23 de agosto de 2016

Treinta años de Cuenta Conmigo (Stand by Me)

Un artículo de Mike Sanz.



En agosto de 2016 se cumplen treinta años del estreno de un clásico del cine, una película única, divertida, sencilla y profunda. Se trata de Cuenta Conmigo (Stand By Me, 1986), la historia de cuatro amigos de la infancia que, a finales del verano de 1959, van de excursión en busca del cadáver de Ray Brower, un niño de su edad que ha desaparecido en extrañas circunstancias. Esta aventurilla, en apariencia insignificante, los cambiará para siempre.

En la década de los ochenta, se consolidaron las bases del nuevo cine comercial estadounidense, aquellas que se sembraron a mediados de los ochenta con los éxitos de taquilla de Tiburón (Jaws, 1975)Star Wars (1977). Los espectadores acudían en masa a ver una nueva generación de películas de corte aventurero y escapista, que dejaban de lado las sombras de la era Reagan y se centraban en las vivencias de los niños de la América suburbana, un reflejo de los idealizados años cincuenta. A este género pertenecen clásicos como E. T. (1982), Los Goonies (1985) y Gremlins (en las que trabajó Steven Spielberg en distintos roles), o El Club de los Cinco (The Breakfast Club, 1985) y Todo en un Día (Ferris Bueller's Day Off, 1986), de John Hughes. Es en este contexto donde se enmarca Cuenta Conmigo.

El director y actor Rob Reiner disfrutaba del éxito de la película de culto This Is Spinal Tap (1984), pero fue Cuenta Conmigo el título que lo consagró y detonó una carrera de clásicos generacionales entre finales de los ochenta y principios de los noventa, de los que destacan La Princesa Prometida (The Princess Bride, 1987), Cuando Harry Encontró a Sally (When Harry Met Sally, 1989), Algunos Hombres Buenos (A Few Good Men, 1992) y Misery (1990). Esta última se basa en una novela de Stephen King, al igual que el título que hoy nos ocupa, que sigue el argumento de The Body. Como curiosidad, esta novela breve se incluye en los dos volúmenes de Las Cuatro Estaciones, que también comprenden los textos que inspiraron Verano de corrupción (Apt Pupil, 1998) y Cadena perpetua (The Shawshank Redemption, 1994).



Como espejo del mundo suburbano de los años ochenta, Cuenta Conmigo se ambienta a finales de los cincuenta, en el verano en que un grupo de amigos pierde la inocencia, tanto por el paso del colegio al instituto como por los sucesos que presencian. La película de Reiner deja de lado el escapismo (al contrario que, por ejemplo, Los Goonies) y combina el afán aventurero con la cruda realidad que golpea al cuarteto protagonista: Gordie (Wil Wheaton) lidia con el fantasma de su hermano, el chico perfecto que ha fallecido en un accidente de coche; Chris (River Phoenix) con la sombra de su familia de delincuentes; Teddy (Corey Feldman) con los abusos de su padre, que le dejó obsesionado por la violencia y el mundo bélico; y Vern (Jerry O'Connell) con su sobrepeso y falta de valor. El viaje que emprenden es también un recorrido interior, pues comparten sus miedos, dudas y ansiedades mientras disfrutan de la amistad pura, aquella que están a punto de perder.

Al contrario que en otras obras de King, por las que era más famoso en la época, el terror no proviene de ningún entre sobrenatural, sino de elementos cotidianos que obstaculizan el camino de los protagonistas: la llegada de un tren, la charca de las sanguijuelas o la banda de matones de Ace (Kiefer Sutherland), quienes buscan el mismo cuerpo que los protagonistas. Es, precisamente, cuando se enfrentan ambos grupos y contemplan el cadáver cuando los protagonistas se despiden de la inocencia de la infancia y comienzan a comprender las responsabilidades que conllevan los actos en el mundo adulto.

El éxito de la película, con su nominación al Oscar al mejor guion adaptado incluido, pronto la convirtió en un referente. No solo retrataba una época, acentuada por el uso magistral de una banda sonora que cuenta con clásicos de Buddy Holly y Ben E. King, sino que trataba temas universales que hablaban al niño interior del espectador. Es más, marcó las pautas que seguirían las adaptaciones de las historias de corte realista de King, entre las que destacan La Milla Verde (The Green Mile, 1999) y la mentada Cadena Perpetua.

Con el paso del tiempo, se convertiría en un referente de la cultura popular estadounidense, que ha propiciado sentidos homenajes, caso del episodio de Los Simpson dedicado al cadáver que encontró Homer de niño, de Super 8 (2011) y de Stranger Things, la serie revelación de 2016 que bebe de los universos de King y Spielberg para narrar una historia urdida con cariño y esmero. Siempre que un grupo de jóvenes recorran las vías del tren en busca de aventuras, como hacían los cuatro de Castle Rock, el espíritu de Cuenta Conmigo estará presente.
«Los amigos entran y salen de nuestras vidas como camareros en un restaurante».
 Gordie Lachance

16 de agosto de 2016

The Wire: dos localizaciones, dos mundos


Cuando se habla de las mejores series de televisión producidas hasta la fecha, nunca puede faltar The Wire (HBO, 2002-2008). Este relato político, criminal y policíaco tiene la virtud de diseccionar a la ciudad de Baltimore como reflejo de lo que ocurre, cada día, en las grandes ciudades occidentales. Toda la contundencia y visceralidad que se muestra en The Wire es, en esencia, el resultado de un análisis a fondo sobre las virtudes y defectos de la sociedad democrática. Nos hemos dotado de instituciones y hemos organizado la sociedad según los preceptos de libertad y participación pero debemos ser conscientes también que todo ello conlleva la creación de pasadizos secretos. Son resquicios del sistema, por donde se cuelan actividades ilegales, corrupción política, delitos de todo tipo, y degeneración de creencias y valores. Es importante asumirlo como forma de funcionar ya que no hay alternativa posible a la construcción social y jerárquica de la que nos hemos dotado y en la cual tenemos la posibilidad de seguir interviniendo. La negación de la libertad y los valores democráticos es inviable y eternamente rechazable. No podemos equivocarnos en este tema. Nunca más.

Volviendo a The Wire debemos ponderar a la ciudad de Baltimore (Maryland), auténtico marco geográfico de la acción. La serie creada por David Simon radiografía la ciudad desde varios frentes y construye un fresco general que permite crear un drama sólido y contundente, capaz de generar atención desde la representación descarnada de los hechos. En la narración establecida, Simon y Ed Burns, co-showrunner, decidieron establecer una serie de puntos de anclaje que irían caracterizando a cada una de las cinco temporadas: el tráfico de drogas, los negocios delictivos en el puerto, la corrupción política municipal, las escuelas públicas en barrios desfavorecidos y la "mala praxis" periodística. Estos centros de gravedad alternos vertebran una serie que es capaz de ofrecer una propuesta diferente temporada a temporada, introduciendo de forma constante a nuevos personajes que interactuaran, de una forma u otra, con los miembros del núcleo o core central.

En definitiva, una serie magistral en todos los aspectos que tiene la virtud de no tener censura alguna en la forma de presentar situaciones. No obstante, no debemos olvidar que Baltimore es una de las ciudades con más enjundia de los Estados Unidos. Formó parte del levantamiento contra los ingleses en el siglo XVIII y tiene un legado cultural y científico indudable. Baltimore es la ciudad de figuras destacadísimas en muy diversos campos: Edgar Allan Poe, Edith Hamilton, Frederick Douglass, Babe Ruth, Billie Holiday y, más recientemente, Jada Pinkett Smith, y Michael Phelps. En la ciudad también se encuentra el Hospital Universitario Johns Hopkins, uno de los centros de investigación más prestigiosos y avanzados del mundo. Obviamente, al ver The Wire, nos quedamos con las esquinas del oeste y norte de la ciudad, pobladas por trapicheadores y traficantes. También con las casas vacías y las calles degradadas, producto de una desindustrialización y pérdida de población que aún se arrastra. Las cifras elevadas de homicidios y tiroteos son una lacra contra la que se sigue luchando, pero la ciudad tiene la determinación de seguir haciendo frente a sus problemas mientras continúa rehabilitando barrios y construyendo un nuevo horizonte, apoyándose en los grandes inputs que la urbe ya posee.

No comparto completamente la visión pesimista de Simon & Burns. Creo que debemos valorar más aquellas cosas que son caldo de cultivo para la mejora. Tal como decía al principio, lo que se ve en The Wire también está presente en Europa. Forma parte de la evolución social y debemos combatirlo aunque asumiendo que buena parte de esas situaciones son sistémicas. Son consecuencias lógicas derivadas del modo de funcionar que hemos establecido desde hace dos siglos. Y por ello debemos movernos en este esquema con voluntad combativa y de denuncia pero asumiéndolo con entereza.

The Wire se rodó íntegramente en la ciudad de Baltimore (excepto pequeñas escenas en Puerto Rico) y ha sido capaz de retratar la crudeza de los barrios marginales como nadie había logrado antes. No obstante, he decidido presentar dos escenarios, uno que forma parte de esa brutalidad vinculada al tráfico de drogas y otro que supone la otra cara de la moneda. Son dos intersecciones, metáfora que representa a dos mundos opuestos que conviven en la misma ciudad.

El primer escenario no podía ser otro que la esquina de Bodie Broadus (J.D. Williams). The Wire nos muestra su evolución desde sus inicios como aprendiz del clan Barksdale hasta verle encumbrado como "responsable" de la venta de droga en una de las esquinas de referencia en la ciudad. Bodie halla su fin en la misma esquina que tanto defendió, dándole a su trayectoria un cierre coherente. Tras su desaparición, Marlo Stanfield (Jamie Hector) y Chris Partlow (Gbenga Akinnagbe) entregan la esquina al joven Michael Lee (Tristan Wilds). Sin embargo, los acontecimientos alejarán a Michael de allí y le darán un nuevo papel inesperado. Al final de la serie, vemos como es Spider (Edward Green), otro lugarteniente de Stanfield, el que se ha quedado con el influyente enclave.




A la hora de colocar la imagen actual, he decidido añadir dos capturas de Google Maps puesto que la casa abandonada, situada en la intersección entre Lanvale y East Barclay, fue demolida en 2015. Sin embargo, utilizando otro ángulo, aún podemos ver la decrépita esquina tal y como aparecía en The Wire.





La segunda esquina que me gustaría ilustrar es la que en la serie ocupa el pub irlandés Kavanaugh's. Nos dirigimos al downtown, en la intersección entre East Lexington y Gilford Avenue. Es el corazón de la ciudad, a cuatro pasos del ayuntamiento y de los juzgados. En The Wire, la policía de Baltimore suele organizar despedidas multitudinarias para los miembros del cuerpo que fallecen. Incluso ponen el cuerpo del difunto sobre una mesa de billar glosando sus méritos y defectos. Al final, suena la canción "The Body of an American", de The Pogues, y todos los parroquianos entonan la letra en acto de comunión y camaradería.

Tras los funerales de Ray Cole (el actor Robert F. Colesberry murió en la vida real) y del coronel Raymond Foerster (Richard DeAngelis), acaecidas en anteriores temporadas, el capítulo final de la serie tiene como protagonista en Kavanaugh's al mismísimo Jimmy McNulty (Dominic West), aunque en este caso el difunto está muy vivo. McNulty ha sido expulsado del departamento de Homicidios tras descubrirse su plan para crear un caso imaginario que ha conseguido financiar otras investigaciones policiales de gran calibre. McNulty es el primer difunto de Kavanaugh's que puede festejar con los demás y cantar la canción. Su supervivencia está asegurada pero Baltimore pierde un detective nato, el mejor investigador de homicidios que ha tenido en décadas. Si no fuera por su crónico desdén hacia la cadena de mando podría haber llegado lejos. No obstante, McNulty no es de esos que triunfan profesionalmente sino todo lo contrario. Su éxito radicará en haberse enderezado personal y familiarmente junto a Beadie Russell (Amy Ryan). Junto a sus colegas Bunk Moreland (Wendell Pierce), Jay Landsman (Delaney Williams), Leander Sydnor (Corey Parker Robinson) y el también defenestrado Lester Freamon (Clarke Peters), se despiden de una época mientras la ciudad avanza hacia otra en la que el alcalde, Tommy Carcetti (Aidan Gillen), demuestra su habilidad para moverse en los círculos de poder, convirtiéndose en el nuevo Gobernador de Maryland.

En las imágenes de Google Maps podemos comprobar como el Kavanaugh's fue una recreación para la serie. El local real lleva el nombre de Sidebar.





12 de agosto de 2016

Nuevo trailer de Rogue One: A Star Wars Story









A LUCASFILM PRODUCTION

"ROGUE ONE: A STAR WARS STORY"


FELICITY JONES  DIEGO LUNA  BEN MENDELSOHN

  DONNIE YEN  MADS MIKKELSEN  ALAN TUDYK

RIZ AHMED  JIANG WEN

and FOREST WHITAKER


Music by
ALEXANDRE DESPLAT

Costumes by
DAVID CROSSMAN and GLYN DILLON

Edited by
JABEZ OLSSEN

Production design by
DOUG CHIANG and NEIL LAMONT

Cinematography by
GREIG FRASER

Produced by
KATHLEEN KENNEDY  ALLISON SHEARMUR and SIMON EMANUEL

Story by
JOHN KNOLL and GARY WHITTA

Written by
CHRIS WEITZ and TONY GILROY

Directed by
GARETH EDWARDS

8 de agosto de 2016

Todos Queremos Algo (Everybody Wants Some!!, 2016)

Un artículo de Mike Sanz.


A finales de agosto de 1980, Jake se muda al campus de la universidad de Austin, en Texas. Ha conseguido una beca deportiva y el equipo de béisbol espera su llegada para darle la bienvenida a su nueva vida, en la que no faltarán el alcohol, las fiestas, las chicas ni el deporte.

Todos Queremos Algo
es la nueva película escrita y dirigida por Richard Linklater, cineasta afincado en su Texas natal. De carrera irregular pero interesante, Linklater se consagró con Movida del 76 (Dazed and Confused, 1993), película de culto que narraba el inicio de las vacaciones de verano de un grupo de jóvenes a las afueras de Texas y que contaba con un reparto de intérpretes emergentes, caso de Ben Affleck, Milla Jovovich, Adam Goldberg y un primerizo Matthew McConaughey. Este ejercicio narrativo dio a Linklater una posición cómoda dentro del panorama independiente, que le permitió compaginar películas menores con la trilogía Antes de... (1995-2013, protagonizada por Ethan Hawke, su amigo y actor fetiche), el clásico generacional Escuela de Rock (School of Rock, 2003), la adaptación de A Scanner Darkly, de Philip K. Dick (2006) y Boyhood (2014), un proyecto personalísimo que tardó doce años en rodar, pues narraba la infancia y adolescencia de un niño en Texas. Tras el reconocimiento obtenido por esta última cinta, la siguiente película del texano ha sido reconocida ampliamente como la «secuela espiritual» de Movida del 76.

Todos Queremos Algo cuenta una historia complementaria y retoma los temas ya expuestos en su predecesora. Cuenta los primeros días en la universidad de Austin de un joven que experimenta, por fin, el complejo mundo de los adultos. Lo que a primera vista podría pasar por una comedia de situación alocada, en la línea de American Pie, pronto presenta a los espectadores un trasfondo rico en nostalgia y reflexiones acerca del paso del tiempo, la amistad y la responsabilidad. Linklater retoma la técnica narrativa de Movida del 76 y recurre a una sucesión de escenas de la vida cotidiana para retratar una época, el paso de los setenta a los ochenta. Solo transcurren tres días, pero hay tiempo de dar pinceladas acerca de las aspiraciones y la rutina del equipo de jugadores de béisbol.


Todos Queremos Algo se basa en la naturalidad de la puesta en escena. El propio director ha comentado en varias entrevistas que escribió el guion basándose en sus experiencias personales y que recurría a sus recuerdos para indicar a los actores qué expresiones y qué lenguaje corporal eran los de la época. El reparto, a pesar de estar compuesto por caras poco o nada conocidas, logra transmitir espontaneidad y camaradería para que la película fluya. Destacan las interpretaciones de los protagonistas, Blake Jenner y Zoey Deutch, y de secundarios como Tyler Hoechlin (el niño de Camino a la Perdición) y Austin Amelio (Dwight en The Walking Dead). Linklater se sirve también de una banda sonora elegida con tacto, que va de la música disco al country y el punk y que incluye clásicos como My Sharona, Heart of Glass o Hand in Hand.

Tras el éxito rotundo de Boyhood, Richard Linklater ha vuelto al pasado con la secuela de uno de sus títulos más emblemáticos. Nos deja con un viaje emocional a otra época que despierta emociones universales, y lo consigue con una película independiente y cuidada al detalle.