19 de abril de 2016

The Walking Dead: la irrupción de Negan

Un artículo de Eva Buendía.


Turbador e impactante final de la sexta temporada de la famosa serie basada en el cómic del mismo nombre de Robert Kirkman.

Alcanzando sus cotas más altas de angustia tras los acontecimientos ocurridos a lo largo del último capítulo, The Walking Dead nos deja hasta dentro de unos meses con la siguiente tanda de episodios, donde saldremos de dudas y veremos a quién ha ejecutado el nuevo (y, hasta el momento, más feroz) enemigo con el que se ha encontrado el grupo de Rick.

Después de haber luchado contra tantas adversidades (tanto humanas como circunstanciales), de haber perdido a tantos compañeros y familiares por el camino y de estar intentando sin cesar el poder encontrar un reducto de paz en el que volver a aposentar un estilo de vida que les recuerde al que tuvieron antes de la hecatombe zombie, Rick y los demás miembros del grupo protagonista se encuentran, de nuevo, con una amenaza que les será imposible evitar y a la que se tendrán que enfrentar aun sabiendo que será una lucha sin cuartel.

Esta nueva amenaza es la irrupción de “Los Salvadores”, liderados por el sádico Negan.

Este personaje, libre de los límites de las leyes de cualquier civilización que delimitan el respeto suficiente para poder vivir en sociedad, da rienda suelta a sus más primitivos instintos conocedor de que no habrá nadie que lo juzgue. Se dedica a someter a cualquiera que esté cerca de su poblado. Este colectivo, formado por un extenso número de hombres y mujeres, se ha erigido como el grupo dominante de la zona y obliga a todos aquellos que habitan los poblados colindantes a obedecerles y serles serviles a cambio de que los dejen vivir sin problemas.

Dejando aparte las exigencias abusivas que imponen (como la de entregar la mitad de todo lo que consigan, ya sea comida o munición), nos encontramos con que “Los Salvadores” se han convertido en unos auténticos asesinos sin ningún tipo de límite y a los que nadie puede vencer. Son brutales en sus actos, despiadados, criminales y obsesivos con el fin de ser el grupo dominante y poder, de esta manera, sobrevivir en este nuevo orden mundial.

Su líder, Negan, es la imagen fiel de la psicopatía y del desquiciamiento humano. No le es necesario chillar. No le es necesario enfadarse. No le es necesario convencer a los suyos de que le obedezcan. Sabe que, sin proponérselo, mandará sobre todos los que estén a su lado, sin problemas, sin luchas por el poder. Porque todos saben de qué es capaz Negan con su querida “Lucille” cuando se enfada... 

Con una simple sonrisa medio burlona y hasta una cierta empatía para con su víctima, Negan aniquila cualquier vida sin ni siquiera pestañear o pararse a valorar si era necesario realmente hacerlo. Él no necesita cuestionarse nada. Él, simplemente, mata. Y disfruta matando. Todos lo saben y le temen y respetan por ello. Y todos también saben que él lo sabe.

El último capítulo ha sido, literalmente, una sentencia de muerte para uno de los integrantes del grupo de Rick. Han dejado la incógnita de quién se trata para el inicio de la séptima temporada, causando con ello un golpe de efecto magistral que algunos no han sabido apreciar como es debido.


Los guionistas nos han dejado con ganas de más, ansiosos por saber quién de nuestros protagonistas ha resultado ser el desgraciado afortunado que ha resultado ganador en el juego que les impone Negan a todos, arrodillados en el suelo, mientras él va entonando una melodía infantil hasta que la canción termina, sentenciando la vida de uno de ellos de manera totalmente absurda y casual.

Si lo comparamos con el Negan del cómic, vemos que el actor Jeffrey Dean Morgan hace un retrato fiel del villano original. Su indumentaria, sus gestos y expresiones verbales son un exacto reflejo del personaje que Kirkman creó tan expresamente para el cómic, como se desprende de las propias declaraciones que el autor hizo en una entrevista hace ya un tiempo.

Kirkman quiso que el personaje de Negan fuera un villano diferente al del “Gobernador” (encarnado en la serie por el actor británico David Morrissey). Para ello, le dotó de una sádica e irrefrenable necesidad de matar pero, al mismo tiempo, también de un carácter falsamente simpático y bromista, lo que le confiere una crueldad fuera de toda duda.

Para los que seguimos el cómic, y si no hay cambios en el guión de la serie, ya sabemos quién resulta ser la víctima de Negan en su juego macabro. Como ya se veía venir desde hacía tiempo, alguno de los integrantes principales del grupo tenía que acabar su andadura por la serie para hacer que ésta siguiera siendo creíble. Como Kirkman nunca se ha cansado de decir, nadie está a salvo ya que, si fuera una situación real, no habría protagonistas principales con un salvoconducto indefinido en una situación semejante a la que están viviendo desde hace casi tres años.

Otro de los aspectos que más impacto ha podido tener a lo largo de estos últimos capítulos de la sexta temporada es la aparente transformación del personaje de Carol en alguien otra vez muy vulnerable, como lo era antes de que toda la hecatombe zombie tuviera lugar. La Carol de ahora nos vuelve a recordar a la mujer maltratada y sometida por completo a su marido, entregada solo a servirle a él y a su hija Sophia, ambos muertos en los primeros capítulos de la serie.

¿Qué le ha pasado a esta mujer que se ha hecho a sí misma sin dudar jamás sobre la decisión a tomar, según las circunstancias, por dura que fuera? ¿Cómo es que vuelve a necesitar de alguien que la proteja y, al mismo tiempo, abandona a los que quiere para, precisamente, ahorrarles el dolor que sin querer les pudiera infligir?

La respuesta la podemos encontrar en el estrés post-traumático que todos los que han sobrevivido hasta ahora sufren sin lugar a dudas. Ver cómo todo lo que conocen se desmorona, como ya nada volverá a ser igual tal y como lo han vivido hasta el momento, cómo mueren sus seres queridos, cómo están de llenas las calles de las ciudades de muertos que se devoran los unos a los otros, cómo tienen que matar para poder sobrevivir… Todos ellos son ejemplos de cómo una persona ha sido arrastrada por la fuerza de los acontecimientos sin tener tiempo de reaccionar siquiera. Los supervivientes son personas que han tenido que dejar a un lado las emociones y el sentirse humanos, casi, para poder seguir con vida. Y una situación así es imposible que deje sin afectar a alguien.

Todos ellos tienen este trauma fuertemente enraizado en su “yo” más interno, tejiendo sus raíces cada vez más largas y fuertes, esperando solo el momento propicio para salir al exterior y manifestarse en forma de tremendo dolor, aniquilando al ser humano que lo alberga.


A Carol parece ser que le ha llegado el momento. Cuando más segura se ha sentido, tal vez, desde que perdió a su hija, al sentirse otra vez dentro de una comunidad que le ofrece un hogar, comida y algo parecido a la sociedad que existía hasta no hace tantos años (como hemos ido viendo en Alejandría), su fortaleza se ha relajado y los diques de contención se han venido abajo. Al hacerlo, todo lo que Carol ha ido viviendo hasta ese momento, se ha manifestado como un torrente de emociones sin control alguno, dejando a uno de los personajes más fuertes y emblemáticos de la serie en una persona otra vez en manos de los demás, incapaz de sobrevivir por sí misma.

Este mensaje que nos da Melissa McBride a través de su personaje es de una lectura tremendamente humana ya que los guionistas, con ello, van más allá y nos alejan un poco de la vorágine puramente escabrosa para adentrarnos en un plano mucho más profundo y rico en matices sentimentales y emotivos, con un hondo calado de corte psicológico.

Si lo que le ha sucedido a Carol se debe, seguramente, a la bajada de guardia que ha hecho al sentirse segura en Alejandría, ¿cuándo les pasará a los demás si están en su misma situación? Todos ansiaban volver a construir un hogar estable en algún lugar y ahora, que parece ser que lo han conseguido (dejando a Negan aparte), cualquiera de ellos puede bajar la guardia y sufrir las consecuencias de tanto horror vivido y aletargado en su interior, de la misma manera como le ha sucedido a ella.

Así pues, en los siguientes episodios, nuestros protagonistas no solo se enfrentarán a una amenaza física como lo es sin lugar a dudas la del líder de “Los Salvadores” sino, también, a una más invisible pero real que todos tienen en su interior y que está pugnando por salir.

Una amenaza que obedece a sus más íntimos miedos, al terror puro de sus propios actos cometidos hasta el momento.

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