21 de septiembre de 2016

In Memoriam: Curtis Hanson (1945-2016)


Acojo con tristeza la noticia del fallecimiento de Curtis Hanson. Además de construir una carrera interesante como director en Hollywood, Hanson pudo lograr aquello que otros realizadores no consiguen nunca: crear una gran película, dentro de la industria, a través de un proyecto personal.

Eso es lo que ocurrió cuando Curtis Hanson tuvo la habilidad, maestría y tenacidad para llevar al cine la adaptación de la prestigiosa novela de James Ellroy titulada L.A. Confidential. Después de haberse distinguido como un solvente realizador de películas de encargo (Bad Influence, The Hand that Rocks the Cradle, The River Wild), Hanson convenció a los ejecutivos de Warner Brothers y al influyente productor Arnon Milchan, de Regency Enterprises, para que apostaran por su audaz propuesta.

El entusiasmo que el director mostraba en todo el momento contagió a los que podían financiar el proyecto y la apuesta por presentar una nueva visión del neo-noir, acabó cuajando cuando los implicados tuvieron oportunidad de leer el guión que el propio Hanson había escrito en colaboración con Brian Helgeland.

La excelencia del libreto y la confianza que generaba le permitió disponer de 35 millones de dólares de presupuesto que éste utilizó sabiamente para centrarse especialmente en la caracterización. Convenció a actores importantes como Kevin Spacey y Danny De Vito gracias a la calidad del material y lo complementó con dos intérpretes australianos que iniciaban por entonces su andadura en Hollywood: Russell Crowe y Guy Pearce. Rescató a Kim Basinger de la mediocridad ofreciéndole el mejor papel de su carrera y complementó el reparto con veteranos de nivel como James Cromwell y Ron Rifkin. Incorporó también a David Strathairn, tras haber coincidido con él en The River Wild (1993), e incluso hizo debutar a otro joven australiano cuyo nombre era Simon Baker. Le recordaréis mejor si cito el nombre de Patrick Jane, un astuto mentalista que colabora con la CBI (California Bureau of Investigation) en The Mentalist (2008-2015).


L.A. Confidential partía de una magistral obra de James Ellroy, publicada en 1990. Se la considera una novela referencial del neo-noir literario y, por consiguiete, planteaba una gran dificultad de adaptación. Sin embargo, Hanson y Helgeland fueron capaces de mantener la esencia y estructurar la película manteniendo los poderosos golpes de efecto, la violencia y el aura desmitificadora que impregna sus páginas. Al mismo tiempo, aprovecharon bien el giro argumental del tercer acto para dejar a los espectadores anonadados. Un público a quien, no obstante, ya habían sometido a través de una puesta en escena en la que Hanson y sus diseñadoras de producción y vestuario, Jeannine Oppewall y Ruth Myers, recurrieron a la estética glamurosa del Los Angeles de principios de los 50 para recrear una atmósfera que insufla credibilidad desde el inicio hasta la conclusión.

Hanson contrapuso la corrupción y el tráfico de drogas a la honorabilidad y al trabajo policial, incluyendo siempre matices. Esa gradación anti-maniqueísta se ejemplifica especialmente con Ed Exley ya que su rigor protocolario se va mutando a medida que toma contacto con la vida diaria del detective.

Todos los personajes están bien desarrollados y gozan de entidad. El director fue capaz de mantener la contundencia, presente en la obra literaria, y la adaptó para un film que debía atraer al público de forma adulta y realista. Todo en L.A. Confidential exhuma ecos de realidad puesto que se acaba convirtiendo en un reflejo de lo que debe ser la justicia: trabajar en el centro de la acción, conseguir condenas, mezclarse con los ambientes criminales y lograr resultados parciales para después pasar a otro caso. Aquí no hay héroes sino personas de carne y hueso que tratan de sobrevivir haciendo lo que mejor saben.

No sorprendo a mis lectores cuando afirmo que L.A. Confidential es una de mis películas preferidas. En su momento ya hice un recorrido filmico por Los Angeles buscando localizaciones de una cinta que idolatro. La cito con mucha regularidad en reflexiones y opiniones. No obstante, hoy he tenido que volver a ella al conocer la luctuosa noticia. Aunque realizó otros films destacables, Hanson dejó su huella en el celuloide con esta maravilla que obtuvo toda clase de reconocimientos y que le permitió ganar el Oscar en la categoría de mejor guión adaptado, compartiendo honores con Brian Helgeland. Sin embargo, la perspectiva del tiempo vuelve a ser implacable con estos premios ya que no cabe ninguna duda que se cometió una gran injusticia al distinguir a Titanic, en las categorías principales, por encima de una película que recuperaba el aura del cine negro tradicional y lo presentaba remozado a una nueva generación de espectadores. Películas como ésta, en el contexto actual, solo surgen de forma esporádica y debería haber sido reconocida como la mejor del año. Cierto es que la formidable interpretación de Kim Basinger también obtuvo recnocimiento pero, como ha ocurrido en tantas otras ocasiones, el número de galardones se quedó corto teniendo en cuenta el resto de nominaciones que acumulaba.


No comparto la opinión de aquellos que definen a Hanson como un "one hit wonder", al estilo de las bandas musicales de éxito efímero. Creo que construyó una carrera notable con algunos títulos de calidad. No obstante, cuando has realizado una obra maestra y no formas parte de la A-list de directores, resulta difícil volver a ese nivel. En cualquier caso, desaparece un gran creador y un hombre que repartió una inmensa dosis de felicidad a todos aquellos cinéfilos a los que nos apasiona el cine negro.

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