6 de mayo de 2011

Un taxi espera bajo la penumbra de la noche

Un taxista cumple su cometido por las calles de Nueva York ejecutando el papel de siniestro cronista de las bajezas que el ser humano es capaz de perpetrar al amparo de la noche. Lo que para muchos representaría una ardua penitencia, para él es como un experimento sociológico. Encuentra en esta actividad una conexión con su faceta más oscura y oculta. A lo largo de sus trayectos por la ciudad va aumentando, inconscientemente, una psicopatía presente en lo más profundo de su ser.

A partir de aquí todo va encajando. Apoya a un político demagogo como forma de acercarse a una mujer y, al ser rechazado por ésta, inicia una orgía de violencia y destrucción que no es más que el reflejo de un temperamento criminal que pugnaba por salir.

El taxi es una criatura de la noche en sí misma. Surge de la niebla con dos grandes faros que son como antorchas frente a la degradación patente.

Estoy hablando de Travis Bickle, un fracasado que exorciza sus demonios sacando su faceta más violenta y radical. Un hombre que, en su profunda psicopatía, cree haber sido investido para oponerse a los comportamientos viciosos abanderando la causa de una justicia que no cabe en ningún código deontológico. Un personaje apasionante que admite muchas lecturas porque Bickle es cualquier cosa menos simple. La complejidad de este personaje nos puede permitir reflexionar sobre ello. Os invito a participar en la discusión.