de Steven Spielberg ya que no ha aceptado rodar secuencias técnicamente complejas, a mar abierto, desde la experiencia en Tiburón (Jaws, 1975).


Para reforzar el sentido histórico y trágico de la película, Spielberg y Janusz Kaminski decidieron inspirarse en las obras de Francisco de Goya para iluminar las secuencias interiores en los tribunales y la prisión. Así pues, vemos emisión de luz muy potente en segundo término que provoca un ambiente rugoso y lúgubre en los planos cortos, con poca variedad cromática.

A finales de abril, el equipo se trasladó a la antigua ciudadela de San Juan (Puerto Rico) para rodar las tomas en La Habana y las secuencias ambientadas en Sierra Leona y en la fortaleza esclavista de Lomboko. El 30 de abril, la filmación principal se dio por concluida.

Amistad es una película que genera sensaciones opuestas. Por un lado, está bellamente rodada y caracterizada. Dispone de buenas interpretaciones y recrea un hecho verídico combinando la elegancia en la puesta en escena con la necesaria contundencia gráfica para ilustrar la violencia y crueldad intrínseca al cautiverio y transporte de los africanos. Hay momentos, en el navío portugués Tecora, que destacan por la expresión macabra y realista de los hechos que acaecieron. Estamos ante una denuncia expresa de la tiranía inmisericorde que representaba la esclavitud. La película no anda escasa de contundencia en ningún momento. Además, explicar lo sucedido en un flashback, añade más dramatismo porque cuando Cinqué puede empezar a comunicarse con Baldwin, brotando el germen de la conciliación, la narración se sume en la oscuridad al representar los brutales hechos que padecieron los supervivientes de ese mortal viaje por el Atlántico.


Cinqué representa esos ideales de jusiticia y libertad que están implícitos en la base doctrinaria de los Estados Unidos. Pero la complejidad de las relaciones políticas y el difícil contexto histórico llega a poner en duda el principio básico más fundamental y la primera institución del Estado consigue reabrir un caso ya resuelto para contentar a las otras partes implicadas, tanto dentro como fuera del país. Por tanto, el film plantea las deficiencias de la Democracia como sistema político aunque la feliz resolución del caso deja también algo muy claro: en Estados Unidos, el poder judicial es completamente independiente y los intentos de influir, aunque vengan desde las más altas instancias, no logran nunca su objetivo. Sin embargo, en esa misma época, el Reino de España era un modelo de Estado caciquista, absolutista y caótico, con unos tribunales al servicio exclusivo del poder mientras se construía una sociedad desigual en que los derechos individuales y colectivos de los ciudadanos eran pisoteados una y otra vez.

Sin embargo, dejando de lado el relato histórico que, como es habitual, siempre se concede algunas licencias artísticas, la película carece de la máxima trascendencia porque su narración es tan pulcra que se asemeja demasiado a un documental. El propio Spielberg se manifestó en este sentido:
"Creo que la exprimí demasiado y acabó pareciendo más bien una lección de historia."
Hay momentos que recuerdan demasiado a las versiones dramatizadas que realiza el Canal Historia. De alguna manera, Spielberg se centró en contar la trama pero olvidó darle algo más de contraste y visión personal. No obstante, creo que estamos ante una película muy notable dentro de su filmografía. En su momento, fue bastante incomprendida pero ha ganado adeptos con el tiempo.


No estoy de acuerdo con aquellos que hablan de dulcificación del argumento. Me parece que estamos ante todo lo contrario. La cinta es dura y contundente cuando debe serlo y los acontecimientos políticos no son inverosímiles porque ocurrieron de esta forma, con escasísimas variaciones. La película no puede explicar muchas otras vertientes del caso ni puede reproducir las intervenciones completas de los protagonsitas ante los tribunales por cuestiones de formato pero la esencia de lo sucedido está en la pantalla. Tampoco se puede hablar de final idílico porque, si bien los africanos consiguen la libertad y regresan a casa, se nos cuenta que lo que encontraron fue un país sumido en un conflicto bélico que había barrido a sus familias. Por consiguiente, es la tristeza la que llega al corazón del espectador en el mismísimo final.

Es cierto que la multitud de personajes hace perder entidad a algunos de ellos. Pero esta historia debía ser contada de forma épica y para ello se necesitaba un amplio reparto y múltiples escenarios que hicieran posible trasladar el significado del argumento al público. Hay emocionalidad porque así lo requiere el material. Hay exaltación del espíritu humano, por descontado. ¿Hay utilización de la película para transmitir propaganda política? Rotundamente no porque se trata de hechos históricos documentados, no hay invención. Debemos recuperar episodios históricos poco conocidos para ilustrar a las nuevas generaciones sobre los errores cometidos en el pasado. Amistad pone cara y nombres a personajes y situaciones que demasiadas veces han sido obviados por el cine. Estamos ante una crítica a las maneras de hacer política, a los juegos y subterfugios que han existido siempre entre dirigentes y burócratas. Por desgracia, todo ello nos distingue desde hace siglos y es un componente del cual no podremos escapar nunca porque forma parte de la naturaleza humana.


La partitura de John Williams volvió a ser el mejor acompañamiento para las imágenes. Se trata de una banda sonora en la que el maestro incluye ritmos tribales y étnicos que llegan al paroxismo con un tema de una belleza atronadora: Dry Your Tears, Afrika. Se trata de una pieza coral cuya letra, en lengua mende, procede de un poema escrito por el marfileño Bernard Binlin Dadié en 1967. El inicio íntimo va ganando fuerza a lo largo de la composición hasta llegar a una fusión perfecta entre música y voces. Una auténtica maravilla que podéis escuchar en esta interpretación en vivo a cargo de John Williams y The Los Angeles Philharmonic Orchestra en el concierto de 2012 en el Hollywood Bowl.

Estrenada el 10 de diciembre de 1997, Amistad demostró que no era un film de masas sino todo lo contrario. El público general no podía conectar con la propuesta. Esta era una de esas películas que Spielberg realizaba para satisfacer su inquietud interna. Se había ganado el derecho a hacerla y a compartirla con todo aquél que estuviera interesado. Sobre un presupuesto de 36 millones de dólares, Amistad recaudó 44. Obtuvo cuatro nominaciones a los Oscar (incluida la de major actor de reparto para Anthony Hopkins) aunque no recibió ninguna estatuilla.

Sin embargo, la cinta sigue representando un paso importante de Spielberg dentro de una carrera diversa y multi-temática. Con su siguiente proyecto, volvería a ponerse a prueba en un terreno muy diferente.



Precedido por:

El Mundo Perdido. Jurassic Park (The Lost World: Jurassic Park, 1997)

Continúa en:

Salvar al Soldado Ryan (Saving Private Ryan, 1998)

lunes, 6 de julio de 2015

Star Wars. Personajes: Luke Skywalker. Por Francesc Marí

Para mí, Luke siempre ha sido aquel típico pringadillo del instituto —vamos, como un servidor— que siempre se quedaba con las ganas de hacer lo mismo que hacían los demás. Tenía que regresar temprano a casa de sus tíos Owen y Beru, no fuera que algún Tusken lo matara; mientras todos sus colegas se iban de casa para vivir aventuras a bordo de cazas estelares de la Alianza Rebelde, él tenía que quedarse en casa ayudando con la granja de humedad; y, al final, en sus horas de descanso, se entretenía jugando con robots o experimentando con la Fuerza.

Sin embargo, este joven granjero de Tatooine se convirtió en el personaje que todos los seguidores de Star Wars querían ser… ¿O pensáis que es Han Solo? Sí, Han Solo nos cae bien, liga con la chica de la historia y todo eso. Pero en realidad queremos ser Luke Skywalker, porque de ese modo conoceríamos a Han Solo, blandiriamos un sable láser, y como jedis restableceríamos la paz y la libertad en la Galaxia… Vale, ahora me he salido del tema.

No me gustaría alargarme contando vida y milagros de Luke Skywalker, entre otras cosas, porque gracias a las películas ya conocemos quién, como evoluciona su forma de ser, y que le depara el futuro… Siendo el último jedi, tampoco tiene muchas más opciones que refundar la Orden. Además, como en el caso de Leia, es un personaje cuyo recorrido aún no se ha terminado, ya que en El despertar de la Fuerza esperamos conocer que ha sucedido con él treinta años después del follón con las Estrellas de la Muerte.

Al ser un Skywalker, es inevitable que su historia sea similar a la de su padre, Anakin —o al revés, por todo eso de las precuelas—, pasa de ser un joven inocente, que vive apartado del mundo, a la espera que le llegue la ocasión para abandonar su aburrido planeta y vivir aventuras; a ser un importante soldado durante una gran guerra galáctica, para, al final, convertirse en un poderoso maestro jedi, gracias más a su herencia genética que no por el adiestramiento que ha recibido de sus maestros. Aunque bueno, teniendo en cuenta que dos de los jedis más sabios y poderosos de la historia, como son Obi-Wan Kenobi y Yoda, le ayudaron, tampoco es de extrañar que saliera un chico tan talentoso.

A pesar de que Kenobi y Yoda son conscientes que hay jedis que se han salvado de la purga, al ser estos tan ancianos como ellos, saben que el auténtico futuro de la Orden jedi solo puede estar sujeto a alguien joven e impetuoso, como Luke. Así que, ni cortos ni perecezos, le ponen esta «pequeña» carga sobre sus hombros y le confían algo tan importante como la destrucción de los Sith y la fundación de una nueva Orden.

Algo que los diferencia de su padre, es que, a pesar de no conocerlos, Luke tuvo padre y madre —no como Anakin que fue concebido por la Fuerza—, por lo que la herencia de ambos progenitores, lo convirtió en un ser muy cercano a la Fuerza, como su padre, pero que actuaba con bondad e inocencia, como su madre, la gran sufridora de todo esta historia.

A pesar de llamarse Skywalker y ser interpretado por Mark Hamill, en un principio el personaje se llamó Starkiller —nombre que fue modificado por la dureza de su significado, y que sería recuperado para el protagonista de los videojuegos El poder la Fuerza—, siendo uno de los personajes que más evolucionó y tardó en perfilarse en la mente de Lucas. Además, antes de ser este joven granjero, iba a ser una mujer al estilo de Leia —o a la nueva protagonista del Episodio VII—, luego se le consideró que fuera un enano —me puedo imaginar a un joven Kenny Baker blandiendo un sable láser cuál Yoda—, incluso se pensó en que fuera un militar rebelde de unos sesenta años de edad —ahí se nota la influencia de Kurowasa y el líder de Los siete samuráis, Takashi Shimura—; solo en pensar todas las historias que se pudieran haber contado de estos personajes tengo ganas que más que hagan precuelas y secuelas, lo chulo sería que contaran historias de universos paralelos… Vale, aquí se me ha vuelto a ir la pinza.

En resumidas cuentas, a pesar de que en un principio parece que Luke sea un soso, comparado con otros como Kenobi o Solo, al final resulta siendo uno de los personajes que evoluciona a medida que vemos las películas, y si no tenía un trasfondo resultón, este lo consigue según va viviendo aventuras en el Halcón Milenario, pilotando una X-Wing o luchando con su padre, Darth Vader.

Star Wars. Manual de Supervivencia es un proyecto de LASDAOALPLAY? y El cine de Hollywood.

viernes, 3 de julio de 2015

Spielberg on Spielberg: El Mundo Perdido. Jurassic Park (The Lost World: Jurassic Park, 1997)


"Los primeros días de The Lost World yo estaba bastante oxidado. Pero, igual que cuando vuelves a ir en bicicleta, enseguida te acuerdas. Y entonces es cuando llega el placer y te tiras de los pelos por no haber dirigido en tres años."
Después del éxito obtenido con sus dos últimas películas, Jurassic Park y La Lista de Schindler, Steven Spielberg decidió tomarse un pequeño descanso. Llevaba tiempo con ansias de parar, de hacer un break algo más largo entre rodajes y poder dedicar más tiempo a su familia. Tras lograr el Oscar en marzo de 1994, ese momento parecía más idóneo que nunca para descansar. Sin la presión de viajes, localizaciones en lugares lejanos, y reuniones de pre-producción, Spielberg pudo centrarse más en ver crecer a sus hijos y, al mismo tiempo, rebajar el ritmo de trabajo dedicándose solo a la producción.

Por otra parte, existía una nueva iniciativa empresarial de gran calado que iba a requerir su atención. Cuando el productor Jeffrey Katzenberg se marchó de Disney tras haber relanzado la compañía, decidió emprender un proyecto audaz que podía remover los cimientos de Hollywood. Su idea era la de crear una nueva major, un estudio de producción y distribución que compitiera con las seis grandes (Fox, Warner, Universal, Paramount, Columbia, Disney). Crear un estudio desde cero representaba un proyecto de una envergadura atroz pero contaba con el respaldo económico del co-fundador de Microsoft, Paul Allen. Al mismo tiempo, Steven Spielberg y David Geffen se unieron a esta aventura empresarial como socios fundadores. Para Spielberg representaba uno de esos retos que no podía dejar escapar. Le permitiría ir más allá de Amblin disponiendo de una distribuidora propia que podría aliarse con otros estudios para llevar adelante sus proyectos futuros. Hacía décadas que no surgía un nuevo estudio en Hollywood y muchos habían fracasado en el intento pero DreamWorks nació para quedarse. Hablaremos sobre ello en el próximo capítulo.

Mientras todo ello iba cogiendo forma, Michael Crichton publicó la esperada continuación de Jurassic Park. El autor nunca había escrito secuelas y se mostraba reacio a ello pero la insistencia del público y la del propio Spielberg, le acabaron convenciendo para hacerlo. Publicado en 1995, The Lost World se convirtió en un best-seller que anticipó la llegada de una secuela fílmica. Spielberg quería hacer una continuación por el éxito comercial de la primera y también porque se lo había pasado en grande rodándola. Después de tratar una historia tan exigente como Schindler's List, deseaba regresar, aunque de forma puntual, al cine de entretenimiento masivo.

David Koepp y Steven Spielberg en Fern Canyon (Prairie Creek Redwoods State Park).

Poco después de la publicación de la novela, el guionista de la primera película, David Koepp, se puso a escribir un libreto en el que mantuvo pocos elementos del material de base. El excesivo contenido científico del libro resultaba incompatible con una propuesta que buscaba el máximo impacto visual y así fue como, más allá de los dinosaurios libres en la Isla Sorna y el protagonismo de Ian Malcolm, pocas cosas más recuerdan a la obra de Crichton.
"Una de las cosas más difíciles de una secuela es la expectación que crea, la expectación de que vas a superar la primera. Y ahí estriba toda mi ansiedad... en realidad no puedes superarte. Te limitas a contar otra historia y a esperar que el nuevo MacGuffin sea tan convincente como el viejo MacGuffin."
El guión de Koepp proponía una gran aventura, con mucho ritmo y acción. Spielberg lo encontró acertado y decidió poner toda la maquinaria en marcha para empezar a rodar en septiembre de 1996. Mantuvo el título de The Lost World porque siempre había sido fan del clásico de Arthur Conan Doyle. Aunque argumentalmente no tenía nada que ver con la inmortal novela de Doyle, Crichton recurrió a este título para subrayar el hecho de que ahora se verían dinosaurios circulando libremente, sin cercas ni alambradas.


El nuevo argumento planteado por Koepp presentaba la llamada zona B, otra isla costarricense llamada Sorna, cercana a Nublar, donde se criaban los dinosaurios para después ser trasladados a las instalaciones del parque. Tras el desafortunado accidente sufrido por la hija de una familia de clase alta que realizaba un crucero por las islas, el sobrino de John Hammond, Peter Ludlow, obtiene el elemento que necesitaba para incapacitar a su tío y tomar el control de InGen. Pero Hammond sigue teniendo recursos y decide enviar un equipo a Sorna para que documente gráficamente la existencia de los dinosaurios. Las pruebas gráficas serían utilizadas para realizar presión mediática frente a los planes de su sobrino, quien se dispone a volver a explotar comercialmente a los animales con un nuevo proyecto de parque en la ciudad de San Diego. Ian Malcolm es arrastrado de nuevo al peligro cuando se entera que su novia, la paleontóloga Sarah Harding, ya se encuentra en Sorna estudiando a los dinosaurios herbívoros.

Malcolm es aquí una fuerza constructiva que hace avanzar la aventura mientras que, en la primera película, participaba como observador crítico. Ahora asume el liderazgo y eso interesó rápidamente a Jeff Goldblum para retomar su papel.
"La primera película en realidad trataba sobre el fracaso de la tecnología y el éxito de la naturaleza. Esta película trata más bien de la incapacidad de las personas de ser comedidas y del fracaso de la moralidad para proteger a estos animales."

Para interpretar a Sarah Harding, Spielberg contrató a una actriz que tenía todas las cartas para convertirse en una intérprete de referencia en los años siguientes, como así sucedió. Julianne Moore aportó brillantez y credibilidad en su papel, afrontando muchos de los retos físicos aunque no tenía experiencia previa en este tipo de secuencias. Otro actor con futuro, Vince Vaughn, fue reclutado para dar vida al documentalista gráfico Nick Van Owen. Arliss Howard, por su parte, asumió el rol de Peter Ludlow y Pete Postlethwaite se encargó de interpretar al cazador filósofo y líder de la expedición de InGen, Roland Tembo. Richard Attenborough regresó para una reducida pero trascendente aparición como John Hammond y también pudimos ver a Peter Stormare, Richard Schiff, Harvey Jason, e incluso a los nietos de Hammond en la primera película, Joseph Mazzello y Ariana Richards, en un breve cameo. Un nuevo personaje, que sufre las consecuencias de un divorcio, aparece en una película de Spielberg. En esta ocasión es Kelly, la hija de Ian Malcolm, a quien interpreta Vanessa Lee Chester.
"El drama humano en esta película lo aportaba la confrontación entre cazadores y protectores. Gente con fuertes motivaciones en ambos bandos que entran en conflicto."
El reto técnico que supuso el primer film fue superado con nota. Pero ahora había que responder a nuevas expectativas. El público ya había visto que los dinosaurios podían ser creados, de forma realista, para una película. Sin embargo, ahora pedirían más interacción y movimiento. Por consiguiente, se trataba de hacer algo más espectacular, más emotivo.


El guión de Koepp se desvió mucho del material original de Crichton y además Spielberg aportó constantemente cambiando incluso el tercer acto previsto. Ambos prepararon un storyboard animado para determinar qué cosas se podían hacer con efectos físicos y cuales con CGI. Para crear los nuevos animatrónicos, Stan Winston y Michael Lantieri investigaron a fondo las nuevas válvulas hidráulicas para poder contrarrestar el enorme peso de las creaciones y aumentar la movilidad. Winston quería dar mayor soltura a las creaciones con movimientos que resultaran más verosímiles. Mejorar la respiración también era uno de los nuevos retos así que fue imprescindible la colaboración, una vez más, del paleontólogo Jack Horner. Éste asesoró a los técnicos para conseguir mayor autenticidad en los movimientos.

Horner solía expresarse de la siguiente forma: "Cuando la gente me pregunta qué aspecto tienen los dinosaurios y dónde pueden verlos mejor, les digo que vean Jurassic Park. No les digo que vayan a mi museo. El aspecto que tenían y cómo eran está mucho mejor reflejado en la película."

Con el storyboard de Spielberg y Koepp se decidió cómo se repartiría el trabajo entre los equipos de Stan Winston y Dennis Muren. Michael Lantieri se encargaría de preparar el set para el uso de las diferentes tecnologías y trabajaría también con el diseñador de producción, Rick Carter, en la creación de los vehículos. 

El rodaje empezó el 5 de septiembre de 1996 en el Prairie Creek Redwoods State Park, cerca de Eureka (norte de California). Sus bosques frondosos y cauces de agua sirvieron para representar el interior de isla Sorna. También se rodó en Kauai (Hawaii) donde tuvo lugar la secuencia inicial y algunas tomas de contexto. Los interiores y las secuencias de acción, que exigían mayor coordinación, se rodaron en los estudios Universal. Resulta curioso como una pared anexa al parking de entrada a las instalaciones fue utilizada para rodar la secuencia en que el vehículo articulado queda suspendido en un precipicio mientras Malcolm, Harding y Van Owen tratan de salvarse. En San Diego solo se filmaron tomas de contexto puesto que las calles por las que irrumpe el T-Rex pertenecen al municipio de Burbank. Estaba previsto que la filmación durara 74 días pero Spielberg lo hizo en 69. Tenía muy claro lo que quería visualizar y eso ayudó mucho. Su promedio, durante esta película, fue de 35 a 45 tomas diarias.


Por su parte, Janusz Kaminski quería darle un aspecto más lúgubre y oscuro a la película respecto a su antecesora. Esta nueva entrega tenía niebla, lluvia y un ambiente mucho más agreste porque debía reforzar el contenido. En el primer film todo era mucho más limpio y diáfano en consonancia con un parque presuntamente seguro, con alambradas y sistemas en funcionamiento. Sin embargo, en Sorna, los animales campaban a sus anchas por la isla, viviendo por ellos mismos y adaptándose al entorno. Todo ello exigía una iluminación más tenue y una imagen más realista que la alejara de la visión habitual de un parque de atracciones.

El taller de Stan Winston fue capaz de crear una cría de T-Rex que funcionaba de forma autónoma y podía interactuar con los actores sin cable alguno. Los T-Rex adultos podían moverse más pero los nuevos sistemas hidráulicos aumentaban el peso. Por consiguiente, hubo que adaptar los sets a su posición ya que no podían trasladarse. Incluso llegó a construirse una pequeña cascada portátil que se iba moviendo según requería la situación y que podemos ver en la escena en que el paleontólogo Robert Burke (Thomas F. Duffy) es agarrado por las fauces de un T-Rex a través de la cascada y el agua se tiñe de rojo al ser devorado. Recordemos que el personaje de Burke sería el reflejo en la ficción de Robert Bakker, un paleontólogo cuyas teorías se oponen casi siempre a las de Jack Horner, algo que también está impreso en el guión ya que Sarah Harding trata de contradecir la tesis de Burke entorno a que el T-Rex es un descastado que abandona a sus crías. La muerte de Burke en pantalla fue una broma interna que Horner disfrutó bastante. 

Los nuevos T-Rex mecánicos fueron un auténtico hallazgo y reflejaron cómo había mejorado la tecnología en cuatro años. Podían realizar una gama más alta de movimientos y también causar más daños. Podían ser más sutiles y realistas, lo que contribuía a conseguir una presencia más dramática y contundente. Además, resistían mucho mejor el agua que su antecesor en Jurassic Park. Ahora, los tecnicos podían conseguir movimientos más precisos.

Pero el CGI seguiría siendo imprescindible en un film de estas características. El equipo de Dennis Muren en Industrial Light & Magic trabajó con los T-Rex en secuencias de cuerpo entero y también con los velociraptores. En la secuencia que tiene lugar cerca del centro de operaciones en Sorna, Jeff Goldblum consultó constantemente con Muren para conocer las reacciones del raptor y sus movimientos. Así podía mejorar su actuación y asegurarse que en post-producción todo resultaría creible. 

Spielberg decidió hacer un cambio fundamental durante el rodaje. Abandonó la idea prevista para el tercer acto y planteó algo nuevo y exigente. Estaba previsto que la película terminara con una secuencia en que los protagonistas huyen de los raptores en ala-delta pero son atacados entonces por pteranodones. Incluso los helicópteros de rescate recibirían la ofensiva de los dinosaurios alados causando numerosas bajas. Pero esta conclusión no gustaba al director, quería algo de mayor impacto y recuperó una idea que hacía tiempo que le rondaba por la cabeza: un T-Rex en las calles de una gran ciudad.


Esta idea se había descartado inicialmente porque se veía como otra película dentro The Lost World. Pero finalmente surgió la idea de cómo integrarla, utilizando la trama del traslado a unas instalaciones en construcción de San Diego cuya máxima atracción sería el T-Rex. La fuga del gigantesco depredador recordaría grandes clásicos de género como King Kong y gustaría mucho más al público que la versión inicial. Con esta propuesta, Spielberg proponía elevar el nivel de destrucción en plena ciudad afirmando también algo importante:
"Tenía claro que no dirigiría futuras entregas de Jurassic Park después de The Lost World. Hablé con la gente de Universal sobre ello y les dije que, si decidían continuar, yo les ayudaría en la producción pero como director estaría en otros proyectos. No obstante, quise plantearles algo. Ya que ésta iba a ser mi despedida quería ver a un dinosaurio en medio de la civilización. Todos quedaron atónitos pero confiaron en mí." 
El grupo de secuencias en el supuesto San Diego fue un nuevo ejemplo de integración y complementariedad entre efectos mecánicos y digitales, haciendo honor a la que había sido la gran contribución de la primera entrega. Spielberg incorporó además algunos guiños humorísticos como el paso del T-Rex al lado de las cabinas del servicio de inmigración o la presencia del propio David Koepp como uno de los transeúntes que acaba siendo devorado por el dinosaurio. También aparecen varios ejecutivos japoneses, huyendo de la amenaza, en clara alusión a la entrada de inversionistas nipones en el accionariado de Universal Pictures. En el videoclub que aparece justo antes de que Koepp sea "atrapado", podemos ver carátulas de presuntas películas a cual más risible.

El rodaje finalizó el 11 de diciembre de 1996. Spielberg y Michael Kahn se reunieron en las siguientes semanas y dejaron listo el montaje final para que los magos del CGI concluyeran el trabajo bajo la supervisión de los productores Gerald R. Molen y Colin Wilson. Spielberg pasó a ocuparse de la pre-producción de Amistad. El rodaje empezaría en el mes de febrero demostrando que, tras un tiempo de descanso, ahora quería trabajar sin parar. 

John Williams optó por una música más aterradora y disonante, en consonancia con el tono del film. Añadió tambores para darle un aire más étnico a la composición y dejó el mítico tema principal para momentos muy puntuales. El nuevo main theme y el tema The Hunt son piezas muy destacables porque la acción que transmiten es genuina.


Spielberg se inspiró mucho en el clásico de Howard Hawks, Hatari (1962). Es fácil ver las coincidencias en la secuencia de la captura de dinosaurios en Sorna, con esos vehículos estilo safari desde los cuales se pueden inmovilizar a muchas de las criaturas. La filosofía del director en esta película estaba clara:
"Siempre tengo en cuenta al público en una película así. Sus gustos tienen prioridad sobre los míos. Yo tengo mis propios deseos secretos y haré películas para expresarlos. Pero pienso en el público cuando hago Jurassic Park, The Lost World o toda la saga de Indiana Jones. Gran parte de la película se hizo para que fuera una gran aventura para el público."
El Mundo Perdido es una secuela correcta. Quizá estamos ante una de las últimas apariciones del Spielberg más ligero. Habiendo iniciado un camino nuevo con La Lista de Schindler, que ya había apuntado con anterioridad, cada vez le resultaba más difícil regresar a los productos de entretenimiento masivo aunque eso no quiere decir que los haya abandonado por completo. The Lost World tiene una buena premisa argumental y un inicio de desarrollo interesante pero el humor que se utiliza, en ocasiones, no cuaja demasiado y las situaciones inverosímiles se ven más que en la cinta predecesora. Tenemos personajes que podrían haber dado más de sí, como es el caso de Roland Tembo. Por contra, hay otros que no consiguen interesar aunque sean importantes. El caso paradigmático que lo ilustra es el de Peter Ludlow

No obstante, el film tiene muchos momentos brillantes a nivel técnico que demuestran quien está detrás de la cámara. Tanto el ataque de los T-Rex al trailer artículado como la presencia de los procompsognathus en la secuencia de inicio y en la persecución a la que someten a Dieter Stark (Peter Stormare), resultan espléndidos. El director demuestra su maestría a la hora de crear tensión al igual que en el ataque de los raptores al grupo de Ajay (Harvey Jason), en medio de la maleza. Sin embargo, la conclusión final en San Diego no tiene la fuerza que se podía esperar y, aunque no decepciona, resulta algo rutinaria.

El Mundo Perdido es una película de contrastes, con momentos álgidos y otros de simple corrección. Nunca llega a formar un conjunto cohesionado y harmónico. 


Estrenada el 23 de mayo de 1997, la cinta fue un éxito aunque sus cifras resultaron algo más modestas de lo que se esperaba al inicio. Con un presupuesto de 73 millones de dólares, recaudó 618 a nivel mundial. Universal Pictures ha seguido colaborando con Spielberg en los años siguientes para producir nuevas secuelas. En 2001 llegó la decepcionante Jurassic Park III, dirigida por Joe Johnston, y este mismo año se ha estrenado, tras un largo proceso de decisión, Jurassic World, un auténtico fenómeno de taquilla que lleva recaudados casi 1300 millones de dólares en apenas veinte días. Spielberg eligió expresamente a Colin Trevorrow, un cineasta indie, para que se ocupara del proyecto y parece que no le ha decepcionado aunque nadie podía preveer una conexión tan masiva con el público.



Precedido por:

La Lista de Schindler (Schindler's List, 1993). Segunda parte

Continúa en:

Amistad (1997)

miércoles, 1 de julio de 2015

John Adams, el padre olvidado y la independencia (II). Por Francesc Marí

II. Independence

Después de las numerosas negativas por parte de la corona y el gobierno de Inglaterra de aceptar representantes de las colonias en sala de los comunes, algo que supondría dar la ciudadanía de primera clase a los habitantes de las colonias, que hasta ahora habían sido meros segundones para la metrópolis, la élite intelectual y política de las colonias deciden reunirse para preparar un plan de actuación común frente dichas injusticias en el Congreso Continental de 1774.

Adams se enfrenta a unos de sus mayores retos, defender los intereses de Massachusetts, desde hace meses asediada por las naves y las tropas de Inglaterra, frente a los de las otras doce colonias, muchas de las cuales, al no verse bloqueadas se oponen a la resistencia contra los ingleses, y apuestan por unas medidas, según ellos, “moderadas” o “pacíficas”, siendo para los de Massachusetts completamente insuficientes. Adams comprueba que el Congreso utiliza los ataques a Boston como excusa para discutir sobre las formas políticas, las misivas al Rey, etc., algo que impide la acción directa contra la metrópolis, motivo que ha movido a los delegados de Massachusetts a reunirse en Philadelphia.

Poco después de regresar a su granja familiar, a las afueras de Boston, completamente frustrado por los fracasos que se ha encontrado en el Congreso, empiezan los primeros ataques británicos directos, dando lugar a las primeras batallas entre el ejército británico y los voluntarios de Massachusetts en Lexington y Concord, en que los hombres de la colonia consiguen hacer frente a la presión inglesa. Después de ello, Adams confiesa a su mujer: “Ahora no hay duda de la intención de los británicos”, aceptando que la guerra es inevitable.

Después de sus impresiones al ver la guerra tan cerca de él y su familia, pretende ir al segundo Congreso Continental, en 1775, a buscar ayuda para los voluntarios de Massachusetts, además de luchar cara a cara con los intereses de la metrópolis, como él mismo dice a los delegados que se oponen a la acción directa: “Para recuperar los derechos ingleses, debemos luchar por ellos”, dejando claro que aunque se desee seguir siendo inglés deberán defenderse de los propios ingleses y luchar para llegar a su mismo estatus.

La primera opción del Congreso, dominado por los moderados de Pennsylvania, Nueva York y Carolina del Sur, era la de pedir respeto por parte de los ingleses mediante cartas y peticiones, para conseguir ser súbditos representados en Londres, y para que se acabaran las presiones militares a los puertos de las colonias reveladas, como Massachusetts. Pero como los representantes de estas colonias afirman, el hecho de esperar una respuesta puede suponer unos meses de espera y de soportar la acciones de las tropas británicas. Por lo tanto se opta por formar el Ejército Continental, cuyo comandante fue George Washington (David Morse), estableciéndose alrededor de Boston, principal ciudad asediada.

En un principio, a pesar de defender sus necesidades y derechos, se declararon súbditos del monarca inglés, y reclamaban sus derechos desde esa posición. La Independencia fue el último de los recursos que tenía el Congreso. El siguiente paso fue el de intentar negociar la finalización de los ataques, pero tampoco lograron sus objetivos por las negativas de la corona. Por ello aprobaron la creación del Ejército Continental, siendo esta la primera respuesta de cierto carácter independiente por parte de los representantes de las colonias. La respuesta del Rey Jorge III ante la defensa de las colonias fue la orden que dio respecto a los “separatistas”, a los que se debería ajusticiar a menos que acepten rendirse y acatar las ordenes de la metrópolis.

Así que, convencidos por el elocuente Adams de la necesidad de tener una nación propia, y vistos los desprecios para con ellos, los miembros del Congreso decidieron tomar otro camino, el de la Independencia el 4 de julio de 1776. Pero para llegar a este punto debieron pasar por una elaborada negociación entre los diversos delegados, sobre todo con los más reticentes a la Independencia, como lo eran Pennsylvania, Carolina del Sur y Nueva York.

El primer paso fue motivar a los delegados de Virginia, la colonia más poderosa, para que instaran al Congreso a votar la Independencia. Una vez conseguida la proposición por parte de Virginia, la votación se atrasó a la espera de que los diferentes consejos coloniales les dieran a los delegados el poder de votar una decisión como aquella.

A la espera del día de la votación, y mientras que Thomas Jefferson (Stephen Dillane), delegado de Virginia, se encargaba de la redacción del texto de la Declaración de Independencia, John Adams, Samuel Adams (Danny Huston) y Benjamin Franklin (Tom Wilkinson), entre otros, empezaron a negociar con los delegados que se negaban a la Independencia

La necesidad de unanimidad en el momento de votar la Declaración de Independencia era imprescindible, ya que sin ella dicho proceso no podría considerarse válido a pesar de que la votación fuera favorable a esta opción. Finalmente, el representante de Pennsylvania, John Dickinson (Zeljko Ivanek), no asiste a la votación, y Franklin da el sí a la proposición. Carolina del Sur acepta las opciones de la Independencia, y Nueva York se abstuvo, aunque más tarde acabaría votando a favor de la propuesta.


El 4 de julio de 1776 se aprobaba la Declaración, tras haber pasado por un atento estudio de las ideas que allí se expresaban y de las palabras utilizadas. En la serie, la corrección y recorte de la Declaración es tan solo una reunión de tres hombres, Jefferson, Adams y Franklin, pero en realidad ésta se corrigió en el Congreso entre los representantes ahí presentes.

Es interesante mencionar una afirmación de Franklin, respondiendo a John Hancock (Justin Theroux), después de la firma de la Declaración: “Sí, tenemos que, de hecho, todos permanecer juntos, o casi con total certeza, todos vamos a colgar por separado”, dando a entender que si no se mantenían unidos y salían adelante, serían acusados de traición y condenados por ello.

A parte de la faceta política que supuso el Congreso Continental para John Adams, fue muy importante el papel que jugó en su vida privada, ya que siendo padre de cuatro hijos, estuvo separado de su familia durante muchos meses, unos meses en que la guerra asoló la colonia de Boston, donde vivía junto a sus hijos y su mujer, Abigail, que jugaría un papel clave tanto en la vida privada como pública del que sería el segundo Presidente de los Estados Unidos.


III. Don’t Tread on Me

Después de su excelente papel durante el Congreso y la Declaración de Independencia, Adams es elegido para viajar a Francia y unirse a Benjamin Franklin en la misión diplomática, que pretendía conseguir el apoyo de los galos tanto a nivel diplomático como militar, para poder ganar la Guerra de Independencia que se había iniciado años atrás contra los ingleses.

Pero al llegar a París, Adams, es sorprendido por la poca tarea diplomática que ahí se ejerce, y descubre que en realidad las negociaciones son un mero entretenimiento de la vida libertina y placentera que llevan los cortesanos del rey Luis XVI (Damien Jouillerot). Este tipo de vida, al que parece que Benjamin Franklin se adaptó en seguida, chocó con la forma de pensar puritana que tenía John Adams, que no acababa de comprender ni el idioma ni el estilo de vida. Esta diferencia de formas de hacer la podemos ver en el siguiente diálogo: “Nuestra misión exige diligencia. – No, aquí en Francia debe practicar el arte de conseguir mucho, pero que parezca que consigue muy poco”. Además Adams se siente insultado por que lo confunden con su primo, Samuel Adams, mucho más popular en Francia, y se ríen de él por su mentalidad práctica y poco ociosa.

Una escena muestra a la perfección este incomprensible, a ojos de los americanos, modo de vida, en la que Adams y Franklin a medida que hablan sobre sus ideales como si estuvieran vendiendo entradas para el circo reparten banderines con la flamante bandera americana a los cortesanos franceses, con el único objetivo de ganarse su favor. “Aquí todos somos actores”, es como ve Franklin las relaciones diplomáticas en Francia, después de la magnífica escena comentada. Éste los tiene comprados, con su puesta en escena les da lo que desean. Los franceses creen que los americanos son rústicos y él se lo da, les vende una “revolución” idealizada, ya que a pesar de que les apoyan los nobles franceses no tienen nada de liberales, y para ellos esto no es más que un juego o una excentricidad cualquiera, y esta forma de actuar Franklin la resume en “París requiere cierta cantidad de incidencia, de pensamientos y de actos”.


Todo esto no hace más que sorprender a Adams, cuya paciencia se está agotando, y termina por hacerlo después de ver como el Rey lo ningunea por no saber hablar francés, y por no interesarse para nada por los problemas de los americanos, delegando todo su poder en sus ministros. Después de la audiencia, frustrado por el comportamiento del Rey, Adams se encoleriza y Franklin se enfrenta diciéndole que no sabe comportarse frente a un monarca. Además, poco después de ello, a Franklin le dan plenos poderes como único representante de Estados Unidos en Francia, convirtiendo en nada la presencia de Adams, que acaba afirmando: “Es una creencia universal que el Dr. Franklin ha llevado a cabo nuestra revolución él solo, con un sencillo movimiento de su varita eléctrica”.

Antes de irse de París, enfadado por la forma libertina de vivir de los franceses, Adams acaba diciendo que “Francia es el lugar perfecto para la felicidad, si la felicidad se alcanza con cualquier cosa que complazca los sentidos”, dejando claro que aquella gente es de todo menos cultivadora del intelecto.

Las necesidades de Estados Unidos no se reducían al apoyo militar y diplomático, sino también al financiero, necesidad que los franceses se negaban a llegar a cumplir en su totalidad. Es entonces cuando Adams decide viajar a Holanda con la intención de conseguir préstamos de parte de los principales banqueros. Pero las negociaciones son muy duras y no consigue los resultados deseados, ya que Estados Unidos, sumido en la guerra contra los ingleses, no les ofrece a los holandeses la seguridad de que recuperarán su préstamo, y por lo tanto deciden negárselo.

El clima insalubre de La Haya hace enfermar a Adams, que rozará la muerte en la soledad de su vivienda, ya que su hijo mayor, John Quincy, que le había acompañado a Francia y Holanda, es contratado como secretario de Francis Dana, que cumplía la misma misión que Adams en la corte de la Reina Catalina II de Rusia.


IV. Reunion

Tras recuperarse de su enfermedad y saber que definitivamente los ingleses se han rendido frente a las tropas de Washington, Adams consigue el apoyo financiero de los banqueros holandeses, que le auguran un mayor futuro a los Estados Unidos, y regresa a Francia donde se reúne con Franklin, Jefferson y, poco después, con su esposa. 

Abigail es muy impetuosa y tiene muy claras las políticas que están utilizando su marido y sus compañeros. Defiende el papel de la mujer en la política, a pesar de que lo dice muy disimuladamente, Gracias a ella, Adams se acostumbra un poco a las costumbres de los galos, pero su estancia en la capital francesa es breve, ya que es nombrado embajador en Londres, para conseguir el ansiado objetivo de ser reconocido como nación independiente por su antigua metrópolis. Al mismo tiempo, Jefferson es nombrado sucesor de Franklin en el cargo de embajador en París, ya que el viejo representante de Philadelphia está enfermo y desea regresar a Estados Unidos para participar en la redacción de la Constitución de los Estados Unidos.

La nueva ciudad, Londres, y sus costumbres son de más agrado para Adams y su esposa, pero sus objetivos políticos son difíciles de conseguir, ya que una reunión con el Rey es casi imposible, y más por ser un sublevado a los ojos de todos los ingleses.


Finalmente, Adams consigue la audiencia real, después de recibir un cursillo acelerado sobre las maneras de la corte y las reverencias necesarias antes de hablar con Jorge III (Tom Hollander), pero cuando se halla cara a cara con él, tan solo mantiene una breve conversación, ya que por un lado se siente impresionado, y por el otro se dicen todo lo que se tienen que decir. Jorge III acepta la derrota y la independencia ofreciendo sin problemas la embajada de Estados Unidos en su país. Además, el monarca británico ve con buenos ojos que Adams desprecie a los franceses, tanto o más que él.

Después de varios años viajando por Europa de embajada en embajada, John Adams y su esposa, cansados de los viajes y las constantes críticas hacia él por ser mal diplomático y no saber comportarse frente a los monarcas, regresan a Estados Unidos, donde prosigue con su carrera política. Benjamin Rush, firmante en 1776 y amigo de Adams, lo insta a presentarse a las elecciones presidenciales de 1789, los primeros comicios de la joven nación. Él duda, pero su mujer afirma que su marido tan solo aceptará si como mínimo es vicepresidente. Después de las elecciones es elegido vicepresidente, por detrás de George Washington que es escogido por una abrumadora diferencia como primer presidente de los Estados Unidos, hecho que lleva a Adams a la sombra de semejante coloso político y mediático.


V. Unite or Die

A pesar de que el puesto de vicepresidente es el segundo más alto cargo de los Estados Unidos, Adams ve la inutilidad de este. Al comenzar su mandato emprende diversos proyectos de su ideario político, pero los representantes en el Congreso, nuevos políticos, le dicen que su papel es el de árbitro en sus discusiones. Es menospreciado el cargo y la persona, ya que el vicepresidente parece estar en el limbo entre los representantes de los estados y el gobierno federal.

Además, a pesar de ser amigo y estrecho colaborador de Washington, éste le aparta de su gabinete de gobierno ya que según la ley no forma parte del mismo. Finalmente, decide conformarse con que no tiene poder y peso político dentro de la nación, y más cuando Jefferson regresa de la Francia revolucionaria para formar parte del gobierno de Washington como Secretario de Estado.

A pesar de ser uno de los líderes de la Independencia y uno de los mayores representantes de los Estados Unidos en Europa, sus ideas son ninguneadas hasta el extremo, es tildado de monárquico y despreciado por los recién llegados a la política de este nuevo país. 

En este momento es cuando, debido a la Revolución Francesa, se empiezan a ver las primeras diferencias entre Adams y Jefferson. El primero es mucho más centralista mientras que Jefferson cree en la soberanía del pueblo y éste, en cada uno de los estados, debe decidir sus intereses. A la vista de Adams, Jefferson ha cambiado debido a su participación, indirecta, en la Revolución Francesa, dando consejo en la redacción de la Declaración de los Derechos del Hombre y el Ciudadano.


Estas diferencias se ven agudizadas cuando Francia reclama la ayuda de Estados Unidos para la guerra que tiene abierta contra Inglaterra. Pero la joven nación, con graves problemas económicos, debe preservar la neutralidad frente al conflicto anglo-francés porque no pueden hacerle frente. El problema de la Francia revolucionaria no se queda en los despachos de Philadelphia, sino que se expande por el territorio americano, sumando adeptos deseosos de ayudarles a ganar a los británicos, generando múltiples protestas en contra del gobierno. Muchas de estas protestas son generadas por uno de los nuevos partidos políticos, el Demócrata-Republicano fundado por Jefferson ---antecesor del actual Partido Demócrata---, que luchaba contra los Federalistas, liderados por Alexander Hamilton (Rufus Sewell), y cuyo principal figura es Adams, a pesar de que este último no comparte los métodos de Hamilton.

Finalmente, Adams descubre que se intrigó para que Washington consiguiera esa abrumadora victoria en 1789, a través de su amigo Rush, que también le comenta que, de no ser así, él hubiera tenido muchas probabilidades de ganar las elecciones. En 1796, tras dos mandatos completos, George Washington, muy presionado por la guerra en Europa, decide no volverse a presentar, y John Adams le sucede en el cargo como Presidente de los Estados Unidos.


VI. Unnecessary War

Adams consigue llegar a la cima de la política norteamericana ocupando el puesto de Presidente, pero su estancia allí no será tan placentera como esperaba. En primer lugar, pierde el apoyo y la amistad de Thomas Jefferson porque éste tiene los ideales políticos de su partido muy asumidos, y ve en Adams un adversario. Por otro lado, los Federalistas, más cercanos ideológicamente a él, tampoco le apoyan ya que Alexander Hamilton, su líder, está enfrentado abiertamente con el Presidente. Pero la principal fuente de preocupaciones es la guerra que aún sigue en Europa, en la que la posición de neutralidad no es válida ni para franceses ni para los seguidores de Jefferson.

Mediante emisarios a Francia intenta entablar relaciones con el gobierno del Directorio, pero es algo imposible, ya que el ministro de asuntos exteriores, Talleyrand, se niega a recibir a dichos emisarios. Ante esto, Adams insiste en que se hable con el gobierno entero, no tan solo con Talleyrand, pero el emisario le afirma: “Monsieur Talleyrand es el gobierno francés”. Antes de enviar a estos emisarios, Adams le había ofrecido este papel a Jefferson, pero éste se niega pensando que es una treta política para apartarlo del centro de poder norteamericano.

A pesar de su fuerza para solventar todos los problemas en los que está sumida la nación, sigue siendo criticado, y lo caricaturizan como un Rey absoluto, algo muy alejado de la realidad. El ascenso al poder de Napoleón en Francia hace arrancar de nuevo las relaciones entre ambos países, y por fin los emisarios son recibidos en Europa con la intención de llegar a un acuerdo y poner fin a las malas relaciones.


Si en la vida política consigue un éxito, es en este instante cuando las desgracias en su familia se van a suceder una tras de otra. La primera de las cuales será la muerte de su tercer hijo, Charles, completamente arruinado y alcoholizado, en 1800. Será también ahora cuando se desplace de Philadelphia a la nueva ciudad de Washington, para ser el primer Presidente que vive en la Casa Blanca, cuando aún está en obras. Una vez más se trata el tema de la esclavitud, cuando Adams y su mujer ven que la casa presidencial, y toda la nueva capital, está siendo construida por esclavos negros mal alimentados, pero no deja de ser más que un comentario, y una vez más se pasa de lado en el debate esclavista, que durante la segunda mitad del siglo XIX, centrará la política norteamericana.

Su estancia en un lugar inhóspito como era la ciudad de Washington a principios del siglo XIX, duró poco, ya que en las elecciones de 1800, completamente separado de los Federalistas y de los Demócrata-Republicanos, Adams pierde el puesto contra su antiguo amigo Thomas Jefferson. Sus principales apoyos que estaban en Nueva Inglaterra, se perdieron a favor de un candidato Federalista de Nueva York, Aaron Burr, que sería el vicepresidente durante el gobierno de Thomas Jefferson.

Cuando aún se estaba votando para decidir quien sería el Presidente, si Jefferson o Burr, Adams ya sabía que él se había quedado fuera del juego político, y su único interés en los últimos días de su Presidencia era cerrar los acuerdos de paz entre Estados Unidos y Francia. A finales de 1800, se firmó el Tratado de Mortefontaine, finalizando las malas relaciones entre ambos países.

John Adams, a pesar de ser uno de los protagonistas de la Independencia, salió de la política como había empezado años atrás en Francia, criticado y menospreciado, ya que sus ideas políticas nunca fueron aceptadas y tuvo muchos más enemigos que amigos. Una vez muerto George Washington, tan solo tenía el apoyo de Jefferson, pero éste ya había entrado en el juego de los partidos políticos, y se apartó de él.


VII. Peacefield

En este episodio, el último de la serie, John Adams, después de una desmoralizadora vice-presidencia y una durísima presidencia, con numerosas presiones internas, se retira a su residencia, Peacefield, donde pretende descansar como un hombre de campo. Pero sus inquietudes intelectuales le impiden dedicarse tan solo al descanso, y vuelve a sus escritos sobre política.

A pesar de haber vivido toda una vida dedicada a la causa política de su nación, haber estado separado de sus hijos y su mujer durante años, será ahora cuando recibirá más golpes en la vida personal. Después de enterrar a su hijo menor, deberá ver como su hija mayor muere de cáncer en 1813, y como su esposa y confidente, Abigail, muere en sus brazos en 1818, obligándole a vivir solo, conviviendo con sus nietos y su nuera, ya que su prometedor hijo John Quincy Adams, ha empezado su carrera política. Se dice que detrás de todo hombre hay una gran mujer, pues éste es el caso de Adams, ya que sin su mujer apoyándole y ayudándole en los momentos más duros de su carrera, no hubiera llegado a sus éxitos políticos. Además, a pesar de que se acusa a Jefferson de tener relaciones con una esclava, Sally Hemmings, Adams sigue siendo duramente criticado por la prensa.

Será después de la muerte de su esposa, en la soledad de su vida, cuando volverá a recuperar la relación con su antiguo amigo, Thomas Jefferson, retirado también de la vida política activa, intercambiando cartas en las que se cuentan todas sus ideas y pensamientos. Esta reconciliación fue gracias a la intervención del amigo de ambos, Benjamin Rush, que les motivó a los dos, viudos y sin muchas alegrías, a que se enviaran cartas para volver a recuperar la amistad que había llevado a los Estados Unidos a la Independencia.


Con su hijo elegido Presidente, Adams tuvo la posibilidad de ver la inmortalización del momento de la firma de la Declaración de Independencia, finalizada en 1826 por John Trumbull. El pintor orgulloso de su obra es duramente criticado por Adams que no acepta ninguna licencia histórica para retratar los hechos que el había vivido cincuenta años atrás. Es en este momento cuando Adams dice “todos muertos, excepto Thomas y yo”, refiriéndose a que todos los firmantes estaban muertos, un hecho falso ya que el último de los firmantes que murió fue Charles Carroll, en 1832.

El destino quiso que ambos personajes, clave durante la independencia y posterior formación de los Estados Unidos, pudieran vivir, aunque agonizando, hasta el día que la joven nación celebraba sus cincuenta años, muriendo primero Jefferson y pocas horas después Adams. Según cuenta la historia, ya que habitualmente este episodio tan íntimo de la vida de una persona es difícil de verificar, las últimas palabras de John Adams, que no sabía que su amigo había muerto unas horas antes, fueron para Thomas Jefferson, diciendo “aún sobrevive, aún sobrevive”.

Precedido por:

John Adams (2008), el padre olvidado y la independencia (I)