27 de septiembre de 2016

Buscando a Dory (Finding Dory, 2016)

Un artículo de Jaume Figa.


Hay dos maneras de hacer secuelas de películas. Bueno, seguro que existen otras, pero generalizando un poco, creo que con dos, basta. El prototipo de la primera sería Solo en Casa 2 (Home Alone 2: Lost in New York) o, incluso, la última entrega de Star Wars: tienes una historia que ha sido un “bombazo” de taquilla y, por lo tanto, hay que aprovechar el “tirón” para realizar una especie de remake cambiando ambientes y personajes, añadiendo efectos especiales más espectaculares –si lo pide la evolución cinematográfica– y lo pintamos de una nueva historia. Incluso, si no le pones el número al final, mejor…

El otro modelo es el que –con mayor o menor acierto, todo hay que decirlo– ha practicado ya unas cuantas veces Pixar: tengo una película de gran éxito de crítica y público, pero voy a dejarla reposar y esperaré a tener OTRA gran historia. No es un remake, sino que quiero aprovechar los personajes ya conocidos para contar su historia. Y, si me convence, la cuento. Si no, ahí se queda… Y ahí han estado, esperando en el baúl de los recuerdos, dos grandes éxitos como Los Increíbles (The Incredibles, 2004) –que tendrá su secuela en 2019– y la que nos atañe: la historia de Nemo, Marlin y Dory, que vio luz en el ya lejano 2003, renace hoy con la increíble –nunca mejor dicho– Buscando a Dory (Finding Dory, 2016).

Ha pasado un año de la aventura por la tuvieron que pasar Marlin y Dory para encontrar a Nemo. Viven tranquilamente, pero la diminuta memoria temporal de Dory va haciendo de las suyas: con pequeños flashes va recordando momentos muy concretos de su vida pasada que le dicen que tiene familia: un padre y una madre que quizás le estén esperando de vuelta… al otro lado del océano, en California. Pero ese es un viaje al que no puede hacer frente sola. Aunque Marlin –tan miedoso y sobreprotector como le conocemos– no está dispuesto a volver a pasar por otra aventura similar… ¿alguien se puede no dejar vencer por un corazón con [patas] aletas como Dory? Como decimos en catalán: “dit i fet” (algo así como: “manos a la obra”).

Y Pixar sorprendió otra vez: You still alive! Yes! Una vez más nos hace disfrutar de una historia que yo no llamaría secuela.

Desde el minuto uno, esos ojones grandes –a la altura de su corazón– de una Dory niña te mantienen enganchado en la butaca y a partir de ahí, la historia corre que da gusto. Por supuesto, volvemos a encontrarnos con personajes de la primera entrega como las tortugas marinas, la raya-maestro o los compañeros de escuela de Nemo, pero esta vez conoceremos antiguos amigos de Dory –que, por supuesto, ella no recordaba–: una ballena beluga y un tiburón ballena, o el simpático gruñón pulpo Hank, unos leones marinos, un pájaro zarrapastroso… Como sucedía en la magistral Toy Story 3, son muchos los personajes secundarios que entran en juego para el gran clímax, pero esta vez, algunos –a pesar de su condición de secundarios– están muy bien perfilados. No es quitar mérito a la tercera parte de Toy Story –sin duda superior–, pero se ve que los de John Lasseter han madurado y Andrew Stanton –guionista y director– se supera, después del torpe bache de John Carter.


Y lo bueno de crear un nuevo capítulo –que de eso se trata en Buscando a Dory– es que partes con unos personajes ya conocidos y que, por lo tanto, el espectador ya los conoce. Así, la historia va rápidamente “al tajo”, no se va por las ramas. Y, además, aquí tampoco se pierde en el guion: es claro, bien hilvanado y cerrado. Un diez.

Y se superan, también, en la cuestión técnica. Con Buscando a Nemo, Pixar tenía el reto de hacer real el agua del océano. Lo consiguieron. Aquí, lo bordan. Y, para disipar cualquier tipo de prejuicio al respecto, primero te muestran el magnífico cortometraje Piper, de Alan Barillaro –animador que ha trabajado en unos cuantos de los grandes filmes de la compañía–, con el que Pixar trabaja el impresionante fotorrealismo.

Y los números no empezaron nada mal para la compañía: el estreno animado más grande de todos los tiempos. Pero eso no es suficiente: también Minions fue un gran éxito de taquilla y en cambio está muy lejos de ser una obra maestra. Lo grande de Buscando a Dory es que pasa a ser una de las grandes de Pixar. 

Y sí: me gusta mucho Pixar. Pero es que… ¡son buenos! Por eso, le digo una de las frases clave de la película, en inglés: You did It! Please: Just keep swimming…

Habrá que verla para saber por qué…

Las cifras de recaudación finales redondean espectacularmente los buenos resultados artísticos: Finding Dory lidera provisionalmente la clasificación de las películas más taquilleras del año en Estados Unidos con 484,2 millones de dólares. En el box-office mundial, la película ocupa la tercera posición provisional con 969,8 millones. Solo ha sido superada por dos filmes también distribuidos por Disney: Captain America Civil War y Zootopia.

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