9 de desembre de 2022

El Amante de Lady Chatterley (Lady Chatterley's Lover, 2022)


Un artículo de Juan Pais

Tal y como escribe en una carta, Connie Chatterley "sabía que la guerra nos cambiaría a todos, pero no hasta qué punto". Todas las ilusiones de la joven se ven trastocadas cuando su marido, Clifford, regresa discapacitado del frente. Instalados en Wragby Hall, la mansión campestre de su familia política, Connie se siente resignada a una vida opulenta pero insatisfactoria sexualmente. Una fotografía brumosa, en la que se utiliza un filtro azulado, subraya esa frustración. Solo los vestidos coloridos y vaporosos de Lady Chatterley y la vivacidad de Emma Corrin aportan luz a un ambiente opresivo.

El paso del tiempo solo consigue llevar a Connie a una situación de agotamiento nervioso, agudizada por el desencanto que también padece Clifford. Además de sufrir por estar postrado en una silla de ruedas, el antaño oficial del ejército británico se decepciona cuando sus tentativas literarias fracasan. Esto le deprime, lo que incide en el matrimonio. Vivir en Wragby Hall es hacerlo en una jaula dorada para Connie. La exuberante naturaleza que rodea a la mansión parece llamarla, tentarla.


Es entonces cuando en la vida de los Chatterley aparece Oliver Mellors, el nuevo guarda. La primera vez que Connie lo ve se baña desnudo, aludiendo directamente la película a la líbido de la mujer. No tardan en convertirse en amantes, y la pasión inicial se transforma en genuino amor cuando advierten la afinidad de sus espíritus. Oliver no es un hombre rudo, sino un teniente que tras la guerra aceptó el empleo en la finca, impropio de su rango, para poder vivir en paz apartado del mundo. Es sensible y comprensivo con Connie, una suerte de alma gemela.

Con esta historia de pasión y adulterio, la publicación en 1928 de El Amante de Lady Chatterley supuso un escándalo colosal. El autor, D.H. Lawrence, sufrió innumerables críticas por parte de los elementos bienpensantes de la sociedad; de hecho, la obra fue prohibida hasta 1960. Tal fue el desprecio e incluso la persecución padecidas por Lawrence que vivió muchos años en el exilio. En El amante de Lady Chatterley la historia de amor tiene como trasfondo el contraste entre la sociedad rural del pasado y la industrial del futuro, evidenciando los defectos de la primera, el rígido clasismo, y la segunda, la deshumanización.


De la mano de Netflix llega esta adaptación firmada por Laure de Clermont-Tonnerre. De las numerosas precedentes, esta es la que más cambios realiza sobre el libro, especialmente en lo referido al empoderamiento de Connie, sin que por ello deje de ser fiel a la obra de Lawrence. También puede considerarse la adaptación más ambiciosa artísticamente. Uno de los elementos que la favorece es la química entre los sobresalientes actores, Jack O'Connell, protagonista de la estupenda '71, y la pujante Emma Corrin. Junto a ellos, Matthew Duckett, en el difícil personaje de Clifford Chatterley, y una anterior intérprete de Connie Chatterley, Joely Richardson, que encarna en esta ocasión a la señora Bolton, enfermera de Clifford.

Casi una hora transcurre hasta el primer contacto sexual entre los amantes, una escena realista y carnal, cuyos primeros planos rompen la nebulosidad de las imágenes como consecuencia de la alegórica eclosión de luz. Es relevante que cuando Connie vuelve a casa se encuentra con la puerta cerrada, que representa la definitiva separación de Connie de su marido y de la formalidad aristocrática en la que vivía. Seguirán otras escenas rodadas con un lírico sentido del erotismo. Además de hacer el amor, la exultante pareja juega desnuda por el campo, corriendo y persiguiéndose entre risas, ajena a cualquier formalidad o etiqueta. La consumación de su amor implica una liberación personal integrada en una exaltación del primitivismo bucólico.


Clifford, el marido de Connie y tercer vértice del triángulo, es un personaje interesante. Como amante es prácticamente inédito para Connie — partió al frente inmediatamente después de casarse —, pero como marido la decepciona por su clasismo e hipocresía. Es el propio Clifford quién la anima a buscar un amante, pero se enoja cuando descubre que es el guarda de la finca. Progresivamente, la amargura lo convierte en un ser cerrado y obtuso. Una escena con una nítida carga simbólica ejemplifica certeramente esto último: Clifford asciende con una silla motorizada por una pequeña ladera, pero su impericia a los mandos provoca el desastre. Oliver y Connie tratan de ayudarle, pero él se resiste, obcecado en su necedad. La unión de los amantes frente al aislamiento de Clifford es evidente.

El amante de Lady Chatterley ofrece algo que siempre resulta genuinamente emotivo: una pasión que transgrede normas y conveniencias en una suerte de idealismo romántico. La lujuria, explícitamente descrita, es muy relevante por sí misma, pero también por ser la llave que abre el corazón de los personajes. En esencia El Amante de Lady Chatterley es, tal y como explica la sabia y comprensiva señora Bolton, una historia de amor.