3 de octubre de 2016

Epílogo: Eyes Wide Shut (1999), de Stanley Kubrick

Un artículo de Juan Pais.

"Fue en el Wörthersee, muy poco antes de prometernos. Una hermosa noche de verano había un guapo joven ante mi ventana, que daba sobre un prado grande y extenso; hablábamos y, durante esa conversación, yo pensaba: qué joven más agradable y encantador… sólo tendría que pronunciar una palabra, que desde luego tendría que ser la adecuada, y saldría a reunirme con él y me iría a donde él quisiera… quizá al bosque;… o más hermoso aún sería irnos en barca por el lago… y esa noche podría conseguir de mí todo lo que me pidiera. Sí, eso pensaba… Pero aquel joven encantador no pronunció esa palabra; me besó delicadamente la mano… Y a la mañana siguiente me preguntaste si quería ser tu mujer… y yo te dije que sí."
Relato soñado, de Arthur Schnitzler.


El anuncio en 1996 de una nueva película de Stanley Kubrick causó sensación en la comunidad cinematográfica, habida cuenta de que el realizador neoyorquino estaba considerado uno de los mejores de la historia. El hecho de que su anterior producción, La Chaqueta Metálica (Full Metal Jacket, 1987), se rodase casi diez años antes no hacía más que aumentar la expectación hacia la que nadie pensaba que iba a ser la última película de Kubrick.

El cineasta neoyorquino tenía 68 años y su filmografía (muy corta, apenas 12 películas hasta entonces) había sido analizada con la meticulosidad y pasión con la que él rodaba sus filmes. Obras maestras como Atraco Perfecto (The Killing, 1956), Senderos de Gloria (Paths of Glory, 1957), Espartaco (Spartacus, 1960) o 2001 (1969) conformaban una carrera distinguida por la calidad y la innovación que había provocado el entusiasmo de sus admiradores pero también el desdén de detractores que le consideraban un director pretencioso y sobrevalorado.
Precisamente La Chaqueta Metálica, la anterior película de Kubrick, había sido recibida con disparidad de opiniones. Prevalecían las que vieron en ella uno de los mejores acercamientos cinematográficos a la Guerra de Vietnam pero muchos críticos opinaron que era una de las más flojas películas de su director. Los seguidores de Kubrick esperaban que no fuese su última película, aunque dada la reserva e imprevisibilidad con la que se desarrollaba su carrera, no podía saberse qué haría después de La Chaqueta Metálica.



Relato Soñado (Traumnovelle)  fue la respuesta. Esta novela de 56 páginas (fácilmente encontrable en Internet), escrita por Arthur Schnitzler, y publicada en 1926 se desarrolla a finales del siglo XIX en la Viena romántica. En ella se narra el deterioro de una pareja perteneciente a la burguesía y explora la ambivalencia del aparentemente feliz matrimonio, contraponiendo las fantasías amorosas de la mujer con las aventuras reales de él.

Una noche, el doctor Fridolin y su mujer, Albertina, recuerdan sus vacaciones del año anterior en Dinamarca, confesándole ella que en aquellos días se sintió atraída por un joven militar. Esa misma noche, un impresionado Fridolin es llamado para atender a un enfermo en su domicilio, al que encuentra ya muerto. Marianne, la hija del fallecido, trata de seducir al doctor pero éste, muy sorprendido, la rechaza, como también lo hace con una prostituta que le ofrece sus servicios. La noche aún tiene que darle más sorpresas a Fridolin, que está viendo como la base moral de su vida burguesa se resquebraja.

Nachtigall, un viejo amigo con el que se encuentra, le habla de una sociedad secreta para la que va a tocar el piano esa noche en una residencia privada. Un intrigado Fridolin se hace con un disfraz y una máscara y acude a la casa, donde le perturba ver a otros invitados disfrazados teniendo sexo con mujeres desnudas que sólo llevan máscaras. Una mujer le advierte que se vaya pero Fridolin no lo hace. Al ser descubierto, dicha mujer pide ser sacrificada en lugar del doctor.

Cuando Fridolin llega a casa, Albertina le confiesa que en sus fantasías con el militar danés, él era torturado y crucificado ante sus ojos sin que ella se alterase por ello. Muy alterado, el doctor cree que eso prueba que su mujer quiso traicionarle, y abandona el hogar para entregarse a la búsqueda del placer sexual. Sin embargo, no sólo el sexo, también la muerte, le van a acechar desde ese momento.

A Kubrick le fascinó Relato Soñado desde que lo leyó, en la década de los sesenta, considerándola una estupenda base para hacer una película sobre las relaciones sexuales. Tenía pensado que fuese la película que rodase después de 2001: Una Odisea en el Espacio, pero surgió la oportunidad de filmar la adaptación de la novela La Naranja Mecánica (A Clockwork Orange, 1971), de Anthony Burgess, y aparcó el proyecto, aunque con la esperanza de poder llevarlo a las pantallas algún día.


Es en los años noventa cuando Kubrick vuelve a Relato Soñado (Traumnovelle). Trabaja junto a Frederic Raphael en la adaptación, que consistió fundamentalmente en trasladar la ambientación de la Viena del XIX a la Nueva York de un siglo más tarde. En su libro Eyes Wide Open, Raphael relata la experiencia de colaborar con Kubrick. Según Raphael, a pesar de que los personajes de la obra de Schnitzler eran judíos, Kubrick insistió en que fueran americanos whasp, para que ningún detalle provocase presunciones. Raphael, que confirma la fama de raro y maniático de Kubrick, también explica que para la película se barajaron títulos como You and Me y The Female Subject, eligiendo el director el definitivo.

Terry Semel, presidente de Warner Brothers, aprobó el proyecto y empezó el proceso de preproducción. Seleccionar a los actores fue el primer paso. Semel animó a Kubrick para que contratase a estrellas, ya que no había trabajado con ninguna desde que dirigió a Jack Nicholson en El Resplandor (The Shining, 1980). Así, Kubrick, que tenía pensado que los protagonistas fueran matrimonio en la vida real, ofreció los papeles del Dr. Hartford (el original Dr. Fridolin) y su mujer, Alice (Albertina), a Tom Cruise y Nicole Kidman, después de que hubiese considerado a Alec Baldwin y Kim Basinger.



El rodaje se desarrolló a lo largo de 400 días, lo que lo convierte en el más largo de la historia del cine, y así consta en el Libro Guinness de los records. Además de en los estudios Pinewood (donde se construyeron réplicas de las calles neoyorquinas), diversas localidades inglesas fueron utilizadas para la filmación. Por ejemplo, la mansión Elvendel Hall, en Suffolk, fue el escenario elegido para las escenas de orgía, y la clínica Gower Street Practice albergó la consulta del Dr. Hartford. Kubrick se negaba a volar y la ambientación neoyorquina se resolvió enviando a la segunda unidad para que rodara planos de situación en la Gran Manzana.

El extremo perfeccionismo de Kubrick provocaba una y otra vez la repetición de muchas tomas, algo nada raro en su forma de dirigir. En sus películas todo parece formar parte de un plan. Nada es desdeñado por minúsculo o intrascendente. Hay muchas referencias a su meticulosidad, desde filmar 95 tomas de Tom Cruise atravesando una puerta hasta hacer que la pareja durmiese en la cama de sus personajes. Algunos actores acabaron hartos, como Harvey Keitel, la primera opción para el papel de Victor Ziegler, el millonario amigo del Dr. Hartford. Fue reemplazado por Sydney Pollack, rumoreándose que éste fue una imposición de la productora, que viendo la dilatación del proyecto, había barajado la posibilidad de despedir a Kubrick y pedirle a Pollack que dirigiese la película. También Jennifer Jason Leigh abandonó el barco, siendo sustituida por Marie Richardson.



El estreno norteamericano de Eyes Wide Shut tuvo lugar el 16 de julio de 1999 y constituyó un gran éxito de taquilla, siendo la primera película de Kubrick en alcanzar el número 1 en la taquilla. En gran medida, el éxito comercial se debió no sólo a la presencia de Cruise, entonces en el cénit de su carrera, sino también al haberse censurado escenas de desnudos que hubiesen obtenido la temida calificación NC-17. La recepción crítica fue muy positiva, destacándose la complejidad, la madurez y el misterio de Eyes Wide Shut.

Sin duda, nos encontramos ante una película muy inteligente y sincera. Como es habitual en el cine kubrickiano, la elegancia de la puesta en escena y la perfección técnica arropan a una profunda e implacable disección de psicología humana, la del Dr. Bill Hartford, un moderno Leopold Bloom que vive una intensa, sobrecogedora y reveladora odisea que le hará descubrir aspectos dormidos de su personalidad y también los lados más oscuros de nuestro mundo, aquellos que le invitan a conocer dos modelos que conoce en la casa de Victor Ziegler y que se ofrecen a acompañarle "más allá del arco iris".



Y es que el cromatismo es muy importante en Eyes Wide Shut. Los colores se utilizan para proporcionar información sobre el estado anímico de Hartford, de cuya mano somos guiados a través de la película. Cuando predomina el color azul, el personaje de Tom Cruise se encuentra ante la incertidumbre, el misterio, y la inquietud. En cambio, cuando aparece el rojo, la tentación y el sexo rodean al buen doctor. La multitud de colores del antes citado arco iris indican la luminosidad de las vidas de los personajes, pero también su hipocresía; de ahí la sugerente invitación de las modelos señalada en el párrafo anterior.


Para lograr un potente efecto dramático en los colores, Kubrick y el director de fotografía, Larry Smith, eligieron una película a punto de ser descatalogada por Kodak – que se comprometió a fabricarla especialmente para la película – que incrementaba el contraste y saturaba los colores. Con ello se logra un aspecto de ensueño, onírico, muy útil para ilustrar la peripecia del Dr. Hartford, atrapado entre la realidad y los sueños.

Conviene también decir que la sofisticación de Eyes Wide Shut también la perjudica. A la hora de describir el mundo oculto que descubre Cruise, hubiese sido adecuado imprimirle un tono más malsano al conjunto. De alguna manera, es una película a la que le falta más suciedad en todos los niveles para resultar totalmente perturbadora. Roman Polanski o Michael Haneke posiblemente hubiesen llegado más lejos, provocando una mayor incomodidad en el personaje y el espectador.


El 7 de marzo de 1999, seis días después de haber mostrado un primer montaje de Eyes Wide Shut al matrimonio Cruise-Kidman y a ejecutivos de la Warner, Stanley Kubrick murió repentinamente en su casa de Hertfordshire. El mundo se sorprendió ante el inesperado deceso de un hombre que todo el mundo creía que gozaba de buena salud (aunque dado el secretismo que rodeaba su vida nada es seguro). Una autopsia determinó que el fallecimiento fue debido a causas naturales, pero no tardaron en surgir hipótesis más o menos delirantes que sugerían el asesinato de realizador por haber desvelado las interioridades de las sociedades secretas; esas teorías conspiranoicas se multiplicaron con la generalización del uso de Internet, como era de prever. Quién sabe, tal vez Eyes Wide Shut le costara la vida a Kubrick.

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