1 de agosto de 2016

Epílogo: Río Lobo (1970), de Howard Hawks

Un artículo de Juan Pais.


Cuando Howard Hawks rodó Río Lobo, en 1969, estaban en pleno apogeo las películas de Sam Peckinpah y el spaghetti western, cine que rechazaba la limpidez moral de las obras clásicas, proponiendo un enfoque más ambiguo. Pese a ello, el realizador rodó una película que desafiaba ese cine sucio y violento, aunque también es cierto que aporta una novedad: en esta nueva fábula hawksiana sobre la integridad personal y la necesidad de unidad comunitaria frente al enemigo nos encontramos con que éste es una pilar importante de la misma, un sheriff corrupto. Hawks se apuntaba a las tendencias desmitificadoras y contestatarias de los años 60, aunque tenuemente: no es el sistema el que está podrido sino uno de sus integrantes.

Howard Hawks tenía 74 años cuando filmó Río Lobo. Su trayectoria abarcaba más de 40 años en los que había frecuentado diversos géneros dejando constancia de su talento y buen hacer. En ese momento no estaba interesado en innovar, sino en profundizar y desarrollar las ideas que habían propiciado sus mejores películas. Con la sencillez que le caracterizaba – y que se reflejaba en su forma sobria de rodar – Hawks consideraba Río Lobo como "una película de John Wayne", actor sobre el que se había creado un arquetipo que Hawks y otros, como John Ford, habían consolidado en sus películas.

John Wayne ya estaba consagrado no sólo como estrella, sino también como arquetipo, como se señala en el párrafo anterior. En los años sesenta había continuado en el candelero gracias a obras maestras como El Hombre que Mató a Liberty Valance y las películas de Andrew V. McLaglen, que prorrogaban su fama en los años 60, cuando los héroes de una pieza como Wayne empezaban a ser cuestionados. En 1970, sin embargo, el protagonista de Río Rojo vivía un momento dulce; su estupendo trabajo en el magnífico western de Henry Hathaway, Valor de ley (True Grit, 1969), le había proporcionado el Oscar al mejor actor, que recibió en una ceremonia celebrada durante el rodaje de Río Lobo. Cuando volvió al plató todo el equipo lo recibió con un parche en el ojo - como el que llevaba Rooster Cogburn, su personaje en la película de Hathaway -, incluido su caballo.


Río Lobo es la tercera película de una trilogía que conforman Río Bravo (1959) y El Dorado (1966), películas en las que los protagonistas defienden a su comunidad, amenazada por unos facinerosos, que tal y como señalábamos antes en esta película son los hombres de un corrupto agente de la ley. Hawks decía que cuando se tiene una buena idea debe volverse sobre ella, opinión que tal vez se discutiese a otros directores pero que al director de La Fiera de mi Niña (Bringing up, Baby, 1938) se le aceptaba, no obstante había dirigido grandes películas. En esta trilogía no es la primera vez que Hawks se repite: Su Juego Favorito (Man's Favorite Sport?, 1964) es un remake de La Fiera de mi Niña, y ambas son sobresalientes comedias.

Para escribir el guión (que partía de una historia de Burton Wuohl) Hawks contó una vez más con su colaborada habitual Leigh Brackett, habitual novelista de ciencia ficción, y autora de los libretos de El Sueño Eterno (The Big Sleep, 1946), Río Bravo (1959) y Hatari (1962). Brackett tuvo que reescribir su guión varias veces: primero, porque Hawks no estaba contento con el que escribió Wuohl, y segundo, porque el coprotagonista inicialmente previsto, Robert Mitchum, declinó aparecer en la película alegando que estaba retirado (John Wayne diría al respecto que desde que conocía a Mitchum, muchos años atrás, éste estaba anunciando su retiro) y su personaje se desdobló en dos, que interpretaron el mexicando Jorge Rivero y el propio hijo del protagonista de Retorno al Pasado (Out of the Past, 1947), Chris Mitchum. Otras fuentes afirman que Mitchum padre no pudo ser contratado por problemas de presupuesto.

El veterano William Clothier, responsable de la fotografía de westerns como El Hombre que Mató a Liberty Valance (The Man Who Shot Liberty Valance, 1962) y El Álamo (1960), dirigida por Wayne, fue contratado para filmar Río Lobo, y Jerry Goldsmith, uno de los músicos más importantes de la historia del cine, compuso la banda sonora en la que destaca la pulcra y romántica melodia a la guitarra de los títulos de crédito.

Tal y como se ha señalado anteriormente, John Wayne se hizo cargo del rol protagonista, el del coronel Cord McNally, perteneciente a la Unión, que al final de la Guerra de Secesión custodia un convoy ferroviario que traslada las nóminas de los soldados. Un día, dicho convoy es asaltado por sudistas al mando del capitán Pierre Cardona (Jorge Rivero) y su ayudante, Tuscarola (Chris Mitchum). Los hombres de McNally no pueden hacer nada para repeler el asalto, que según deduce el coronel tuvo que ser llevado a cabo contando con la complicidad de un traidor que les diera la información necesaria a los sudistas.


Una vez acabada la contienda, McNally se reune con Cardona y Tuscarola y les asegura que no les guarda rencor, puesto que el asalto al tren fue una acción de guerra, pero que la traición es un delito y quiere averiguar la identidad del soldado unionista que les dijo que ese convoy trasladaba dinero. Ellos no pueden darle ningún nombre, sólo la descripción. McNally les pide que si vuelven a ver a ambos hombres contacten con él a través de su amigo, Pat Cronin (Bill Williams), sheriff de Blackthorne (Texas).

Tiempo después, Cronin se pone en contacto con McNally a petición de Cardona. Al parecer, Whitey (Robert Donner), uno de los ayudantes del sheriff de Río Lobo, mató a un hombre que estaba relacionado con Shasta Delaney (Jennifer O'Neill), una mujer que acude a Cronin en busca de justicia. Cardona le dice a McNally que Whitey es uno de los dos hombres que le dieron información sobre el tren asaltado en la guerra.

McNally, Cardona y Shasta se dirigen a Río Lobo, ya que Tuscarola tiene problemas. Su padre (Jack Elam, interpretando un rol de borrachín que recuerda al Stumpy de Río Bravo) y otros rancheros están siendo acosados por el sheriff Hendricks (Mike Henry) y sus hombres y él han sido detenidos. Es en Río Lobo cuando McNally descubre la identidad del traidor al que anda buscando. El enfrentamiento es inevitable.



Río Lobo se rodó en Cuernavaca y Morelos (Mexico) y Tucson (Arizona). Su estreno tuvo lugar el 18 de diciembre de 1970 en Estados Unidos y el 11 de abril de 1971 en España. La recepción crítica no fue muy buena, aunque no fueron muy duros debido al respeto que les inspiraba Hawks y, sobre todo, Wayne, considerado un icono nacional. Aunque con la boca pequeña, muchos consideraban agotado el cine del director, que se disgustó mucho debido a ello.

Sin embargo, el tiempo ha sido benévolo con Río Lobo. El western fue cayendo en el ostracismo en los años 70, y esta película, aunque fue olvidada durante mucho tiempo y sólo se la tenía en cuenta por haber sido la última firmada por Howard Hawks, ha sido revalorizada en los últimos años, considerándosela mejor que en el momento de su estreno.

Sin duda, Río Lobo es una obra digna y no desmerece mucho de las otras películas de la trilogía hawksiana. Pero también hay que admitir que es inferior a Río Bravo y El Dorado; es como un pálido reflejo de esas películas. Está muy bien rodada y cuenta con una narración fluida. Sin embargo, los actores no están muy a la altura. Por mucha presencia que tuviera, John Wayne está demasiado viejo y ajado para ser el héroe, y no resultaría creíble su relación romántica con una mujer joven, por lo que ésta se hurta al espectador, que por otro lado, tal vez añorase un romance entre los protagonistas masculino y femenino.

No poder contar con Mitchum también repercute negativamente en Río Lobo. Jorge Rivero y Chris Mitchum (recordemos, hijo de Bob) no tienen el carisma de aquél y tampoco la necesaria química con Wayne. Jennifer O'Neill, una actriz muy hermosa pero limitada, no encaja demasiado bien en el arquetipo de mujer fuerte e independiente que caracteriza el cine de Hawks, mientras que Jack Elam no consigue hacer olvidar al genial Walter Brennan de Río Bravo.

-¡¿Confortable?! Me han llamado muchas cosas, pero ¿confortable?
Howard Hawks empezó con ganas el rodaje de Río Lobo, y eso se nota en las escenas del robo al tren, que duran media hora y que están estupendamente filmadas. Sin embargo, testigos del rodaje afirmaron que durante el resto de la filmación, en los viejos estudios Republic, Hawks perdió el interés pronto, y además tuvo muchos problemas con Jennifer O'Neill, con la que discutía constantemente (el director declaró después que estaba más interesada en su pelo que en su papel). Al final del rodaje, John Wayne se encargó de dirigir a los actores. Hawks ya pasaba de todo.

Tras el estreno de Río Lobo, Hawks quiso olvidar esta experiencia y se puso a trabajar en un proyecto que le hacía ilusión: una nueva versión de su película Una Chica en Cada Puerto (A Girl in Every Port, 1928). Durante cinco años trabajó en ella pero no pudo llevarla a cabo. En 1977, una caída en su casa le provocó una hemorragia cerebral masiva, muriendo una semana después del accidente, el 26 de diciembre de 1977. El óbito de Charles Chaplin el día antes hizo que la muerte del que junto a John Ford fue el mejor director americano del cine clásico pasara un tanto desapercibida. No se lo merecía, aunque dada la sobriedad de su cine, tal vez no le hubiera desagradado.

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