28 de junio de 2017

Canciones en la filmografía de Sylvester Stallone (IV)


Tras el varapalo que supuso Yo, el Halcón (Over the Top, 1987), Stallone decidió volver a terreno conocido para recuperar tirada comercial. Así que, tras escribir un nuevo guión junto a Sheldon Lettich y asegurarse un presupuesto de 63 millones de dólares, decidió contratar a Russell Mulcahy como director de la nueva entrega de Rambo.  Le había impresionado el trabajo del australiano en Los Inmortales (Highlander, 1986) pero pronto se cansó de su visión creativa y prescindió de él poco antes del inicio del rodaje. Le sustituyó el responsable de la segunda unidad, Peter MacDonald. La película aumentó la violencia a la máxima potencia y abordó el teatro de operaciones de Afganistán siguiendo el camino elegido por los responsables de la saga Bond en 007: Alta Tensión (The Living Daylights, 1987). Perdido en Tailandia, ni tan siquiera el coronel Trautman conseguía que Rambo se implicara en una misión tras las líneas soviéticas. No obstante, la captura de su mentor le sacaba de su aislamiento para abrazar un nuevo infierno. 

Sin duda alguna, Rambo III (1988) fue víctima de sus excesos y especialmente de la caricaturización de personajes y situaciones. El maniqueísmo desacomplejado dio paso a la superficialidad repetitiva. La película funcionó correctamente en taquilla (aunque no tanto como se esperaba) pero sus cifras advertían que alargar esta franquicia podía ser contraproducente ahora que la audiencia estaba basculando hacia el estilo más frío y  agreste de Arnold Schwarzenegger. El film que durante años se creyó que había finiquitado la franquicia, incorpora dos canciones interpretadas de nuevo por Bill Medley. La más destacada es "He Ain't Heavy, He's My Brother", una versión pop del clásico compuesto por Bob Russell y Bobby Scott, que contó con la producción de Giorgio Moroder para la ocasión.


En esta última fase de la década de los 80, solo hay una película que creo que mantiene su interés con el tiempo. Se trata de la apuesta de Stallone por el subgénero carcelario en Encerrado (Lock Up, 1989). Deseoso de intentar algo nuevo, se centró únicamente en la interpretación integrándose en una producción bien armada por los hermanos Gordon y con un director competente al mando, John Flynn. Lamentablemente, el público no conectó con la propuesta y la película acabó resultando un sonoro fracaso. Ni tan siquiera la presencia de un villano encarnado por el siempre convincente Donald Sutherland y la música de Bill Conti consiguieron remontar la apetencia del público.

Para la ocasión, los miembros de Survivor, Jim Peterik y Frankie Sullivan, compusieron un tema que se encargó de interpretar otro de los integrantes del grupo: Jimi Jamison. Nos referimos a "Ever Since the World Began". 


En 1989, Stallone estrenó otra película de la que no hablaré en demasía por considerarla uno de los títulos más ridículos de su carrera. Se trata de Tango & Cash. Este pseudo-thriller policial contiene algunas de los momentos más vergonzantes en las trayectorias de Kurt Russell, Jack Palance y el propio Stallone. Lastrada por numerosos conflictos de producción, Tango & Cash recuperó solo un poco más de su presupuesto y condujo de nuevo a Stallone hacia Rocky Balboa.

Sin embargo, Rocky V (1990) no fue exactamente lo que los fans del personaje esperaban. Stallone escribió un guión que carecía de acción directa y depositaba el peso de los combates en el joven boxeador Tommy Morrison (a la sazón, familiar lejano del mítico John Wayne). Esta visión de un Rocky hundido económicamente y tocado en su salud tenía un único aliciente favorable: el hecho de recuperar la esencia del personaje al regresar a las calles y barrios marginales de Philadelphia que le vieron nacer. Más allá de esta motivación, poco más aporta una película que parecía cerrar una etapa de consagración y éxito para el actor. Creo, no obstante, que un acierto importante de Rocky V es su conclusión en las escaleras del museo de arte de Philadelphia y el posterior compactado de imágenes que acompaña a los títulos de crédito. Es una auténtica retrospectiva de la saga que se ve complementada con una canción vibrante y emotiva: "The Measure of a Man". La pieza fue compuesta por Alan Menken, justo en la época en que creaba un éxito tras otro para la factoría Disney. Para acabar de dar empaque a la canción, se contó con el gran Elton John para interpretarla.


Con el presente artículo, concluye esta serie de posts sobre las canciones en la filmografía de Stallone. He tratado que sean representativos de una época en la que disfrutamos como cosacos en las salas de cine. Cuesta encontrar una época tan exitosa en la carrera posterior del actor neoyorkino. Nunca ha parado de trabajar pero en los años 90 la mediocridad fue el denominador común de sus trabajos excepto dos casos muy concretos: Máximo Riesgo (Cliffhanger, 1993) y Cop Land (1997). Afortunadamente, en la década siguiente, ha conseguido elevar de nuevo el nivel de calidad cerrando adecuadamente la franquicia Rambo (2008) y reivindicando a su personaje más emblemático en dos películas muy notables: Rocky Balboa (2006) y Creed (2015). También ha conseguido poner en marcha una nueva saga con Los Mercenarios (The Expendables) y empieza a sacar provecho de su carisma en los cameos que le surgen. Un acertado renacimiento para un hombre sin el cual no se entendería el género de acción moderno.

Precedido por:

Canciones en la filmografía de Sylvester Stallone (I)

Canciones en la filmografía de Sylvester Stallone (II)

Canciones en la filmografía de Sylvester Stallone (III)

25 de junio de 2017

Canciones en la filmografía de Sylvester Stallone (III)


Tras su fallida incursión en la comedia con Rhinestone (1984), Stallone volvió a la senda del éxito con dos nuevas entregas de sus dos sagas de referencia. En 1985 machacó la taquilla con Rambo: Acorralado Parte II (Rambo: First Blood Part II) y Rocky IV. Cada una de ellas recaudó más de 300 millones de dólares sobre presupuestos que no llegaban a 30. Stallone era el rey indiscutible de la acción y seguiría tirando de liderazgo hasta finales de la década cuando Arnold Schwarzenegger le arrebató el estatus de rompetaquillas del género.

La primera secuela de Acorralado es un título bestial. El nivel de crudeza se acrecentó al máximo y la conexión con el tema de los veteranos, abandonados a su suerte en Vietnam, captó especialmente la atención del público estadounidense. Si en Acorralado habíamos visto lo que John Rambo podía hacer en un pequeño pueblo de montaña, ahora le vemos asumiendo cualquier reto y enfrentándose con brutalidad al ejército vietnamita e incluso al soviético. El maniqueísmo del film no molesta porque recuerda lo directo y políticamente incorrecto que era el cine de acción de esa época. Había patriotismo sin complejos, suspensión de incredulidad que apelaba a la inocencia del espectador joven y, sobre todo, se palpaba un sentimiento de pasión por lo que se estaba haciendo. Desgraciadamente, todos estos elementos se perdieron irremisiblemente en los 90. 

Rambo debería disfrutarse como un producto de acción bien ejecutado que aprovecha muy bien todos los resortes. James Cameron escribió un guión absolutamente sanguíneo que Stallone completó con algunos elementos que pretendían dar algo más de equilibrio emocional a su personaje. No sería la última ocasión en que George Pan Cosmatos dirigiría a Stallone.   

El maestro Jerry Goldsmith continuó al frente de la banda sonora y, para esta ocasión, concibió un leitmotiv que es una referencia total en el cine de acción. A la hora de componer la canción que sonaría al final de la película, Goldsmith colaboró con Peter Schless y Frank Stallone para crear "Peace in Our Life", una canción que mantiene la esencia del tema principal del film mientras conecta con el estado emocional de incomprensión y decepción que rodea a Rambo al término de la película. Frank Stallone puso voz a una pieza imprescindible en esta antología musical del género de acción.


Y después de Rambo, volvió Rocky Balboa. Si antes hablábamos del patriotismo desacomplejado, tenemos en Rocky IV a la quintaesencia del mismo. Consciente de cual era su papel en el panorama hollywoodiense, Stallone no escondió ninguna carta y aprovechó el enfrentamiento permanente entre las dos grandes potencias para trasladarlo a un cuadrilátero. Lo expresó sin matices, de forma directa y sesgada (yo nunca la catalogaré como reaccionaria). El director, guionista y protagonista no tenía por qué plantearse más contraste. Él tenía muy claro que se debía a un público que esperaba un espectáculo potente y la película consigue precisamente eso. La sed de venganza de Rocky tras la muerte de Apollo Creed ante el gigante soviético Ivan Drago (Dolph Lundgren), le lleva a prepararse intensamente en el corazón de Rusia para hacer frente a una máquina de matar, el orgullo de la nación soviética. Ya hablamos de esa fuerza dramática que se desarrolla en las secuencias de entrenamiento en el artículo "Luchar para sobrevivir, determinación para prevalecer". Hoy nos centramos en el buque insignia musical de la película: "Burning Heart", de nuevo interpretado por Survivor. Si en "Eye of the Tiger" teníamos un auténtico himno generacional, aquí percibimos el sentido épico y de venganza que preside el film. Contundencia, visceralidad y fuerza.

La canción mantiene su energía e intensidad. No podemos decir lo mismo del video-clip.



En 1986, Stallone estrenó Cobra. Tomando como punto de partida la novela Fair Game, de Paula Gosling, Sly escribió un guión en el que volcó la misma crudeza que en sus dos anteriores films. Sin embargo, estos elementos ya formaban parte del ADN del policíaco. Cobra funcionó razonablemente bien en la taquilla pero no dejó de ser una variante del cine de Charles Bronson. Esta es una película producida por la Cannon Group, legendaria compañía fundada por Menahem Golan y Yoram Globus que se había aupado como marca referencial en el cine de acción de serie B. Stallone decidió asociarse con los productores para hacerle subir un escalón a la compañía. No podemos decir que esta decisión fuera un éxito.

La cinta, nuevamente dirigida por George Pan Cosmatos, incluía en el reparto a la por entonces esposa de Stallone, Brigitte Nielsen, quien repetía tras un pequeño papel en Rocky IV. Es precisamente en una escena en que se la ve trabajando como modelo cuando suena otro clásico ochentero compuesto para la ocasión: "Angel of the City", tema compuesto e interpretado por Robert Tepper.


23 de junio de 2017

Canciones en la filmografía de Sylvester Stallone (II)


Seguimos repasando la carrera de Stallone con la primera de las secuelas de Rocky. El éxito del primer film convertía en segura la continuación de las andanzas de Rocky Balboa. El esperado combate de revancha entre Apollo Creed (Carl Weathers) y "El Potro Italiano" era algo que no se le podía negar al público y así fue como Stallone, mientras trataba de probarse a sí mismo en el género dramático con películas como La Cocina del Infierno (Paradise Alley, 1978) y F.I.S.T. (1978), halló el momento para escribir, dirigir y protagonizar Rocky II, estrenada en junio de 1979. La película se colocó entre las tres cintas más taquilleras del año y, a partir de se momento, Stallone decidió abrazar su futuro en el cine de acción. 

En esta película, Stallone decidió añadir a la banda sonora de Bill Conti un tema original compuesto e interpretado por su hermano Frank, quien ya había realizado un cameo como actor en la primera Rocky. Esta colaboración la veremos reproducida unas cuantas veces más a lo largo de los años. El tema lleva por título "Two Kinds of Love" y podemos ver a Frank Stallone interpretándolo mientras Rocky lleva en brazos a Adrian en su camino a casa después de casarse.


El recorrido continúa ya en los ochenta cuando Stallone trata de seguir obteniendo rendimiento a la franquicia con el estreno de Rocky III (1982). El esquema se mantiene reservándose su triple papel como director, guionista y protagonista. Lo único que cambió fue la fallida de United Artists tras el batacazo de La Puerta del Cielo (Heaven's Gate, 1980). Con este film se dio el punto de partida a la alianza entre lo que quedaba de United Artists y Metro Goldwyn Mayer.

En esta tercera entrega, Stallone debía seguir subiendo la fuerza de la amenaza y decidió colocar a Rocky ante la tesitura de enfrentarse a una bestia humana, egocéntrica y devastadora, llamada James "Clubber" Lang (Mr. T). La derrota ante él, amplificada por la muerte de su veterano entrenador, Mickey Goldmill (Burgess Meredith), conducía al espectador ante un tercer acto en que presenciábamos como el protagonista recuperaba la intensidad y la rabia que le hizo campeón por primera vez de la mano de quien fue su gran nemesis: Apollo Creed. Esa mirada agresiva encontró el mejor acompañamiento posible en la canción "Eye of the Tiger", una pieza que con los años se ha convertido en un himno de referencia a la hora de despertar motivación y fuerza. La canción compuesta por los miembros principales de Survivor, Jim Peterik y Frankie Sullivan, fue nominada al Oscar aunque ese año la victoria se decantó hacia "Up Where We Belong" de la película Oficial y Caballero (An Officer and a Gentleman, 1982). "Eye of the Tiger" sigue siendo una maravilla y no ha perdido ni un ápice de épica. No podemos decir lo mismo de su videoclip.


En la misma película, hay dos temas más compuestos e interpretados por Frank Stallone: "Pushin'" y "Take You Back". Este último tema que puede escucharse cuando Rocky llega al viejo barrio de Apollo en Los Angeles, volvió a aparecer en más películas de la saga, siendo reversionado por otros artistas.

Seguimos en 1982 puesto que en ese año se estrenó un film que precipitaría el nacimiento de la segunda gran franquicia en la carrera de Stallone. Se trata de Acorralado (First Blood, 1982), la primera aparición del boina verde John Rambo en la gran pantalla. La película partía de una novela escrita diez años antes por David Morrell. A lo largo de este tiempo, grandes estrellas masculinas se habían asociado con la película (Steve McQueen, Clint Eastwood, Paul Newman, Al Pacino, Robert de Niro, John Travolta, Nick Nolte, Michael Douglas) pero la llegada de los productores Mario Kassar y Andrew G. Vajna y, sobre todo, la del director Ted Kotcheff condujeron a la contratación de Sylvester Stallone. Todos coincidían en que la película debía ser más testosterónica de lo que sugería el primer guión de Michael Kozoll y William Sackheim. Así fue como el propio Stallone reescribió el libreto y añadió secuencias de más crueldad. El resultado fue claro: 125 millones de recaudación sobre un presupuesto de 15.

La banda sonora fue compuesta por Jerry Goldsmith, uno de los grandes maestros de la música cinematográfica. De su inspiración surgió un tema principal heroico y emotivo que con la entrada de Hal Sharper como letrista se convirtió en "It's a Long Road", una canción finalmente interpretada por Dan Hill. El tema instrumental acompaña el desarrollo de la cinta mientras que la canción irrumpe en los títulos de crédito. Un esposado Rambo avanza hacia un destino incierto escoltado por su antiguo mentor, el coronel Sam Trautman (Richard Crenna).


22 de junio de 2017

Canciones en la filmografía de Sylvester Stallone (I)


El cine de acción suele estar en la cola en cuanto a las preferencias de los pomposos y aposentados críticos de ayer y de hoy. Me veo en la necesidad de recordar que, en el momento de su estreno, Depredador (Predator, 1987), fue vilipendiada por esa misma casta endiosada de analistas. No obstante, su influencia no fue determinante y el público se encargó de reivindicar el film en taquilla provocando que, años después, algunos de esos mismos críticos tuvieran que rectificar sus apreciaciones excusándose en el hecho de que habían visto copias no editadas del film de John McTiernan en los pases de prensa. Depredador no tardó en convertirse en un film de referencia dentro del género de acción y ciencia ficción, consiguiendo un reconocimiento unánime que aunque tardío fue absolutamente necesario. Otros clásicos del género corrieron una suerte similar: Acorralado (First Blood, 1982), The Terminator (1984) y La Jungla de Cristal (Die Hard, 1988).

La industria del cine se sustenta en un modelo económico que se ha ido modulando a lo largo del tiempo hasta consolidarse definitivamente con el surgimiento de los blockbusters en los años 70. Los estudios distribuyen cada año una serie de películas que incorporan los atractivos suficientes para convertirse en grandes éxitos de taquilla. El acierto o el fracaso depende de muchos factores y siempre hay varios títulos, en cada curso, que se acaban convirtiendo en sonoros descalabros. No obstante, las majors acostumbran a colocar al menos un título cada una en el top ten de taquillaje. Estas películas, cuya calidad oscila entre el cine palomitero autoconsciente y la excelencia de gran presupuesto, permite que la industria siga funcionando pues genera recursos suficientes para el sostenimiento del sistema audiovisual. Tanto es así, que una parte de las ganancias revierte en las filiales menores que dependen de los grandes estudios, asegurando así la producción del 80% del cine independiente americano.

Una parte significativa de los grandes rendimientos de la industria han procedido tradicionalmente del cine de acción. Actualmente, son las grandes franquicias las que aportan más al sistema pero en el cine de los 70 y 80 la acción ofreció títulos triunfadores que poblaban las carteleras y llenaban las salas. Una figura emblemática de este escenario es Sylvester Stallone. El neoyorkino ejemplificó. una vez más, que la falta de talento puede ser superada por el trabajo duro y la voluntad. Tras varios trabajos residuales en películas de baja repercusión e intervenciones eventuales en series de televisión, Stallone consiguió convencer a los productores Irwin Winkler y Robert Chartoff de que el guión que había escrito sobre un modesto boxeador de Philadelphia a quien se le presenta la oportunidad de luchar por el título mundial, podía ser un film importante.

El estreno de Rocky (1976) cambió el destino de este humilde actor y le encaminó hacia una carrera de éxitos en el cine de acción. El género estaba conectando con el público de forma insólita y generó una bolsa de recursos que era necesario explotar cada año con varios títulos. A lo largo de la década de los 80, ese interés se vio incrementado con el inicio de lo que se denominó el "culto al cuerpo". En la América de Ronald Reagan, el bienestar de las familias de clase media estaba subiendo y la posibilidad de ir a un gimnasio, de forma regular, ya no era algo que perteneciera a las élites. Además, la inseguridad en barrios marginales de las grandes ciudades generó una sensación de pánico que la gente conseguía aliviar viendo como los héroes de la pantalla eran capaces de despachar a los villanos de turno de la forma más aplastante posible.

En este lapso temporal, Stallone se convirtió en el número 1 y ni siquiera la irrupción de Arnold Schwarzenegger, a partir de 1982, consiguió sacarle de esa privilegiada posición durante varios años. La contundencia, la visceralidad y la violencia testosterónica eran elementos cruciales en esta etapa del cine de acción y se ha hablado mucho de ello pero lo que pretendo mostrar, en este artículo, es otro de los elementos que pareció distinguir esta fase del género de acción: las canciones originales.