10 de noviembre de 2010

Una luz en la oscuridad


Un vampiro que ha optado por vivir al margen de los suyos, deambula por las calles de Nueva Orleans soportando el enorme peso de una existencia inmortal que le atormenta. Los años pasan pero él se mantiene indemne al devenir del tiempo.

Obligado a vivir en la penumbra, encontrará en una sala de cine la posibilidad de observar como evoluciona el mundo y, especialmente, podrá ver amanecer de nuevo. Un placer para los sentidos que él ya nunca podrá experimentar en la realidad.

Así es como Louis de Pont du Lac (Brad Pitt) hallará la luz en la oscuridad.

Una reflexión que puede trasladarse a la realidad porque el cine tiene una propiedad mágica que es uno de sus mayores alicientes: meternos dentro de situaciones que nunca viviremos, que nunca experimentaremos; ir más allá de nuestros propios sueños, y sumergirnos en mundos que se encuentran fuera de nuestro alcance.

El cine nos permite desconectar, emocionarnos e irritarnos. Puede despertar toda clase de emociones en nosotros. Una luz en la oscuridad puede ser nuestra guía en un viaje a lo desconocido.