6 de agosto de 2015

Los enigmas entorno a la muerte de Marilyn Monroe

Sesión de fotos en la casa de Tim Leimert en Hollywood Hills. Junio 1962. Fotógrafo: George Barris.

“Sí, había algo de especial en mi persona y sabía de qué se trataba: yo era el tipo de chica a la que se encuentra muerta en la antesala de un dormitorio, con un frasco de pastillas para dormir en su mano.”

Estas declaraciones extraídas de las memorias que Marilyn estaba escribiendo en el momento de su muerte, se convierten en palabras aciagas y fatídicamente premonitorias de la que sería su muerte el 5 de agosto de 1962 en su casa del 12305 de Fifth Helena Drive, situada en el barrio angelino de Brentwood (California).

Su muerte fue descrita por la policía, en sus primeras declaraciones, como un suicidio a causa de una sobredosis de barbitúricos a los que la actriz era adicta debido a sus múltiples estados depresivos, estadios de bajo nivel anímico que la llevaron, una y otra vez, a abusar de las pastillas y del alcohol para poder soportar el estado de soledad en el que se encontraba casi siempre, como ella misma declaró en alguna ocasión.

Como decíamos, la primera hipótesis que la policía barajó fue la de “suicidio”, aunque después rectificaron a “muerte accidental” ya que nunca lo pudieron corroborar con las pruebas (o escasez de ellas) que aportaron. Fue, precisamente, esta inconsistencia de datos que se desprendía de su expediente post mortem lo que llevó a crear muchas versiones sobre lo ocurrido. Empezaron a surgir teorías que afectaban a personajes muy importantes de aquella época (versiones que iban desde suicidio involuntario o inducido hasta el asesinato), favoreciendo acrecentar el mito en el que se convirtió Marilyn después de su trágica e inesperada muerte.

Sea como fuere, la muerte de Marilyn Monroe siempre ha estado plagada de preguntas sin respuesta y aún hoy, décadas después, no se tienen todos los datos necesarios para esclarecer, definitivamente, qué pasó aquella fatídica madrugada de principios de agosto. Aún así, y gracias a las investigaciones que se han seguido llevando a cabo durante todo este tiempo, parece que la versión oficial de lo que ocurrió aquel día pueda estar cambiando poco a poco porque cada vez son más los indicios que apuntan a que la actriz fue asesinada.

Su posible relación con la mafia, con el Presidente John F. Kennedy y después, supuestamente, con su hermano Robert, a la sazón Fiscal General de los Estados Unidos, parecen indicar que su muerte no fue lo que pareció. Hay indicios más que suficientes para seguir ahondando en el tema ya que, estas relaciones peligrosas, la convirtieron en una persona “non grata” a nivel político y de seguridad del país, supuestamente por estar en posesión de diferentes informaciones críticas para la seguridad de los EEUU.

Pero vayamos por partes para entender un poco más qué hechos se sucedieron durante las semanas previas al 5 de agosto de 1962 para acabar desencadenando estas teorías tan contundentes sobre este misterio jamás esclarecido.

El 5 de agosto de 1962, a las 4:55 de la madrugada, Jack Clemmons (jefe del Departamento de Policía de Los Ángeles) recibió una llamada del doctor Ralph Greenson (psiquiatra de Marilyn Monroe), donde le comunicaba la muerte de la actriz. Según fuentes oficiales, y tal como consta en el informe policial posterior, Clemmons fue el primero en llegar a la casa de la actriz y se encontró con una serie de contradicciones por parte de los testigos que estaban presentes: dos médicos (el propio Greenson y el doctor Hyman Engelberg, internista del primero y que también trataba a la actriz en sus episodios depresivos) y la enigmática señora Eunice Murray (su ama de llaves).

Clemmons notó que el escenario de la muerte había sido, sin duda, manipulado: las sábanas estaban cambiadas y limpias y se notaba claramente que el cuerpo había sido movido (la lividez del cadáver no se correspondía con la postura en la que se encontró éste y, según consta en el informe, la postura era hasta incluso antinatural). El policía, a su vez, llegó a la deducción de que se habían eliminado expresamente pruebas ya que, a esa misma hora de la madrugada, la señora Murray estaba lavando ropa, lo que le fue sumamente extraño. No obstante, la autopsia reveló que la muerte se había producido por una sobredosis de barbitúricos.


Basándose en que Marilyn Monroe tenía continuas recaídas en estados de tristeza cada vez más fuertes y a su fuerte y creciente adicción a diferentes sustancias que le paliaban ese estado depresivo, muchos afirmaron que tal vez, y debido precisamente a esa acumulación de sustancias en su cuerpo, había llegado un punto en que los niveles de barbitúricos eran tan altos en ella que había desembocado, irremediablemente, en que su vida entrara en un punto crítico sin retorno. Muchos de los barbitúricos habían sido recetados por Greenson y por Engelberg. En defensa de la teoría de la posible muerte natural, esgrimieron tales afirmaciones, llegando a insinuar que también se podría haber suicidado finalmente en un episodio agudo de depresión.

Afirmaciones que, por falta de más pruebas en las que apoyar dichas teorías, enseguida se vieron rebatidas por aquellos que observaron que existían numerosos elementos que indicaban grandes inconsistencias y contradicciones.

Según la declaración del ama de llaves que consta en el informe policial, a las tres de la madrugada la señora Murray se levantó de su cama ya que no conseguía dormir y, al salir al pasillo, vio que había luz que sobresalía por debajo de la puerta del dormitorio de la actriz. Siempre según su testimonio, se acercó a la habitación, abrió la puerta y se encontró con el cuerpo de Marilyn en una extraña postura, con el teléfono agarrado fuertemente en una de sus manos, así como con un frasco vacío de Nembutal encima de la mesilla de noche. De sus palabras se puede desprender que Marilyn Monroe ingirió una cantidad elevada de barbitúricos hasta acabar con el frasco, provocando así su propia muerte. El médico forense certificó su fallecimiento posteriormente y expresó rápidamente su convencimiento de que se trataba de un suicidio, hipótesis que se vio claramente descalificada al cabo de un tiempo por falta de pruebas.

La casa del 10235 de 5th Helena Drive, en Brentwood.

Si bien es cierto que no era la primera vez que Marilyn ingería sobredosis de pastillas combinadas con alcohol (ya lo había hecho la primavera de 1961, al estar rodando Vidas Rebeldes y coincidiendo con su divorcio de Arthur Miller), sí extraña el por qué se negó la policía a revelar el nombre del medicamento que había causado su muerte según la autopsia. Si el ama de llaves había declarado que era Nembutal, ¿por qué, entonces, no era corroborado por los investigadores del caso? Es más, incluso incautaron y rehusaron hacer públicas las cintas magnetofónicas donde estaban grabadas las conversaciones que esa misma noche había mantenido la actriz… ¿A quién llamó o quién quiso hablar con ella? ¿Qué había en ellas que fuera tan necesario mantenerlas en secreto? Esto no hizo sino que confirmar más aún las sospechas de aquellos que empezaban a asegurar que su muerte debía ser tildada de “extrañas circunstancias” ya que, estas llamadas, daban a entender que la actriz habría llamado a alguien en busca de ayuda, tal vez; alguien con tan alta posición pública que no le permitiría afrontar el escándalo si esas llamadas salían a la luz. O, tal vez, nunca existió tal llamada y, simplemente, se colocó el teléfono de una forma determinada en la escena para desorientar las investigaciones posteriores.

Si nos remontamos a unos días antes de su muerte, Marilyn Monroe provocó unas escenas escandalosas para la época y que han pasado a la posteridad, centradas en la figura de un poderoso hombre a nivel mundial sobre el que han recaído varios interrogantes sobre la muerte de la actriz y, hasta incluso, de directas acusaciones de haber sido él (o alguien de su entorno) el causante de su muerte: el presidente norteamericano, John F. Kennedy.

Dichas escenas se corresponden con la comparecencia de Marilyn, el 19 de mayo de 1962, en el Madison Square Garden con motivo del cumpleaños del Presidente, donde le cantó el famoso y sensual “Happy Birthday Mr. President”. La actriz, enfundada en un vestido tan atrevido y ajustado que se lo tuvieron que coser una vez puesto (lo que provocó que se le empezara a desgarrar en plena actuación en la que se afirmó que cantaba bajo los efectos del alcohol), demostraba así que había una relación que iba mucho más allá con Kennedy y que no pensaba dejarla correr. La esposa del presidente, Jackie Kennedy, sabiendo que ella iba a estar presente, declinó su asistencia al evento, lo que confirmaba extraoficialmente que entre ellos existía más que una simple admiración mutua.

La relación de Marilyn con Kennedy empezó a finales de los años 50. De todos era conocida la afición del Presidente por bellas y jóvenes muchachas, así que no fue de extrañar que se encandilara con la musa erótica más famosa del momento.

Aun cuando se sabe de esta relación entre los dos, algunas fuentes confirmaron en su día que JFK presintió que la relación con la famosa actriz le podía acabar siendo perjudicial ya que ella estaba al corriente de que Kennedy, por entonces candidato a Presidente, tenía negocios con la mafia de camioneros relacionada, a su vez, con Frank Sinatra, que fue quien los presentó. Es decir, él seguía con su affaire con ella pero ya sabía que tendría que ponerle fin a no muy largo plazo si quería que sus anhelos de ser presidente se vieran cumplidos sin ningún peligro que acechara tales propósitos.

Peter Lawford, Patricia Kennedy, Frank Sinatra y Marilyn compartieron mucho tiempo juntos a finales de los 50.

Aún así, durante los siguientes meses a su proclamación como trigésimo quinto presidente de los EEUU, Kennedy continuó sus encuentros con Marilyn. Se rumorea que, en una ocasión y harta de esperar a que la pusieran en contacto con él, Marilyn llamó a la Casa Blanca para hablar con Jackie directamente y decirle que ella era su amante y que, tarde o temprano, la acabaría dejando para acudir a sus brazos. A lo que Jackie contestó sin inmutarse que se lo regalaba gustosamente pero que creía que a Marilyn no le gustaría hacerse cargo de las tareas aburridas y pesadas que le corresponderían como mujer del Presidente.

La actriz, a lo largo de todo el tiempo que duró su romance con JFK y paralelamente a los rodajes que llevaba a cabo, tuvo recaídas cada vez más fuertes en la depresión y en sus adicciones que la pusieron en más de una ocasión al borde de la muerte.

En 1961, coincidiendo con su divorcio de Arthur Miller, Marilyn tuvo una fuerte recaída que la llevó a ser internada en la clínica psiquiátrica Payne Whitney, experiencia que ella describió tiempo después como “una pesadilla”. Aun cuando se hubieran divorciado, Miller la ayudó a salir de dicho centro e ingresar en una clínica normal, donde la actriz acabó su tratamiento de recuperación. Pero su delicado estado de salud le impidió trabajar el resto del año.

Al año siguiente, la actriz regresó al cine con el proyecto Something’s Got to Give, junto a Dean Martin y Cyd Charisse. El rodaje quedó inconcluso ya que Marilyn murió antes de que finalizara (solo constan 40 minutos en total). Fue durante este rodaje cuando se ausentó una semana para ir al Madison Square Garden y participar en la gala de recuadación de fondos del Partido Demócrata que se transformó en una fiesta de cumpleaños avanzada para Kennedy (su aniversario era diez días después).



Además de su supuesta relación con el Presidente, Marilyn Monroe mantenía otras relaciones consideradas “peligrosas” ya que afectaban a posibles conexiones comunistas, el gran enemigo ideológico de los EEUU desde el final de la Segunda Guerra Mundial. Se rumoreó que su relación con Frederick Vanderbilt Field, afincado en México, estuvo vigilada por el FBI. Su eterno director, J. Edgar Hoover, desclasificó un documento en marzo del 62 donde se consideraba que Marilyn Monroe era un Asunto de Seguridad-C” (la “C” hace referencia a “comunista”).

Llegados a este punto es donde todo tipo de conjeturas salieron a la luz: ¿eran tan comprometidas estas relaciones que hicieron del mito de Hollywood una persona peligrosa hasta el punto de tener que “eliminarla”? ¿O fue una muerte natural que se diluyó en medio de los acontecimientos extremos que formaban parte de su vida en esos momentos, impidiendo ver que se trataba, en realidad, de un simple accidente o de un suicidio premeditado?

Algunas de las teorías más atrevidas llegaron a afirmar que el propio hermano de JFK, el Fiscal General Robert Kennedy, fue quien solicitó que se la eliminase (pidiendo a los “servicios especiales” que se encargaran de ello) al considerarla peligrosa para las ambiciones políticas del clan. Como se conoció tiempo después, Marilyn tenía en su poder un diario personal en el que registraba todas las conversaciones que mantenía y sus vivencias más íntimas. Lo guardaba celosamente en su habitación. En principio, este diario obedecería a una terapia que su psiquiatra, el doctor Ralph Greenson, le habría mandado realizar como parte de su tratamiento y registro de evolución.

Al parecer, y siempre según esta teoría, Monroe habría amenazado a Robert Kennedy con divulgar todo lo que había recogido en esas páginas, incluidos secretos de Estado, dando lugar a que el Fiscal General (del que se dice que “heredó” por parte de su hermano mayor a la actriz como amante una vez el Presidente la hubo “despachado” y a la que llegó a definir como “un pedazo de carne”) la visitara la tarde del 4 de agosto para llegar con ella a un acuerdo o bien para arrebatarle el diario, lo que habría acabado desembocando en una terrible discusión sin resultados satisfactorios para Robert. Se rumorea, siempre siguiendo esta posible teoría, que Marilyn agredió incluso a Robert y que el guardaespaldas de éste tuvo que intervenir para separarlos. Testigos de esta visita habrían sido el alcalde de Los Ángeles, un vecino del que nunca se conoció el nombre y el ama de llaves, la señora Murray. Hasta se especuló que el mismísimo Hoover tuvo algo que ver en la muerte de ella, llegando a considerarla como “Crimen de Estado”.

Eunice Murray y el jardinero Norman Jeffries abandonan la casa de Brentwood el 9 de agosto de 1962.

Otra de las teorías que se barajaron, y la que menos conocida y más interrogantes presenta, era la que tenía como protagonista a la propia ama de llaves, la señora Murray, a partir de las declaraciones tan contradictorias que realizó ante la policía. Eunice Murray, de hecho, era la enfermera que dependía directamente del psiquiatra que atendía a Marilyn, el doctor Greenson, y conocía al detalle todo lo concerniente al día a día de la actriz. No se supo que era enfermera suya hasta que no se avanzó en la investigación después de la muerte de Marilyn; hasta entonces, solo la conocían por ser su ama de llaves.

Su participación en la muerte de Marilyn siempre se tuvo presente como una firme sospecha ya que hubo hipótesis que llevaron a pensar en su momento que tal vez podría haber sido cómplice pasivo en su muerte en asociación ilícita o, incluso, de haberla inducido al suicidio (el motivo, si lo hubiere, se desconoce). Estas hipótesis son el resultado de que hubiera un desfase entre las horas del descubrimiento que el ama de llaves hace del cadáver (siempre según su declaración oficial) y de la llamada que recibió la policía por parte del psiquiatra de la actriz notificando la muerte. Asimismo, fueron muy sospechosas la pulcritud y el orden en que se encontraba la habitación, claramente aseada y manipulada por la señora Murray. Si se tiene en cuenta que Marilyn siempre tuvo fama de ser una persona muy desordenada, ¿cómo es que las sábanas estaban en perfecto estado, con olor a recién puestas, y los frascos de pastillas bien ordenados? Asimismo, y como comentábamos al principio, el cuerpo no se correspondía con las marcas que había en él (las marcas que presentaba Marilyn eran, precisamente, del lado contrario al que la descubrieron). También la policía se percató de que se había reparado una ventana rota de manera apresurada, así como otros aspectos que no acababan de encajar cronológicamente entre las declaraciones de los testigos y lo que realmente se encontraron en el lugar de los hechos. Sí quedó patente que la señora Murray, cada vez que era interrogada, desviaba la atención hacia la presencia de Robert Kennedy.

Pero los misterios entorno a su muerte no se quedan ahí. La noche de su fallecimiento, un vecino testificó que una ambulancia llegó a la casa de la actriz y que estuvo unas cinco horas estacionada sin movimiento alguno hasta que llegó la policía, avisada ya del suceso. En ese momento, y siempre según la declaración de dicho testigo, varios enfermeros descendieron de la ambulancia y fueron directamente a la entrada de la casa. Este hecho es muy significativo en sí ya que, por encima de toda teoría posible, demuestra que sí hubo manipulación de su cuerpo durante horas ya que, el sargento de policía, solo tardó unos 20 minutos en llegar desde que recibió la llamada (tal como consta en el informe del caso, el sargento Jack Clemmons recibió dicha llamada a las 4:25 AM de la madrugada del 5 de agosto de 1962 y, a las 4:45 AM, ya se había personado en el lugar del deceso). Entonces, ¿qué representaba aquella ambulancia tantas horas cerca de la casa, preparada para llevarse el cuerpo si se supone, según el informe oficial, que aún faltaban horas para que muriera?

Este dato (importantísimo para la investigación) fue lo que puso sobre aviso al sargento que, como decíamos al inicio, vio otras incongruencias que lo llevaron a sospechar enseguida de que, la muerte de Marilyn, no era ni mucho menos lo que parecía a simple vista.


Como resultado de sus investigaciones, el sargento hizo notar los siguientes datos que evidenciaban que el cuerpo y el escenario habían sido manipulados y que los testigos mentían descaradamente:

- El teléfono estaba en la mano de la actriz, lo que daba a entender que quizá había querido pedir ayuda porque no se encontraba bien. Clemmons no lo creyó así ya que la situación del cuerpo era demasiado forzada como para que ella hubiera muerto en el momento de realizar la llamada y quedarse en esa postura. Además, si en el informe de la autopsia (como más tarde se supo), se afirmaba que tenía suficiente cantidad de barbitúricos en el cuerpo como para matarla, ¿cómo es que estuvo lo suficientemente lúcida para querer llamar si, precisamente con tal cantidad, debería haber estado ya inconsciente?

- El orden que encontró en la habitación no era casual: la pulcritud y las sábanas recién puestas y limpias como se notaba que estaban, no coincidían con una situación de desespero tal que lleva a alguien a matarse. Su ropa se estaba lavando en la lavadora a esas horas de la madrugada, puesta por la propia señora Murray. Ésta admitió que, mientras esperaba la llegada de la policía, estuvo limpiando la habitación.

- En un principio no había barbitúricos en el velador; más tarde, estos estaban pulcramente alineados en la mesilla de noche. Además de que este hecho evidencia una manipulación descarada de la habitación de por sí, no olvidemos que la actriz tampoco los habría tenido jamás ordenados de tal manera respondiendo a su carácter descuidado y desenfadado.

- Marilyn estaba desnuda y cubierta solo por una sábana en la cama en la posición “de soldado” (tendida de costado), con las manos rectas hacia abajo (una de ellas con el teléfono agarrado). El “rigor mortis” y otros signos de la lividez que presentan los cadáveres al cabo de unas horas demostraban que era imposible la postura en la que se la encontraron si tenía que coincidir con tales señales, ya que éstas apuntaban a que había muerto boca arriba.

- El momento de su muerte fue estimado 8 horas antes de que la señora Murray llamara a la policía, desmintiendo la hora que declararon todos los testigos en el momento de prestar declaración. Durante estas 8 horas “desconocidas”, estuvieron en casa de Marilyn los dos médicos que la trataban y el ama de llaves, con lo que pudieron haber hecho lo que quisieran con el cuerpo y la escena de la muerte (tal y como concluyó el sargento Clemmons, basándose en los otros datos ya comentados).

- El cuerpo tenía señales evidentes de haber sido sometido a la fuerza, como moratones y livideces tanto en las muñecas como en la espalda, aspectos que después fueron ignorados expresamente en los siguientes informes sobre el caso.

- El cristal roto que había sido repuesto en la ventana de su habitación le dio a pensar a Clemmons que la actriz se hubiera encerrado por dentro (no se sabría tampoco el motivo de ello) y que, alguno de los presentes en la casa, lo había roto para entrar a la fuerza.

- Al sacar el cadáver de la casa, éste fue llevado directamente a la morgue y rotulado con el número 81828, como si ya estuviera todo preparado. ¿Cómo podía ser, si acababa de suceder?

- Se encargó la autopsia a Lion Grandinson y fue ejecutada por un inexperto tanatólogo, Thomas Noguchi. El primer informe reveló que no había resto alguno de ningún barbitúrico ni de sustancias en el estómago de la actriz y extrajeron sus órganos para confirmar dicha afirmación, órganos que (curiosamente) desaparecieron después con las pruebas que pudieran contener.

- El análisis que se le hizo del recto demostró una decoloración en el colon descendente que, según algunos expertos, indicarían claramente que se le habría introducido un supositorio con veneno y que éste habría sido absorbido rápidamente por la mucosa rectal. El resultado: no se dejan huellas con este procedimiento en el organismo que puedan ser detectadas por ninguna autopsia.

- La señora Murray, días después de la muerte de la actriz, encontró un cheque en blanco firmado por Marilyn e intentó cobrarlo en el banco pero éstos se lo denegaron al considerarlo fraudulento.

A pesar de todas estas irregularidades recogidas por Clemmons y sus ayudantes que evidenciaban muchos interrogantes que no concordaban con una muerte natural, que los testigos dejaban más lagunas que preguntas esclarecidas y de que, conforme iban avanzando las investigaciones, se iba demostrando que no existía motivo para dictaminar suicidio por barbitúricos (ya que no había restos de tales sustancias en su cuerpo), se declaró a la prensa que Marilyn había ingerido 40 pastillas exactamente de un barbitúrico adictivo y que, por lo tanto, se trataba de un suicidio confirmado por fuentes policiales. Según éstas, las pastillas le habían sido prescritas por el psiquiatra y por su médico internista, el doctor Engelberg. Aún hoy se conservan algunas de las recetas originales firmadas por ellos dos.

Según otra teoría, el supositorio podría haber contenido un calmante y fue recetado por el doctor Greenson pero ella, tal vez, habría consumido otras sustancias paralelamente, recetadas a su vez por otro doctor, y la toxicidad de todo ello junto le habría causado la muerte. El hecho de que se hubiera manipulado, entonces, el escenario de la muerte, habría sido originado por la necesidad de los dos médicos de tapar sus huellas mediante un suicidio inventado ya que, de demostrarse que hubiera tomado un cóctel de fármacos recetados por ellos dos, podrían haber sido condenados por homicidio involuntario o negligencia profesional.

Aun cuando Clemmons constató mediante pruebas irrefutables, como decíamos, que la muerte escondía mucho tras de sí y que había indicios más que suficientes para pensar que la actriz había sido asesinada (aunque no había llegado a decir si tenía algún sospechoso en firme), lo cierto es que fue relevado del caso y trasladado a otro lugar con efecto inmediato pero, durante décadas, siguió afirmando que su muerte fue un asesinato encubierto más que evidente.

Casualmente, el famoso diario donde la actriz dijo que tenía apuntadas las informaciones con las que supuestamente habría amenazado a Robert Kennedy, jamás se encontró. También desaparecieron los registros telefónicos de esa noche y las fotos de la escena del crimen fueron alteradas, ya que las primeras demostraban una habitación desordenada, frascos de pastillas por el suelo y el vidrio de la puerta roto. Una escena que nada tenía que ver con la “oficial” que se encontró Clemmons horas después.

Tiempo después, tanto el presidente Kennedy como su hermano murieron también bajo circunstancias sospechosas aun cuando se declararan versiones oficiales sobre lo sucedido. El mafioso Sam Giancana (relacionado con Frank Sinatra y del que se dice que sabría bastante sobre lo sucedido) fue asesinado en 1975 y Eunice Murray falleció, a la edad de 91 años, en 1993. La muerte de todos ellos se llevó la verdad sobre la muerte de Marilyn Monroe y quizá nunca pueda ser esclarecida.

Lo que sí sabemos es que la “tentación” que vivía arriba, con su blusa y falda blancas plisadas que se agitaban y levantaban al pasar por encima de un respiradero del metro neoyorquino, nos dejó de deleitar con sus interpretaciones en plena cumbre de su fama.

Sus restos descansan en el cementerio Westwood Village Memorial Park, de Los Ángeles.


Tres días después de su muerte, su segundo esposo, Joe DiMaggio, organizó un funeral privado en el que Lee Strasberg, gran amigo y confidente de la actriz, pronunció estas palabras: “No puedo decirle adiós a Marilyn, nunca le gustaba decir adiós. Pero, adoptando su particular manera de cambiar las cosas para así poder enfrentarse a la realidad, diré “hasta la vista”. Porque todos visitaremos algún día el país hacia donde ella ha partido”.


Descanse en Paz.

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