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13 de desembre del 2023

Crítica doble: Killers of the Flower Moon (2023). La visión de Mike Sanz


En 1920, Ernest Burkhart vuelve del frente de la Primera Guerra Mundial a Estados Unidos y se instala en un remoto pueblo de Oklahoma para buscar fortuna en la emergente industria petrolera. Allí mismo, su tío, el terrateniente Bill Hale, traza un plan infalible: va a casar a Ernest con Mollie, una de las nativas Osage que más pozos petrolíferos posee. Con los años, Hale se sirve de sus secuaces para asesinar a los Osage y que el oro negro quede en manos de su familia de supremacistas blancos.

Los Asesinos de la Luna (Killers of the Flower Moon) es una de las películas más esperadas del año y, desde luego, se trata de uno de los mejores filmes de 2023. La expectación no podría ser mayor, pues se trata de la nueva colaboración de Martin Scorsese y Leonardo DiCaprio tras la soberbia El Lobo de Wall Street (The Wolf of Wall Street), hace una década. Es más, supone la primera vez que el titánico director reúne a sus dos actores de cabecera, el mentado DiCaprio y el legendario De Niro. La película sigue el guion del oscarizado Eric Roth (Forrest Gump) y mezcla el imaginario del western crepuscular con los códigos del cine negro, por el que tanto recordamos a Scorsese, en un ejercicio monumental de memoria histórica. Se recrea un episodio que ejemplifica uno de los dos pecados fundacionales de los Estados Unidos, es decir, el genocidio de los nativos americanos.


En Los Asesinos de la Luna, el personaje de Robert De Niro urde una compleja trama criminal de extorsión, chantaje y asesinato para hacerse con las tierras ricas en petróleo que están en manos de la tribu Osage en la Oklahoma rural. Se sirve de su sobrino, el Ernest Burkhart que DiCaprio interpreta con brillantez y un sentido homenaje al Marlon Brando de El Padrino (The Godfather). Ernest Burkhart es un paleto retorcido, manipulable y psicópata que bien podría haber salido de una novela de Jim Thompson. La contrapartida de esta pareja criminal queda representada por la Mollie Burkhart de Lily Gladstone (First Cow), una joven actriz capaz de darles la réplica a DiCaprio y De Niro en un ejercicio de contención nada desdeñable.

En el último tramo de la película se desarrolla el relato policiaco como tal, con la investigación del emergente FBI que representa el personaje de Jesse Plemons (que ya trabajó con Scorsese en El Irlandés). Por si quedaba un atisbo de duda, Plemons vuelve a demostrar que es uno de los grandes actores de reparto de nuestra era con un personaje que aporta humanidad al relato y eclipsa las breves intervenciones de veteranos como John Lithgow y Brendan Fraser, ya oscarizado por La Ballena (The Whale).


La narración de Martin Scorsese es magistral, puesto que se apoya en el prodigioso montaje de Thelma Schoonmaker (su colaboradora más preciada) para guiarnos por los entresijos de la corrupción sistemática, la ambición desmedida y la violencia sin concesiones que marcan esta historia negrísima de casi cuatro horas de metraje. También se ha de destacar la sencilla pero eficaz banda sonora de otro sospechoso habitual de las películas de Scorsese: el compositor Robbie Robertson, a quien está dedicada esta obra, pues falleció antes de poder verla terminada. Los Asesinos de la Luna es un clásico inmediato, una película fascinante donde las temáticas que marcan la filmografía de un director genial se entremezclan con la memoria histórica estadounidense y el western revisionista.