25 de mayo de 2009

Lobezno se merece otra oportunidad


Tras ver X-Men Origins Wolverine me invade la sensación de haber presenciado un producto light, desapasionado, rutinario, y muy parecido a la última entrega de X-Men: The Last Stand. Muchos personajes, desaprovechados casi todos ellos, argumento a priori interesante, pero realización y desarrollo que no está a la altura de lo esperado.

No se puede decir que esta película que nos narra los orígenes de Lobezno sea un bodrio. No es ni mucho menos lo que fue Ghost Rider, Daredevil, o Elektra. Pero sólo es correcta, consigue un aprovado justo y no es lo que se esperaba para hacer justicia a uno de los superhéroes más emblemáticos de Marvel que, además, cuenta con una de las mejores génesis que se han concebido en la historia del comic.

Pero el proyecto lo desarrolló David Benioff, guionista incapaz de llevar adelante propuestas ambiciosas (ya se vio con Troya). Su libreto no acabó de gustar pero, en vez de sustituirlo por completo, Lauren Schuler-Donner decidió mantenerlo y sólo reescribirlo, tarea de la cual se encargó Skip Woods. El resultado es que ni uno ni el otro han estado a la altura a la hora de concebir un argumento sólido y completo. Para acabar de rematar la faena, los productores decidieron encomendar la dirección al surafricano Gavin Hood que, además de ser una fuente inagotable de problemas durante el rodaje debido a su incapacidad para dirigir proyectos de gran presupuesto, entregó un montaje desestructurado que era aún peor que el resultado final, obtenido gracias a una serie de escenas adicionales rodadas en enero de este año.

Hugh Jackman ha demostrado ser un gran Lobezno cinematográfico a lo largo de cuatro interpretaciones, pero como productor se ha equivocado al permitir que una película en la que tenía el absoluto protagonismo no haya llegado a trascender como podía haber sido. Desde su puesto en la producción del film, debió ver que este argumento no era lo suficiente bueno y, si no ha sido capaz de detectarlo, es que quizá sería mejor que centrara su atención únicamente en la actuación. Los que hayan visto la película La Lista, también producida por Jackman, se haran una idea más clara de lo que pretendo decir.

El inicio de la película es bueno, sobretodo por la sucesión de imagenes que acompaña a los títulos de crédito, en donde conocemos, en poco tiempo, la forja de los personajes de Lobezno y Sabretooth (Liev Schreiber) a lo largo de cuatro guerras (guerra civil americana, primera y segunda guerra mundial, y Vietnam). Podemos ver rapidamente que Logan es duro pero noble mientras que su hermano, Victor Creed, es un psicópata ávido de sangre. La primera aparición de William Stryker (Danny Huston) mantiene el tipo pero cuando se nos muestra al Team-X, la cosa empieza a decaer.

Como decía antes, hay demasiados personajes que entran y salen y que obviamente no tienen espacio para destacar. Eso es especialmente grave con un mutante muy importante en la saga X-Men. Se trata de Remy LeBeau alias Gambito (Taylor Kitsch). El tratamiento que se le da en el film es demasiado mediocre y practicamente hipoteca el futuro fílmico del personaje. Aunque quizá esto no sea malo, porque en el futuro se puede buscar una nueva propuesta que tenga a Gambito como protagonista y eso puede permitir encontrar a un actor más idoneo. Mi amigo Xavi y yo siempre hemos estado de acuerdo en que Josh Holloway (Sawyer en Lost) ha nacido para dar vida al superhéroe cajún.

Siguiendo con el razonamiento que estaba conduciendo al análisis de esta película, sólo cabe decir que el personaje de Lobezno puede y debe tener una nueva oportunidad. Ya se ha dado luz verde a una secuela y esperemos que en ella los implicados, con Hugh Jackman a la cabeza, sí sepan ver lo que es necesario para lograr una película que pueda estar en condiciones de obtener un 8 en valoración y no un 5 que es lo que yo considero que, a duras penas, consigue X-Men Origins Wolverine.